sábado, 30 de agosto de 2008

Suerte


Durante los días que pasó fuera de casa, la palabra suerte le rondó de cerca en numerosas ocasiones, cualquier persona anónima con la que compartió codo en tabernas, bibliotecas, calles y terrazas pronunció sin tapujos las seis letras del vocablo afortunado sin que en un principio se diera cuenta de tal coincidencia. Era una delicia estar rodeado de tantas expectativas depositadas en la informe suerte, escuchar la confianza hecha frase en preludios de reencuentros con el círculo que le condujo hasta allí.

La suerte le persiguió hasta que, sin querer, tropezó con él. Eran las tres de la tarde, el sol vigilaba los adoquines del centro, doraba cocorotas alopécicas y disimulaba su exigencia entre las hojas de un negrillo estratégicamente situado en el centro de la plaza del ayuntamiento, cobijando a los valientes que comían a la sombra renoiresca de su copa, alimentada por cigarras acaloradas y por gorriones prevenidos para aterrizar en alguna mesa distraída y cazar el sustento diario. Tropezó la suerte con él, digo, cuando se levantó de la mesa para pedir otra cerveza al camarero que, distraído, no había advertido los chasquidos de dedos del interesado. Mientras el sediento iba en busca de su bebida, la suerte se acercó disimuladamente a su mesa para leer un fragmento del libro que quedó reducido a migajas tras el estruendo que rompió la escena.

Se libró. La mesa en la que comía fue aplastada por una de las ramas más antiguas de aquel árbol traicionero. Su suerte se evaporó a tiempo y él tragó sin dar crédito. Aplaudió, sacó un pañuelo del bolsillo y lo restregó contra su frente abrumada. No volvió a ver la suerte de cerca, tampoco le hizo falta.
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viernes, 29 de agosto de 2008

Sabores


Miro de reojo a fulanito y me gusta analizar cómo saborea un producto que a mí me sabe a gloria, o fatal. Si cruza la mirada con la mía y se da cuenta de que le observo mientras él saborea lo observado, su comportamiento pierde naturalidad y el análisis antropológico es erróneo. Es una pena, pero es difícil observar a la gente sin el ánimo de ir más allá que de la propia acción de observar. Tendemos a pensar mal, a dejar de ser nosotros ante intromisiones ajenas mal interpretadas, quizá por el defectuoso uso que de la observación hace la gente que peca de ser demasiado cotilla.

Vuelvo a los sabores porque es de lo que versa el escrito. Aquí ya se ha hablado de otros canales evocadores, como los olores o la música, pero el gusto ha carecido del protagonismo que merece. No sé si las cosas saben a lo que huelen o cada persona interpreta una explosión gustativa diferente. Por eso me gusta analizar las reacciones de los demás ante lo que para mí es un manjar o ante la peor de las viandas con las que podrían regar mi paladar. Miradme, mientras escribo saboreo un palito de cangrejo fresco, como si fuera un caramelo, hasta que lo dejo sin sustancia y lo mastico. Su sabor me conduce a momentos compartidos, a una tabla, a un mazo, a avellanas, nueces y almendras, a aperitivo, a la salsa rosa del marisco sin chapapote, a cerveza antes de vino, a sobremesa larga, a película en el salón, a música folklórica, a risas y a besos cariñosos.

Aunque, ¿a qué saben los recuerdos sin alimento o bebida que nos conduzcan a ellos?
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miércoles, 27 de agosto de 2008

Una llamada extraña


Hola, te llamo para saber qué es de tu vida. Pues no me apetece contarte ahora nada de los diez años que han pasado desde que hablamos por última vez. Lo entiendo, pero lo necesito, estoy sometido a una prueba de fuego que requiere recuperar el contacto perdido con al menos cinco personas en 24 horas. No quiero participar en juegos a los que no he sido invitado. Bueno, pero estás obligado en cuanto que has descolgado el teléfono para atender mi llamada. Igual que he descolgado puedo colgar, así de fácil. No te atreverás, sin duda saldrías perdiendo.

Colgó. No dejó de dar vueltas el resto del día a la extraña llamada de un persona que creía muerta, por lo menos lo estaba desde que aquel verano se separaron sin más compromiso que dos protocolarios ‘nos vemos’. Se preguntaba cómo habría conseguido su número, el tercero diferente desde que se conocieron hace una década. No tuvo miedo, pero sí dudas, muchas dudas. Se quedó pensando mientras navegaba entre páginas spam, publicidad e informaciones falaces. Tras unos segundos de espera, la web de su diario favorito publicó un teletipo con un titular que le dejó sin aliento: El asesino del teléfono huye de la cárcel de Picassent. Cumplía una pena de 20 años de prisión desde 2005 por haber matado a 12 personas elegidas al azar entre la agenda de contactos de su móvil.

Cuando quiso reaccionar, sintió un escalofrío que le erizó las entradas y, sin solución de continuidad, recibió por la espalda una puñalada mortal. Comunica.
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domingo, 24 de agosto de 2008

Desintegration


He tardado mucho en encontrar un pretexto para hablar de The Cure. El líder de la banda, Robert Smith, ha decidido limitar a la nada la grabación de videoclips de los nuevos temas que compongan. Aduce motivos relacionados con la escasa presencia de videos musicales en televisión y con la implantación generalizada del uso de las nuevas tecnologías entre sus correligionarios para evitar tener que quedar expuesto a interminables horas de rodaje, caterings de medio pelo y bostezos cotidianos.

Qué mejor pretexto, digo, para hablar de The Cure, ya que tampoco es plan de largar sueltos o reflexiones a diestro y siniestro sin una motivación que ilustre las referencias. Ya que empleo el concepto siniestro, aprovecho también para aseverar que no hay momento más íntimo, oscuro y evocador, salvando distancias depecheras que se abordarán en otra ocasión, que comenzar a escuchar en el orden propuesto el álbum ‘Desintegration’: Plainsong, Pictures of you, Closedown, Love song, Last dance, Lullaby, Fascination street, Prayers for rain, The same deep water as you, Desintegration, Homesign y Untitled. Cada canción se convierte en un pellizco evocador de ratos de libertad, calidad musical en sintonía con la quebradiza voluntad comercial de hoy en día.

Por cierto, ¿alguien le habrá comentado a mister Smith el filón que supone la existencia de Youtube para las apuestas visuales de las bandas musicales?

sábado, 23 de agosto de 2008

Conticinio


Nunca había utilizado esta palabra, pero ya que la he descubierto hoy, qué mejor homenaje que convertirla en protagonista del escrito. Su significado nos conduce al momento de la noche en que reina la tranquilidad hecha silencio, los instantes en que los miedosos encuentran sonidos de ladrones donde hay gatos o vecinos, los cotillas aprovechan para estirar la oreja hasta límites animales, los dormilones duermen sin vacilar y navegan por sueños profundos o pesadillas prietas, los padres con hijos descansan con un ojo abierto y otro cerrado, éstos revolotean con mariposas en su cabeza sobre proyectos, parejas, estudios, amigos o nada, los que trabajan no hablan alto para no desenredar la trama y los bichitos aprovechan para pasear a sus anchas entre papeles, basura, migas y mandos a distancia.

En el silencio de la noche quitan las calles, cada uno queda anclado en reductos de paz incómoda si no gusta, en nichos de soledad o de familiaridad o en acústicas poco saturadas, muy favorables para bailar el insomnio de madrugadas calurosas. No, no es una enfermedad, el conticinio es un momento mágico donde el decibelio es el enemigo público número cero.
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viernes, 22 de agosto de 2008

Eclipse de plata


No quiero ser ventajista, ni oportunista. Estoy contento porque España se ha clasificado para la final de básquet de Pekín 2008, pero el juego desplegado por los chicos de oro, ahora de plata, ha sido más bien mediocre. Desde que comenzó la competición, quizá debido al nuevo sistema de juego de García Reneses, la selección no se ha divertido como en citas anteriores. Los jugadores ÑBA pocas veces han sonreído, ninguna han machacado al rival como si de una pachanga se tratara –ni siquiera a Angola, a pesar de ganar de 48- y han lucido de exceso de victimismo en las maneras tragicómicas con las que se han desenvuelto en los momentos decisivos de los partidos. Han estado flojos, tampoco el entrenador ha sabido orquestar los cambios para mantener las inercias de juego favorables y los resultados nos han favorecido gracias a la suerte de ser los campeones del mundo. Aunque en China hemos sido más bien subcampeones de Europa que campeones mundiales, a tenor del juego desplegado. Precisamente, en septiembre de 2007 no ganamos en Madrid el cetro continental porque entramos en ese juego anodino, que se deja llevar por el marcador incierto, sin la ambición de otras ocasiones, poco agresivo y demasiado espeso como para deslumbrar.

España está en la final de los JJOO tras 24 años con la mejor plantilla que podría haber soñado jamás. Muchos NBA, demasiados millones sobre el parqué para tanta horchata. Sinceramente, todavía tengo memoria para saber que me quedo con los héroes del 84: Maragall, Solozábal, Corbalán, Villacampa, Iturriaga, De la Cruz, los Arcega, Sibilio, José Luis Llorente, Fernando Romay, Fernando Martín… Ellos fueron como el equipo que lució Pepu Hernández en el mundial de Japón de 2006; ellos creyeron en el espectáculo del baloncesto, ellos jugaron alegres, ellos disfrutaron de sus canastas. Qué vamos a añadir si los mejores jugadores españoles del torneo de Pekín han sido Felipe Reyes, Mumbrú y Ricky Rubio. Ni Rudy, ni Gasol, ni Calderón, ni Garbajosa, ni Navarro. Es imposible que la ÑBA pueda con la NBA a ese ritmo de tortugas reumáticas encogidas sin ambición. Medalla de plata y gracias. Con todo, esperemos que sepan despojarse de su vitola de estrellas y los Gasol y compañía vuelvan a divertirse en la final para deslumbrar como siempre han sabido hacer: desde la campechanía hecha canasta.
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Vibraciones


Es emocionante reencontrarse con vibraciones primigenias, aquellas que descubrimos cuando nuestro espectro sensorial está en fase de desarrollo. Conforme crecemos, quemamos el efecto sorpresa poco a poco, sin darnos cuenta. Nos convertimos en seres cuya capacidad emotiva se ve reducida a la emoción de los que nos rodean, de la sensibilidad abierta por los que se ubican en estadios ya reconocidos por nuestra experiencia. Lo que en su origen eran percepciones intensas por vírgenes, hoy son repeticiones sin fuste, consecuencias planas de nuestra toma de contacto con la realidad.

Pelotas saltarinas, cromos, el olor del forro de los libros, los rotuladores, las ceras, el tren de la bruja, ver el mar, recoger conchas en la playa, una moneda de diez duros, un billete, un balón, bañarse en el río, subirse a un avión, viajar sin padres, bajar de un autobús, pagar la cuenta de un restaurante, dormir a escondidas, besar por primera vez, emborracharse sin tapujos, cobrar una nómina, hablar español en Francia, parlotear inglés en Londres, soñar sin pesadillas. Cuando dejamos de percibir vibraciones, lo mejor es reencontrarlas sin ser tan horteras como para hacerse pasar por algo que no somos o que dejamos de ser hace tiempo.
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martes, 19 de agosto de 2008

Mojácar, entre dos siglos (y II)


Mojácar nos acogió bajo un aspecto bohemio, empinado, laberíntico, blanco, como un gran barco anclado en la sierra que vigilaba la costa, sin edificios que estorbaran su contemplación desde cualquier punto. Una costa salvaje, limpia, con cuatro chiringuitos con sonido jamaicano y un parador poco anunciado en los mapas de situación. Allí nos quedamos hasta que pasaron las tres semanas reglamentarias antes de regresar al Madrid de los setenta, a la ciudad dormida, al otoño capitalino.

Hoy volvemos y no es lo mismo. El pueblecito late a un compás moribundo, a punto de yacer rendido ante el ensanche playero de las últimas décadas. Escritores, pintores, hippies, artistas… eligieron Mojácar, pero se han ido de allí, a Bédar quizá. Pocos son ya los que suben tras pasar el día entre piedras, arena, caracolas, conchas y caballitos de mar. Nadie se acuerda de que en sus calles antes se vivía la noche como espejo de tradiciones compartidas con Ibiza; mercadillos improvisados de artesanos de la vida, tiendas exóticas abiertas hasta que las copas pedían paso en sus terrazas de insomnio, saludos campechanos entre lugareños y foráneos, familias enriquecidas por el rojo del sol disfrutando de cuestas con olor a gayomba y jazmín, reminiscencias fenicias y árabes a disposición de paladares sedientos en la fuente legendaria, posada de paseantes en busca de agua, oasis entre ficus, cactus, palmitos, pitas y arena. Hoy Mojácar muere, suavemente, muere.

lunes, 18 de agosto de 2008

Mojácar, entre dos siglos (I)


La magia de aquel lugar nos conquistó desde el día en que improvisamos nuestras primeras vacaciones. Éramos jóvenes, estábamos recién casados y llevábamos en el asiento de atrás una niña de un año. Aún así, nos atrevimos a salir de Madrid sin organizar el viaje, iríamos hacia el sur, a la provincia de Almería y nos detendríamos donde más nos gustara, sin el agobio de los atascos ni las prisas de la capital. Era octubre, por lo que tampoco tendríamos masificación estacional allá donde fuéramos.
La carretera era lenta, con un tráfico considerable de camiones, pero no importaba, íbamos sin prisa, masticando la libertad salvaje de nuestra aventura. La pequeña se despertó sólo para pedir su sustento, era tan buena…

Tras once horas de carretera, nos desviamos hacia una zona de playa, tal y como indicaba un cartel escrito por algún lugareño interesado en que los turistas de nuevo cuño llegáramos a su establecimiento. Ya era de noche, percibimos una humedad anormal y poco más. Casitas aisladas, algún coche que otro que se cruzó en nuestro camino y la música del Sonido de Philadelphia en el radiocassette. De repente, a lo lejos, entre las colinas que se adivinaban a la derecha del coche, en el lado opuesto a la línea de un mar que empezábamos a olfatear de cerca, divisamos una colmena de lucecitas azuladas, embaucadoras, amigas exclusivas de una luna casi llena que pedía paso entre la oscuridad de la noche. Nos propusimos llegar hasta allí, animados por la magia invisible del entorno y la necesidad de poner fin a nuestro trayecto, aunque fuera por un día, para descansar.
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domingo, 17 de agosto de 2008

Un texto más


Tendemos a pensar, en ocasiones, y lo afirmo por el mismo sentido que abarca el escrito, que somos diferentes o que presentamos particularidades que nos definen por encima de otras personas. Cuando nos dejamos arrastrar por pensamientos profundos, aquellos que no solemos compartir con nadie ni pensar en alto, caemos en el error frecuente de creer que alcanzamos dimensiones de inquietud más allá de las que otros abarcan o que trazamos pareceres originales en cuanto que inéditos. No, no es retorcida la reflexión, ni exclusiva, que ya se ha dicho. Tampoco pretendo acceder a un plano virgen jamás tratado por ningún escribiente con tiempo, sino reflexionar sobre una cuestión que me asalta últimamente, influido quizá por alguna lectura veraniega de última hora.

Cuesta creer que no somos imprescindibles, o que nuestra aportación a la humanidad, más allá de las proezas de superhéroes del saber, del deporte, de la cultura o de la historia, es un mismo repetido de pensamientos, reacciones y actitudes. Un refrito de vidas recreadas en estereotipos de comportamiento, privado y público, que enriquecen el sentido de la sociedad y el de los roles que nos toca desempeñar en ella. Nadie puede creerse lo suficientemente paranoico como para tener exclusividad de pensamiento y mirar por encima del hombro al de al lado. Hoy está de moda el misticismo con olor a incienso, mañana regresará el pesimismo aséptico, quién sabe, pero nada nuevo.
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sábado, 16 de agosto de 2008

Un despertar diferente


Le había despertado el eco de las voces de la noche convertida en madrugada, las mismas voces que se apagaron cuando la luz del amanecer invadió la estancia principal de la fiesta para desenmascarar la vida vampírica de los allí reunidos. El salón de su casa era distinto cuando celebraba saraos, lo visitaban caras nuevas en cada convocatoria, se restregaban en sus sillones parejas heterosexuales, bisexuales y homosexuales, bebían sin límite o hasta decir basta, conversaban de temas cada vez más banales y se difuminaban conforme la oscuridad se apagaba, como entes sujetos a una fotografía captada a muy poca velocidad.

Se desmembró de la cama, desganado y sordo de silencio, se quejó de lo jodido que estaba, gritó a su mascota como el loco que pierde el norte, se abalanzó al lugar donde horas atrás bailaba, reía, cantaba, bebía y fumaba, también algún porro, suponía. Le dolía la cabeza, pero lo que más le molestaba era ver la noche rezumar ante sus ojos. Los vasos supuraban aún el hedor de cubatas inacabados, los ceniceros rebosaban colillas malolientes, el suelo parecía una cancha de básquet recién pisoteada por treinta zapatillas nike de chocolate derretido, el oxígeno lo percibía manoseado, como respirado mil veces. Cristales rotos, cedés sin carcasa, gusanitos asfixiados, embutido seco y la televisión encendida con una nevada a lo poltergeist reflejada en sus ojos como zumbido visual para perder la mirada durante unos segundos.

La verdad es que la escena era la misma que la de otros tantos fines de semana de juerga en su casa, la diferencia es que esa mañana cumplía 30 años. Le jodía, por eso recogió las cosas y no volvió a convocar a nadie a aquel salón. Pasó su aniversario en solitario. No sopló las velas, ¿para qué? -se decía- no tenía nada que celebrar.
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jueves, 14 de agosto de 2008

Barcelona 92


Cuando se conoció, poco después de los JJOO de Los Ángeles 84, que Barcelona acogería la cita de 1992, experimenté una sensación vertiginosa relacionada con los cálculos matemáticos. En un trayecto en coche con mi progenitor, eché cuentas sobre las edades que tanto él como yo tendríamos cuando la ciudad condal se abriera al mundo. 16 frente a 52, qué mayores, cómo podríamos acudir a la cita olímpica sin ser un niño y sin ser un padre, o sería más niño o sería más padre, o menos padre y más niño o más padre y menos niño, adolescente quizá.

Por aquel entonces, en 1987, acordamos que viajaríamos a Barcelona para ver los JJOO, tan cerca de casa había que aprovechar la circunstancia para ver en primera fila los sueños olímpicos, la verdad de la competición, la mentira de la televisión, la autenticidad de los atletas, la artificialidad del directo, la falsedad del dopaje, la manipulación de la inocencia hecha espectador, la injusticia del deporte de competición, la ausencia de principios, el resabiado beneplácito político para justificar una buena gestión de los recursos públicos.

Cuando tenía diez años pensaba en cómo sería con 16, en ver unas olimpiadas de cerca, en estar allí con mi padre, en vivir una experiencia inolvidable. No fui y me alegro. Prefiero saber que las cosas fueron de otra forma a como son ahora que las interpreto con la nitidez del niño que descubre que alguien que le regalaba cosas todos los años no era un ser procedente del Polo Norte, sino sus padres.

El deporte era más bonito antes, cuando la edad del receptor no había rebasado la del emisor de vibraciones, cuando se accedía a la competición a través de una mirilla cinematográfica, sin conocer que los protagonistas eran eso, actores de pacotilla con malas prácticas auspiciadas por los jerifantes de banderitas, de batallitas, de guerritas del siglo XXI que pagan por ver espectáculo a cualquier precio.

Las mentiras del Plan Avanza


El Gobierno ha aprovechado la época de crisis para anunciar medidas de choque contra los mediocres indicadores económicos. Entre ellas, se encuentra la de reforzar las ayudas a las nuevas empresas, encuadradas en la línea ICO-Avanza, a través de los acuerdos suscritos con numerosas entidades bancarias. Se trata de líneas de financiación en condiciones favorables (0% de interés y meses de carencia para comenzar a devolver el préstamo oficial) procedentes de la bolsa abierta por el ICO para la implementación de las nuevas tecnologías en las empresas, la inversión en su presencia corporativa en internet y la consiguiente contratación de servicios de banda ancha para la navegación por el ciberespacio. Los requisitos que el Estado prevé para la concesión de estas ayudas los incluye en la página web del ICO y se centran en la aportación de las facturas justificantes de la inversión realizada en los términos señalados y que se hayan destinado al objeto delimitado por el Plan Avanza.

La realidad es tozuda y ofrece particularidades que descorazonan al interesado en obtener esas ayudas de las que hace gala el Gobierno para ganarse el titular de la sección de Economía y demostrar que apuesta por las nuevas empresas en época de crisis. Sin embargo, la letra pequeña de esa noticia contempla el fomento indirecto de la piratería bancaria por parte de aquellas entidades que han suscrito el acuerdo para canalizar la financiación. Éstas, aprovechan la libertad de movimientos que les concede el Gobierno con la excusa de que sean ellas las que arbitren las ayudas para presionar a sus beneficiarios, condicionándoles en algunos casos la concesión de la cuantía solicitada a la contratación de productos bancarios de la entidad, como fondos de inversión o depósitos equivalentes a la cantidad demandada. Es decir, el banco, con la complicidad ausente del Gobierno que luce de apoyo a las nuevas empresas, condiciona la ayuda estatal, pública, a una inversión privada en los productos de su oferta financiera.

Precisamente, la situación de crisis que excusa la aprobación de medidas extraordinarias de apoyo a las empresas coincide con un período de reticencia por parte de las entidades bancarias a conceder financiación. Éstas, independientemente del acuerdo suscrito con el Gobierno, ponen trabas incoherentes a los consumidores que pretenden acudir a la llamada de las ayudas públicas revestidas de provecho privado sin que los responsables públicos hagan nada por remediarlo. El titular ya se lo han ganado, la letra pequeña y los abusos que cometen los encargados de canalizar las ayudas contra la crisis le importan bien poco. Lo importante es lucir palmito en el escaparate de la manipulación.

Brújula de recuerdos


Dick Farney, All the way, madrugada de un día cualquiera de agosto. La televisión, encendida para los gatos, proyecta un foco de luz azulado sobre el gres rústico, que difumina la imagen hasta romperla de sentido. Espejo de sueños de mirada perdida, elucubraciones de noctámbulo escondido en el redondeo de la brújula de los recuerdos, sin la presión de la conversación no deseada, sin el ruido de nada por encima de la música, con el ronquido suave, fugaz y tierno de Trankos, tranquilo, quieto, fanfarrón de la noche en compañía de la soledad íntima de su amo.

Las letras suenan como si fueran escritas por una antigua Olivetti. Quizá sea culpa de Bud Powell, que acaba de entrar en escena tras un cuidadoso fundido con su compañero de viaje musical. No hay nada como mezclar momentos, agitarlos hasta crear una nueva versión, la actualizada, esa cara inédita del instante recuperado a tiempo. Cuando pienso en escribir sobre los temas que asaltan mi deambular por esta vida de planos difusos, sonrío. Hasta que corto, dejo de escribir y entretengo el navegar de sensaciones con la lectura de cuestiones ajenas, el visionado de luces menos predominantes o el zancadilleo a las negras formas que nacen de la incertidumbre.
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miércoles, 13 de agosto de 2008

Imitación pública


La televisión pública española, encargada de la retransmisión en exclusiva de los JJOO, está demostrando su falta de ideas, su escasa originalidad y una galopante mediocridad de la que hace gala la mayoría de comentaristas que traslada su 'sabiduría' a los telespectadores que descifran como buenamente pueden las disciplinas olímpicas que no contemplan el resto de años sin cita olímpica. Revestidos de un lema heredado de un grito de guerra popular implantado en las canchas deportivas de este país, el ‘a por ellos’, los expertos y analistas que decoran las retransmisiones exhiben un fanatismo desaforado, una crítica inútil a los arbitrajes cuando las cosas no salen bien y un favoritismo por determinados nombres propios en detrimento de otros con las mismas opciones en idénticas disciplinas.

TVE lleva años sin iniciativa, a la deriva, con el catalejo puesto en lo que hacen otros para después hacer burdas imitaciones (motociclismo vs F1). ‘Cuatro’ empleó el mensaje ‘podemos’ durante la pasada eurocopa de fútbol con un éxito que sobrepasó la frontera de su marca televisiva hasta alcanzar a seguidores, políticos, futbolistas y periodistas. Un acierto que ha gustado tanto a TVE hasta el punto de hacer el ridículo con ese ‘a por ellos’ de escasa originalidad, implantado ya como cántico entre la afición al fútbol o al baloncesto y que no pega mucho cuando de lo que se trata en los JJOO es de conseguir medallas. Los imitadores que retransmiten se ven obligados a emplearlo, pues, con calzador, en momentos que no vienen a cuento, con gritos histéricos que imitan, a su vez, a momentos de gloria televisiva vividos en otras cadenas con motivo del mundial de básquet o de la mentada eurocopa de fútbol. Finalmente, como Romay en el partido del otro día contra China, recurren al más sobado y exitoso lema de ‘podemos’, sin querer, suponemos.

Imitadores públicos de aciertos privados, torpezas televisivas con rango de servicio público, aburrimiento nocturno de sueño profundo. Vaya suerte hemos tenido, no por las medallas, sino por ir a por ellos, ¿o a por ellas?, ¿o a por TVE?

martes, 12 de agosto de 2008

Las vacaciones de Sergio


Sergio se levanta a la misma hora que otro día cualquiera de agosto, de un salto sostenido en el tiempo y sin ganas de ducharse. Un trago de leche fresca, tres bostezos y un bocado a una magdalena seca componen el desayuno estival de su resaca perenne. Está harto, cansado de descansar, le duelen los pies y las rodillas; sus ojos permanecen en un estado vidrioso que le impide leer las letras del teletexto cuando pretende informarse de los titulares becarios de última hora. Tiene calor, por fin accede a ducharse, con agua fría, claro. A los cinco minutos suda como si la refrescante lluvia artificial recibida en el baño hubiera sido una mentira más de las que le cuenta a su familia cuando le preguntan por su relación con Sandra.

Siempre dice que se quieren mucho, que todo funciona a las mil maravillas pero su vida de pareja no marcha más allá del cortejo sexual impuesto una vez por semana, los sábados por la noche, antes del Informe Semanal. Sin trabajar, Sergio no tiene la excusa fácil para salir corriendo y se ve sometido a tareas domésticas que descuida el resto del año. Sandra es una de las pocas mortales que trabaja en agosto y Sergio consume su tiempo vacacional, obligado por la política de su empresa a que sea este mes, entre sábanas sudadas, pelos de gato, revistas desgastadas, horas de televisión, playstation y cerveza.

Llaman a la puerta. ¿No has hecho la comida? Que va, no hay nada. Pues vete a comprar. No me apetece. A mí tampoco me apetece ir a trabajar y voy. Lo siento. Siempre lo sientes. Improvisamos un bocadillo. Llevamos tres días igual, Sergio, no podemos sobrevivir a base de bocadillos. Vale, pues nos vamos a comer por ahí. No, yo no trabajo para gastarnos el dinero en menús. Pues tú misma. Eres un desagradecido y un vago. Ya, lo sé, pero estoy de vacaciones. ¿Vacaciones? Bla, bla, bla.

Comieron bocata y ni se hablaron hasta el día siguiente a la misma hora para acordar los términos del divorcio.
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domingo, 10 de agosto de 2008

Un año, 365 días, un solo blog


El blog de Óscar Delgado Barrientos cumple hoy un año. Aún no le han salido los dientes, y dudo de que hagan acto de presencia en lo que le queda de vida. Su expresión será menos perfecta, pero no es la misión de esta bitácora morder a nadie, ni dar bocados autoritarios a los aventureros que llegan hasta sus letras para compartir ratos de ocio.

Cumplimos un año en compañía de desconocidos que se han hecho habituales, de amigos que han encontrado un punto de inflexión tras meses de silencio, de familiares que han conocido mejor a su discípulo, de compañeros de viaje profesional que han manifestado su acuerdo o desacuerdo, de enemigos acérrimos que han visitado el lugar a escondidas, de descarados de la vida, de sinceros, despistados, lectores, vagos, listos, tontos, dormidos…

Gracias a los que encontráis en El blog de Óscar Delgado Barrientos ese pretexto que rompe momentos neutros. Aprovecho para anunciaros que prorrogo mi contrato de presencia en la red un año más, si la salud, la inspiración, la actualidad y el tiempo me lo permiten. Saludos a tod@s. Nos veremos por aquí cuando consideréis oportuno.
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viernes, 8 de agosto de 2008

El juego de las apariencias


Se ha escrito mucho en este sitio sobre cotidianeidades, pero nunca se ha abordado el sentido de la vida y de la muerte a la vez, las dos caras de nuestro sino, el papel que desempeñamos mientras vemos, oímos, olemos, tocamos y escuchamos, lo que dicen de nosotros, lo que esperan de nuestro rol social, lo que nos toca vivir bajo el techo que el destino nos ha dispuesto y el instante en que dejamos todo y decimos adiós. Es cierto que son generalidades, pensamientos abruptos al alcance de cualquier mente, no es necesario ser un sicótico, un anacoreta, un depresivo, un esquizofrénico o, sin más, una persona normal para plantearse los porqués del destino. Las circunstancias ordinarias que rodean nuestra existencia tradicionalmente han sido objeto de ironía fina, de filosofía barata, de excremento racional, de argumentaciones profundas y de historias escritas. La elegancia del erizo es una novela que aglutina todas ellas con un resultado inesperado.

A priori, La elegancia del erizo se postula como una encantadora novela que aborda la rutinaria vida de una finca de vecinos ricos y las falsedades que rodean su convivencia en el número 7 de la calle Grenelle de París. Conforme el lector navega por el contenido de la exitosa novela de Muriel Barbery, el escaparate de autenticidad incrementa su intensidad al albur de diálogos propios de manual de filosofía social aplicada a las rutinas de una portera, a los fantasmas de una niña de 12 años y al de unas mascotas que viven, comen, se reproducen y mueren sin la consciencia del sentido de sus acciones. Gente estereotipada que lucha por romper los roles que su entorno les presupone. Así, la portera es una inquieta devoradora de productos culturales que se coloca la careta de portera siempre que los ricachones de la finca recurren a ella; la niña de 12 años es una superdotada que se hace pasar por una niña de su edad para no deprimirse en el hecho de la distinción en sí misma. Ambas se conocen tras la llegada de un hombre misterioso, por nuevo, a la finca. Un personaje devorado por los cotilleos –los ricos también especulan y juegan al qué dirán- que sobrevienen a sus incursiones por el ascensor, el descansillo o la portería.

Barbery intercala en su particular versión de la vida y de la muerte grandes dosis de sarcasmo, excesivo marco teórico en algunos pasajes, una descripción precisa de los pensamientos que sincronizan los personajes en sus diálogos, esto es, lo que dicen y lo que deberían haber dicho y no dicen, y una resolución original, intensa y, sencillamente, hurgadora del lado más sentimental del lector.
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Barbery, M.: La elegancia del erizo, Seix Barral, Biblioteca Formentor, Barcelona, 2008.

jueves, 7 de agosto de 2008

Sobremesa


Calima, aire negro de climatizadores helados, pájaros tartamudos que estornudan filamentos de monóxido de carbono, atrevidos sin gorra cruzan el asfalto caldoso, la telenovela se abre paso entre ventanas de tedio, bares de menú plegado dejan a medio abrir el cierre de la merienda temprana, servilletas y publicidad desechada recorren centímetros de acera farwest, coches prever circulan con las escotillas abiertas, otros consumen más por menos calor en burbujas congeladas. Si hubiera un kitkat sin decibelios podríamos escuchar ronquidos de siestas de visillo, encuentros de platos en fregaderos espumosos, chapuzones en charcas de exhibicionismo vecinal e, incluso, el beso cariñoso de una madre orgullosa de los deberes hechos por su hijo en el cuaderno santillana.

Las sobremesas en verano son diferentes a las del resto del año, son más largas y aburridas, ociosas y maleducadas, malhumoradas, pastosas, interminables. Quien quiere seguir su camino rutinario siempre se olvida de que en España esa misión es imposible. Agosto, agosto, agosto…
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miércoles, 6 de agosto de 2008

Mascarero


No sé qué máscara ponerme hoy para salir a la calle. Con este calor, es mejor protegerse la autenticidad con un factor impenetrable. Me parece que optaré por la de irónico contumaz para que nadie pueda acceder a mis puntos débiles. O no, mejor cogeré la de soñador callado, para que se ceben conmigo, me señalen y despierte risas nerviosas de necios. Aunque, pensándolo bien, ¿para qué someterme al arrojo estulto de voces domingueras? Definitivamente, me colocaré la de don nadie, pasaré desapercibido, me quejaré sin que se me escuche, caminaré sin que se me vea, sonreiré a la muerte sin que su guadaña me abarque y me tomaré un café con tostadas sin dejar propina (o sin pagar).

¡Qué horror!, ¡vaya desorden! El armario parece un stand de grandes firmas rebajado al 70% el primer día de rebajas. ¿Dónde estará la máscara de don nadie? Bueno, mejor me quedo con mi cara, mi casa, mi gato y mi aire acondicionado. A los que me esperaban en la esquina o en la playa les remito a mañana cuando, después de haber ordenado el amasijo de roles, luzca la cara que esperaban de mí, o no.
photo by marga ferrer

martes, 5 de agosto de 2008

Viajes forzosos


Diez días fuera de casa le bastaron para echar de menos su sofá orejero, el canasto de las palomitas, el mando a distancia y las revistas de dudosa reputación que conservaba bajo el colchón de la habitación de invitados. Nunca le gustó viajar y menos a países con costumbres antónimas a las suyas, sin gusto para preparar un plato de comida en condiciones, con lugareños escasamente noctámbulos y poco dados al chiste fácil. Se preguntaba qué hacía en un lugar como ése, sin conocer ni una palabra de aquella lengua tan extraña, perdido en un lodazal de agua, polvo, monóxido de carbono y azufre.

No hay que morir sin conocer mundo. Ya, pero no tanto, se decía. No le gustaba viajar pero cada verano hacía las maletas para poner rumbo hacia destinos perdidos. Lo importante era poder decir que había estado en tal o cual lugar con un carrete de fotos como testigo y dos o tres figuritas de recuerdo que decoraran la estantería de objetos exóticos, ubicada justo detrás de ese magnífico sofá que ahora echaba de menos. Un té rojo de las comarcas lindantes con el Himalaya le había devuelto a la realidad, a la nostalgia del anuncio de nescafé, a la confortabilidad de la pereza hecha hogar. Todavía le quedaban once días en aquel infierno, doce para volver al trabajo.

Si no hubiera almas a quien contar los viajes, ¿viajaríamos?
photo by somos

lunes, 4 de agosto de 2008

La tienda de discos


Regresó a su ciudad natal diez años después, con el dinero de su primera nómina, soltero, sin compromiso y deseoso de recorrer los rincones de su adolescencia, aquellos lugares en los que comenzó a tomar decisiones sin el beneplácito del consejo paternal, donde se equivocó hasta decir basta, donde se emborrachó, recibió su primer morreo y vomitó sin contención. Quería pisotear las esquinas que lo vieron cruzar cada viernes por la tarde, las bocas de metro donde esperaba la llegada del amigo impar, el bar de los bocatas de calamares, los minis de cerveza y los chupitos de tequila con sal marina servida por el mismísimo diablo. Tenía el dinero que le faltaba por entonces pero estaba solo, sin nadie con quien masticar el recuerdo de su época dorada, la de la despreocupación, la gomina sin medida, el pase de la discoteca de moda, el relaciones públicas, el reservado, el cointreau con piña.

Tenía dinero, pero estaba solo. Nadie sobrevivió al cambio de compás, como mucho quedó alguno enganchado a la vida familiar de hipoteca, letras, plazos y centros comerciales. Él huyó a tiempo, aunque ahora le tocaba recorrer la zona cero sin nadie. De repente, una bombilla le iluminó el cerebro. Como poseído por un brote de impaciencia, aceleró el paso, encendió su sentido de orientación poco actualizado, se perdió entre fincas del desarrollismo feroz del ladrillo, rodeó neones de nuevo cuño, pisó alfombras heredadas de Broadway, percibió acentos multilingües, escuchó voces diferentes, cierres sin persianas, peluquerías, almacenes orientales, fruterías, edenes de telefonía, locales de gadgets, cafeterías empaquetadas para llevar, refugios de adivinos… ¿Y mi tienda de discos? Quería gastarse en música el dinero que nunca pudo dilapidar cuando era púber pero su oasis musical había desaparecido, engullido por los itunes, los mp3, mp4, iphones… Tenía dinero, pero no era consumista, era auténtico.

Una lágrima fue la herencia que dejó en el asfalto de una ciudad a la que no regresaría jamás.
photo by somos

domingo, 3 de agosto de 2008

Telespectadores engañados


La pretemporada de fútbol sirve para que los equipos adquieran cierto rodaje de cara al inicio de la competición oficial en innumerables bolos veraniegos. A tenor de lo visto en los últimos días en las principales cadenas de televisión y de lo leído y oído en el resto de medios que acompasan su estrategia manipuladora, la pretemporada también es un ensayo sobre cómo intentar engañar al aficionado. No es que tenga nada contra la emisión de partidos en diferido, lo que me molesta es que, de nuevo, las cadenas que los programan, pretendan asaltar la inteligencia del telespectador al no advertir de la redifusión de ninguna manera, como si en pleno siglo XXI fuera difícil desenmascarar la mentira y conocer que el partido ya se ha disputado o que se está retransmitiendo con media hora de retraso.

Lo más grave es la sintonía de intereses que exhiben el resto de medios de comunicación pertenecientes a los grupos que auspician el engaño. Como ejemplo, recurro, entre muchos, al esperpento de la Emirates Cup emitida por ‘la Sexta’. Durante la tarde del domingo, el Real Madrid disputó su partido frente al Arsenal, programado en la televisión de Mediapro a las 21 horas sin advertir a la audiencia de que el producto que iban a ver sería en diferido. Para más inri, el periódico deportivo del grupo, el diario ‘Marca’, a las 19 horas daba cuenta en su página web, permanentemente actualizada, de una lesión de rodilla del centrocampista holandés del club merengue, Sneijder, sin contextualizar que el problema en la articulación lo padeció en el desarrollo del partido contra el Arsenal. ‘El Mundo’, de la misma colla y a la misma hora, anunciaba en la portada de su web el contratiempo del jugador sin dar cuenta tampoco del resultado. La intención ulterior no era, pues, informar puntualmente de una circunstancia de actualidad, sino esconder a los lectores de la versión ciberespacial del ‘Marca’ y de ‘El Mundo’ que el partido que iban a ver en su hermana ‘la Sexta’ no sería en directo ni, por lo tanto, desvelar el resultado que mermara audiencia en el prime time de la televisión.

Llama la atención el planteamiento infantil de los responsables de estos medios de comunicación. El Real Madrid perdió 1-0 y se conocía a media tarde a través del teletexto de TVE, de la página web del diario ‘AS’, de la de ‘El País’, de la versión ciberespacial de los medios ingleses, de cualquier soporte informativo distinto a los del grupo de ‘la Sexta’. ¿Ridículo o esperpéntico? Si supieran que los telespectadores gozan de cierta inteligencia dejarían de emitir mostrencos, apostarían por la verdad y se dejarían de burdas manipulaciones.

JJOO, intrahistoria


Los Ángeles 84, primera cita olímpica que recuerdo con nitidez. Mis hermanas, mi hermano y yo aprovechábamos el verano para acompañar a mi padre en sus viajes por la península, dado que el resto del año sólo le veíamos los fines de semana. En aquel periodo estival de hace 24 años, ellas fueron con él a Andorra donde, además de comprar numerosos objetos fetiche para todos, regresaron con libretas Enri de color azul de tamaño octavilla convertidas en auténticas, caseras y cariñosas guías del acontecimiento deportivo que comenzaba por aquellas fechas. Tuvieron la paciencia de recortar fotografías, gráficos y dibujos procedentes de periódicos, revistas y suplementos especiales publicados en la época para ilustrar oportunamente cada una de las disciplinas deportivas que previamente habían organizado en las páginas de tan insigne documento.

El bronce de Abascal en los 1.500 metros y, sobre todo, la medalla de plata de la selección española de baloncesto son los recuerdos que se anclaron en mi psique y que ahora recupero con motivo de la inminente celebración de los JJOO de Pekín 2008. Como los horarios de la costa oeste norteamericana diferían en unos cuantos husos respecto a los de la península ibérica, acordé con mi madre, despertadora oficial del reino familiar, que me borrara del sueño para ver en acción a los Solozábal, Corbalán, Jiménez, Arcega, Iturriaga, Fernando Martín, Llorente, De la Cruz y compañía. Desde entonces, cada cuatro años existe un motivo para el análisis personal, la retrospectiva de mi evolución, el hito fidedigno donde recuperar anécdotas, historias y cuentos que son una delicia para el que suscribe, amante de las emociones recuperadas a tiempo y del diálogo con la intrahistoria.

Pekín 2008 llega con otros argumentos, con una inédita elite de deportistas españoles encabezados por Nadal; un basket moderno con Gasol, Rubio, Fernández, López, Garbajosa, Navarro, Calderón…; cronómetros de última generación, weblogs, 3’5G, iPhone, HTC Touch Diamond, GPS universal, Google Earth, Facebook, videollamadas, vuelos baratos, EOS Mark III… Con todo, yo me he reservado una libreta azul donde anotar mis impresiones y un despertador para no perderme los hitos que se celebren en el extremo oriente del globo, a miles de kilómetros de mi ilusión, de mi afición y de mi estación vital con destino a los futuros JJOO que, algún día, llegarán para despedir mi existencia.
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sábado, 2 de agosto de 2008

Logia gatuna


Entraron en el recinto revestidos de incógnito, sin la vitola de protagonistas, sabedores de su escasa importancia en la logia. Nadie conocía a nadie, pero todos se miraban de reojo para identificar quién estaría bajo aquellas máscaras carnavalescas, decimonónicas, portadoras de sonrisas estériles, miradas vacías y maquillaje veneciano. Sin tema de convocatoria, los francmasones buscaban un motivo para discutir sobre avances científicos, mentiras periodísticas o verdades filosóficas.

El que tomara la palabra debía hacerlo con la seguridad de que sus frases tuvieran el peso necesario como para cortar de raíz el murmullo sostenido que reinaba en la sala. Una estancia hosca, húmeda, con arcos de herradura repartidos por ventanales ciegos coincidentes con dos pasillos laterales encontrados en una girola sin altar, bajo una bóveda sin angelotes, frente a una nave central sin imágenes religiosas, presidida por bancadas de sabiduría impartida hace siglos, con carcoma perenne, crujidos estáticos y una pátina de suciedad pringosa. Cien candelabros, una alfombra hecha jirones y el escudo heráldico de algún noble sin memoria completaban la escena donde, tras unos minutos de confusión, Efrén pronunció las palabras que silenciaron la logia: “He resucitado a mi gato”. Repitió el mensaje una vez más debido a que unas voces tardaron en apagar definitivamente el murmullo. “He resucitado a mi gato”.

Quien creyó haber encontrado el elixir de la eterna juventud acababa de extender la maldición del gato Mantenophis. Nadie volvió a hablar, los que acudieron aquella tarde a la logia sufrieron la ira del felino ancestral en sus carnes, padecieron largo sufrimiento, torturas, pesadillas por sueños y sed sin remedio. Pasaron 30 años hasta que murió el último, Efrén. Falleció en la retorcida soledad del ausente, con un último maullido de lamento convertido en eco de desdicha eterna.
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viernes, 1 de agosto de 2008

Blog del siglo XX


Cuando Josep Pla escribió sus dietarios nunca podría haber imaginado la revolución tecnológica que sobrevendría en el siglo que no le tocaría vivir. Analista del detalle, observador escrupuloso, maniático de la costumbre, irónico del acontecer, paisano de sus gentes, descriptor exquisito, Pla luce en Cuaderno Gris de manejo del lenguaje y de entrega vital al servicio de los ojos privilegiados que acceden a la lectura de un blog del siglo XX.

Las actuales bitácoras que se precian de dar cuenta de cotidianeidades encontrarían en el maestro catalán una buena referencia donde abastecerse de recursos descriptivos. Cuaderno Gris es un paseo que Pla emprende por la comarca que le vio nacer en el Empordà (Llofriu, Palafrugell, Calella…), por la Barcelona de primeros del siglo anterior y por la idiosincrasia catalana de una época lejana en el calendario pero común a las costumbres, folklore y tradición heredada de entonces. Precisamente, el mérito de unos escritos como los que presenta Pla en su dietario estriba en la actualidad que mantienen vigente 100 años después. El lector tiene la sensación de recuperar pasajes propios de escenas de la vida rural, de veraneos en la playa, de la urbe. Sensaciones personales elevadas a la categoría de percepción asimilada por un imaginario colectivo estimulado ante tamaña soltura de observación escrita.

Independientemente del estigma político que le hayan colocado, leer un dietario como Cuaderno Gris supone un aprendizaje sobre cómo decir las cosas sin ser engolado en las formas y conseguir transmitir un fondo repleto de sensaciones cotidianas.
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PLA, J.: El cuaderno gris, Destino, Colección Ánfora y Delfín, Vol. 833, Barcelona, 2005.