domingo, 28 de septiembre de 2008

Bocadillos de otoño



Me arropo, el cielo nublado cae con frío otoñal, huele a húmedo y ya no hay cucarachas. El calor, como el verano, quedó relegado a una playa imaginaria donde aún bucean los cangrejos y la vida se contempla en cinemascope turquesa. Los gatos encuentran acomodo en mi regazo, sobre la colcha que heredé de casa, en la que algún día dormí con dientes de leche. Quince grados centígrados como mucho, regueros de agua fina, charcos de chapoteo infantil, la música de 2001 y la melancolía permanente del discurrir granítico en urnas de cristal, diábolos que marcan la vejez, objetivo inesperado de todos. Meto los pies en el balde de la abuela, que ha calentado agua en la cocina antigua, con leña de encina y termostato hirviente. Le ha puesto sal gorda, el spa del pasado, el relax de pueblo, la vida ecológica que tanto etiquetamos hoy y vendemos a precio de armani. En una taza, nata de vaca, sacada de una cazuela de porcelana con una caries negra en la base, de algún golpe quizá. Apoyo las manos sobre un hule decorado con el mapa peninsular, ilustrado con gitanas, toros y castañuelas, un poco pringoso del uso, salpicado de cicatrices marrones de cigarros olvidados. Un tic tac de despertador prehistórico tararea los silencios entre canción y canción, apoyado sobre una nevera fagor de cuatro estrellas que resiste sin resaca la masiva incorporación del sistema no frost a la sociedad.

Cierro las tapas del tebeo y me sorprende encontrar la estampa relatada en su portada, roída por las esquinas, abierta hasta ver el cartón gris sobre el que se apoya el plástico dibujado. Mi sombra proyecta un apéndice tumoral elíptico, una nebulosa que rompe el terrazo rústico de la estancia. Nadie lo diría, son bocadillos de pensamiento otoñal que simplifican la inmersión en trozos de nostalgia, viñetas que reconstruyen momentos.
photo by somos

sábado, 27 de septiembre de 2008

Enfado ciberespacial


“Ya no te ajunto”, se decía antes en los colegios y barrios a alguien cuando dejabas de ser su amigo. El motivo de la ruptura solía ser de calibre bajo, del que se mastica en silencio hasta reventar, del que uno calla porque le falta valentía para ser sincero y decir tres palabritas a la cara del durante muchas semanas mal denominado amigo. Los tiempos cambian, la tecnología evoluciona y las formas de trasladar ese “ya no te ajunto” se manifiestan en entornos ciberespaciales como el que ocupan las reflexiones que aquí muestro con la periodicidad que puedo.

Los blogs acumulan mensajes indirectos sin dirección que cada cual interpreta a su antojo. Uno de los gadgets más recurrentes de las bitácoras es, precisamente, el que contiene enlaces que conducen al visitante a otras direcciones amigas. Los importados links se erigen en muestras de lealtad amistosa, en una prueba educada del que coloca la dirección de otra persona hacia el que la protagoniza, el gesto de quien quiere convencer a un tercero de que la amistad se sella con un pacto de sangre bajo la forma de enlace. Si por cualquier motivo, escrito, mención, malentendido, palabra, acción u omisión el enlazado desaparece del blog amigo, llegamos a esa nueva forma de expresar un “no te ajunto”, pero sin el mal trago de tener que mirar a los ojos del adversario para decírselo sin tapujos.

Curiosa evolución de nuestro lado más cínico hacia el umbral de la apariencia con soporte ciberespacial. Cualquier parecido con la realidad, lógicamente, es pura coincidencia.
photo by marga ferrer

viernes, 26 de septiembre de 2008

A lo lejos, humo


En enero cumpliremos en España tres años sin humos en los espacios públicos. Se hace raro recordar situaciones no muy lejanas relacionadas con nicotina, alquitrán y colillas esparcidas por suelos oficiales. Últimamente he visto películas españolas, no muy antiguas porque los protagonistas pagan en euros y no en pesetas, en las que fuman en oficinas, autobuses, trenes, restaurantes sin división de espacios, en aulas de instituto o de facultad. Sorprende la precocidad con la que el tiempo devora nuestras costumbres y la capacidad de adaptación del ser humano a la normativa. Suscitamos polémicas estériles que se apagan con el tiempo, acatamos con el morbo de ‘a cuanta más prohibición mejor’ la restricción de libertades, nos gusta vernos exprimidos, tanto a los quejicas como a los conformistas o a los pasotas.

Hablamos por hablar, escuchamos argumentos y los repetimos de forma imprecisa, convertimos comentarios en soflamas masivas, pero si nos dicen que no podemos comprar una cerveza a las diez de la noche, nos resignamos, si nos prohíben introducir en el avión nuestros utensilios de higiene, nos callamos, si nuestras meadas son grabadas por cámaras de seguridad, nos indignamos por lo bajini, si llamamos a cualquier empresa y nos graban, nos extrañamos, si a lo lejos vemos humo dentro de una hectárea de suelo público, nos chivamos. Perro no come perro, pero humano devora humano cuando se cree en posesión de la verdad y la puede revertir contra el vecino. Voy a cumplir tres años sin fumar y no lo dejé porque lo prohibieron, ¿se lo creen?

jueves, 25 de septiembre de 2008

Ropa


Guardemos la ropa porque vienen a quitárnosla. Dejemos la ropa tendida para que se seque. Viajemos a Lisboa para retratar ropa tendida sobre azulejos seculares. Esperemos la llegada de las rebajas para comprarnos la ropa que nos gusta sin despilfarrar. En el rastro venden ropa de imitación, como en China, y cuesta tres veces menos, o cuatro, que la original. La ropa caduca si se usa mucho. Ha llegado el otoño y aún tengo el armario repleto de camisetas, bañadores, bermudas, shorts, tirantes, y ropa de cama ligera. Como ya hace fresco, por las noches me arropo hasta encontrar la temperatura adecuada del sueño.

Preparo la ropa del día siguiente antes de acostarme y la llevo al baño por la mañana para tenerla a mano, sobre el inodoro, al salir de la ducha. No me gusta pasearme sin ropa porque paso frío, me incomoda pisar desnudo el suelo carnívoro de las ocho de la mañana. Quito la ropa del tendedero y la dejo sobre la cama para doblarla al regresar a casa. Salgo a la calle vestido con mi mejor ropa y llego al quiosco para comprar la prensa. Encuentro ropa donde no esperaba, andrajos en horizontal en la portada de ‘El Mundo’. Es la ropa de quienes ya no están y el periódico que hace unos días abanderaba la lucha por evitar filtraciones en aras de defender la privacidad de las familias del JK5022, es hoy el que luce la ropa interior de los que ya no pueden vestirse.

El periodismo, con esta ropa, luce mal aspecto. Flaco favor hace ‘El Mundo’ a la profesión. Sucia profesión.
photo by somos

martes, 23 de septiembre de 2008

Chapas (y II)


En el quiosco venden a 30 pesetas pegatinas redondas, rostros de ciclistas que se pegan en las chapas. Laguía, Pino, Recio, Delgado, Lemond, Lejarreta, Cabestany, Bruynell, Roche, Millar, Nelly, Arroyo. Todos salen con la gorra que les da de comer, la que auspicia las letras del que paga. El favorito es el Reynolds, desencadenante de peleas previas a la competición, nadie quiere quedarse sin el jefe de filas de la marca de aluminio. Las etapas discurren bajo una calma tensa, nunca ganan los mismos, depende del tino que cada cual luzca al empujar la chapa con el dedo índice, de que no se caiga a la cuneta y tenga que retroceder hasta su posición original y de que no haya arena sobre el hormigón de los bordes de aquellos maceteros de unos diez centímetros de ancho, carreteras retorcidas en ángulos de 90 grados donde las chapas trazan curvas inverosímiles calculando la bisectriz sin escuadra ni cartabón, con la suerte de sortear los socavones del trazado y de llegar primero a una línea de meta pintada, como los nombres de los héroes en la calzada, a golpe de las tizas traídas de la clase de última hora donde el profesor sale antes de que los jugadores abandonen el aula y, distraídamente, se llenen los bolsillos de cal.

En el quiosco venden a 5 pesetas los sobres de cromos de la liga de fútbol. Butragueño, Míchel, Sanchís, Martín Vázquez, Buyo, Salguero, Valdano, Santillana, Pardeza, Mino, Tendillo, Maceda, Jankovic, Miguel Ángel, Cholo. Zubizarreta, Lineker, Archibald, Migueli, Calderé, Bakero, Beguiristain, Clos, Schuster, Julio Alberto, Alexanco, Alonso, Huges. Baltazar, Julio Prieto, Marina, Arteche, Hugo Sánchez, Tomás, Fenoll, Penev, Bustingorri, Manolo, Futre… Con ellos completan los álbumes, van al rastro a intercambiárselos, a conseguir el último fichaje del Cartagena o del Elche a cambio de 100 repetidos, juegan a palmearlos para ganar más, a elegir entre dos mazos y al que le salga el nombre con más letras gana el número de cromos pactado. Todo un trabajo de estrategia para, por fin, terminar la colección. Cuando los rotuladores se han gastado, las creaciones artísticas adaptadas a la circunferencia dentada de la chapa han pasado de moda y la fascinación por conservar el álbum de la temporada anterior se ha desvanecido, comienza la operación rescate de cromos. Despega cuidadosamente los de su equipo favorito, coloca la moneda de cinco duros sobre el jugador, recorta el círculo y lo pega en la chapa. Álbum destrozado y colección al traste, pero mañana, cuando llegue a casa de David, vacilará de las chapas tan realistas que luce su plantilla de campeones en la alfombra de los sueños.

domingo, 21 de septiembre de 2008

Filtraciones


El periodista bebe del agua filtrada de sus fuentes. Al introducir el concepto en el blanco de la discusión política, los ‘chorros’ que acostumbran a suministrar bajo mesa informaciones de interés periodístico caen en discursos tautológicos. La ministra de Fomento sale a la palestra para negar que los documentos de la investigación del accidente del JK5022 publicados en algunos medios de comunicación procedan de su departamento, la oposición pide su comparecencia en el Congreso de los Diputados por este particular y las cabeceras de los diarios que no han accedido a tales informaciones condenan el uso fraudulento de documentación privada y bajo secreto sumarial, impotentes de no haber sido ellos los artífices de la exclusiva más que defensores de la oportunidad periodística ante el acceso a detalles relevantes del accidente aéreo.

¿Qué partido político no filtra?, ¿qué medio de comunicación desfavorece el juego de las filtraciones?, ¿por qué engañar a los ciudadanos valiéndose de argumentos éticos, deontológicos o políticos? El día a día del trabajo de la profesión periodística queda marcado por llamadas procedentes de ‘teléfonos rojos’ con intereses en la aparición de datos, estadísticas, informaciones, mentiras y verdades cuya importancia y peso se miden en función de cómo marcan la agenda-setting de la semana y la de sus adversarios. El periodista es el aguador, el intermediario en el cruce de recados que se lanzan los filtradores, los mismos que ahora se rasgan las vestiduras al trasladar al debate político las filtraciones del vuelo de Spanair.

Meter un gol al periódico rival es lo que, en la jerga periodística, significa publicar lo que la competencia no ha visto. Un ejercicio cotidiano basado en mirar siempre de reojo a la redacción de enfrente y en la obsesión por tener más contenidos exclusivos, ya sea en el ámbito de los medios nacionales, regionales o locales. Paradójicamente, los lectores pocas veces advierten las consecuencias de esta batalla cainita, dado que suelen ser fieles a sus cabeceras, cadenas o emisoras y rara vez, salvo que sean personas del mundo de la filtración o periodistas, contrastan su elección editorial con otras.

Esperemos que reine la cordura en la agenda temática que recogerán los medios de comunicación esta semana y que no asistamos, pues, al esperpento de apariciones públicas humedecidas por filtraciones rutinarias revestidas de escándalo.


sábado, 20 de septiembre de 2008

Chapas


¿Me puede dar chapas? Cógelas tú mismo, pasa, las ponemos todas aquí. Gracias, ¿tiene una bolsa? Qué diablos sois, siempre la misma guerra con las chapas. Venga, toma, y déjame atender a los clientes, que me vais a buscar la ruina. Equipado con medio centenar de nuevas chapas corre a casa para convertirlas en ciclistas campeones y en futbolistas habilidosos. Tiene la manía de olerlas antes de comenzar su transformación. Las de bitter son sus favoritas, quizá porque pesan más que las otras y ganan en estabilidad, aunque puede que el olor sea la clave. Le gusta imaginarse quién habrá pedido las bebidas, con quién iría acompañado, por qué pidió un Trina y no una Fanta. Dibuja siluetas de pensamientos infantiles con aspiraciones adultas, sueña con ser él el que, algún día, acumule las chapas de sus propias botellas, de las que compre con su sueldo o de las que reciba como regalo de empresa.

Imagina mientras sincroniza movimientos mecánicos trazados como un autómata en una cadena de producción. La moneda de cinco duros para delimitar el corte adaptado a la circunferencia dentada de la chapa, la regla para trazar dos líneas paralelas en la mitad del círculo resultante que dé cobijo al nombre del campeón, la parte superior para dibujar el dorsal del futbolista o el del patrocinador del ciclista; la inferior, para los colores del calzón o ciclistas de sus ídolos. Un trabajo manual al que preceden horas de visualización de partidos y etapas, la anotación de nombres y dorsales y la memorización de marcas, vestimentas y hazañas.

Los porteros necesitan un tapón de Coca Cola o de Casera para sostener los garbanzos (balones) que llegan a sus inmediaciones; los ciclistas dosis de dopaje en forma de plastilina camuflada bajo el dorsal para aguantar las largas etapas por las macetas de hormigón del barrio y los embarrados recorridos de montaña por el parque infantil. Alfombras como campos de fútbol, envases de margarina para las porterías, pinzas y redes de bolsas de patatas para amedrentar a los ultras. Has tirado tú antes, me toca a mí, no vuelvo a jugar contigo, qué mal perder tienes, se lo voy a decir a Carlos, has perdido, vaya paliza, queda la revancha, me voy a merendar, hasta luego, nos vemos en clase.
photo by somos

jueves, 18 de septiembre de 2008

Fotoperiodistas de salón


Un buen contenido en un continente adecuado endulza el sabor del primero y lo convierte en un elemento más que presentable. Si, por el contrario, se elige un envoltorio desfasado para la presentación de un regalo excelente, la cualidad que lo embellece perderá su atractivo hasta, incluso, hacerlo pasar desapercibido. Formulaciones éstas que los fotoperiodistas de Valencia han sabido aplicar en la exposición que repasa la actualidad gráfica de lo acontecido en su ciudad durante 2007 para mostrar, desde ayer, su producción en el Museo Valenciano de la Ilustración y de la Modernidad (MuVIM).

Retratos secos, instantáneas crudas, testimonios de actualidad caduca, ojos periodísticos que desenmascaran la verdad, la estética del deporte, la miseria de la marginación, la fiesta nacional para unos, aquelarre para otros, el dinamismo de encuadres estáticos, reflejos de miradas vintage, marcos de sempiterno folklore, fallas, playa, escenas curiosas y repetidas pero con marcos novedosos, el fútbol de color verde, espejos de almas draculinas, masclets a reventar y oportunidades perdidas.

Los fotoperiodistas ya están de foto, el resumen de su producción anual ha desembarcado en un museo. A ver quién es el guapo que se pone delante de los focos el año que viene para privarles de tamaña instantánea. De fondo, las voces de los nuevos protagonistas de la producción una vez expuesta, los ojos bizcos de quienes siempre se esconden detrás de su empuñadura, como piratas que, en vez de parche en el ojo, lucen unos objetivos y unas cámaras cuyos diafragmas captaron ayer la mejor de las luces en el salón de la fama del MuVIM.
photo by somos
"Fragments d'un any 2007" Museo Valenciano de la Ilustración y de la Modernidad (MuVIM), organizada por la Unió de Periodistes Valencians. Del 17 de septiembre al 09 de noviembre de 2008.

miércoles, 17 de septiembre de 2008

Efe-i-ene


Padecía el síndrome de la hoja en blanco, soñaba con el parpadeo del cursor sobre un documento Word abierto. Ahogaba las horas de insomnio con infusiones aromáticas que dejaba enfriar absorto, con la mirada perdida hacia el monitor que lo envolvía. Tenía muchas ideas, a cual más brillante, pero siempre le sobrevenían desarmado, carente de los medios necesarios para plasmarlas por escrito. Podría haberse olvidado de tamaña obsesión si para él no fuera tan importante recetar reflexiones. La rojez de sus ojos se avivaba cada noche. Las venas alteradas, las cerillas que los mantenían abiertos y la sequedad de sus lagrimales dibujaban una frustración obsesiva. Se encerró en su miseria y no supo escribir por qué. Dejó de afeitarse, comía lo justo para sobrevivir, descuidó su higiene, se aisló, como anacoreta miedoso. Mientras el tiempo pasaba, el cursor parpadeaba, parpadeaba, parpadeaba. Silencio. No quiso hablar más, quedó mudo. Sin palabras que contar, sin escritos, sin comunicarse, cayó en la locura. Sufrió episodios de ira hasta que rompió el marco que decoraba su vida, apagada después de escribir ‘fin’.

lunes, 15 de septiembre de 2008

El retrato del vaticinador


“En realidad no debería uno contar nunca nada”.

Es difícil encasillar a alguien cuando no conocemos nada sobre él, más todavía si de lo que se trata es de ofrecer un análisis certero de su comportamiento futuro, aquel que nadie prevé, la versión de cómo seremos o de cómo reaccionaremos ante estímulos externos. Muy pocos tuvieron ese don, algunos lo conservarán hoy y quizá vivan en el piso de arriba, duerman de día y vigilen de noche. Javier Marías accede al perfil de vaticinador de lujo, el mismo que de una conversación, de las palabras, destripa el modus vivendi de su interlocutor, el que traza esbozos de cómo respira sin reparar en su lugar de origen, a qué se dedica o hacia dónde camina. El primer volumen de la trilogía de ‘Tu rostro mañana’, subtitulado ‘Fiebre y lanza’, ahonda en la profesión de un grupo selecto de personas procedente del servicio de información británico creado en la segunda guerra mundial que enrola en sus filas a uno de los pocos capacitados para esa labor en el siglo XXI, un académico divorciado español residente en Londres cuyo trabajo en la BBC le aburre más que su estrenada condición de solitario, alejado de su ex mujer y de sus hijos.

El pretexto utilizado por Marías, el trabajo de espías, no esconde la magistral forma de plantear los tics de la sociedad moderna, los pensamientos que nadie comparte pero que todos tenemos y no nos atrevemos a describir, el sentido de nuestras conversaciones, la durabilidad de las palabras que regalamos cada vez que las pronunciamos, las equivocaciones en las que caemos cuando empleamos el verbo o la fugacidad de la vida, sus estereotipos y la acomplejada visión de muchos ante las tradiciones orales que heredamos. El libro despierta la resignación de acatar la poca originalidad que encierran las paranoias que la gente cree tener originalmente cuando se queda con la mirada perdida, cuando le llaman loco por plantear en público cuestiones abstractas, cuando pierde el sentido de la conversación al cebarse con temas triviales que dejan de serlo conforme pasan los años, cuando cree contar lo escuchado sin atender a la poca novedad de sus palabras mal reproducidas. El autor sostiene estos argumentos entre golpes históricos rescatados de episodios de la guerra civil española y de la otra campaña bélica citada hasta dejar un habilidoso punto y seguido que invita al lector a hacerse con el segundo libro de la trilogía.

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MARÍAS, J.: Tu rostro mañana. 1 Fiebre y lanza, Punto de Lectura, Madrid, 2002

sábado, 13 de septiembre de 2008

120 rpm


Tomo como referencia la línea de un horizonte de aluminio, el soporte de aquella ventana de climalit que decora el patio de luces que vislumbro a duras penas a través del ojo de pez por el que miro. Volteo el corazón a 120 revoluciones por minuto, las retinas escuecen y las sienes parecen estallar, pero quedo a salvo al retener la mirada en ese metal paralelo a mi tortura, distorsionado a golpe de energía centrífuga o centrípeta, nunca aprendí bien los conceptos de la física. Los pies, dormidos; las nalgas, prietas; los brazos, encogidos de asfixia, los 20 dedos, arrugados; los genitales, desaparecidos, no los noto, rotos quizá. Quiero alzar la voz pero, al intentarlo, trago centímetros cúbicos de impurezas, elementos químicos de cuyo nombre mejor no acordarme, aunque esta materia tampoco se me dio nunca especialmente bien. Pasan dos, cuatro, ocho minutos sin que pierda la consciencia hasta que percibo sobre mi espalda, raquíticamente escondida, una sustancia viscosa que devora mis entrañas. No, no estoy en un sarcófago relleno de escarabajos carnívoros, ni en la caja mágica de un ilusionista. Me quedé anclado en un sueño del que he conseguido salir hace poco, el tiempo que tardé en abrir la tapa de la lavadora y respirar hondo.
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viernes, 12 de septiembre de 2008

Comunica


Llamo y no me contestan, me llaman y no contesto. El teléfono móvil descansa en el último rincón donde lo dejé olvidado, despertado alguna vez por ese tono antiguo que le da un toque retro a la llamada, onomatopeya de ‘deja lo que estás haciendo porque tengo prioridad absoluta’. Es absurdo tratar de esquivar su esclavitud porque la explicación que se da por no haber respondido suele sonar a excusa, a mentira, a ‘no te lo he cogido porque no me ha dado la gana’. Aunque algunas veces puede que sea cierto, otras pasamos del móvil –o portátil para los puristas- porque obviamos su condición de fácilmente transportable, nos olvidamos de él, lo dejamos en el fondo de una bolsa, lo silenciamos en una reunión y se queda en ese estado hasta la siguiente, no nos da tiempo a descolgar, lo escuchamos pero no oímos su ubicación, nos decimos luego le llamo y nunca lo hacemos, nos quedamos pensando qué responder a la persona que nos llama y cuando queremos atender su llamada se ha cansado de esperar tono, se nos cae al agua, a la taza del váter, al cocido, encima de una caca de vaca, se desmonta al rebotar contra el suelo, decimos hola y nadie responde al otro lado, llamamos sin querer por contestar a otro pulsando el botón inadecuado, tenemos el móvil estropeado, no me quedan puntos, a ver si me regalan uno, por ese precio me voy a la competencia que me lo dejan gratis, ring, pi, dong, plas.

Llega el fin de semana. La familia, los amigos, llamar a pepito, no cuelgues que le quiero saludar, déjame un segundo, antes de irnos voy a ver si localizo a fulanito, ¿has cogido el móvil?
photo by somos

jueves, 11 de septiembre de 2008

Aquel día...


Con el resabor del café anquilosado aún en mi esófago, las risas rebotadas de una última conversación laboral de sobremesa, reincorporado casi en duermevela a mi puesto de trabajo en la redacción de aquel periódico local de grato recuerdo, nadie respondió a la algarabía de los elefantes entrando en la estancia, ni me miraron, ni me saludaron, nada. En algún otro lugar más amplio, con presencia más numerosa de periodistas podría ser normal, pero en aquella redacción de dimensiones liliputienses aquello no respondía a una reacción ordinaria. Nadie estaba sentado, reinaba un silencio viciado, como el que se respira antes de caer una bomba o de comenzar una batalla en las películas bélicas, como el de la enajenación de un bosque en llamas segundos antes de ser regado por un avión cuba. Concentrados en una esquina de la redacción, amontonados frente al televisor de 14 pulgadas que servía para ver de refilón los eventos deportivos del fin de semana, los compañeros asistían atónitos a algo de lo que yo no me había enterado, por lo menos hasta que hice acto de presencia en aquel lugar distinto, donde la rutina también miraba cariacontecida hacia aquel monitor de cocina. Silencio mudo, rostros de talco, comisuras secas, pupilas dilatadas y varios ‘no puede ser’. Un compañero me cogió del brazo y me incorporó al auditorio improvisado, a la burbuja helada de un instante anclado en mis retinas sin remedio. Apago.

Alguien dijo con acierto de profeta que a nadie se le olvidaría lo que hizo aquel día. Y tú, ¿dónde estabas el 11-S?

De color marrón


Salgo a la calle con el disfraz de persona raramente reconocible al primer golpe de vista. Lo hago para ser el espía que siempre dibujé, o al menos el invisible cotilla que no es cotilla porque nadie cae en la cuenta de que lo es. Desde mi nueva posición, camino a un ritmo pausado, en actitud contemplativa, despacio, sin la prisa de las urgencias del peligro de ser visto, como un ente sin ropa de marca, vestido de cotidianidad improvisada. Como no llamo la atención da igual si me tropiezo con el peldaño de siempre, es intrascendente si cojeo a sabiendas, o si sólo piso las baldosas de color rojo para evitar cumplir supersticiones dibujadas en mi imaginación. Por un día soy libre de reírme de mí mismo, de hacer el payaso sin miedo a proyectar una sombra ridícula, de bailar como un alelado la música que llega desde el vecino del número 30, sexto piso, puerta C.

Salgo a la calle con el disfraz de persona normal. Por mucho que se quiera, nunca llueve al gusto de fantasías bronceadas por la libertad de no ser el cliché que esperan de uno. Adquiero una tonalidad marrón que me une a la masa, a la misma que pertenecemos los que queremos y los que no. Seguro que nadie eructa tras ser engullido gustosamente por todos los que la componemos, nadie.
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miércoles, 10 de septiembre de 2008

Crisis dialéctica


Desde que entramos de lleno en la mal o bien denominada crisis, la nomenclatura es lo de menos, hemos asistido a la consiguiente pugna paralela de escaparates dialécticos entre los dos partidos mayoritarios que salpican la actualidad en España. Habrá recesión, no la habrá, vosotros hacéis lo que nosotros cambiaríamos, medidas de urgencia aprobadas a golpe de titular, consejo de ministros extraordinario y la comparecencia de Zapatero en el Congreso de los Diputados para informar sobre la situación de la economía española, las medidas adoptadas por el Gobierno y la creación de empleo. Una realidad idílica a los ojos de los correligionarios de cada una de las dos tendencias políticas mayoritarias, que encuentran en el escenario público actual un tatami propicio para resolver sus diferencias con la garantía de vestir sus argumentarios con las mejores galas, las que convencerán a jefes de gabinete, a militantes, a compañeros de partido y de sueldo, a propios pero no a extraños.

Las medidas son eficaces en cuanto que ayudan al que las anuncia a respirar después de que el titular insinuado salpica de hecho las portadas de los periódicos. Desde el momento en que uno de los dos adversarios principales consigue ganar la guerra mediática, la que les saca guapos o feos en los medios de comunicación, el contenido práctico de las aseveraciones, el que puede afectar al ciudadano, se embarca en un proceso lento, interminable, lleno de especificaciones, concreciones, salvedades y excepciones que hacen muy difícil que las medidas contra la crisis del Gobierno o las propuestas para paliar el difícil momento económico que atraviesa España llegadas desde la oposición puedan servir de algo o ponerse en práctica.

Asistimos, pues, a una crisis económica alentada por un peor momento dialéctico en política que mina la credibilidad del mensaje. No se trata, tampoco, de defender un intervencionismo del Estado en nuestra economía, con lo que ha costado dejar que el mercado actuara desde su concepto de libertad, pero si se adoptan medidas, éstas deberían ser pragmáticas más que teóricas. Ejemplo: Zapatero anuncia un aumento del presupuesto de 24.000 millones de euros hasta 2010 para que las pequeñas y medianas empresas incorporen las nuevas tecnologías, inviertan en producción o los emprendedores tengan liquidez para iniciar su actividad empresarial en época de crisis. Suena bien la música, pero la letra dicta que los bancos son los encargados de distribuir las ayudas estatales al albur de condiciones que benefician la piratería de productos financieros propios sujetos a condiciones que se alejan de la facilidad y de la rapidez con la que se prometen los beneficios para el pequeño empresario.

La tercera acepción de ‘dialéctica’ que recoge el Diccionario de la Lengua Española contempla que es “la capacidad de afrontar una oposición”. A buen seguro, ese parece ser el único fin del ruido político que percibimos para hacer frente a la crisis.
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martes, 9 de septiembre de 2008

Espejo maldito


Buenos días, me digo y no respondo frente al espejo una mañana cualquiera. Acumulo saludos silenciados sin que el retrato que se aproxima a mi persona sea capaz de hacer un gesto distinto al que mi cerebro le imprime. Nos ponemos serios, el ceño fruncido, cierro los ojos y no veo si mi yo reflejado sigue siendo fiel a mi compostura. Me acerco y detecto novedades, arrugas nuevas quizá, o diez pelos menos. Mejor no pegarse mucho, mantener el papel de analista impertérrito, el de narcisista anónimo sin vocación de exhibirse, el de eterno niño malcriado.

Vaya, se ha fundido la luz del espejo y ahora veo sombras que antes no vislumbraba. Un halógeno cenital proyecta mi lado más deforme, el más siniestro, ojeras de miedo, pesadillas de pánico vital. La existencia avanza más rápido según la luz que apliques a tu reflejo. El mío se ha marchado a mirar hacia otro lado, está en huelga hasta que mi yo natural quite de en medio ese haz maldito que le hace ser viejo, calvo, rugoso y cadavérico. Apagad la luz, que el tiempo se escapa y perdona menos.
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lunes, 8 de septiembre de 2008

La saca


Conducidas en una bolsa de plástico hasta la estación, apretujadas las unas contra las otras bajo el silencio de su portador, disfrazadas de la imagen corporativa de quien se apresuraba a enviarlas lejos, no podían más que mantener la calma, sin rechistar, a la espera de ser recogidas por el especialista viajero que las trasladaría, una a una, a destinos dispares, unidos únicamente por rotativas sin vinculación alguna.

Su efímero propietario las dejó en la saca común que las difuminaría entre otras cientos de su misma especie, unas con ventana, otras cuadradas, alguna redonda. Ninguna sabía qué trato recibirían en el nuevo hogar que las acogería, quién sabe si terminarían torturadas en máquinas trituradoras de papel o si reposarían en confortables cajones de mesas de oficina, junto a tijeras, gomas de borrar, pegamento, rotuladores y bolígrafos comerciales.

Son 35 euros. Adiós, cartas, adiós. No fue cruel. El depositario de la correspondencia de la empresa en Correos cumplía su trabajo.

viernes, 5 de septiembre de 2008

Maridaje con tinta


Maridaje, matrimonio de conveniencia entre dos sabores; maridaje, compadreo de sustancias mezcladas en el paladar, cóctel atrevido, racional e intenso que enriquece la compañía o la soledad del que apuesta por el experimento. Arroz negro con vino blanco verdejo; palabras cegadas cargadas de tinta; la tinta que enturbia el caldo, el color que maquilla la página en blanco.

Sangre negra en remansos de paz, paseos alfabetos en barca, maridajes de experiencias impropias de ser compartidas; el secante frente a la hemorragia, la sábana contra su empape, la pluma que erosiona el material arbóreo. Maridajes escritos a caballo entre el mantel y el despacho, cubiertas mohínas de sobremesa, delirios espirituosos de fermento vinícola.

Arroz, tinta, papel, tinta. Maridaje descarado, culpa tienes de ser el artífice de tu exaltación entre sueños, horas de trabajo y ocio.
photo by somos

jueves, 4 de septiembre de 2008

Nadal, el asturiano


La concesión a Rafael Nadal del premio Príncipe de Asturias del Deporte es una prueba de que el galardón no se ajusta a la realidad. No tengo nada en contra de nuestro magnífico tenista, pero es de justicia afirmar que si se trata de reconocer méritos deportivos o gestas irrepetibles tendríamos que mirar hacia el otro lado del charco, a una piscina, a 8 medallas de oro en unos JJOO, al mejor nadador de todos los tiempos y mejor deportista olímpico que se ha visto jamás: Michael Phelps. Una de dos, o no se lo han concedido a él porque sabían que no asistiría a la entrega del galardón, o es que la vocación universal de los Príncipes de Asturias queda mermada al no ver más allá de las islas que les reciben cada verano con motivo de la prolongación de las ya de por sí extensas vacaciones que disfrutan en otoño, invierno y primavera.

Nadal ha ganado cuatro Roland Garros, Wimbledon, la medalla de oro en Pekín y ahora pelea, como número uno del mundo, por hacerse con el US Open. Es meritorio, extraordinario para un tenista español, una delicia para los aficionados asistir a las gestas de uno de los mejores deportistas que ha dado España en su historia. Pero no nos equivoquemos, ha habido tenistas mejores, de hecho Roger Federer ha estado durante más de cuatro años como número uno, ha ganado todos los grandes slam menos Roland Garros, ha barrido a sus rivales de la pista como lo hicieron en su momento Borj o Becker, y no por ello se le ha concedido ni se les concedió el Príncipe de Asturias. En España no ha habido antes ningún Nadal pero fuera sí. Sin embargo, en nuestro país no hay ni ha habido nadie como Phelps, el mejor deportista de todos los tiempos. Es incomprensible, pues, que en el año en que alguien sorprende al mundo con 8 medallas en unos Juegos, el principado no sea capaz de mirar más allá de su euforia española.

Por no hablar de Usain Bolt, el mejor velocista de todos los tiempos… ¿Acaso Nadal es el mejor de todos los tiempos en su disciplina? No, Nadal es el deportista más asturiano de todos los candidatos, como mucho eso.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Virus iPhone


Un SMS me despertó a primeros de agosto. Movistar me daba la enhorabuena porque desde ese momento tenía activada la tarifa plana de ¿mi iPhone? Ni lo tengo, ni he hecho colas, ni las haré, ni sé por qué se me felicita por pagar algo que no va asociado a ninguno de mis teléfonos, ni entiendo por qué Movistar despierta a sus clientes cumplidores con mensajes infernales como el mencionado. Una vez despertado, el susodicho decide llamar al servicio de atención al cliente para advertirles de su error y evitar que en la siguiente factura incluyeran el concepto plano, tan plano como la atención recibida. Tras 20 minutos de reloj, la persona que lee premisas estereotipadas al otro lado del teléfono reitera que si he recibido ese mensaje ha sido por error y que si no tengo un iPhone no me cobrarán el importe de la tarifa con la que me han dado los buenos días.

Se acaba oficialmente el verano, por lo menos el mes de agosto, comienza septiembre y el buzón de casa recupera el trasiego perdido. La tercera carta del mazo de propuestas comerciales y recibos es la correspondiente a Movistar. Abro cuidadosamente el sobre para no deteriorar lo más mínimo el testigo de mis sospechas y objeto de la futura reclamación. Efectivamente, Movistar me cobra una tarifa plana de 25 euros por un producto que no tengo, a pesar de haberles alertado hace tres semanas y de la llamada que hago en ese momento. Otros 20 minutos, tres personas diferentes me dan explicaciones vacías sin disculparse y una cuarta, la que supuestamente iba a devolverme el dinero, sin pedir disculpas tampoco por todo el proceso, lamenta no poder solucionar la incidencia porque sufren un avería temporal en sus equipos informáticos que les impide atender mi queja. Me anima a llamar de nuevo por la tarde.

Conclusión: Movistar extiende el virus iPhone, se equivoca y no rectifica a pesar de ser alertada de ello, emite una factura errónea y no se disculpa con el cliente que la ha pagado, el afectado pierde una hora de su tiempo en corregir el desaguisado y le invitan a llamar de nuevo cuando tendría que dar ese paso el equivocado y no al revés. No tengo un iPhone, ni lo tendré. Tengan cuidado, el virus iPhone se extiende, se extiende, se extiende… Antídoto: devolver el recibo del banco y esperar a que Movistar llame para subsanar su error.
photo from xataka.com

martes, 2 de septiembre de 2008

Sesudo


A uno le sale la competencia bajo su mismo techo. El seso es sesudo si alguien lo destapa. Se mira, pero no se toca. Al asomarse a la masa viscosa es fácil detectar dónde guardamos nuestras inquietudes o el por qué somos retorcidos, extrovertidos, simpáticos, antisociales, dictadores, valientes o miedosos. Sesudo, que tiene seso. Seso, masa de tejido nervioso contenida en la cavidad del cráneo; prudencia, madurez; facultad sensitiva del alma, significación de las palabras y conjunto de ellas; dictamen, opinión.

Hoy me he levantado con el seso peleón. Quizá estas palabras sean perfectamente descifradas por otro sesudo que, como Sauron, ha cambiado de gustos y ahora ojea fijamente otro tipo de reflexiones. Seso, sesudo, mira que eres retorcido, qué mal me haces respirar, cómo me gustaría quedarme hueco durante unos segundos para pensar en blanco. Cuento 33 y me divierto mientras tus ojos se posan en estas letras para alertar al seso de que tiene que transmitir una reacción de tímida sonrisa.

Definitivamente, creo que el seso es un bromista redomado con ganas de meter cizaña. Saludos cordiales.
photo by marga ferrer

lunes, 1 de septiembre de 2008

Ranas de retorno


La estrechez de miras a la que conduce la aplicación de rutinas laborales en el ámbito del periodismo prevé una agenda profética de acontecimientos que después nunca se cumple. En invierno, lo suyo es alertar a la población de temporales que traen bajo el brazo a yetis de las nieves; en verano, las olas de calor sahariano son un clásico difícil de borrar de la psique de sus responsables vacacionales; en otoño, las lluvias diluvianas convertidas en plaga apocalíptica son recurso informativo notable en zonas donde llueven ranas por decreto; en primavera, los pólenes se visten de Colombo, con gabardina y todo, para asaltar por las aceras a la ciudadanía que osa, a pesar de las noticias contrastadas que alertan de altos índices de agentes alérgenos, salir a la calle sin gafas de sol, mosquetón, casco, colirios de todos los colores y cazamariposas.

Dejo para el final las operaciones retorno. Desde primera hora de la mañana, el día de regreso oficial de vacaciones, de algún puente o acueducto de guardar, los medios de comunicación tienen que buscar la imagen o el sonido de la carretera de turno atascada. La profecía dicta que hay atascos y punto, aunque no los haya. La estrechez referida se acota aún más si cabe si los responsables de cumplir el vaticinio no se dan cuenta de que si queda desmentido es noticia en sí mismo. Es decir, una operación retorno sin atascos en las carreteras tendría que ser información de portada en vez de empeñarse en encontrar en cualquier rincón la manera de acortar un plano lo suficiente como para manipular la realidad hasta ver atascos donde no los hay.

¿Deformación, desinformación o habituación profesional?
photo by marga ferrer