martes, 11 de diciembre de 2012

Herramientas periodísticas para tiempos de transición profesional

Os dejo aquí la presentación que utilizamos desde Soma Comunicación en el último taller que impartimos para los colegas periodistas de la Asociación de la Prensa de Oviedo.

Recoge un compendio de las nuevas herramientas que hemos de manejar para que otros no lo hagan por nosotros y el intrusismo no se sume a los problemas de identidad que atreviesa la profesión en tiempos de transición de soportes y de crisis económica.

Espero que os sea útil.
Curso-taller de herramientas periodísticas en los medios sociales.

jueves, 6 de septiembre de 2012

De la nueva temporada radiofónica y televisiva

Temporada abierta. Los primeros espadas de la radio y de la televisión española vuelven a sus quehaceres tras el intercambio de cromos del verano. Todo caras conocidas, tanto las de los nuevos como las de los viejos, las de los fichajes como las de los descartes, las de los directivos recién llegados como las de los defenestrados, las de los políticos de estreno como las de los de la vieja guardia, las de los oyentes como las de los telespectadores, las de todos y las de nadie.

Porque nadie conoce a nadie y todos nos conocemos. La nueva temporada radiofónica (y la televisiva por ende) se viste de vacío ruidoso. Modelos de parrilla calcados, tan prudentes como marca la oficialidad y la mano de quienes pagan directa (e indirectamente); tan serviles a las líneas editoriales de los amos que poco se sabe de la interpretación de datos, más allá de la que imparten los tertulianos nuestros de cada día; tan calcada, tan igual, tan monocorde, tan lineal, tan plana, tan alta y tan baja. Mientras que el oyente o el telespectador sepa qué dial sintonizar o qué cadena poner, no hay problema. Ellos saben lo que quieren ver, si lo eligen es por algo y si comen mierda es porque les gusta.

Preceptos tradicionales que justifican el suceso a discreción, la mentira disfrazada de verdad, el enfoque distorsionado de la realidad conforme marca la agenda-setting de las altas instancias, los comentaristas instruidos para comentar lo comentadamente (¿o políticamente?) correcto, los expertos en nada revestidos de sabelotodo que ni escuchan, ni sienten, ni padecen; la explicación descontextualizada de los hechos, el guión marketinianao del político que no dice nada y cuyo titular deconstruido es elevado a la categoría de última hora o de noticia de alcance; del sé que podría hacerlo mejor para evitar la comparación entre los tradicionales y los digitales pero no me interesa; del sé que si separo ambos aconteceres salgo ganando porque así las verdades que circulan por el ala social de la realidad las convierto en reacciones desmesuradas de quienes buscan incendiar la apariencia del orden establecido, algo que no conviene porque... "con la que está cayendo (sic.)".

Lo que acaban de leer nunca formará parte de una parrilla de contenidos dignos de servir a una audiencia a la que interesa alimentar su condición de masa mostrenca, cosificar, dejar como está para dejar de percibir un ruido sincero que altere el orden natural de las cosas.

Si tuviera que elegir un dial para este post, sintonizaría al azar cualquier bucle informativo de la radio generalista o me quedaría en el zapeo televisivo, discurriendo entre desayunos a medida, sucesos descarnados, pornografía informativa, desajustes pseudofamosos y otros aperitivos de guardar. Aunque, si tiro de manual, siempre me quedarán los documentales de la 2.

Photo by Marga Ferrer / Soma Comunicación

jueves, 23 de agosto de 2012

Ciudades con nombre


Zaragoza siempre fue de mi tía Charo; Oviedo de mi tío Ángel; Zamora, de mi tío Pedro; Ibiza, de Marga… Sin saber cómo, las personas cercanas se apoderan del crujido de memoria aparejado a un contexto concreto, urbano o rural. Supongo que debe significar el estallido de una especie de sistema interno que nos ayuda a identificar realidades o a trabajar los destellos por los que atravesamos en nuestra vida para que nada quede desordenado antes de que el señor Alzheimer entre como elefante en cacharrería en la habitación gris.

Lo local, por cercano, nos interesa. Por eso nos gusta leer noticias que ocurren en el barrio o en la finca donde vive nuestro amigo del colegio. Cuando alguien allegado habita un espacio lo hace suyo y, sin saberlo, lo incorpora al abanico de notas en las que basamos nuestra experiencia allí. Aunque nunca les visitemos, el cerco que dejan es suficiente para alertarnos ante un desastre en su ámbito de influencia o para contentarnos de que un delantero desconocido marque un gol salvador en el equipo de aquella ciudad.

Quizá no sea nadie, pero me gusta saber que tengo puntales emocionales en tantos lugares como gente rodea mi quehacer en esta vida. Estoy de paso, sí; pero con referentes callados.

Gracias por ser mis hitos.


viernes, 10 de agosto de 2012

Ceniza


Enciende un pitillo, aunque no absorbe más que tedio, canícula mordida y rutina desdibujada. Maldito calor. Lleva noches en vela, sus dedos amarilleados indican precaución. El despertador continúa emitiendo el mismo pitido uniforme desde hace tres horas. ¿Para qué desconectarlo? –se pregunta Marino mientras quema sus sueños en caladas de zumo negro-.

Está solo y en paro. “Quedarse sin trabajo a los 51 años en la segunda década del siglo XXI tiene que ser difícil”, al menos esa es la frase hecha que le regaló ayer el estanquero, el mismo que perfora cada mañana la tarjeta promocional de los días de vida que le faltan a sus clientes para dejar de serlo. La suya está a punto de llegar al bonus, presenta agujeros en disposición laberíntica. Ducados, por favor.

Una legaña se lanza al vacío hasta caer en la chancla obsequio de aquellas vacaciones pagadas con vistas al hormigón de la burbuja inmobiliaria. La misma que ha clavado a Marino en el corcho de los recortes. Bosteza y le brota una lágrima sostenida, sin contenido, descontextualizada, amarga.

Hace meses que no lee. De la familia, ni mentarla. En la cocina, el reloj descansa con una venda en sus agujas detenidas. Platos, cucarachas, hedor a cítricos podres…

¿Sigo? No, no... Mejor mira hacia otro lado.


lunes, 7 de mayo de 2012

En blanco


Leo un tuit. Copio un enlace. Accedo a un sitio web recomendado. Atiendo una llamada. Leo el titular digital de última hora. Comparto mi ubicación en Foursquare. Contesto a un comentario en Facebook. Atiendo la explicación procedente de la mesa de enfrente. Cuelgo, llamo, digo, pido, doy, comparto, huyo... Cierro los ojos y pienso, solo.

Solo. Veo sombras que se difuminan en moscas alucinógenas de ruido virtual. Se funden en blanco. Eco, escucho mi voz pensante rebotar contra las paredes de la concentración. ¿O es un RT? No, estoy seguro. He conseguido concentrarme. He apagado el latido social. Me recreo. Pienso en mis cosas. Nadie al otro lado. Dentro: dudas, soluciones, decisiones turbadas por el ruido de las rutinas.

Rutinas. Encabezo un titular que me recomienda escapar de ellas para pensar conmigo, sin ti, solo.

Solo. En blanco. Cierro los ojos. Negro sobre blanco.
Stop.

lunes, 2 de abril de 2012

Fascinación


Hubo un tiempo en que las lavadoras entraron en casa como un extraterrestre simpático que consiguió convocar un nuevo concepto de reunión familiar frente al giro revolucionario que significó aparcar el jabón lagarto y los lavaderos públicos. Castañas asadas, mesa camilla, cartas de Heraclio Fournier y café de puchero aderezaron ratos delante de aquel electrodoméstico que lavaba solo, sin que nadie se dejara los riñones en la tarea de eliminación de las manchas más difíciles.

Hoy el 98 por ciento de los hogares tiene lavadora y ya no son el centro del hogar, más bien quedan defenestradas a galerías de reducido tamaño, a patios preventivos o a pasillos oscuros.  Pero los más veteranos recuerdan con una sonrisa sesgada la fascinación que supuso el desembarco de este electrodoméstico en el hogar.

Las novedades siempre aparejan un periodo de fascinación, el de la probatura, el de la excitación de poseer algo de moda, el de la concatenación con otras personas del entorno que también acceden a ellas, el de la puesta en común de pareceres en torno a eso que les hace distintos, el de qué dicen de mí por ser el primero en probar lo más novedoso, el de gritar cuando sólo escuchan tres locos que, como ellos, han accedido a ser conejillos de indias de un producto en fase de pruebas o, como se dice hoy, en fase beta.

Fenómenos que alimentan tendencias sociológicas y hábitos que representan exclusividades que dejan de serlo cuando se generaliza su uso. Desde ese momento, se convierten en productos, herramientas o servicios de disfrute masivo y pierden la magia de la fascinación, la misma que produce ser otro distinto al que no conoce las bondades de lo nuevo, de lo diferente, de lo tecnológicamente inaccesible para quienes se suben al carro de lo cotidiano sin preocuparse por lo reciente.

La manifestación digital de las relaciones sociales también queda marcada por ese deje tradicional, pero bajo una representación más voraz y expuesta a la caducidad, más impaciente, más egocéntrica, más egoísta… Desde hace un tiempo, los seres humanos en las redes sociales son reflejo del mundo ordinario, ése en el que no gusta estar a quienes prueban por delante del resto el sabor del futuro. Por eso se inventan nuevos reductos, nuevas formas de ser distintos, nuevos caminos para consolidar su apariencia de gurús. Defectos y virtudes manoseadas por las manos que todo lo queman. Rastrojo que se coloca debajo de la fascinación y que arde hasta hacerla desaparecer.

PD: este post se lava a mano, aunque no es táctil.

martes, 31 de enero de 2012

Ratas

Dos periodistas asaltadas por una turba enfurecida, desprovista del arma fundamental (y tautológica) que se le presupone al ser humano: humanidad. Dos compañeras de profesión humilladas por la voluntad mostrenca de la masa, por la ignorancia de quienes se aferran a tradiciones mal asimiladas para justificar la violencia. Dos personas trabajando desprovistas a golpetazos de su libertad ante la permisividad tibia de la autoridad, tan vil, despreciable, ignorante y tan escasamente cualificada para hacer lo único que tendria que hacer: atajar los golpes de ira del vulgo, la avilantez extrema de la sinrazón (humana).

En el Puig se vivió el pasado domingo 29 de enero un episodio áspero, rancio, insolente, necio, vulgar, abrasivo, salvaje. Un grupo numeroso de personas arremetió contra dos periodistas que daban cobertura informativa a las fiestas del lugar y al episodio concreto de unas ratas utilizadas como apoyo de una diversión secular. Pero los allí presentes se olvidaron de esa presunta tradición y magrearon, menearon, tiraron de los pelos, golpearon, desarmaron y privaron de sus materiales de trabajo a dos periodistas. "Un pequeño incidente", a juicio del primer edil del municipio.

Triste, doloroso lo de este país. Porque a mí también me duele España, Unamuno. 

¿Es ésto una sociedad madura?, ¿atravesamos por una crisis económica o por una profunda crisis social? Menos mal que todavía quedan personas buenas. Chapeau, Marga Ferrer. Chapeau, Laura Garsando.

Foto: F. Martínez