miércoles, 24 de junio de 2015

La revisión



Revisar implica echar una mirada atrás. La intención del gesto depende de quien la protagonice. Si me aplico el cuento y lo particularizo en esta bitácora, me jode no encontrarme en el mundo del tópico, en ese que mece la cualidad del blog abandonado y de la consiguiente elevación pública del reconocimiento a partir de la hipotética voluntad de desoxidarlo. Y sigo escribiendo y las letras se trastabillan por permanecer en la ola de lo masticado, del molde, del no tengo tiempo, del nunca me acuerdo de escribir, del bastante tengo con juntar un puñado de segundos hasta convertirlos en minutos de lectura, de las ideas que están masacradas por las obligaciones, del pienso menos y existo cada vez más o del escurro excusas bajo la forma de un post para parecer distinto y nada más (lejos).

Frustra retener en tu huella digital tamaña mochila de reflexiones compartidas en tiempos de escasa efervescencia social (media). Porque quien más, quien menos, tiene el ego del que expone para ser visto, leído, analizado, criticado o vilipendiado.  Si la gente no tuviera a quién contarle una experiencia, experimentaría menos.

Qué más da. La cuestión pasa por aprender de la revisión. Yo lo he hecho. He dedicado unos minutos a rescatar al azar entradas publicadas entre 2007 y 2008 y me ha gustado. Y, como el carro de los tópicos se ha desparramado ya a estas alturas del post, en pleno tercer párrafo, obvio los buenos deseos de retomar la constancia escritora, de prometer que desde esta misma palabra podréis encontrar recurrencia de desconexión lectora. Me niego porque el tiempo no entiende de promesas.