martes, 29 de diciembre de 2009

Retiro 2.0


Es el parque de los madrileños, o un cobijo espiritual, o una huida hacia el rincón predilecto, o el retiro de una trazabilidad vivida; la de 365 días que se van, cúmulo de experiencias inconexas entre quien escribe y quien lee.

2009 ha sido el del retiro de las economías, el de la conspiración de un Truman inerme que se ha dado cuenta de que el sistema tiene agujeros, al menos el del capitalismo feroz y el del neoliberalismo reinventado.

2009, año de retiro periodístico, de “te regalo El País por 5 euros de compra en Opencor”, de construcciones informativas esperadas, sorprendentes las menos, rutinarias las más. Informaciones defenestradas, cabeceras tercas sin la brújula del contraste, directores desinformados por el qué dirán “si no titulo bajo el imperativo del único lerdo que apuesta todavía por el papel”.

2009, año (por qué no) de Twitter, red social nacida en el retiro de 2007 que encontró en 2009 su consolidación. Cava and Twitts, Eats and Twitts, Pacharán and Twitts, Horchata and Twitts, Gin and Twitts, networking, followers, RT, D, #, twittervistas, desvirtualizaciones sigloventiunescas...

2009, año del vértigo laboral, de la cacofonía política, del miedo a comprar, del consumismo arrestado, del rey del pop, del dopaje, de CRMessi, de noveles en materia de nobeles de la paz, de piratas sin pabellón, de nosotros sin vosotros, de fin de una década para algunos, de noveno año del siglo XXI para otros, de mío, tuyo, de aquel y de nadie. Retiro.

Feliz 2.010 (los años no llevan punto; hoy todo es 2.0).
photo by somos

jueves, 17 de diciembre de 2009

La obra


El sol se cuela por el quicio de una de las fincas semiderruidas del centro. Los inquilinos de las viviendas aguantarán hasta que se les caigan encima o hasta que el propietario se dé cuenta de que con esta crisis no habrá forma de venderlas bajo las expectativas que se creó cuando la burbuja latía. El tiempo es gélido, las bufandas intercambian mensajes entre sí, lenguas secas sin aliento que se entrelazan por la acera ignorando el gesto de sus portadores, egoístas que usan la calle para deambular, viajar o cruzar sus destinos sin pensar en nada más que en cosas sin repercusión en los medios. Bueno, alguno coge el móvil y efectúa una llamada para alejarse de ese momento íntimo que significa pensar. El de más allá se afana en practicar una visión de 360 grados de inspiración fotográfica; impresionismo tecnológico al abasto de quienes utilizan la escena como plataforma de creación artística, del paso del tiempo medido por negativos digitalizados. Y el grupo más nutrido, el que ha soltado el ancla en los tres metros de luz solar que se abre paso en la plaza emite un murmullo silencioso que corta la monotonía.

Son los jubilados del barrio, que asisten atónitos a la evolución de las obras de construcción de un aparcamiento subterráneo. Los operarios que trabajan en el agujero lo hacen con el prestigio del que se sabe observado, como cuando un aficionado juega al tenis o al pádel y alguien se detiene unos segundos para ver la torpeza que gasta con la raqueta. Por unos segundos se ve a sí mismo como si fuera Nadal en la pista central de Roland Garros. Un operario, que debe de ser el jefe de obra por las instrucciones y los ademanes que propaga hacia las hormiguitas, aprovecha su minuto de gloria para encenderse un puro. El humo se detiene en el aire, mezclado con el viento acuchillado que mastica el ambiente hasta llegar al alcance olfativo del público asistente. Uno de los jubilados dice: “Creo que las casas no soportarán una obra así. Mañana se caen. Me voy a pasar la Nochebuena a casa de mi hijo”. La respuesta de su resabiado compañero de graderío callejero le contesta: “Cobarde”.

Fin (de una escena callejera cualquiera en invierno) .
photo by marga ferrer

domingo, 22 de noviembre de 2009

El reencuentro

No supo cómo quitarse de encima la interpretación que su mejor amigo, al que no veía desde hacía trece años, hizo de su persona. El tiempo había trabajado en cada uno de ellos de forma castigadora, pero más físicamente que con otras de las cualidades susceptibles de ser baremadas en el reencuentro.

Estaba triste, había dejado de ser el confidente de aquel gnomo barrigudo con el quedó una tarde de abril. Se había convertido en sombra de lo que fue y el caperuzo simbólico de los prejuicios que lo encerraban se cebó con la visión distorsionada que delataba la falsedad de su comportamiento. Lo vio reflejado en los ojos vidriosos que lo examinaron, bailadores de twist a cada golpe de palabra compartida; cumplidos y más cumplidos en una bañera sin tapón.

Había cambiado, pero no lo suficiente como para que él sintiera las punzadas de aquella visión maléfica de su proceder. Si por algo se caracterizaba era, precisamente, por ese sexto sentido que le permitía reconocer a las personas y a sus amigos de forma especial. Olía comportamientos, intuía cómo era visualizado por otros ojos, leía la información que procesaba quien caía en la injusticia de interpretarle como lo que no era.

Le cayó una condena terrible: cadena perpetua, encuentros cero. No volvería a ver a su amigo. La tarde, el tiempo y el desánimo de sus rutinas dispares, hicieron el resto.
photo by marga ferrer

miércoles, 18 de noviembre de 2009

BSO


Voy descompasado con mi Banda Sonora Original. Anoche, a pesar de que mi testuz lo pedía, me acosté sin escuchar música relajante o, peor, sin intuir las estrofas de cualquier composición clásica que extrajera el estrés de mi lado gris. Esta mañana, ya al volante, por más que he sintonizado el dial de la radio no he hecho más que rescatar canciones descontextualizadas para el momento rebelde que requería la situación. Ninguna composición ha recreado las situaciones que dibujaría un niño dentro de mi cabeza. Debe de ser que en el quiosco del cerebelo se habrán quedado sin ceras, sin plastilina o sin rotuladores Carioca.

Ahora, mientras escribo, una ambulancia acaba de torpedear el ritmo de plasmación de este pensamiento tan extraño, quizás porque sabían ahí fuera que hubiera sido perfecto para mis intereses alcanzar un estado óptimo de concentración. Mi BSO es como la de Truman en su Show, pero sin products placement, sin un escenario ficticio con el que dibujar horizontes en el mar. Ni siquiera he podido salpimentarla con una ración depechera, sintonía de mis amores y la misma que en 2009 ha huido de los destellos musicales que han marcado mi devenir.

Tendré que quejarme a González-Sinde para que defienda mis derechos de autor. Como principal protagonista de mi vida, reclamo que sean tenidas en cuenta las quejas planteadas. Es insoportable vivir desafinado, sin el maridaje entre el instante vivido, su reconstrucción y la representación musical de cómo me gustaría visualizarme desde el lado más ochomilimétrico de mi existencia.

sábado, 14 de noviembre de 2009

Por llevar la contraria


En el Evento Blog España 09 que se celebra en Sevilla, se ha dicho que próximas ediciones deberán sustituir la palabra 'Blog' por la de 'Microblogging', dado que Twitter está siendo el invitado estrella de la presente edición.


He empleado más de 140 caracteres en este post porque me niego a descartar una herramienta en detrimento de otra; ¿por qué elegir? Cierto es que este blog está siendo menos manoseado que antes, pero es preferible otorgarle una funcionalidad, aunque aislada, antes que condenarlo al ostracismo.


No te preocupes, bitácora de mis amores. Estás a salvo.
photo by marga ferrer

sábado, 31 de octubre de 2009

Adherencias


Las arañas del tiempo tejen una tela viscosa que abandonan a su suerte cuando ya no pueden cazar recuerdos. Se marchan hacia torturas lejanas, a tender puentes de seda entre el presente y el pasado que lo marcó. Saben que pocos superan el lastre de los minutos acumulados a deshora, de las equivocaciones masticadas en noches de insomnio, de las mentiras envueltas en miedos.

Es difícil localizar a alguien que haya conseguido expulsar de su existencia a las arañas del tiempo; funambulistas en vida, mudos en el café. Ocultan su logro con el anonimato del inadvertido, concentrados en pisar firme sobre las adherencias que dejaron las telas del recuerdo borrado. Caminan sobre el fósil de lo que fueron, de lo olvidado, de lo archivado sin el ansia del apremio, solos.

lunes, 12 de octubre de 2009

El vaso


En tiempos en los que la gripe A no ha llegado a causar la alarma social que pretendían las autoridades sanitarias a través de los medios de comunicación, recuerdo una práctica a priori poco salubre de uno de los muchos pueblos de la Castilla vieja que he tenido la suerte de conocer. Mis primeros tragos mozos procedieron de un vaso popular, escondido en la oscuridad de una bodega, alimentado por las arañas de la cueva y enjuagado con el zumo de vid que resbaló sobre mis labios desde bien entrada la adolescencia. Era el vaso, o los vasos, de alguna de las bodegas de los pueblos zamoranos de los valles de Benavente, en los que beber era religión y hacerlo con la rebeldía del que sabe que es cosa de mayores, todo un arte.

El vaso era el vaso de todos los que peregrinaban desde el casco urbano hasta las bodegas de las afueras para extraer de la cuba el vino del almuerzo. Quien más, quien menos, tenía su bodega, equipada con ese vaso preparado para el trago de vino en compañía del propietario, quien hacía el mayor gesto de generosidad al cederlo y recogía la satisfacción de a quien invitaba desde la campechanía de lo habitual y con la garantía de que el invitado degustaba algo que pocas veces tenía a su alcance el resto del año.

Nadie decía que le daba asco, ni repelús. Ni, por supuesto, nadie negaba el trago de la caballerosidad, ni los más pijos capitalinos, ni las señoras más escrupulosas, ni los señores más exquisitos. El vaso era el vaso y si lo agradecías con alguna alabanza referida a las virtudes del caldo o a la bondad de la temperatura que lo cobijaba en aquellas cuevas cavadas bajo tierra, lo fácil era que el anfitrión prolongara su estancia en la bodega para deleitarte con alguna lata de mejillones en escabeche o con alguna bolsa de aceitunas de anchoa. De propina, el moje o caldito de las conservas, cuya prioridad para la degustación recaía también en el invitado.

El vaso de la bodega, un rito de marcada tradición que no ha entendido de enfermedades, más allá de la del quite del saber estar y de la del vino a granel al gusto del que nunca bebe o de quien valora la campechanía por encima de la apariencia.

martes, 6 de octubre de 2009

Don Hipólito


Me quedo con ganas de contarte cosas, de escuchar tus nuevas, de verte, de hablar contigo como cuando era un niño grande con ganas de comerse el mundo.

Me quedo triste en la distancia por no haber estado presente en los reconocimientos que mereciste como nadie. Tú, experto en vida, curioso de las personas, Quijote de la Castilla Vieja.

Me quedo mudo, aún con letras, para mandarte el guiño que da la vida cuando encuentra un apagón tan sonado como el que hoy me ha sacudido.

Me quedo con el anhelo de haber podido compartir contigo un día más el mantel de los sueños a medida de quien los desea.

Gracias por tus lecciones de vida, gracias por tu sabiduría, gracias por tu experiencia, gracias por tu erudición, gracias por tu campechanía. Gracias por la amistad que has compartido con esa persona que tan bien conociste y que tanto respetaste, la más enrevesada y bonachona del planeta; gracias por haberte ido sin meter ruido, con tu elegancia habitual, con el silencio del que siempre ha sabido ser discreto, gracias por haber existido.

A Hipólito Pérez Calvo, que en paz descanse.

domingo, 27 de septiembre de 2009

Versiones


Estamos rodeados, las versiones nos acosan, cada día son más homogéneas entre sí, pero no han perdido su capacidad de influencia. A versiona a B y C versiona a A. En el camino, se pierden los argumentos que vestirían cada versión de su sentido primigenio. Los detalles no interesan, si lo versionado es demagógico, mejor. ¿De qué versiones hablamos? Pues, por ejemplo, de las versiones de los hechos acontecidos en un determinado lugar que nunca hemos visitado y que defendemos como si nos fuera la vida en ello porque hemos oído que nos han dicho que a alguien le han hecho algo. De aderezo, tertulianos por aquí, expertos por allá; líneas editoriales reviradas al antojo de servidumbres hertzianas de un lado, titulares redecorados de información útilmente publicitaria, del otro.

Las versiones de los hechos que enfoca la agenda-setting que nos toca sufrir están demacradas. Mejor versionar la vida de los otros, aquellos que nunca dicen ni niegan nada, antes que atender a los papagayos de la verdad falseada hasta el extremo de la mentira falseada de verdad. Puaj.
photo by somos

domingo, 20 de septiembre de 2009

Letras de bitácora


Me mira de reojo desde hace semanas, me pide explicaciones sin levantar la voz. Yo procuro no hacerle caso, ni siquiera me atrevo a visitar su sitio, abandonado a su suerte hace más de tres semanas, por no decir un mes. Si existiera una sociedad protectora de estos seres tan extraños, a buen seguro que ya hubiera recibido un email certificado con el aviso de que si no me hacía cargo de él todo el peso de la ley caería sobre mis espaldas. Sé que ahora, mientras escribo estas palabras, está pensando si son para él, como cada vez que he abierto un documento word desde entonces. Siento su respiración artificial acelerada, testigo de ansiedad por recuperar los tiempos en los que nos veíamos a diario. Quizá ha llegado el momento de avanzar con las letras decididas hacia él, sin miedo a represalias.

Aquí me tienes de nuevo, blog. Espero que por mucho tiempo.

viernes, 21 de agosto de 2009

La siesta


El asfalto está caldoso, las cigarras entonan sus carracas, las avispas chapotean en los charcos del pilón dejados por el asno que acaba de beber agua porque para todos es agosto. Si ponemos el oído en la ventana de Pepe, podemos escuchar sus ronquidos. Seguro que está con la camiseta abanderado, boca arriba, entre moscas, duermevelas y sueños alejados del tedio rural, hoy amortiguado por la presencia de cientos de hijos del mismo medio, inquilinos de la urbanidad mecánica en invierno.

A los niños no les gusta dormir la siesta, son rebeldes de sobremesa, ellos juegan como incordian para los que reposan la cabeza sobre un hule pegajoso de plástico, el mismo que la imaginación dibuja con manzanas, plátanos y peras o con el mapa político de España. Otros, a escondidas, toman café y líquidos espirituosos cuyo importe se lo disputan a juegos de cartas, al tute principalmente. Los foráneos aprovechan el verano para aprender las trampas de los lugareños, que luego exportan a la ciudad con la exclusividad del que descubre algo en solitario y lo cuenta con el poder que da la información.

La abuela de Carlos le ha cogido de la oreja derecha y se lo ha llevado a casa hasta que acabe la hora muerta, Juan tiene que irse a la capital de provincia con su padre a comprar no sé qué y yo me quedo solo, sentado en el bordillo que delimita la frontera entre la sombra y el sol, junto a la ropa tendida por la vecina de enfrente, con piedras saltarinas con las que esquivar la carretera comarcal de tercera y la sonrisa marcada en una comisura que saluda, como a Mr. Marshall, a cada coche vacacional que pasa por delante en intervalos de quince minutos o al camionero que no puede dormir la siesta ni en verano. Punto.
photo by irm

viernes, 14 de agosto de 2009

Dos


Como encrucijada en la que chocan trenes de distinta procedencia, con un mismo destino. Como palillos engarzados en una bomba infantil de efecto mariposa, que al arder expande los trocitos en racimos de sonrisas. Como la brújula desbocada que se detiene en una orientación, a imitación del perro sabueso hierático frente al objeto sospechoso. Cada vida emprende una trayectoria compartida por otras vidas en puntos determinados que convergen hacia desenlaces dispares. De vez en cuando, asaltados por la sorpresa de la casualidad, encontramos apeaderos coincidentes, billetes masticados por el devenir del reencuentro que alimentan el dicho popular de que el mundo es un pañuelo.

No hace mucho me encontré con un compañero de la infancia al que dejé de ver hace 24 años. Unos días después, maravillado aún por la casualidad y sin haberme dado tiempo a recuperarme de tan bendita oportunidad para el rescate de caudales de información ocultos en mi cerebro, me dí de bruces con un profesor de mi época púber. La música que impartía se apoderó del viaje en tren hacia el reencuentro con otros compañeros y amigos de una etapa más cercana, la universitaria, desbocada y enraizada como ninguna otra. Las últimas semanas de mi vida se han visto salpicadas por fenómenos facebookinianos de carne y hueso, sin el apoyo de las redes sociales, sin la seguridad de lo previsible, a pelo. Dudo de que sea más fácil recrear relaciones pasadas con las herramientas actuales, pero no se trata ahora de entrar en debates que alejen la esencia del escrito.

Esta bitácora acaba de cumplir dos años, 730 días de casualidades, de verdades, de mentiras y de otros relatos escritos con la vocación de satisfacer la inquietud escritora de su autor y de atender la mirada de quienes, a lo lejos, se reencuentran con escenas y momentos comunes a todos los que sonríen cuando terminan de leer alguno de los posts. 2 años dan para muchos reencuentros, pasad y seguid probando los vuestros. Os espero.
photo by somos

miércoles, 12 de agosto de 2009

Pobre radio


“Ya lo sabía, ya lo sabía”. Este es el estribillo de una nueva canción de corte clásico reventada por la mala planificación publictaria del soporte radiofónico. Es una lástima, a la vez, comprobar cómo se destroza este medio de comunicación mediante el uso indiscriminado de bombas que, bajo la forma de cuñas publicitarias, invaden, hasta apropiarse de ellas, las parrillas de programación. ¿Cómo puede ser que no haya nadie cabal en las ondas que mire más allá de la satisfacción inmediata del cash?

Si los máximos responsables de las ondas quisieran un poco al medio que representan, o en el que dicen trabajar, tendrían que mostrarse más vigilantes con la calidad del producto que llega al oyente, no sólo del creado por la propia cadena o emisora (en su mayoría también compuesto por burdas imitaciones conformistas de modelos exitosos de otras épocas de apogeo radiofónico), sino del suministrado por la agencia publicitaria de turno o el convenido por los comerciales de la casa.

“Ya lo sabía, ya lo sabía”. Como amante de la radio; como oyente empedernido de horas y horas de programación; como defensor a ultranza de la preexistencia de su magia en tiempos de crisis; como impulsor de investigaciones relacionadas con la adaptación de este medio tradicional al ciberespacio; me niego a tragar con los males endémicos de un soporte periodístico maltratado por varias generaciones.

¿Por qué aguantar campañas mal trazadas, pagadas a golpe de talonario de hojalata como subterfugios de aquellos que huyen de la crisis del papel y que lo único que consiguen es que el oyente tenga el gesto tan fatídico de cambiar el dial o de dirección en la barra de idem?

Viva la radio, pero no a cualquier precio.

PD: Masical, ING, Línea Directa, Bañera sobre Bañera, el inglés en mil palabras…

lunes, 13 de julio de 2009

Urticaria


Ruedo, ruedo, ruedo. Doy vueltas al mundo y veo a mis amigos multiplicados por tres, seis, nueve. Huele a manguerazo en campo ajeno y la luz es tenue, espesa, caliente. Es verano y los atardeceres hacen desaparecer el sentido del tiempo, de la orientación. La nada.

Ruedo, ruedo, ruedo. Pienso en lo tonto que soy por haber querido demostrar algo, no veo dónde está Raúl. Seguro que va primero, o no, quizá haya reventado contra un árbol. Sauces llorones cambian de gesto y sonríen, me ciegan con sus hojas blanduchas, bajas, tristes, rendidas al sol que se va para volver. Recapacito, juego, siento, sonrío, disfruto, ni me preocupo.

Ruedo, ruedo, ruedo. Stop. Mi camino se detiene, respiro a borbotones. El olor a césped virgen se acentúa. ¿Puedo pasar? Nadie me contesta pero pienso en rodear con mis brazos la alegría de un mareo buscado. Rodeo, rodeo, rodeo. Rodeo el tiempo mientras rasco la espalda con sangrante devoción.

¿Juegas?
photo from www.agrototal.com

sábado, 4 de julio de 2009

Visión ochentera


Hoy me han prestado unos ojos ochenteros. Para los cachivaches soy bastante escéptico, o vergonzoso mejor, por lo que me ha costado decidirme entre si dejarlos en una caja de bolas chinas sin bolas chinas, en la huevera de la nevera o en la cavidad intercambiable de mi rostro, la misma que me permite tener visiones poliformes en función de mi estado de ánimo. En definitiva, que me los he enchufado sin mediar palabra, más allá del diálogo interno recién reflejado, y he salido a la calle. No he pestañeado, mejor dicho, el shock ha sido tan intenso que no he podido recordar nada más allá de mi memoria larga, sin lápiz pequeño, sin cassette, sin supercinexin, sin youtube, noshajodido.

Al abrir la puerta que da a la calle casi me atropella un chaval que iba sobre una akimoto. Sí, sí, la que parece esponsorizar al Villarreal (eso sería hoy, por entonces jugaría en segunda b o en tercera). Afortunadamente, sé que frente a la entrada de mi casa hay un carril bici que debió inventarse antes de los ochenta porque no me ha hecho falta apuntarlo en la libreta enri. Es malísima esta historia. Qué vais a esperar, si hablamos de la serie b española de una época marcada por la movida, el golpe de estado, naranjito, la otan, mecano y cuatro más (felipe gonzález mediante).

El pan cuesta 12 pesetas y se rumorea entre la población que va a subir un par de ellas. La que se va a liar. Me encuentro con Paco, el vecino imberbe del segundo. Estoy invitado a jugar en su casa al panama joe, un juego del spectrum 16 k. Todo un acontecimiento superado de inmediato por el fernando martín, de dinamic, la misma casa que unos meses después saca al mercado el emilio butragueño. Tengo sueño. Me voy a dormir con gusiluz y mañana (o pasado) os cuento el desenlace de la probatura de los ojos ochenteros.
photo by somos

martes, 23 de junio de 2009

Celulosa


Hace días que no escribo en esta bitácora. El síndrome del papel se ha apoderado de mis neuronas. Ya no percibo el olor remoto a celulosa y me entra el resquemor de no saber hacia dónde dirigir mis letras. Parece como si la vocación encendida hace años se hubiera quedado helada. Mientras espero a que las musas me inspiren, escucho el gemido de las cabezas de turco que ruedan semanalmente ante mí, procedentes de lo que antaño fueron rotativas de ensueño para periodistas tiernos.

Recupero hoy el aliento, animado quizás por nuevas formas de proceder que garantizan el futuro de una profesión poco habituada a los cambios, corporativista en exceso y comodona como ninguna otra. Los que peor lo tienen son los que han defendido (y defienden) hasta las últimas consecuencias un modelo periodístico agotado, sin fuerzas, arruinado, inerte, moribundo. Afortunadamente, son los mismos que abanderaron el intrusismo, que ningunearon hasta el mileurismo a los más cualificados y que no sabrán decir adiós hasta que la verdad, la misma que siempre ocultaron, pase por encima de ellos.
photo by marga ferrer

lunes, 8 de junio de 2009

Los otros votantes


Después del 7-J me queda un sabor agrio, como el sentimiento de al que le toman el pelo después de una compra o de sufrir un timo al estilo del tocomocho. A pesar de ello, yo fui a votar. Es cierto que durante la campaña no se habló mucho de Europa pero pienso que mi voto puede servir para que, en lo sucesivo, el continente no sea el patito feo de la argumentación. Esta podría ser una de las muchas conclusiones que se extraen de la cita electoral europea, como el que la corrupción no es un buen elemento de la brega política para mermar credibilidad y votos al rival. Más bien al contrario, el que un partido se encuentre de bruces con ofensivas basadas en los trapos sucios de su cocina suele movilizar al electorado afín, al mismo que en condiciones normales no tocaría las urnas. Aún así, no dejan de ser argumentos domésticos que alimentan el ‘todos los políticos son iguales’, con el efecto castigador que tiene esa coletilla para la movilización del sector poblacional que no tiene pasión por ninguna sigla política.

Representado por gente de la calle sin intereses ni afinidades hacia los colores de ninguna organización, sin dependencias partidistas ni militancias asfixiantes, sin compromiso político ni deudas de sangre ideológica, sin sueldos que deber ni cuotas que pagar, el sector de la población que sólo vota cuando verdaderamente encuentra confrontación de ideas o un escenario de debate alejado del ‘y tú más’ volvió a quedarse en casa. No es de extrañar, a tenor del apellido de una cita electoral cuya condición de europeísta se quedó en eso, en su nomenclatura y en su grafismo. Lo demás, caso Gürtel por aquí, vuelos en helicóptero por allá, unos cuantos titulares del Yak-42 y de la gripe A, alguna frase del estilo ‘yo tengo menos parados que tú’, toques de vida con el aborto de fondo, goles de final de Liga de Campeones y la banalización generalizada de un proceso electoral alejado del pretexto que lo convocó: elegir la cuota de europarlamentarios que le corresponde a España por ser estado miembro de la UE.

De Europa, en teoría, poco. Pero si analizamos el comportamiento que nos han impuesto en España en los últimos tiempos, encontraríamos muchos argumentos para echar en cara a los mismos que lucieron ayer sus banderas europeas solapadas a las siglas de los partidos que concurrían a las elecciones. En la práctica, hemos heredado numerosas costumbres ajenas a nuestro ideario cultural; ya somos más anglosajones que ‘typical spanish’. Como motor de la economía, el turismo español pierde señas de identidad a marchas forzadas en detrimento de una interpretación errónea de lo que significa ser europeos. Me gusta ser vecino continental, aunque no creo que el camino para ser ejemplo en Europa pase por renunciar a nuestras señas de identidad, ni mucho menos por imitar modelos de vida ajenos a nuestra cultura. Se puede ser el mejor europeo del continente sin que por ello tengas que entregar todo el arsenal identitario a tus convecinos.

Está bien formar parte de la UE, tener una moneda común, un parlamento con parlamentarios que se eligen cada cinco años, una legislación compartida en aspectos laborales o relacionados con el consumo, un presidente de turno cada seis meses, un gran premio de Europa de motociclismo… Pero eso no tendría que ser sinónimo de un cambio en nuestras pautas de comportamiento rutinario. Esto es, me niego a ir al Madrid castizo y pagar 4 euros por una caña sin tapa o estar de vacaciones en el sitio al que siempre he ido desde pequeño y tener que abonar un euro por ir al servicio. Cotidianeidades que bien podían marcar el debate europeo en futuras citas electorales para implicar un poco más a la gente de a pie, a la misma que cuando hablan de sus problemas se moviliza y vota.

lunes, 1 de junio de 2009

Papel digital


No tenía pasado. Lo desconocía, jamás preguntó. Ahora ya era tarde. Google dejó de registrar su nombre, su vida, su perfil, sus amigos. No quedaba nada. Se fue quince años después del último ABC en papel. Su saber quedó reseteado como el del resto de coetáneos. Reinó el caos. La memoria del mundo cayó por el agujero negro de sus confesiones digitales. Nadie supo ver a nadie. La depresión se cebó con los que acostumbraban a leer periódicos los domingos con el perro bajo la sombrilla de una cafetería franquiciada. Desayunos de dominicales escritos por los más naesabuandos futurólogos. ¿Por qué no me informaron? –aún se pregunta-. Los titulares que se evaporaron del papel, aquellos que olían a imprenta de crisis, permanecieron inmóviles, formateados, borrados. Bye.

domingo, 31 de mayo de 2009

Cenizo


Todo lo que tocaba se convertía en ceniza. Quería ser amable pero al intentarlo siempre desplazaba la parte del péndulo que desequilibraba la estabilidad de la física. Entonces la pelota de acero caía sobre la cabeza recién operada y ésta volcaba sus pensamientos sobre la virginidad de unas páginas escritas en blanco.

Cuando el tiempo se encargó de apostillar su comportamiento en retablos de olvido, el recuerdo lo reflotó. De repente, como si los años hubieran sido transparencias sobre la progresión natural de los días, renació entre sillas de terraza, sombrillas damm y colillas reconcomidas por el sol de un verano perezoso.

Era el mes de junio, se produjo una reunión de compañeros de vida veterana y él aprovechó para sacar pecho, como trozo de amistad radioactiva bajo la influencia de la mano negra. Suerte a todos los que lean este texto, que no sean supersticiosos y que tengan la buena dicha de estar inmunizados a la presencia del cenizo.
photo by somos

viernes, 29 de mayo de 2009

La sombra de un lustro


Si nos viéramos desde nuestra sombra,
nos apreciaríamos cinco años mayores.

Si, por el contrario, nos asomáramos al tiempo,
sabríamos que es un lustro de somos.

photo by Óscar Delgado

text by Marga Ferrer

sábado, 23 de mayo de 2009

Pegajosa


Un cromo de panini huele a industria química, por lo menos a él le olía así. Ella no era igual, cuando cogía una de esas estampas viajaba al mundo de las ilusiones, las mismas que dibujaba en su cabeza de chorlito entre candy candy y osos amorosos.

Su habitación aún conserva el aroma a tarta de fresa, los cajones de la mesilla guardan celosamente las gomas de borrar de Snoopy, el armario empotrado de color blanco ennegrecido por el tiempo insinúa la presencia de un poster de Kirk Cameron y la pared setentera de papel flower power está mordisqueada. Chinchetas, tornillos, celofán y pegamento se comieron la celulosa de moda, pero el reflejo del tiempo proyecta aún los gestos de Tom Cruise en Top Gun, las melenas de Europe y las lágrimas de un Pierrot mimoso.

La fotografía atraviesa entre cortinas viscosas el umbral del pasado, donde se detiene el tiempo y los recuerdos se dibujan como momentos revividos bajo la cantinela de esto me suena. Da la sensación de que la escena ya había ocurrido. Cuidado, se le ha caído una moneda de diez duros al suelo, quizá pierda la ocasión de comprar más sobres de olvido pegajoso.
photo by somos

miércoles, 20 de mayo de 2009

Televisión de pandereta


TVE ha puesto esta semana el colofón a una serie de despropósitos causados por la desidia de quienes la dirigen. A la desafortunada, inapropiada y vergonzosa censura de la pitada del himno español en la final de la Copa del Rey sumamos una larga lista de impertinencias hacia su audiencia, la misma a la que la televisión pública, la de todos los contribuyentes, trata como un mostrenco ignorante y heterogéneo carente de inteligencia, criterio u opinión.

La falta de pericia ha conducido a los creativos (imaginarios) de la televisión de todos a imitar a golpe de despliegues técnicos (chapuceros y desproporcionados) a la competencia (privada). De nuevo rescatamos aquí el sempiterno ejemplo del motociclismo. Con todos los respetos a los aficionados a este deporte (o espectáculo), TVE se ha empeñado en configurar el gusto de su audiencia con un modelo de pseudoacontecimiento sufragado por capital hispano-italiano cuyos inversores quieren denominar mundial. Realmente es una competición entre España e Italia con invitados (comparsas) de otros países que confieren la internacionalidad que pretenden proyectar en minutos y minutos de telediario, con directos de meros entrenamientos extraoficiales, llamadas a las retransmisiones en programas del corazón, autobombo revestido de primicia mundial en espacios informativos, entrevistas de pacotilla a los héroes del motor y otras estratagemas mal montadas, acartonadas y cutres que alimentan y visten de rigurosidad informativa la vaina de las motos.

Master Cadena, Mapfre, Jack and Jones, el escudo del Valencia C.F., Bancaja y alguna marca italiana son los referentes de lo que TVE pretende revestir de evento internacional a gran escala a todas horas. ¿A quién quieren engañar?, ¿es noticiable por el mero hecho de que la cadena o medio de comunicación en cuestión ostente los derechos de retransmisión?, ¿puede devorarse con esa excusa la verdadera información deportiva?, ¿es menos noticiable otra pseudorealidad como la F1 porque los derechos los tenga La Sexta?, ¿es más importante el mundial de motociclismo que ninguna otra cuestión de la actualidad deportiva?, ¿es servicio público manipular el gusto de la audiencia revistiendo de interés general contenidos de segunda fila?, ¿somos tontos?

Otro ejemplo de pericia lo encontramos en la chapuza del Master Series de Madrid, que tropezó con el deseo de quienes pretendían ver las semifinales del Festival de Eurovisión (tuvieron que elegir a sus candidatos en diferido, como votos caídos en saco roto). Pero hay más. El pasado martes sorprendió a propios y a extraños lo que sólo puede verse en esta televisión de pandereta. Cuando estaba a punto de cumplirse el último minuto del segundo partido de cuartos de final de los play-offs de la ACB entre el DKV Joventut y el Real Madrid, los telespectadores asistieron a otro vergonzoso espectáculo de los sabios que dirigen el cotarro de la res pública: el sorteo de la Bono Loto hizo acto de presencia en la retransmisión dejando en una ventana más pequeña el desenlace del partido de baloncesto, con atasco del bombo de las bolas del reintegro incluido que demoró aún más si cabe la visualización del partido. Otro recurso mal imitado (e imperdonable) de la competencia (privada, insistimos) que Telecinco generalizó al retransmitir de forma simultánea la publicidad y los grandes premios de Fórmula 1.
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(retransmisión Bono Loto y partido ACB)

lunes, 18 de mayo de 2009

Censura


Los medios de comunicación sufren la mayor crisis de la historia y sus responsables se empeñan en coartar la libertad de expresión de los profesionales, en censurarles para que no informen sobre cómo está afectando la crisis al periodismo. Más de 2.000 periodistas han sido despedidos en España desde junio de 2008. Un dato que poca gente conoce porque los que deberían dar la orden para informar de ello sólo se dedican a hacer cuadraturas circulares para aprobar nuevos eres, congelar los sueldos o acosar a sus trabajadores, poniendo en práctica una especie de amenaza silenciosa en las redacciones.

¿Por qué se aplican medidas anticrisis para aliviar al sector de la automoción o al del transporte y nadie mueve ni un centímetro de razón para aliviar el desamparo que sufren los periodistas? Mientras, los directores y empresarios de poca monta que pueblan las redacciones de este país ejercen el despido a diestro y siniestro, desmotivando a profesionales privados de su dignidad, rotos por la incertidumbre de la duda ante la amenaza que pone el punto de mira de la calle sobre todos ellos, tratados como mercancía laboral sin voz, ni voto, ni palabra –más allá del dictado de sus artículos-.

Por cierto, ¿dónde están las asociaciones de periodistas? No las veo, no las siento. Mudas, compradas, calladas, ciegas.

martes, 12 de mayo de 2009

Viajeros al tren


Allí estaba ella, tan puntual como siempre, con ganas de abroncarle por llegar cincuenta y ocho segundos tarde. Él, por esta vez, no se apresuró. Le daba igual prorrogar una charla cuyo contenido sería idéntico si sumaba ochenta segundos más. Decidió quedarse frente a ella, entre codazos y pisotones, ensimismado, mudo. Encendió un pitillo, el último de una cajetilla estrujada por el roce y el sudor de su cuerpo. No quiso retirar la mirada de unos ojos que presumía cada vez más irritados, quizás la ira había alcanzado ya la parcela de la paciencia. Él, tranquilo; ella, desesperada.

Quedaban cinco minutos para que escucharan la leyenda de ‘viajeros al tren’, pero quería más, no deseaba someterse de nuevo a su antojo maniático. Saboreó la nicotina del cigarro hasta que la colilla se quebró en dos componentes amarilleados, desgajada por caladas intermitentes de famélica absorción. La pisó mientras cogía impulso con la otra pierna para comenzar el avance hacia el lugar de su redención.

“¡Viajeros al tren!”. Quedaban tres minutos para que el tren efectuara la salida, cinco segundos para que llegara frente a ella cuatro, tres, dos, u…¡Ya era hora de que vinieras! Siempre me haces lo mismo, estoy harta de esperarte, vamos a perder el tren, ¿qué te pasa?, por, ¿por qué me miras así? No te miro de ninguna forma, te he observado durante un tiempo desde el otro lado del andén y he decidido no subirme a ese tren. No es el mío, sé que no lo voy a perder. Déjame en paz.
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lunes, 11 de mayo de 2009

La púa


Salvaje, como un baño sin planificar en una playa perdida, encontrada después de años sin pisar el recuerdo. Pícara, como la excitación infantil ante un no adulto, carcajada nerviosa de pecado venial. Solitaria, como un verano de crisis lleno de medusas, sin sol, sin nubes, sin cielo, sin dinero. Nerviosa, consecuencia del sometimiento al antojo de un dueño artista, sensible como el cartón mojado que se seca al sol horas después de ser rescatado, galleta maría en colacao caliente. Rosa, como el color del arco iris preferido de los que frecuentan zonas reservadas sin reserva, naturistas en las formas y en los procederes, anacoretas del bien y del mal.

Su nombre, o el dueño que la olvidó, se apellida Vargas, el mismo que algún día rescatará notas nostálgicas cuando evoque la pena que le dio recordar que un trozo de su alma quedó anclado en la arena de una isla, como anillo de novicio perdido entre un marasmo de algas, estrellas de mar, erizos y sirenas.

Dedicado a Javier Vargas (de su púa).
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miércoles, 6 de mayo de 2009

Cruce de memorias


Una reunión de amigos veteranos es un buen reducto para la reconstrucción de momentos. Las memorias son frágiles y caprichosas, recuerdan desde la individualidad los ecos más egoístas, los que marcan el ‘zero defects’ en el comportamiento de la persona que los evoca. No significa que todos seamos unos egoistones, sino más bien que en cuanto que seres humanos imperfectos tendemos a proyectar nuestra versión más ‘in’ y a guardarla en la recámara de los recuerdos sin adherencias que la ensucien.

Por eso quedar con aquel amigo de siempre y rescatar escenas de vida compartidas siempre trae sorpresas. Como fotogramas amarilleados, rescatamos los mejores momentos de nuestras experiencias, las mismas para cada uno pero con un enfoque radicalmente distinto. Mientras que él recuerda lo que para mí fueron anécdotas yo elevo a la categoría de imprescindible lo que para el otro no era más que un motivo para el sonrojo.

Pues eso, reuniones de amigos, cruce de memorias para la reconstrucción de momentos.
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martes, 21 de abril de 2009

Mediocre*


El periodista y escritor David Barreiro acaba de publicar su primera novela: Mediocre. Después del éxito de su obra anterior, Relatos posindustriales (por la que obtuvo el Asturias Joven de Narrativa 2007), el asturiano realiza un ejercicio de autocrítica de la profesión periodística a través de la vida oscura de un profesional que trabaja para una revista de alimentación. Rodeado de incertidumbres, ansiedades, tristezas y de la versión más gris del Madrid actual, el protagonista deja en vilo al lector con el único afán que le mantiene vivo: conseguir un contrato indefinido.

Mediocre traza una radiografía ácida de nuestra querida profesión, de la vida de los solitarios acompañados de nada, del Madrid que queda y del que viene con brillantes transiciones poéticas hacia la trama. La estructura sencilla, el ritmo frenético, la ironía fina que gasta el autor; las sorpresas que reserva en momentos puntuales como un fragmento en el que los personajes que viajan en el metro saben que formarán parte de su novela; la descripción del portento físico que embauca a su novia y de la impotencia del protagonista para competir con él; o la del tragaldabas de turno presente en cualquier redacción que se precie y el resto de estereotipos de una profesión precaria sin marcha atrás ni adelante se abalanzan sobre el lector con gran precisión y verosimilitud.

El desenlace de la trama extirpa del esófago del lector la pelota de tenis que le atenaza desde que se introduce en unas vidas tan mediocres que le respiran de cerca.

Ilustración de portada de Olaya Pazos Pérez


*Barreiro, D.: Mediocre, Inéditor, Colecc. Imaginatio, A Coruña, 2009.

miércoles, 15 de abril de 2009

Eco de yemas


Me han regalado una de esas joyas para guardar detrás de una vitrina, o no, mejor para utilizar en grandes ocasiones, o no, quizás su funcionalidad descanse en ésta que aquí nos reúne: la de evocar sensaciones a partir de un objeto. Bueno, es algo más que un objeto, es una máquina de escribir cuya historia va más allá de la edad de mis pensamientos. No sé cuánto tiempo tiene, ni me importa. Sólo imaginar las yemas que habrán descansado sobre sus desvencijadas teclas, me reconforta lo suficiente como para convertir en anécdota la edad de tan insigne aparato.

¿Cómo medir el recorrido de las vivencias que ha trazado?, ¿dónde guarda la memoria que tanto acecha mis noches de insomnio? Imagino, como notario de historias recorridas con tinta, los acontecimientos relatados mediante el traqueteo de sus martillos de acero; hojas de cálculo de tinta corrida, sin tippex con el que maquillar el rimel de los números; noches de candelabro y pijama quijotesco de silencio póstumo, albacea de conticinios salvajes; relatos sin vuelta atrás, rodeados de cientos de bolas de papel al cobijo de sombras juzgadoras de contenidos inapropiados, censura de la perfección anhelada; agonía de encierros sin actividad, olvidada por el desuso del cambio de costumbres; resurrección de trayectos inacabados que hoy desembocan en un pariente lejano de teclas escurridizas y pantalla irisada.

Bienvenida a casa, Underwood.
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lunes, 13 de abril de 2009

Conversaciones de parador


Cuando los pensamientos son tiernos, ajenos al crujido de la realidad, se puede ser artista y dibujar en paneles imaginarios sueños de vida. Nunca son profecías, más bien deseos sobre los que paliar la ansiedad por devorar las hojas del calendario. Y pocas veces se tiene ocasión de compartir esos anhelos de futuro con otra persona, a no ser que se dé la circunstancia de que los relojes estén sincronizados. No hace falta dar con alguien de otro sexo, más bien podría interceder la confusión en ese caso, aunque no necesariamente. Lo más importante es saber aparcar los prejuicios, cortar la etiqueta que llevemos colgada y conversar sin tapujos sobre el devenir, la proyección de nuestros comportamientos y la vida desde el prisma del ignorante con vocación de sabiondo. Sin faltar, eso sí, el ingrediente básico: la humildad, pero la humildad con el aderezo de la grandeza. Porque aquel que se marca el listón de Bubka siempre obtendrá una gran marca, aunque no sea el récord del mundo.

1998 ó 1999 ó 2000. 1.000 pesetas daban para poner 500 de diésel en una furgoneta destartalada, comprar un paquete de tabaco y pagar una ronda de dos cervezas en un paraje a priori imposible para dos estudiantes: el parador. Hay muchos, aunque la condición básica era coincidir con un alma gemela que entendiera como algo no extravagante tomar una cerveza en un sitio a priori reservado para lo que a mediados del siglo XX se tenía a bien denominar como viajante. No sé si viajantes, pero soñadores, éramos un rato. Dibujábamos castillos a los que le faltaba aire, el mismo que respiramos hoy con el alivio de pensar cuánto nos habíamos equivocado en una etapa de la vida en la que ser valiente era mirado con gracejo por aquellos que se acomodaban en el lecho del 'mira ése que estúpido es'.

Gracias a proyectar castillos aéreos, ahora me río de lo humildes que eran los proyectos de alguien que conversaba en la distancia con aquel que supo también elevarse por encima del tiempo. El oasis que se llamó parador hoy es material privilegiado con el que reconstruir pasiones y anhelos repletos de vida. De la misma vida que hoy marca las conversaciones treintagenarias de los que vienen, van, se quedan y saborean lo que nunca fue pero siempre podrá ser mejorado.

Para el peluche.

sábado, 11 de abril de 2009

En el vagón


Vamos a casa de Ander, que no están sus viejos y podemos beber. ¿Tienes a Mando Diao en tu móvil? Sí, pero no es la última canción. Da igual, ponlo a todo trapo, anda. Vamos por esa boca de metro, que no hay taquillera. Ya estamos dentro. Pero, ¿qué hacéis?, ¿por qué habéis apretado el interfono? Ahora vendrá el segurata y nos pedirá los billetes, parecéis tontos. Uf, menos mal que ya llega el metro, corred...

Aquí es donde entro yo en escena, voy sentado en el mismo vagón en el que tres chavales de unos quince años acaban de entrar con la respiración acelerada. Uno lleva colgado el teléfono móvil del cuello. Es inevitable encontrárselo, no por las dimensiones del mismo, que hoy en día los hacen ya de tamaño diminuto, sino por el ruido que sale de su pequeño altavoz. Lleva una música casi indescifrable, el elevado volumen que proyecta el aparatito convierte los acordes y las voces en un ruido distorsionado. Al menos es lo único que se escucha, más allá de la cantinela enlatada de la “próxima estación, correspondencia con las líneas…”. Les gusta ser el centro de atención, ¿a qué chaval no le mola? –me pregunto-.

Llega el convoy al destino de los tres urbanitas. Entre collejas, zancadillas, insultos por tics de verborrea juvenil y un pisotón que uno de ellos me propina sobre mi zapatilla New Balance ochentera sin pedir disculpas por ello, Mando Diao desaparece. La casa del viejo de Ander será la nueva escena que algún día pensaré en describir. Próxima estación: Retiro.

lunes, 6 de abril de 2009

Lonja's Square Garden


Entre partidillo y partidillo, aprovechamos para descansar en las porterías. Apenas se distingue el oso y el madroño que lucían los bancos hace unos años, cuando el ayuntamiento, a través de la junta municipal de distrito, los colocó allí, en el mismo lugar en el que compartíamos una cocacola a las siete horas de una tarde de julio. Nos ha tocado el póster de Marta Sánchez, uno de los regalos que las latas contienen bajo la anilla que las recubre. Lo sorteamos al palo más largo. Gano el sorteo del sorteo sorteado. El póster irá a parar a la sala de trofeos musicales de mi habitación, donde ya descansa Whitney Houston (también gentileza de mis eructos de ilusión musical), recortes de Depeche Mode, Perico Delgado y alguna que otra alineación del Real Madrid de Ito, Cholo, Salguero, Lozano, Juanito, Butragueño, Camacho, Agustín, Jankovic, Molowny y compañía.

Cambio de balón. Es agosto, nos trasladamos a la frontera que separa una lonja de otra. La segunda queda tres metros arriba, la divisamos desde la primera a través de una pared que separa las alturas con la ayuda de una barandilla apoyada sobre un bordillo de hormigón. El muro presenta huecos por los que sale despedido un aroma inconfundible del monóxido de carbono que encierra en su interior. Es la ventilación del aparcamiento que ahueca el complejo peatonal y nos sirve como canastas improvisadas. Bueno, hay que tener la imaginación de un niño para encontrar canastas en un bordillo, y tableros en una fila de barrotes metálicos. Nosotros somos niños y jugamos al baloncesto, con un balón de reglamento y todo. El oso, el 21, partidos, unos contra uno… ¡canasta!

Todo es posible en la Lonja’s Square Garden de Moratalaz.

miércoles, 1 de abril de 2009

Barrio


No, no les quiero hablar de la película de Fernando León de Aranoa, o sí. Porque quien más, quien menos, se ha criado en un barrio. Los pueblos son como los barrios, ¿o es al revés? Siempre es susceptible de ser debatida cualquier cuestión con el sempiterno debate de fondo acerca del huevo o la gallina, aunque tampoco es esa la clave que pretende abordar este escrito. Más bien quiero retroceder, como escuela de vida, al barrio que me parió.

He quedado al salir de clase con Carlos, David y Jaime en la Lonja para emular a los guerreros del asfalto por los maceteros de esta zona peatonal dividida en tres alturas. Con doce años uno es incapaz de ver más allá, me refiero a los más de cien bares que se apostan a ambos márgenes del complejo. Sólo hay metros y metros de hormigón para que las chapas circulen a sus anchas, entre colillas, jeringas, barro artificial, potas, condones y otras formas de compost urbano.

Después de tres semanas jugando horas y horas a la serpiente multicolor de hojalata nos cansamos. Carlos fuerza la transición hacia otras formas de entretenimiento trayendo consigo el balón de la Eurocopa de Alemania 88. De aspecto reluciente, recién llegado de la tienda de deportes de al lado de su casa, se prepara para someterse a una sesión intensiva de peeling contra las baldosas pedregosas del suelo de la Lonja. Como porterías utilizamos dos bancos ubicados frente a frente, a unos veinte metros de distancia, roídos por navajas amorosas, pellizcados con rotuladores edding 200 del 'tempranografiterismo', pero perfectos para la práctica del fútbol en sus modalidades dos a dos o tres a tres. ¡Gol!

Stop.

sábado, 14 de marzo de 2009

Hueveras


“Coge de encima del aparador dos hueveras y llévaselas a Felisa para que las llene, dile que luego se las pago”. Frases como ésta se han convertido en patrimonio del mundo rural, voces de tradición que han mantenido el pulso de la vida en el campo bajo unas constantes casi imperceptibles en estos tiempos que corren, pero que siguen ahí, como herencia embellecida por la riqueza de nuestros antepasados. Hoy los huevos de corral se venden como delicatessen en las tiendas de gourmet, envasados en cajas marketinianas que adolecen de la vida de historias como las que encabezan este escrito. En los pueblos siempre se ha guardado todo lo que permitía envasar y conservar los alimentos trabajados en casa, los mismos que nacían del esfuerzo diario por obtener el sustento de la tierra y del ganado. Frascos para el tomate frito, cajas de tabacos para las viandas mayores de la matanza y las de las galletas para las menores, botes de colacao para la harina… y hueveras para las gallinas ponedoras.

Hace unos días, al llegar a casa, encontré dos hueveras de las de siempre, como las que de pequeño utilizábamos también en las clases de plástica del colegio. No me miré al espejo, pero sé que sonreí, me provocó la ternura que esconden los pequeños momentos de vida. Su destino será un pueblo de Ibiza, donde guardarán celosamente los huevos que pongan cinco gallinas cansadas de que su fruto se devalúe en bolsas de Spar. Yo no pongo huevos, pero a veces se me pone la piel de gallina.

sábado, 7 de marzo de 2009

Depeche Mode, de nuevo

Ya están aquí otra vez. Camino de cumplir el 30 aniversario del lanzamiento de su primer disco, fieles a sus fieles y sin meter mucho ruido, Depeche Mode publican en abril 'The Sounds Of The Universe' (SOTU), un álbum cuyo primer single, 'Wrong', ya ha salido a la calle. Los ingleses demuestran apego a su estilo, con la depuración que caracteriza la madurez de su DNI, algo que, sin embargo, no les impedirá emprender una gira multitudinaria que llegará a España en el mes de julio. Ni Barcelona ni Madrid, plazas clásicas de sus anteriores conciertos, están incluidas en las primeras previsiones, que contemplan actuaciones en Sevilla, Bilbao y Valladolid.

El vídeo musical 'Wrong' promete emociones fuertes para el resto de temas que componen SOTU, un álbum que además de su versión en CD contará con una edición especial en doble LP y una caja para coleccionistas con dos DVD y dos CD contenedores de temas inéditos añadidos a la nueva compilación de sonidos depecheros.

Lehendakaritza


Ganadores morales, derrotados ininteligibles, vencedores psicológicos, triunfadores de hojalata y ciudadanos (entendidos, que ya se ha dicho aquí, como aquellos seres abstractos sin brazos, ni rostro ni alma a los que siempre se dirigen los políticos) hechos un lío, bajo la eterna incomprensión de cómo es posible que gobiernen otros diferentes a los del partido que ha ganado las elecciones y qué precio supondrá para su bienestar.

¿Qué cara se les puede quedar si PP y PSOE llegan a un acuerdo de gobernabilidad? Sí, sí, los mismos que están a la greña permanentemente con el pretexto de la cuestión vasca, de De Juan Chaos, de las negociaciones con ETA, del Pacto de Ajuria Enea, del euskera, de la crisis, de cacería sí o cacería no, de ‘yo soy corrupto y tú más’… Pero si hablamos de poder, ¿dónde hay que firmar?

La democracia pierde credibilidad a pasos agigantados.
photo from eitb.com

sábado, 28 de febrero de 2009

Parecidos


Me resulta muy fácil encontrar parecidos entre personas ajenas a mi círculo de intimidad, a veces me desespera el tener en la punta de la lengua el nombre del asociado a la persona que se cruza accidentalmente por mi campo de visión. Es entonces cuando desconecto de cualquier actividad añadida, lo dejo todo para elucubrar respecto a las caras, los gestos, los tics y otras pistas que me ayuden a localizar el parecido.

Si tardo mucho en encontrarlo, la impaciencia que me caracteriza comienza a hacer de las suyas. Llega a ser bastante insoportable la sensación de bloqueo provocada por esa realidad evocada sin alcanzar a pronunciar la palabra asociada. Todo se olvida cuando se hace efectiva, como escupitajo de alivio, de autoconvencimiento de que con ello se supera un absurdo reto.

¿Os parecéis?
photo by marga ferrer

sábado, 21 de febrero de 2009

Política 'on'


¿Has filtrado la información de la que te hablé?, sí claro, se la he dado a Federico, me ha prometido que la trataría bien y que la sacaría el domingo, ya sabes, cuando más se leen los periódicos. Se va a enterar este de cómo nos las gastamos, ¿no quería juego sucio?, pues toma dos tazas. A ver si le robamos quince votos, la gente lo que peor traga es la corrupción, con esto nos garantizaremos despejar el camino hacia nuestro objetivo electoral. Por cierto, tendremos que tener preparado el argumentario sobre la crisis, demostraremos que somos los que de verdad nos preocupamos por los problemas del ciudadano (ese ente abstracto, sin cara, ni brazos, ni piernas al que se dirige siempre el político de a pie). Con ellos bajo la espada de Damocles y con la prueba de que tenemos las manos limpias en el asunto, mantendremos unos niveles de confianza adecuados para que nuestra popularidad no se vea mermada.

¿Dónde está el discurso?, dámelo. Esto no me gusta, es muy suave, tenemos que ser más demagogos, cámbialo y luego hablamos. Mejor así, mañana será titular en todos los periódicos, aunque con ello perjudiquemos a su familia, nosotros ya sabemos lo que es eso. Pero tienes que estar descansado, nunca se sabe el latigazo que llevará escrito él, procura dormir seis horas para que no te la cuele y consiga desviar la atención sobre la parte que más nos interesa. A ver cómo sale de ésta. Si la cosa se pone fea, ya sabes que podemos conseguir las grabaciones, lo que haga falta. Pero de momento nos guardaremos ese as en la manga. ON.

En la calle, el titular imprimió de tinta las conversaciones matutinas de letra grande, las que no reparan en la profundidad de miras, ni en la credibilidad de argumentos probeta. Espejos de lanzas editoriales adaptadas al gusto del gabinete que paga, mentiras adaptadas a la irrealidad de la pugna política. Mientras, la gente, la de verdad, la misma que nunca pronuncia la palabra ciudadano y paga facturas con la prudencia posada en la cuenta bancaria, atraviesa el umbral de la demagogia para decir: todos son iguales. Claro, si se empeñan.
photo by marga ferrer

miércoles, 18 de febrero de 2009

Huevo y gallina


Si fue antes el huevo o la gallina es un debate que se había planteado, de forma voluntaria o impuesta, en numerosas ocasiones a lo largo de sus 45 años de vida. Se le reproducía el eco de tal dilema mientras miraba por el retrovisor de su devenir histórico, al rescatar su versión infantil, la mueca de púber y su afamada vida de neoadulto. El pinchazo que desde ayer sentía a la altura del costillar izquierdo, interpretado por su hipocondría como un aviso de infarto, o como la angina de pecho que le impediría seguir llevando una vida normal, punzó momentáneamente la piedra filosofal de sus inquietudes. Las refrescó cuando alguien cercano le aseveró: “Siempre trataste a tu padre como al directivo de una empresa, nunca le tuviste en cuenta como una persona igual a ti, con las mismas necesidades; fuiste un lerdo y un cobarde”.

El huevo o la gallina, el padre o la persona, la normalidad o la autoridad, el consejo o la orden, la vida o la muerte. Llegó tarde, su padre yacía frente a sí, con las manos ajadas, el rostro trémulo, vestido con el traje de paño de las grandes ocasiones, tumbado al otro extremo de la vitrina de la sala número siete del tanatorio municipal. Permaneció horas frente a él, hierático, lamentando el tiempo perdido y las oportunidades que dejó escapar para compartir con su primogénito de tú a tú, sin la cortina del miedo. Nada distinto al pensamiento del resto de mortales, como pez grande que devora al congénere chico, quieto, estático, mudo, sordo y ciego por no haber sido capaz de enterarse antes de que se le acabó el tiempo.
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miércoles, 11 de febrero de 2009

El café


¿Paramos a tomar un café? No, continúa, de momento es pronto para recurrir a las –inas (por cafeína, creemos). No entiendo cómo, pero siempre hay que hacer lo que tú digas, lo peor es que seguimos juntos, como dos dependientes de las –inas (su carencia genera ansiedad y episodios de ira). Bah, déjalo, no tengo ganas de comenzar el día discutiendo y no te molestes, ya subo yo la música, así estaremos calladitos los dos un rato, hasta que te salga de los cojones parar a tomar ese puto café. All I ever wanted, i all ever needed, is here, in my arms, words are very unnecesary, they can only do arm…

Esta mierda de freno de mano, siempre me deja la muñeca dislocada, un día lo acciono en marcha y a tomar por culo. Ahora empieza el capítulo del quejica compulsivo, no quiero ni pensar qué ocurrirá cuando despaches el cafecito, ¡qué cruz! Dos cafés. Cortados, por favor, y rapidito que tenemos prisa.

¿Nos vamos? Espera a que termine yo el mío, egoísta, está ardiendo. Pues habértelo pedido con la leche del tiempo, siempre haces lo mismo y luego antes de salir querrás ir al servicio... ¿Qué le debo? Dos euros con cuarenta, aquí los cafés cuestan un 50 por ciento más que donde los toma Zapatero. No estoy para bromas, tenga y quédese con el cambio. ¡Joder, qué generoso! Adiós. Hasta otro día señores. Espera, que voy un momento al aseo. Ves, si ya lo decía yo…

Tic tac, tic tac, tic tac. Se acaba el tiempo, anochece. Elsa no sale, tendré que ir a buscarla, siempre me hace lo mismo. Joder, vaya mierda, ahora a meterme, cual tullido, en el baño de señoras y a pasar por moña. Me da igual, voy. Tic tac, tic tac, tic tac. Nos quedamos sin personajes, están fuera del cuadro. El móvil: un camarero al que no le gusta que no rían sus gracias. El arma: un cuchillo bien afilado sobre el jamón de Teruel que hay junto a las botellas de whisky, frente a la barra. La escena del crimen: un plástico encharcado de sangre que no ha dejado cerco en el azulejo blanco del aseo. Testigos: ninguno. Remordimientos: cero. El café: exquisito.
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domingo, 8 de febrero de 2009

El día después (de la crisis)


Salgo por primera vez a la calle después de la crisis. Las paredes lucen más brillantes, los bancos han ampliado sus horarios porque no dan abasto con los créditos que vuelven a conceder, en la pescadería sólo quedan boquerones y calamares, los percebes se vendieron ayer, por eso de que habían sido asignados al mejor postor, los titulares de prensa del día apuntan hacia el desbloqueo de catorce PAI, el optimismo del sector automovilístico, la subida del precio oficial del dinero y la aspiración del nuevo gobernante de turno por alcanzar el pleno empleo en la legislatura que comienza. El Valencia juega en su nuevo estadio, Messi lo hace en el Real Madrid y Cristiano Ronaldo en el Barça; Djokovic es el número uno de la ATP y Alonso acaba de rescindir su contrato con Ferrari. Como almas en pena recoloreadas, las personas toman las calles impacientes por lucir la seguridad recuperada, cada cual a lo suyo, sin mirar al de al lado.

Todo ha vuelto a la normalidad, el consumismo revitaliza los mercados, reactiva la producción y reaviva la confianza de los bancos. La obligada austeridad por fin terminó. Hipotecas de ilusión renovada, créditos alucinógenos, ruedas de destino incierto, viandas gourmet en el barrio de la alegría, viajes de reflexión a culturas en eterna crisis, saltimbanquis de propina fácil, regalos incomprensibles para niños sin uso de razón educados a golpe de antojo, centros comerciales como ciudades de pego. Truman vuelve a su show, la secuela del que proyectó hace años sobre una sociedad perfecta a priori, aunque inerte, corrompida por la deuda, los cumplidos y la falsedad de sus formas. El siguiente.
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miércoles, 4 de febrero de 2009

Lo que queda por decir


Uno siempre comparte un porcentaje reducido de inquietudes con su entorno. Tendemos a reservar gran parte de la versión original de nuestros quehaceres. Unas veces por el qué dirán, otras por un sentido del ridículo heredado de nuestros ancestros, nos quedan siempre muchas cosas por decir. Ofrecemos expectativas de vida a los nuestros, versionamos comportamientos adaptados a lo que esperan de nosotros, incluso cambiamos nuestro parecer con tal de no defraudar a interlocutores que prejuzgan, sojuzgan o leen la versión equívoca que hemos querido que adquieran.

La costumbre nos ha dejado una representación incierta de lo que somos. Incluso dejamos de alzar la voz en sintonía con quienes compartimos esfuerzos de vida; somos vagos, nos acomodamos a situaciones arquetípicas aunque éstas no sean las que mejor representan nuestras expectativas vitales. Lo malo es que cuando alguien osa cambiar la cadencia y tuerce el paso, el resto lo devora como alimaña rompedora del equilibrio. ¿Escucháis?
photo by marga ferrer

lunes, 2 de febrero de 2009

Vuelta al pueblo


Iba calado, tenía ansiedad y el alma mojada. Por fin pudo respirar cuando encontró el cobijo que sus huesos de cristal pedían a gritos, antes de desmoronarse. No es que a sus 35 años sufriera de artrosis, pero había permanecido todo el día en la calle, de aquí para allá, como brújula desbocada, sin saber qué hacer después de la noticia que le habían dado. Decidió resguardarse en el metro. Al pasar bajo el umbral de la puerta equivocada, la correspondiente a la salida, y tras topar con dos hombros, un “joder, a ver si miramos” y un guardia de seguridad que le amenazó con tirar de porra, quedó hipnotizado por la brisa de aire caliente que fluía del subsuelo, como oxígeno respirado mil veces, reciclado en mil penas. Su boca, ya reseca por la angustia padecida, sentía la carencia de saliva. Al intentar tragar no encontró nada más que la aspereza de su lengua sobre una película espesa de aliento con olor a estómago vacío, consecuencia del ayuno al que su nueva situación le había conducido.

Ya en el andén, no se atrevió a levantar la vista de sus zapatos, avergonzado de estar donde no estaba, y de ser quien no acostumbraba. Pisoteó el ejemplar de un periódico gratuito moribundo que, antes de terminar en el suelo, habría sido leído por 49 personas, audiencia prevista por la editorial para evitar aprobar un ERE que dejara en la calle a un nuevo puñado de redactores mileuristas. “Vuelta al pueblo”, leyó. La ciudad se pudría, la gente volvía al campo a trabajar. Él no era de pueblo, pero su mujer sí, la misma que a esa hora preparaba una cena de fondo de nevera para sus dos hijos mientras esperaba la llegada de su marido, el único que conservaba un puesto de trabajo en casa, por lo menos hasta esa noche oscura en la que ella abrió la puerta a un nuevo parado demacrado.
photo by somos

martes, 27 de enero de 2009

Endiosados


Es triste asistir desde la normalidad de mi ubicación al endiosamiento con el que se manejan algunos personajes de la vida pública. Podría ser algo lógico en gente de la farándula, en los advenedizos del papel rosa y en los seudofamosos que se suben a la parra mientras duran los minutos de fama que les conceden los contenedores de basura mediática en los que aparecen retratados como mostrencos. La tristeza a la que me refiero apunta hacia la res pública de perfil más serio. Algunos deberían tener más en cuenta a su audiencia al tomar decisiones salidas de tono, al estipular protocolos excesivamente divos de convivencia con la masa, al masticar con la boca abierta sin tapujos o al insultar al que se ha gastado parte del sueldo en adquirir una obra, película, libro o pasatiempo con su careto.

En el ámbito literario, hay escritores con nombres y apellidos, incluso con sillón letrado en la Academia, que han perdido los papeles. Los hay que sólo conceden entrevistas cuando publican (cosificando su producto y a sus lectores), los que se muestran antipáticos ante las cámaras porque eso les hace ser más snobs, los que se erigen en tertulianos de la chabacanería, los que niegan la evolución y organizan campañas marketinianas con el pretexto de no tener teléfono móvil (portátil como dirían estos puristas del lenguaje sin escrúpulos) o los que ningunean a los medios de comunicación que no pertenecen al macrogrupo editorial que les da de comer.

A todos ellos, y desde la normalidad que caracteriza a esta humilde bitácora de reflexión, les pediría un poco de campechanía, de educación y de saber estar.

sábado, 24 de enero de 2009

Vendaval


Sopla siempre a favor, aunque caminemos en su contra; empuja de nosotros como la nostalgia y nos susurra al oído que le sigamos, que nos dejemos llevar por su estela de historia, de remembranzas melancólicas. Bufa por los huecos que le dejan nuestros defectos, grita de desesperación si nos ahuyenta, extiende su mano trémula para que le acompañemos, pero nos asusta y lo tildamos de desagradable, insoportable, estresante. Alcanza velocidades de vértigo, como ultraligero de experiencia.

Esta mañana he mirado al cielo y he encontrado la profundidad de las nubes exaltada, en una metamorfosis espasmódica, en disposición huidiza; grises, blancas, magentas, azules, rosas. Después he cerrado los ojos y he sentido de lleno el ímpetu del viento, con su olor a mar cercano, a la humedad que acumula el pasado si es reciente, a sequedad veraniega en un invierno de sables, a discurrir temporal con la pimienta del billete de primera en las lenguas veloces del recuerdo. Siempre.
photo by somos

miércoles, 21 de enero de 2009

El presidente del mundo (y II)


De lejos, de cerca, la toma de posesión de Obama y el concepto global aplicado al acto provocó que en el día de ayer fuera difícil escapar de su eco. Al abrir el ojo, tertulianos en la radio arreglaban ‘su mundo’ con el pretexto de hablar en calidad de seudoexpertos del futuro que le depara a EEUU con Obama; al desayunar, la PDA registró páginas y páginas relacionadas, con riqueza gráfica e infográfica, con el nuevo presidente yanqui; en el almuerzo en el bar de Paco, la televisión, encendida a todo trapo, advertía de la repercusión que le iban a conceder los medios audiovisuales al 20-E norteamericano; en la comunidad bloguera, el 105% de los posts de la jornada apuntaba hacia la Casablanca; el correo electrónico no le fue a la zaga y el spam se revistió de viagras azules con la cara de Obama; en un pueblo cercano a mi lugar de residencia, aprobaron el cambio de nombre de una calle dictatorial, José Antonio (Primo de Rivera, supongo) por el de Barack Obama; el telediario -mientras llenaba el estómago a la hora de la comida- abrió y cerró con la imagen de la concentración multitudinaria que esperaba la hora D; hasta los programas dirigidos a un público eminentemente doméstico se enfundaron la casaca yanqui; amigos nuevos en Facebook alienados con la causa obamista… Y Gaza aparcada por un día, con el reloj de Israel detenido justo a tiempo para no manchar la ceremonia global de mister Obama.

El presidente del mundo, ayer, tomó la palabra. Mañana, quién sabe, su figura podrá distorsionarse o diluirse como azucarillo en Google. Y, mientras, en Etiopía, ¿ya no pasan hambre?
photo from www.rtve.es

martes, 20 de enero de 2009

El presidente del mundo (I)


De lejos, de cerca, la toma de posesión de Barack Obama puede catalogarse como uno de los acontecimientos que pasan a la historia, no porque se le ponga esa etiqueta para captar la atención de la audiencia o de los que no presentan interés alguno por la materia, como sucede cuando dos equipos de fútbol se enfrentan por enésima vez entre sí, o cuando el alcalde de turno inaugura un busto de su mentor en el parque más feo de la ciudad y se los cataloga como hitos históricos. Haber asistido (de lejos, de cerca) a la proclamación de Obama como el primer presidente negro de la historia de Estados Unidos, con todo lo que ello significa y con las expectativas que en él ha depositado la comunidad internacional como impulsor de un cambio de actitud hacia los conflictos abiertos en el globo, es motivo de privilegio, aunque sólo sea en calidad de testigo de un punto de inflexión histórico, de un cambio de tendencia en la forma de entender la política global.

Precisamente, el concepto de globalidad aplicado al evento (político, pero evento) ha estado acompañado por las nuevas tecnologías y la implementación del uso generalizado de la www como instrumento de intercambio de experiencias para un seguimiento de la ceremonia (muy yanqui, hay cosas que no cambiarán nunca) a través de las plataformas habilitadas para tal fin, como el portal de RTVE, principal acierto de la era Zapatero en relación al ente público.
Un fenómeno global en sí mismo, con una repercusión jamás albergada por un inquilino de la Casablanca cuyo discurso de 20 minutos escasos le ha conferido el rango ciberespacial de presidente del mundo.
photo from www.rtve.es

sábado, 17 de enero de 2009

La política del balón


Diseñar una plantilla competitiva, ofrecer espectáculo, limpiar la mala imagen proyectada por un club histórico, devolverlo al lugar que le corresponde y no asumir decisiones deportivas. Estos son los ecos que permanecerán durante unos meses en el seno del Real Madrid después de haber asistido ayer a la dimisión de su presidente, Ramón Calderón por la acumulación de escándalos diseñados a imagen y semejanza de su decisión desde las páginas del diario más vendido de España, el ‘Marca’. El fútbol es política, o no, como Javier Montes se pregunta esta semana en su columna de 360gradospress, y lo es hasta en la forma en la que los teléfonos rojos de las redacciones devoran la existencia de mandatarios puestos por los cuatro socios con más influencia.

No me creo que haya habido amaños, y si han existido, es práctica habitual en clubes cuya organización ha quedado desfasada, anquilosada en modelos dictatoriales heredados del pasado, como sucede en el Barça, en el Athletic y en el Osasuna, clubes que mantienen la asamblea de compromisarios como órgano decisorio en vez de los otros equipos que fueron obligados a constituirse como sociedades anónimas deportivas. Es decir que tongo, sí, pero que es lo habitual en ese tipo de estructuras donde el que mejor equilibra los favores internos y externos se perpetúa mejor en su sillón, también.

Calderón no ha sabido torear a los que conocen la dinámica de la filtración interesada a la prensa, a los que aconsejan por delante decir ‘a’ y por detrás colocan el cepo sobre por qué no se dijo ‘b’ y a los que fichan a sabiendas de que el dinero se ha gastado mal. No ha tenido suerte, pues, un señor demasiado blando como para tragar con la espina más grande, la terca realidad que todo consume si lo que hay por medio es poder. La suerte para el Real Madrid, me refiero al equipo, a esa plantilla que tiene que ilusionar todavía a una afición indolente, es que no se verá salpicado por el escándalo ‘Marca’, manque a Boluda le pese.

jueves, 15 de enero de 2009

El apocalipsis (del papel)


“El fin del mundo está cerca”. Esta frase tan apocalíptica la escuché en mi tierna infancia en numerosas ocasiones. La pronunciaba con bastante frecuencia mi abuela, normalmente cuando veíamos la tele juntos y ella detectaba a mujeres ligeras de ropa, escenas sexuales explícitas en horarios infantiles, fragmentos de guerra procedentes de oriente próximo y de sudamérica y otros minutos de gloria para guardar en la videoteca de las emisiones ochenteras. Superado el trance y la resaca del destape iniciado entre finales de los 70 y los años mentados, y después de que los 90 prepararan el camino tecnológico al otro destape que nos toca vivir, el ciberespacial, asistimos como espectadores a la incertidumbre de la supervivencia de los soportes de expresión tradicional.

La ruleta del destino depara un futuro caduco al papel en el que se imprimen libros y periódicos como recurso inevitable para la permanencia del contenido por encima de la ruina de sus editores. Nadie se atreve a poner fecha pero la sensación apocalíptica de lo que significará comienza a extenderse como la pólvora. Es este momento cuando toca reivindicar el protagonismo de escritores y periodistas por encima del de sus atemorizados señores, los que pagan el papel y ven cómo las cuentas han dejado de cuadrar desde que el siglo XXI pidió paso. Démosle vueltas a las fechas, pero será difícil encontrar argumentos convincentes entre quienes todavía hoy defienden la preexistencia del papel, al que auguran eterna juventud.

PD: El apocalipsis del papel trasciende las fronteras de su presencia física y causa efectos secundarios. Ya existen conversores de formatos web en ‘pdf’ para que nadie se quede sin los contenidos publicados en el ciberespacio frente a un virus global, un apagón informático o un reseteado hacker.
photo by marga ferrer

domingo, 11 de enero de 2009

El mando


Sin ganas de hacer nada, con agujetas de deportista dominguero, se levantó para recorrer los doce metros que separaban su dormitorio del salón y arrastrarse cual anguila hasta el sofá con chaise-longue. Su campo visual se reducía a un televisor de 42 pulgadas, una estantería perfectamente alimentada por libros de coleccionista frustrado jamás desenvueltos de su plástico promocional, las carcasas de las películas que alquiló hace seis días y que aún no había devuelto, un plato con migas lamidas por el gato de la cena de fondo de nevera que improvisó anoche, una foto sin marco de cuando tenía pelo, un vaso manoseado del cubata que bebió antes de ir a dormir, un cenicero con once colillas devoradas, retorcidas y amarilleadas, y el mando, ¿dónde estaba el mando?

Una sensación de ansiedad le comenzó a devorar, había conseguido sentarse en su trono, pero se le había olvidado rescatar el mando de la tele antes de acomodarse, tendría que levantar su culo de tan privilegiada ubicación, la del domingo inerte, holgazán, perezoso y vago. No le quedó más remedio, el aparatito lo localizó, tres minutos después, sobre la esquina del mueble principal del salón, escondido entre un kleenex usado, dos pilas y el paquete de tabaco de reserva. Movió su cuerpo con resignación y tropezó con los zapatos empolvados con los que fue a trabajar el viernes. Sin reflejos, ni capacidad de reacción, se dejó la sien anclada en la mesa de centro.
photo by somos

domingo, 4 de enero de 2009

Escena


Era su primer día libre en aquel lugar después de haber trabajado sin descanso desde que llegó el fin de semana anterior. Le daba vértigo el tiempo ocioso del que disponía en un entorno hostil, ¿por dónde empezaba? Optó por recluirse en casa, entre las paredes húmedas que acababan de acogerlo. Maniobraba torpe y estúpido, anclado a los instantes más recientes de su temprana vida, al llanto fácil del calor familiar y al desarraigo de la escena que le tocaba representar. Manoseó libros por leer, hojeó su contenido sin asimilar ni una letra; cocinó ansiosamente para mantenerse distraído, llamó a los suyos para mentirles respecto a su nueva situación ‘idílica’; rastreó la caja de los recuerdos que arrastraba desde el primer año de carrera; escuchó desordenadamente los temas más evocadores de su trayectoria sentimental; y fumó tres pitillos con la mirada perdida en la ventana, como la que proyecta el gato que asoma sus bigotes desde el apartamento del que nunca le han dejado salir.

Él tampoco salió, prefirió quedarse en su presidio de miedos y de reconstrucciones comodonas. Le quedaba grande el traje de aventurero huido de las faldas de mamá, aún era pronto para disfrutar de la lejanía doméstica, del encanto de lo ajeno con libertad emancipadora para tomar decisiones propias. Aún así, su primer día libre en aquel entorno siempre lo recordaría con cariño, con la nitidez del que empieza a distinguir los momentos que han dibujado su trayecto antes de morir.
photo by somos

sábado, 3 de enero de 2009

Redes


No, no quiero leer ese correo, creo que es lo de siempre, alguien que me invita a ser su amigo en Facebook, me niego. Yo tampoco, prefiero quedarme como estoy, con mi teléfono móvil, mi cuenta de correo electrónico, el Messenger y poco más. Pues no tenéis ni idea, con la de amigos que se hacen en las redes sociales, yo tengo 278 y no me quita mucho tiempo el contactar con ellos, siempre hay unos con los que te comunicas más que con otros. Tienes razón, yo aprovecho los descansos de las películas que ponen en la tele para mirar mis mensajes, escribir en los muros de los demás y proponer nuevos amigos. No entiendo cómo os gusta tanto que os invadan la intimidad, o que reproduzcan una foto tuya de hace veinte años en un estado poco equiparable con el actual. Pues yo he creado un grupo de debate al que ha llegado aquella persona de mi infancia que compartía pupitre en clase, no veas qué ilusión me ha hecho. Eso no es una ventaja, la vida se compone de retales y las personas vienen y van, pasan de ser protagonistas en nuestra existencia a ser meros comparsas de la infancia, la adolescencia, la universidad o de las prácticas en no se qué empresa, y ya está. Bueno, pero es bonito rescatar a los que pensabas que jamás volverías a ver o a los que ni siquiera tu cabeza guardaba un pequeño recuerdo. Pues si es así es porque el cerebro es más listo, obvia la información inútil para funcionar día a día. ¿Para qué coño quieres hablar con el hijo del vecino del sexto?, ¿no tuviste suficiente con perder contra él a las chapas cuando eras pequeño?, ¿qué queda de aquella persona y qué ha sido de ti? Te tengo que dejar, había prometido responder el mensaje escrito en mi muro y si no lo hago ahora luego lo voy a tener imposible.

La tradición oral desaparece al mismo ritmo que crece la virtualidad de la amistad a discreción.
photo by somos