domingo, 27 de marzo de 2011

Una arroba y un titular

Una arroba antes pesaba algo más de once kilos, hasta que llegó el sepulturero de las cartas -el correo electrónico- y la convirtió en remite, en el epicentro entre la identidad personal en internet del receptor de la misiva y su representación oficial, la compañía para la cual trabajaba o el servidor al que confió su dicha ciberespacial.

Una arroba para un periodista nunca había sido algo más de once kilos, bien por desconocer esa medida dentro de lo mucho que sabe de nada, o por pertenecer a una casta de profesionales nacidos al amparo de la nuevas tecnologías. O, por qué no decirlo, por el simple motivo de meter un poco de cizaña entre el colectivo de profesionales de la comunicación, desbocados hoy en el ámbito online gracias al medicamento antidepresivo y anticrisis que han significado para él las redes sociales.

Una arroba para un periodista digital es el prefijo de su cuenta de Twitter, el sufijo de su reputación online y la nueva unidad de medida para evaluar cómo ha superado la crisis, los eres, las mentiras, las oficialidades y las verdades de la profesión. Plumillas o no, el titular ha dejado de oler a tinta, como hace tiempo los bolígrafos bic dejaron de escribir titulares en libretas u Olivetti desapareció de las clases de redacción.

@360gradospress