sábado, 28 de febrero de 2009

Parecidos


Me resulta muy fácil encontrar parecidos entre personas ajenas a mi círculo de intimidad, a veces me desespera el tener en la punta de la lengua el nombre del asociado a la persona que se cruza accidentalmente por mi campo de visión. Es entonces cuando desconecto de cualquier actividad añadida, lo dejo todo para elucubrar respecto a las caras, los gestos, los tics y otras pistas que me ayuden a localizar el parecido.

Si tardo mucho en encontrarlo, la impaciencia que me caracteriza comienza a hacer de las suyas. Llega a ser bastante insoportable la sensación de bloqueo provocada por esa realidad evocada sin alcanzar a pronunciar la palabra asociada. Todo se olvida cuando se hace efectiva, como escupitajo de alivio, de autoconvencimiento de que con ello se supera un absurdo reto.

¿Os parecéis?
photo by marga ferrer

sábado, 21 de febrero de 2009

Política 'on'


¿Has filtrado la información de la que te hablé?, sí claro, se la he dado a Federico, me ha prometido que la trataría bien y que la sacaría el domingo, ya sabes, cuando más se leen los periódicos. Se va a enterar este de cómo nos las gastamos, ¿no quería juego sucio?, pues toma dos tazas. A ver si le robamos quince votos, la gente lo que peor traga es la corrupción, con esto nos garantizaremos despejar el camino hacia nuestro objetivo electoral. Por cierto, tendremos que tener preparado el argumentario sobre la crisis, demostraremos que somos los que de verdad nos preocupamos por los problemas del ciudadano (ese ente abstracto, sin cara, ni brazos, ni piernas al que se dirige siempre el político de a pie). Con ellos bajo la espada de Damocles y con la prueba de que tenemos las manos limpias en el asunto, mantendremos unos niveles de confianza adecuados para que nuestra popularidad no se vea mermada.

¿Dónde está el discurso?, dámelo. Esto no me gusta, es muy suave, tenemos que ser más demagogos, cámbialo y luego hablamos. Mejor así, mañana será titular en todos los periódicos, aunque con ello perjudiquemos a su familia, nosotros ya sabemos lo que es eso. Pero tienes que estar descansado, nunca se sabe el latigazo que llevará escrito él, procura dormir seis horas para que no te la cuele y consiga desviar la atención sobre la parte que más nos interesa. A ver cómo sale de ésta. Si la cosa se pone fea, ya sabes que podemos conseguir las grabaciones, lo que haga falta. Pero de momento nos guardaremos ese as en la manga. ON.

En la calle, el titular imprimió de tinta las conversaciones matutinas de letra grande, las que no reparan en la profundidad de miras, ni en la credibilidad de argumentos probeta. Espejos de lanzas editoriales adaptadas al gusto del gabinete que paga, mentiras adaptadas a la irrealidad de la pugna política. Mientras, la gente, la de verdad, la misma que nunca pronuncia la palabra ciudadano y paga facturas con la prudencia posada en la cuenta bancaria, atraviesa el umbral de la demagogia para decir: todos son iguales. Claro, si se empeñan.
photo by marga ferrer

miércoles, 18 de febrero de 2009

Huevo y gallina


Si fue antes el huevo o la gallina es un debate que se había planteado, de forma voluntaria o impuesta, en numerosas ocasiones a lo largo de sus 45 años de vida. Se le reproducía el eco de tal dilema mientras miraba por el retrovisor de su devenir histórico, al rescatar su versión infantil, la mueca de púber y su afamada vida de neoadulto. El pinchazo que desde ayer sentía a la altura del costillar izquierdo, interpretado por su hipocondría como un aviso de infarto, o como la angina de pecho que le impediría seguir llevando una vida normal, punzó momentáneamente la piedra filosofal de sus inquietudes. Las refrescó cuando alguien cercano le aseveró: “Siempre trataste a tu padre como al directivo de una empresa, nunca le tuviste en cuenta como una persona igual a ti, con las mismas necesidades; fuiste un lerdo y un cobarde”.

El huevo o la gallina, el padre o la persona, la normalidad o la autoridad, el consejo o la orden, la vida o la muerte. Llegó tarde, su padre yacía frente a sí, con las manos ajadas, el rostro trémulo, vestido con el traje de paño de las grandes ocasiones, tumbado al otro extremo de la vitrina de la sala número siete del tanatorio municipal. Permaneció horas frente a él, hierático, lamentando el tiempo perdido y las oportunidades que dejó escapar para compartir con su primogénito de tú a tú, sin la cortina del miedo. Nada distinto al pensamiento del resto de mortales, como pez grande que devora al congénere chico, quieto, estático, mudo, sordo y ciego por no haber sido capaz de enterarse antes de que se le acabó el tiempo.
photo by somos

miércoles, 11 de febrero de 2009

El café


¿Paramos a tomar un café? No, continúa, de momento es pronto para recurrir a las –inas (por cafeína, creemos). No entiendo cómo, pero siempre hay que hacer lo que tú digas, lo peor es que seguimos juntos, como dos dependientes de las –inas (su carencia genera ansiedad y episodios de ira). Bah, déjalo, no tengo ganas de comenzar el día discutiendo y no te molestes, ya subo yo la música, así estaremos calladitos los dos un rato, hasta que te salga de los cojones parar a tomar ese puto café. All I ever wanted, i all ever needed, is here, in my arms, words are very unnecesary, they can only do arm…

Esta mierda de freno de mano, siempre me deja la muñeca dislocada, un día lo acciono en marcha y a tomar por culo. Ahora empieza el capítulo del quejica compulsivo, no quiero ni pensar qué ocurrirá cuando despaches el cafecito, ¡qué cruz! Dos cafés. Cortados, por favor, y rapidito que tenemos prisa.

¿Nos vamos? Espera a que termine yo el mío, egoísta, está ardiendo. Pues habértelo pedido con la leche del tiempo, siempre haces lo mismo y luego antes de salir querrás ir al servicio... ¿Qué le debo? Dos euros con cuarenta, aquí los cafés cuestan un 50 por ciento más que donde los toma Zapatero. No estoy para bromas, tenga y quédese con el cambio. ¡Joder, qué generoso! Adiós. Hasta otro día señores. Espera, que voy un momento al aseo. Ves, si ya lo decía yo…

Tic tac, tic tac, tic tac. Se acaba el tiempo, anochece. Elsa no sale, tendré que ir a buscarla, siempre me hace lo mismo. Joder, vaya mierda, ahora a meterme, cual tullido, en el baño de señoras y a pasar por moña. Me da igual, voy. Tic tac, tic tac, tic tac. Nos quedamos sin personajes, están fuera del cuadro. El móvil: un camarero al que no le gusta que no rían sus gracias. El arma: un cuchillo bien afilado sobre el jamón de Teruel que hay junto a las botellas de whisky, frente a la barra. La escena del crimen: un plástico encharcado de sangre que no ha dejado cerco en el azulejo blanco del aseo. Testigos: ninguno. Remordimientos: cero. El café: exquisito.
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domingo, 8 de febrero de 2009

El día después (de la crisis)


Salgo por primera vez a la calle después de la crisis. Las paredes lucen más brillantes, los bancos han ampliado sus horarios porque no dan abasto con los créditos que vuelven a conceder, en la pescadería sólo quedan boquerones y calamares, los percebes se vendieron ayer, por eso de que habían sido asignados al mejor postor, los titulares de prensa del día apuntan hacia el desbloqueo de catorce PAI, el optimismo del sector automovilístico, la subida del precio oficial del dinero y la aspiración del nuevo gobernante de turno por alcanzar el pleno empleo en la legislatura que comienza. El Valencia juega en su nuevo estadio, Messi lo hace en el Real Madrid y Cristiano Ronaldo en el Barça; Djokovic es el número uno de la ATP y Alonso acaba de rescindir su contrato con Ferrari. Como almas en pena recoloreadas, las personas toman las calles impacientes por lucir la seguridad recuperada, cada cual a lo suyo, sin mirar al de al lado.

Todo ha vuelto a la normalidad, el consumismo revitaliza los mercados, reactiva la producción y reaviva la confianza de los bancos. La obligada austeridad por fin terminó. Hipotecas de ilusión renovada, créditos alucinógenos, ruedas de destino incierto, viandas gourmet en el barrio de la alegría, viajes de reflexión a culturas en eterna crisis, saltimbanquis de propina fácil, regalos incomprensibles para niños sin uso de razón educados a golpe de antojo, centros comerciales como ciudades de pego. Truman vuelve a su show, la secuela del que proyectó hace años sobre una sociedad perfecta a priori, aunque inerte, corrompida por la deuda, los cumplidos y la falsedad de sus formas. El siguiente.
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miércoles, 4 de febrero de 2009

Lo que queda por decir


Uno siempre comparte un porcentaje reducido de inquietudes con su entorno. Tendemos a reservar gran parte de la versión original de nuestros quehaceres. Unas veces por el qué dirán, otras por un sentido del ridículo heredado de nuestros ancestros, nos quedan siempre muchas cosas por decir. Ofrecemos expectativas de vida a los nuestros, versionamos comportamientos adaptados a lo que esperan de nosotros, incluso cambiamos nuestro parecer con tal de no defraudar a interlocutores que prejuzgan, sojuzgan o leen la versión equívoca que hemos querido que adquieran.

La costumbre nos ha dejado una representación incierta de lo que somos. Incluso dejamos de alzar la voz en sintonía con quienes compartimos esfuerzos de vida; somos vagos, nos acomodamos a situaciones arquetípicas aunque éstas no sean las que mejor representan nuestras expectativas vitales. Lo malo es que cuando alguien osa cambiar la cadencia y tuerce el paso, el resto lo devora como alimaña rompedora del equilibrio. ¿Escucháis?
photo by marga ferrer

lunes, 2 de febrero de 2009

Vuelta al pueblo


Iba calado, tenía ansiedad y el alma mojada. Por fin pudo respirar cuando encontró el cobijo que sus huesos de cristal pedían a gritos, antes de desmoronarse. No es que a sus 35 años sufriera de artrosis, pero había permanecido todo el día en la calle, de aquí para allá, como brújula desbocada, sin saber qué hacer después de la noticia que le habían dado. Decidió resguardarse en el metro. Al pasar bajo el umbral de la puerta equivocada, la correspondiente a la salida, y tras topar con dos hombros, un “joder, a ver si miramos” y un guardia de seguridad que le amenazó con tirar de porra, quedó hipnotizado por la brisa de aire caliente que fluía del subsuelo, como oxígeno respirado mil veces, reciclado en mil penas. Su boca, ya reseca por la angustia padecida, sentía la carencia de saliva. Al intentar tragar no encontró nada más que la aspereza de su lengua sobre una película espesa de aliento con olor a estómago vacío, consecuencia del ayuno al que su nueva situación le había conducido.

Ya en el andén, no se atrevió a levantar la vista de sus zapatos, avergonzado de estar donde no estaba, y de ser quien no acostumbraba. Pisoteó el ejemplar de un periódico gratuito moribundo que, antes de terminar en el suelo, habría sido leído por 49 personas, audiencia prevista por la editorial para evitar aprobar un ERE que dejara en la calle a un nuevo puñado de redactores mileuristas. “Vuelta al pueblo”, leyó. La ciudad se pudría, la gente volvía al campo a trabajar. Él no era de pueblo, pero su mujer sí, la misma que a esa hora preparaba una cena de fondo de nevera para sus dos hijos mientras esperaba la llegada de su marido, el único que conservaba un puesto de trabajo en casa, por lo menos hasta esa noche oscura en la que ella abrió la puerta a un nuevo parado demacrado.
photo by somos