martes, 25 de octubre de 2011

Maldito silencio


Cuando en 1990 Depeche Mode consolidó su música de masas gracias a Violator, lo hizo, entre otros factores, por la canción ‘Enjoy de Silence’, un alegato cantado a favor de las bondades del silencio, ese bien preciado que en los tiempos que corren hemos dejado de valorar.

Estamos acostumbrados a convivir con el ruido que, por capas superpuestas, penetra en nuestra cotidianidad como aguja hipodérmica, sin enterarnos, así de sencillo. Un avión pasa sobre nuestras cabezas mientras un taladro hace de las suyas contra la acera adoquinada de la calle; una florista grita las bondades de sus claveles a la vez que un vecino altera el paseo de un interlocutor apostado veinte metros más allá, en la otra acera, a siete coches de distancia, unos cuantos “¡permiso!” y algún que otro claxon tímido que pide paso entre la jungla de asfalto; suena el teléfono porque alguien ha dejado un tweet en menciones y el butanero golpea las bombonas para alertar de que ya está en el barrio…

Entre estas estrecheces auditivas, por lo estruendosas e indefinidas que permanecen en la inconsciencia desde la que las percibimos, avanzamos día a día, acomodados en el ritmo de timbales urbanos hasta que, por destino del azar, llegamos a un lugar aparcado en la prehistoria del siglo XX, el de las tradiciones ancestrales, el del ruido a precio de susurro, el de pueblo con olor a caca de vaca y a leche de oveja cuajada, el de aperos de labranza aparcados porque nadie sabe utilizarlos hoy, el de qué dirán mientras transitas por calles nocturnas vacías por fuera, cotillas por dentro.

Tengo que parar de escribir este post porque lo hago desde uno de esos destinos privilegiados y las teclas están molestando al gato que dormita sobre mis pies. Silencio.

lunes, 3 de octubre de 2011

No al fútbol sin radio


Las radios españolas han lanzado una campaña publicitaria en defensa del derecho a la información de los oyentes que siguen a través de este medio las retransmisiones deportivas de la Liga BBVA. La temporada 2011/2012 ha comenzado marcada para las ondas por la exigencia de un canon por parte del poseedor de los derechos de la competición futbolística de primera y de segunda división a las emisoras que quieran informar de lo acontecido en los campos donde se disputan los partidos.

Dentro de la ‘televisización’ progresiva del fútbol vivida en las últimas dos décadas, la radio siempre ha salido reforzada de su relación con el deporte rey. Primero, porque las narraciones en los partidos retransmitidos han sido tan aburridas que la audiencia ha bajado el volumen de la tele para escucharlas por la radio. Segundo, porque conforme se han ido convirtiendo en carnaza monetaria los partidos televisados, las radios han sido el colchón de los aficionados tradicionales, que prefieren dibujar las jugadas de sus ídolos del balón con la imaginación a partir de la narración de su locutor preferido. Tercero, porque la emoción sostenida de un gol antes de entrar en la red que se desprende del silencio de la milésima en la que el locutor que lo cuenta toma aire no tiene comparación en lo que a vestir al fútbol y a las emociones que lo rodean se refiere. Cuarto, porque la radio es el medio más débil –por la fragilidad de las ondas y la precarización de quienes trabajan en ella- y el más fuerte –porque ha sobrevivido a todo: a la llegada de la televisión, de internet o de las redes sociales -. Quinto, porque también sobrevivirá al oportunismo mercantil de quienes pretenden convertir la magia de las ondas en carnaza de lonja mediática al costo. 

No al fútbol sin radio.
photo by @Marga_Ferrer