martes, 27 de enero de 2009

Endiosados


Es triste asistir desde la normalidad de mi ubicación al endiosamiento con el que se manejan algunos personajes de la vida pública. Podría ser algo lógico en gente de la farándula, en los advenedizos del papel rosa y en los seudofamosos que se suben a la parra mientras duran los minutos de fama que les conceden los contenedores de basura mediática en los que aparecen retratados como mostrencos. La tristeza a la que me refiero apunta hacia la res pública de perfil más serio. Algunos deberían tener más en cuenta a su audiencia al tomar decisiones salidas de tono, al estipular protocolos excesivamente divos de convivencia con la masa, al masticar con la boca abierta sin tapujos o al insultar al que se ha gastado parte del sueldo en adquirir una obra, película, libro o pasatiempo con su careto.

En el ámbito literario, hay escritores con nombres y apellidos, incluso con sillón letrado en la Academia, que han perdido los papeles. Los hay que sólo conceden entrevistas cuando publican (cosificando su producto y a sus lectores), los que se muestran antipáticos ante las cámaras porque eso les hace ser más snobs, los que se erigen en tertulianos de la chabacanería, los que niegan la evolución y organizan campañas marketinianas con el pretexto de no tener teléfono móvil (portátil como dirían estos puristas del lenguaje sin escrúpulos) o los que ningunean a los medios de comunicación que no pertenecen al macrogrupo editorial que les da de comer.

A todos ellos, y desde la normalidad que caracteriza a esta humilde bitácora de reflexión, les pediría un poco de campechanía, de educación y de saber estar.

sábado, 24 de enero de 2009

Vendaval


Sopla siempre a favor, aunque caminemos en su contra; empuja de nosotros como la nostalgia y nos susurra al oído que le sigamos, que nos dejemos llevar por su estela de historia, de remembranzas melancólicas. Bufa por los huecos que le dejan nuestros defectos, grita de desesperación si nos ahuyenta, extiende su mano trémula para que le acompañemos, pero nos asusta y lo tildamos de desagradable, insoportable, estresante. Alcanza velocidades de vértigo, como ultraligero de experiencia.

Esta mañana he mirado al cielo y he encontrado la profundidad de las nubes exaltada, en una metamorfosis espasmódica, en disposición huidiza; grises, blancas, magentas, azules, rosas. Después he cerrado los ojos y he sentido de lleno el ímpetu del viento, con su olor a mar cercano, a la humedad que acumula el pasado si es reciente, a sequedad veraniega en un invierno de sables, a discurrir temporal con la pimienta del billete de primera en las lenguas veloces del recuerdo. Siempre.
photo by somos

miércoles, 21 de enero de 2009

El presidente del mundo (y II)


De lejos, de cerca, la toma de posesión de Obama y el concepto global aplicado al acto provocó que en el día de ayer fuera difícil escapar de su eco. Al abrir el ojo, tertulianos en la radio arreglaban ‘su mundo’ con el pretexto de hablar en calidad de seudoexpertos del futuro que le depara a EEUU con Obama; al desayunar, la PDA registró páginas y páginas relacionadas, con riqueza gráfica e infográfica, con el nuevo presidente yanqui; en el almuerzo en el bar de Paco, la televisión, encendida a todo trapo, advertía de la repercusión que le iban a conceder los medios audiovisuales al 20-E norteamericano; en la comunidad bloguera, el 105% de los posts de la jornada apuntaba hacia la Casablanca; el correo electrónico no le fue a la zaga y el spam se revistió de viagras azules con la cara de Obama; en un pueblo cercano a mi lugar de residencia, aprobaron el cambio de nombre de una calle dictatorial, José Antonio (Primo de Rivera, supongo) por el de Barack Obama; el telediario -mientras llenaba el estómago a la hora de la comida- abrió y cerró con la imagen de la concentración multitudinaria que esperaba la hora D; hasta los programas dirigidos a un público eminentemente doméstico se enfundaron la casaca yanqui; amigos nuevos en Facebook alienados con la causa obamista… Y Gaza aparcada por un día, con el reloj de Israel detenido justo a tiempo para no manchar la ceremonia global de mister Obama.

El presidente del mundo, ayer, tomó la palabra. Mañana, quién sabe, su figura podrá distorsionarse o diluirse como azucarillo en Google. Y, mientras, en Etiopía, ¿ya no pasan hambre?
photo from www.rtve.es

martes, 20 de enero de 2009

El presidente del mundo (I)


De lejos, de cerca, la toma de posesión de Barack Obama puede catalogarse como uno de los acontecimientos que pasan a la historia, no porque se le ponga esa etiqueta para captar la atención de la audiencia o de los que no presentan interés alguno por la materia, como sucede cuando dos equipos de fútbol se enfrentan por enésima vez entre sí, o cuando el alcalde de turno inaugura un busto de su mentor en el parque más feo de la ciudad y se los cataloga como hitos históricos. Haber asistido (de lejos, de cerca) a la proclamación de Obama como el primer presidente negro de la historia de Estados Unidos, con todo lo que ello significa y con las expectativas que en él ha depositado la comunidad internacional como impulsor de un cambio de actitud hacia los conflictos abiertos en el globo, es motivo de privilegio, aunque sólo sea en calidad de testigo de un punto de inflexión histórico, de un cambio de tendencia en la forma de entender la política global.

Precisamente, el concepto de globalidad aplicado al evento (político, pero evento) ha estado acompañado por las nuevas tecnologías y la implementación del uso generalizado de la www como instrumento de intercambio de experiencias para un seguimiento de la ceremonia (muy yanqui, hay cosas que no cambiarán nunca) a través de las plataformas habilitadas para tal fin, como el portal de RTVE, principal acierto de la era Zapatero en relación al ente público.
Un fenómeno global en sí mismo, con una repercusión jamás albergada por un inquilino de la Casablanca cuyo discurso de 20 minutos escasos le ha conferido el rango ciberespacial de presidente del mundo.
photo from www.rtve.es

sábado, 17 de enero de 2009

La política del balón


Diseñar una plantilla competitiva, ofrecer espectáculo, limpiar la mala imagen proyectada por un club histórico, devolverlo al lugar que le corresponde y no asumir decisiones deportivas. Estos son los ecos que permanecerán durante unos meses en el seno del Real Madrid después de haber asistido ayer a la dimisión de su presidente, Ramón Calderón por la acumulación de escándalos diseñados a imagen y semejanza de su decisión desde las páginas del diario más vendido de España, el ‘Marca’. El fútbol es política, o no, como Javier Montes se pregunta esta semana en su columna de 360gradospress, y lo es hasta en la forma en la que los teléfonos rojos de las redacciones devoran la existencia de mandatarios puestos por los cuatro socios con más influencia.

No me creo que haya habido amaños, y si han existido, es práctica habitual en clubes cuya organización ha quedado desfasada, anquilosada en modelos dictatoriales heredados del pasado, como sucede en el Barça, en el Athletic y en el Osasuna, clubes que mantienen la asamblea de compromisarios como órgano decisorio en vez de los otros equipos que fueron obligados a constituirse como sociedades anónimas deportivas. Es decir que tongo, sí, pero que es lo habitual en ese tipo de estructuras donde el que mejor equilibra los favores internos y externos se perpetúa mejor en su sillón, también.

Calderón no ha sabido torear a los que conocen la dinámica de la filtración interesada a la prensa, a los que aconsejan por delante decir ‘a’ y por detrás colocan el cepo sobre por qué no se dijo ‘b’ y a los que fichan a sabiendas de que el dinero se ha gastado mal. No ha tenido suerte, pues, un señor demasiado blando como para tragar con la espina más grande, la terca realidad que todo consume si lo que hay por medio es poder. La suerte para el Real Madrid, me refiero al equipo, a esa plantilla que tiene que ilusionar todavía a una afición indolente, es que no se verá salpicado por el escándalo ‘Marca’, manque a Boluda le pese.

jueves, 15 de enero de 2009

El apocalipsis (del papel)


“El fin del mundo está cerca”. Esta frase tan apocalíptica la escuché en mi tierna infancia en numerosas ocasiones. La pronunciaba con bastante frecuencia mi abuela, normalmente cuando veíamos la tele juntos y ella detectaba a mujeres ligeras de ropa, escenas sexuales explícitas en horarios infantiles, fragmentos de guerra procedentes de oriente próximo y de sudamérica y otros minutos de gloria para guardar en la videoteca de las emisiones ochenteras. Superado el trance y la resaca del destape iniciado entre finales de los 70 y los años mentados, y después de que los 90 prepararan el camino tecnológico al otro destape que nos toca vivir, el ciberespacial, asistimos como espectadores a la incertidumbre de la supervivencia de los soportes de expresión tradicional.

La ruleta del destino depara un futuro caduco al papel en el que se imprimen libros y periódicos como recurso inevitable para la permanencia del contenido por encima de la ruina de sus editores. Nadie se atreve a poner fecha pero la sensación apocalíptica de lo que significará comienza a extenderse como la pólvora. Es este momento cuando toca reivindicar el protagonismo de escritores y periodistas por encima del de sus atemorizados señores, los que pagan el papel y ven cómo las cuentas han dejado de cuadrar desde que el siglo XXI pidió paso. Démosle vueltas a las fechas, pero será difícil encontrar argumentos convincentes entre quienes todavía hoy defienden la preexistencia del papel, al que auguran eterna juventud.

PD: El apocalipsis del papel trasciende las fronteras de su presencia física y causa efectos secundarios. Ya existen conversores de formatos web en ‘pdf’ para que nadie se quede sin los contenidos publicados en el ciberespacio frente a un virus global, un apagón informático o un reseteado hacker.
photo by marga ferrer

domingo, 11 de enero de 2009

El mando


Sin ganas de hacer nada, con agujetas de deportista dominguero, se levantó para recorrer los doce metros que separaban su dormitorio del salón y arrastrarse cual anguila hasta el sofá con chaise-longue. Su campo visual se reducía a un televisor de 42 pulgadas, una estantería perfectamente alimentada por libros de coleccionista frustrado jamás desenvueltos de su plástico promocional, las carcasas de las películas que alquiló hace seis días y que aún no había devuelto, un plato con migas lamidas por el gato de la cena de fondo de nevera que improvisó anoche, una foto sin marco de cuando tenía pelo, un vaso manoseado del cubata que bebió antes de ir a dormir, un cenicero con once colillas devoradas, retorcidas y amarilleadas, y el mando, ¿dónde estaba el mando?

Una sensación de ansiedad le comenzó a devorar, había conseguido sentarse en su trono, pero se le había olvidado rescatar el mando de la tele antes de acomodarse, tendría que levantar su culo de tan privilegiada ubicación, la del domingo inerte, holgazán, perezoso y vago. No le quedó más remedio, el aparatito lo localizó, tres minutos después, sobre la esquina del mueble principal del salón, escondido entre un kleenex usado, dos pilas y el paquete de tabaco de reserva. Movió su cuerpo con resignación y tropezó con los zapatos empolvados con los que fue a trabajar el viernes. Sin reflejos, ni capacidad de reacción, se dejó la sien anclada en la mesa de centro.
photo by somos

domingo, 4 de enero de 2009

Escena


Era su primer día libre en aquel lugar después de haber trabajado sin descanso desde que llegó el fin de semana anterior. Le daba vértigo el tiempo ocioso del que disponía en un entorno hostil, ¿por dónde empezaba? Optó por recluirse en casa, entre las paredes húmedas que acababan de acogerlo. Maniobraba torpe y estúpido, anclado a los instantes más recientes de su temprana vida, al llanto fácil del calor familiar y al desarraigo de la escena que le tocaba representar. Manoseó libros por leer, hojeó su contenido sin asimilar ni una letra; cocinó ansiosamente para mantenerse distraído, llamó a los suyos para mentirles respecto a su nueva situación ‘idílica’; rastreó la caja de los recuerdos que arrastraba desde el primer año de carrera; escuchó desordenadamente los temas más evocadores de su trayectoria sentimental; y fumó tres pitillos con la mirada perdida en la ventana, como la que proyecta el gato que asoma sus bigotes desde el apartamento del que nunca le han dejado salir.

Él tampoco salió, prefirió quedarse en su presidio de miedos y de reconstrucciones comodonas. Le quedaba grande el traje de aventurero huido de las faldas de mamá, aún era pronto para disfrutar de la lejanía doméstica, del encanto de lo ajeno con libertad emancipadora para tomar decisiones propias. Aún así, su primer día libre en aquel entorno siempre lo recordaría con cariño, con la nitidez del que empieza a distinguir los momentos que han dibujado su trayecto antes de morir.
photo by somos

sábado, 3 de enero de 2009

Redes


No, no quiero leer ese correo, creo que es lo de siempre, alguien que me invita a ser su amigo en Facebook, me niego. Yo tampoco, prefiero quedarme como estoy, con mi teléfono móvil, mi cuenta de correo electrónico, el Messenger y poco más. Pues no tenéis ni idea, con la de amigos que se hacen en las redes sociales, yo tengo 278 y no me quita mucho tiempo el contactar con ellos, siempre hay unos con los que te comunicas más que con otros. Tienes razón, yo aprovecho los descansos de las películas que ponen en la tele para mirar mis mensajes, escribir en los muros de los demás y proponer nuevos amigos. No entiendo cómo os gusta tanto que os invadan la intimidad, o que reproduzcan una foto tuya de hace veinte años en un estado poco equiparable con el actual. Pues yo he creado un grupo de debate al que ha llegado aquella persona de mi infancia que compartía pupitre en clase, no veas qué ilusión me ha hecho. Eso no es una ventaja, la vida se compone de retales y las personas vienen y van, pasan de ser protagonistas en nuestra existencia a ser meros comparsas de la infancia, la adolescencia, la universidad o de las prácticas en no se qué empresa, y ya está. Bueno, pero es bonito rescatar a los que pensabas que jamás volverías a ver o a los que ni siquiera tu cabeza guardaba un pequeño recuerdo. Pues si es así es porque el cerebro es más listo, obvia la información inútil para funcionar día a día. ¿Para qué coño quieres hablar con el hijo del vecino del sexto?, ¿no tuviste suficiente con perder contra él a las chapas cuando eras pequeño?, ¿qué queda de aquella persona y qué ha sido de ti? Te tengo que dejar, había prometido responder el mensaje escrito en mi muro y si no lo hago ahora luego lo voy a tener imposible.

La tradición oral desaparece al mismo ritmo que crece la virtualidad de la amistad a discreción.
photo by somos

viernes, 2 de enero de 2009

Master of dong


La cadena pública española volvió a sorprender a propios y a extraños durante la retransmisión de las campanadas de fin de año al sincronizar el soniquete de los presentadores y el del reloj de la Puerta del Sol con la publicidad de Master Card, algo que debió atragantar a más de uno, especialmente a los que estaban deseando dar cuenta de las uvas para comenzar el nuevo año sin pensar en préstamos, depósitos, intereses de demora, crisis y bolsa. Misión imposible, quien quiso emprender esa aventura se topó de bruces con la agresividad publicitaria de dos comecocos del color corporativo de la famosa tarjeta de crédito sobre la preceptiva advertencia legal en forma de mosca televisiva con el mensaje de 'publicidad'.

Una vez más, el ente público aprovechó la debilidad y la indefensión del espectador, que tragó pepitas, pieles, uvas, campanadas y tarjeta de crédito en apenas doce segundos, sin que fuera advertido de ello y tras haber conocido en la emisión de la última edición del telediario previa a las campanadas que éstas se habían televisado desde 1962. Una forma, pues, de hipotecar la cuadragésimo sexta edición del evento sin el consentimiento de los telespectadores y haciendo un uso y abuso del carácter y vocación públicas que se le presuponen al ente de todos. Para rematar la faena, y por si a alguien se le había ocurrido bailar para olvidar el mal trago y celebrar la llegada de 2009, llegó la invitación a un bombardeo masivo de mensajes escritos para hacer caja con la promesa de empezar el año obteniendo pingües beneficios.

Un robo público a las conciencias de bien que por unos segundos quisieron olvidar la crisis que nos parió en 2008.
photo by somos