domingo, 9 de enero de 2011

2011

De blanco, las canas. De negro, los alambres de vida. La nostalgia, servida en ración gourmet. La melancolía, apenas late. El futuro, amplio, como una autopista de peaje en tiempos de crisis. Fluyen palabras de retirada y emergen nuevas acepciones marcadas por el qué ocurrirá en el año impar. Adiós a una década, la primera del siglo XXI que ha bailado de aquí para allá, con la catástrofe, internet y el egoísmo devorando humanos.

Antes del punto y aparte ha habido una intrusión de palabras apocalípticas. Nada más lejos del maquillaje que toca poner al inicio de ciclo. Son tiempos en los que debemos dibujar buena cara, marcarnos buenos propósitos y colgar del perchero de la puerta de casa un cartel bien nítido al estilo de ‘hoy tampoco ayudaré a nadie’.

Mejor reconcomerse por dentro mientras la nicotina pide una última calada; escribir un tweet cuando la desgracia de Haití celebre un año del terremoto e infinitos de desdicha; votar al partido de siempre o de nunca para ser demócratas y seguir pensando en blanco; bailar el top ten de las radio-fórmulas; vigilar las grabaciones privadas de uso público publicadas en publicaciones prohibidas; cabalgar a contrarreloj por la senda del impuesto; reír sin dormir y dormir sin leer que España ya no es diferente.

photo by Marga Ferrer