martes, 29 de abril de 2008

Enlatados


Hay muchos escritos que circulan por la red y por el papel, tabloide o libroide, que apelan a sentimientos de uso social, poco comprometidos y que delatan la emisión de un cumplido a la espera de ser respondido con otro. Primos lejanos de lo correcto, de lo que hay que decir, de lo bien expresado y de los estereotipos que nos salpican al posar nuestra suela sobre las aceras de chicles de la ciudad. Falso compromiso, sentido justiciero en serie, ética de cartón y pensamientos aprehendidos sin haberse destripado con documentos, componen ese galimatías del saber estar por escrito. No sé si mis reflexiones contribuirán a alimentar el objeto criticado, pero si ocurre espero que ningún comentario se refiera a la tranquilidad que debería mostrar ante otras construcciones peores.

Correr la cortina de la autocrítica gusta poco, pero si es necesario la quitamos. Dejamos a la vista, pues, el mecanismo del que fluyen unos pensamientos que escapan de la conserva donde terminan todas las letras engarzadas destinadas al olvido. De ir enlatadas, que vayan sin la cubierta abrefácil que las ahoga y que caduquen pronto para pudrirse en el sentido más perecedero de su presencia. Así no se convertirán en cumplidos sin rumbo, en eslabones de consuelos, de refranes populares al estilo del ‘mal de muchos consuelo de tontos’. No nos consolemos con la desgracia ajena, ni edifiquemos sobre ella artilugios de la palabra encaminados a quedar bien con el afectado o a mirarnos el ombligo por haber parafraseado tan bien los consejos de la abuela, las ideas de moda o lo que dijo el otro día mi amigo, tan aplaudido en el foro de las mentiras a medias. Menos polvo de talco popular y más alegría impopular.
photo from Depeche Mode's 'A broken fame' album cover

lunes, 28 de abril de 2008

La administración


Mala noticia encontrarán estos días los que pensaban buscar suerte en una administración de lotería sin igual. Ubicada en el casco viejo de Valencia, en la calle Cardá, ocupa el bajo de una finca sin memoria, estirada, cuadrangular y fina como un tagliatelle, parecida a los edificios imposibles de las viñetas de Ibáñez. Mala noticia, digo, porque desde hace unos días ha quedado arrinconada por vallas metálicas, grúas, martillos, compresores, cimientos, pilotes y demás aperos de la jerga del ladrillo. Perderá su espléndido aislamiento, se quedará más sola que antes, sin la exclusividad cómica de sus formas, enclaustrada en una nueva manzana con una compañera de fatigas más nueva, más reluciente, con garaje, ascensor, domótica e inquilinos de los que no juegan a la lotería porque ya les tocó hace años o porque para ellos es un rasgo que, fuera de Navidad, estropea sus qué dirán aterciopelados.

¿Prejuicios? Quizá, aunque está claro que la pobre administración se quedará sin el encanto ruinoso del que hacía gala para conquistar las emociones de la gente de bien y de mal predestinada a invertir parte de sus ingresos en el azar de unos números revoltosos, caprichosos e injustos a los que puede molestar el ruido de las obras o la nueva manzana en su arriesgada misión hacia el premio de la suerte.
photo by marga ferrer

domingo, 27 de abril de 2008

8 años después


Salgo a la calle y destripo a los viandantes hasta dejarlos ligeros de responsabilidades, proclamando a los cuatro vientos en mi conciencia lo afortunados que son los que se saltan un paso de cebra luciendo loro y volumen en el coche; los abuelos que caminan a ritmo antiestrés analizando con ojos expertos cada escena de lo cotidiano que se postra ante ellos; las púberes recién disfrazadas a espaldas de sus padres para abordar la tarde en una discoteca light sin alcohol en la barra; el niño del monopatín que cae como pelota de goma contra el suelo con la banda sonora de las risas de sus colegas de fondo; el camarero que fuma un pitillo a las puertas de un restaurante abierto después de barnizarlo en lejía; carritos de niños que vienen y van, hoy portados por sus padres, mañana por sus abuelos; terrazas de horchata y helados de turrón reciclado en Jijona; los ‘paí’ se han cambiado por los ‘ché’ o los ‘nano’; ropa de entretiempo llevada por gente de relleno; personas grises iluminadas por la suerte de no tener que estar frente a un ordenador escribiendo las obligaciones contraídas por el protagonista de la historia.

Luego cae la noche. El ruido, fuera; la quietud tensa, dentro. Las paredes de casa se encogen y el silencio de la oscuridad sólo es aliviado por la tenue presencia de un flexo de nuevo cuño, importado de China, muy lejos de aquel trasto rojo sacado de una tira de Rompetechos o del Botones Sacarino. La luz que proyecta es blanca, como el folio que no avanza, como la mente, sí blanca. Hay más soledad, pero el olor es el mismo que el de hace ocho años; hay más madurez, pero el café sabe igual que el de hace ocho años; hay menos presión, pero la responsabilidad por cumplir los plazos es la misma que la de hace ocho años; voces radiofónicas diferentes calcan el mismo tintineo, las mismas sintonías que entonces, el mismo AZ8262 de Philips; nevera más llena, algo ha cambiado; no hay humo, ni excusas para la paradita del pitillo auxiliador que convocaba a las musas de la inspiración. Prisas de última hora, como hace ocho años. El tiempo se acaba, el trabajo doctoral también. Sonrío, como hace ocho años, pero ahora como alguien más adulto; o no, da igual.
photo by somos

sábado, 26 de abril de 2008

Ni le mires


¿Ese? Está como una chota, mejor lejos que cerca, ni le mires. Opinión de una persona cuyo subordinado, admirado, venerado o ninguneado ejecuta su trabajo con la pulcritud del maniático y la calidad imperfecta del ser humano. Tendemos a juzgar a las personas por cómo son más que por lo que hacen, prevalece la evaluación de las actitudes sobre las aptitudes. “Me niego a leer el libro de ese papanatas, ¿no viste con qué facha salió el otro día en la tele?”. Y yo pregunto, ¿qué tiene que ver el aspecto, las impresiones o la forma de vestir de un escritor con la calidad de lo que publica?, ¿o es que por poseer un mal aspecto vamos a dejar de leer una obra maestra? De nada serviría mostrar una presencia impecable, como el marketing que maquilla a numerosos bodrios, si después nuestros ratos de intimidad con el libro producido quedan marcados por la somnolencia o el aburrimiento que lo deja abierto de piernas sobre la mesa más empolvada de la casa. Prefiero malas artes, peores formas o suciedad en el autor y llorar de risa o de pena con sus historias; antes que caer en la trampa de sonrisas marfileñas cuyo mensaje subliminal esconde algo así como un “cómprame esta mierda que ni siquiera he escrito yo, gilipollas, no te arrepentirás”.

Acabo como empecé, con los libros en la estantería y reflexionando sobre las cuestiones que nos impiden ver más allá de las apariencias, ¿o Van Gogh no estaba también como una chota? Unos inventan, otros progresan; unos crean, otros se aprovechan; unos mean, otros beben cerveza. Puaj.
photo by somos

viernes, 25 de abril de 2008

El contrato


Renuncia usted de por vida a expresarse fuera de los límites establecidos en el contrato que hoy formalizamos. No podrá recurrir a metáforas, ni hablar de lo que convenga, ni escribir sobre lo que le plazca so pena de dar con sus huesos en la mazmorra donde nadie recuerda el camino de vuelta a casa. Le quitamos el uso libre de la palabra a cambio de 100.000 euros libres de impuestos. Con el dinero sí hará lo que le dé la real gana, siempre y cuando no invierta ni un céntimo en habilidades relacionadas con la prohibición del uso de la palabra en los cauces establecidos. Ni su familia, ni las personas que soborne, ni los criados que contrate estarán capacitados para pronunciar una sola letra fuera del pacto. Nadie sabrá violentar los cauces del acuerdo porque habrán sido configurados para obviar cualquier acción que lo vulnere. Olvídese de lo que ha vivido y dispóngase a empezar una nueva vida.

A los cinco meses Roberto apareció muerto, en avanzado estado de descomposición y con signos de violencia, en el margen derecho de un riachuelo gris. Portaba una nota escrita, secreto de sumario a los ojos de otros pero no de los que leen estas líneas. “He decidido recuperar el tacto de mis personajes, la injusticia de opiniones vertidas con la libertad del analista, el sabor amargo de una crítica fundada, la magia del llanto nacido de palabras enamoradizas, el sentido de una vida desordenada a merced de golpes de creatividad encontrados en resacas perdidas y solitarias, la canción cuya letra fue sancionada al hablar de lo nuestro. Sé que voy contra las reglas, pero el pis contenido, las ganas de gritar con tinta, de introducir la empuñadura del bastón de mi abuelo por la boca para arrancarme de cuajo la ansiedad de estos meses sucios, han podido más que un autógrafo plasmado en papel mojado. No me quema morir al margen de una ley sin alma”.

Las palabras y su poder siempre serán objetivo de la censura. Ni el dinero, ni la dureza de los golpes terminarán con la terquedad de los inconformistas. Débil el que firma, tirano el que prohíbe.
photo by javier montes

jueves, 24 de abril de 2008

Privado


Softjazz. Cubitera glasé sudando exquisitez. Exquisito el momento. Reconstrucción, análisis y parodia de los problemas cotidianos. Ambiente rosa con cubiertos relavados en un lavavajillas industrial sin aliento o, mejor dicho, con el vaho del trabajo bien hecho. Trato amable, muy amable, porcentualmente hablando según el valor de la reserva. La botella es estirada, más propia de bebidas espirituosas con una gradación superior a la demandada. Una mesa cercana emite conversaciones predeterminadas en estéreo, al compás de un ligoteo estéril; otra, habla con la sabiduría de la madurez sentimental asentada en la educación del saber vivir, bien. El cava es catalán, en Valencia, al pedirlo no se han tenido en cuenta lobbies de consumo absurdos impulsados por prejuicios. Estamos en un privado, en un momento personal de los que se consideran homenaje. Es un privado, en nuestro privado. Privat Laietà. Salud.

P.D.: Cualquier parecido con un mensaje publicitario es pura coincidencia; con la realidad, también.
photo by somos

miércoles, 23 de abril de 2008

Ciberpersonalidad


Escribió su nombre en google. Comprobó que no aparecía en la primera página de resultados, había muchos nombres como el suyo en la galaxia www. Suspiró aliviado para ahogar el temor arrastrado, el de ver reflejada su condición de oportunista en el mostrador de las verdades escritas. Estaba convencido de que si su nombre hubiera destacado entre otros por algún motivo que escapara a su control algo raro ocurriría. No fue así, sólo pudo ver sus iniciales plasmadas en un enlace escondido en la undécima página, en el de la cadena de supermercados donde compra habitualmente y donde hace dos años ganó la cesta de Navidad que sorteaban entre los clientes habituales. Lo único que ganó en su vida, pensó. “Un miserable lote navideño que se quedó mi madre porque sólo utilicé el whisky de medio pelo que contenía”.

Su incursión en google le devolvió a la realidad más ácida, a la del don nadie marujo en la selva de las oportunidades. Aunque, mejor pensado, llevaba aparejado un tesoro: el anonimato en la era de la intimidad despedazada. Quizás porque nunca se registró en portal alguno, por ser uno de los pocos humanos del mundo desarrollado sin cuenta de correo electrónico, por no pertenecer a ningún club de frikis, por no disponer de sitio propio en la red o por no haber visitado ningún juzgado de cualquier instancia. Un ser libre, sin personalidad virtual, pero libre.
photo by somos

martes, 22 de abril de 2008

Buenos días


Agua fría. El despertador suena mientras se eriza una piel acostumbrada a recibir jarros de hielo matutinos. Cantar es inútil; la mandíbula está encasquillada. Los pezones, los testículos y el cuero que soporta el mocho de pelo están acartonados. Hay una extremidad que se salva de la quema, nunca peor dicho: la mano derecha, es diestro. Actúa mareando la alcachofa unos segundos, extendiendo champú otros. Quiere alcanzar el récord de ducha doméstica en condiciones básicas, pero sus reflejos están atenazados por el sueño no dormido, lo que incrementa la torpeza de gestos en la escena. Le pican los ojos, por el sueño claro, pero también porque se la ha metido jabón al aclarar la poca espuma fabricada en su cabeza. El despertador sigue sonando, ya queda menos. Cierra el grifo, supone que después saldrá menos fría, cuando tenga que eliminar los restos de gel que extiende por su cuarteado cuerpo con una sola mano, la derecha, que ya se ha dicho. Abre el grifo, ¡joder!, sale más fría. No tiene mucha presión, tardará más en acabar. Por más que sostiene firme el grifo sobre las axilas el jabón no se va, parece que se ha quedado adherido, lo mismo le ocurre en los genitales. El despertador agoniza, los vecinos también. Termina la tortura. ¡Mierda! Se le ha olvidado coger una toalla. Abandona el baño mojado, helado, sin aliento. Atraviesa la habitación, abre la puerta, sale al recibidor y del taquillón coge la dichosa toalla. Se la pone encima como si hubiera llegado hasta allí en patera. El despertador sigue sonando. Corre de nuevo hacia la habitación, resbala con su propio cerco de agua, revienta contra el suelo. Se despierta con el ruido del despertador, veintitrés minutos después. Tirita o tiembla; quizá sea de frío, quizá sea de miedo. La sangre sobre la que chapotea es suya y la sien, también. Duerme, sueña, muere.
photo by somos

lunes, 21 de abril de 2008

Cementerio de vampiros*


Incapaces en hora. Todos llegan al lugar convenido, a la hora marcada en sus miserias para cumplir funciones sin reflejo de dignidad. Cuando la voz habla, callan sabedores de que una torpeza ridícula puede alejarles de la comuna. Se convierten en vigilantes de sí mismos, de los otros y de nadie en una carrera delatora en pos de obtener el favor del máximo. Ninguno posee conocimientos vertebrados, tampoco han sido educados con perspectiva, no era conveniente que lo hicieran, según la dinámica dictada. Si pensaban podían caer en el absurdo de su analfabetismo impuesto, de su mediocridad consabida y de su infidelidad corpórea.

La farsa funciona hasta que la luz incurre de lleno en una de esas escenas y caen en la cuenta de que su fortaleza débil se resquebraja. Traidores, no hay; la ignorancia como peso específico les sepulta para siempre sin opción a rebatir un porqué inscrito en la memoria de los que sufrieron su desdicha.
photo by somos

*Vampiro: persona codiciosa que se enriquece por malos medios, y como chupando la sangre del pueblo (Diccionario de la Lengua Española)

sábado, 19 de abril de 2008

Cassettes


O cintas de audio, da igual. Lo importante no es cómo denominarlas, sino las historias que guardan en su interior, calladas, sin opciones ya de recuperar el protagonismo perdido. Acumuladas en los cajones del olvido, las cassettes pasaron a mejor vida, sufridoras de una cadena perpetua sin opción al recurso. Compartían estanterías con los vinilos en las fructíferas tiendas de música ochenteras y noventeras. Llegó el cd y mató antes a su hermano el disco, pero sabían que sus días estaban contados, como ahora los del cedé. Al colocar trastos inservibles en casa, se me ha caído en los pies una caja de las que compras en el todo a partir de un euro (de plástico, con una tapa a lo tupper y dos ruedas encasquilladas que incumplen su función). El impacto, además de dejarme un cardenal en el dedo gordo del pie, ha provocado que decenas de cintas se desparramaran por el firme pidiéndome ser revisadas.

Gabinete Caligari y su “Camino Soria”, Prince y “Graffiti Bridge”, rarezas de Depeche Mode grabadas de un programa de radio, Sisters of Mercy en el Albert Hall de Londres (pirata), grabaciones de universitarios encarcelados en Alcatrasanz, Las Novias, Vangelis, Rage Against de Machine, Guns and Roses, música de un garito que se llamaba Bocaccio en Madrid, Rosendo, Héroes del Silencio y sus “Senderos de Traición” (adquirida en el Vip’s de Princesa en 1991, al salir de la discoteca Central, antes de coger el metro de regreso a casa), pases de salas de fiesta firmadas por el relaciones públicas de turno incrustados en la carcasa rota de una cassette TDK D90 de ferro, no de cromo…

Ferro, cromo; cintas vírgenes tuneadas con las pegatinas que incluían en su interior, con fotocopias en color del original, con las letras escritas a mano de las canciones más sonadas. Cuántas opciones, cuántos recuerdos y qué pocas posibilidades de rescatarlos en formato musical porque ni siquiera conservo el aparato donde apretar play.

viernes, 18 de abril de 2008

Cuestión de reflejos


Hoy, como todos los días de mi vida, me he mirado al espejo. Todos lo hacemos, al menos una vez cada jornada, al lavarnos los dientes, al vestirnos, al pasear por la calle, al probarnos una prenda nueva o al arreglarnos. Si registráramos ese instante íntimo en un disco duro cada vez que nos expusiéramos al reflejo del tocador, obtendríamos como resultado, a modo de collage, una radiografía precisa del envejecimiento. Esto me recuerda a una de esas películas imposibles que pasan a la historia por la anécdota de una percepción más que por la calidad de su metraje. Muestra de ello es que no recuerdo ni siquiera el título, pero sí la escena en la que el protagonista, un comercial de una empresa que vendía a las familias de los muertos reportajes sobre su ser querido, cortaba y pegaba los fragmentos de vida de uno de sus clientes al mirarse en el espejo. Al colocar todos los frames juntos, el resultado, en apenas un minuto, era el espectacular envejecimiento del personaje frente a su reflejo. La tecnología empleada se basaba en un chip con microcámara introducido en el cerebro del cliente que grababa toda su vida para que pudiera ser compartida cuando muriera por sus seres queridos.

¿A qué viene esta reflexión? Pues a que prefiero no ser consciente del paso del tiempo.
photo by somos

jueves, 17 de abril de 2008

Rabia


Agazapado en su interior convulso ahogó sus meses de enfermedad sin mostrar señales de recuperación. Siempre había sido valiente pero se acomodó en la versión mártir del cuidado cariñoso, de la bondad sin ambages de la persona que le acompañó en la salud y en la enfermedad hasta que la muerte los separase. Aficionado a la parquedad de palabras, padrino de la acidez de frases sin desenvolver, torturador psicológico de almas generosas, afilador de cuchillos sin utilizar; quedó sentado en el trono de la desdicha, espetó a cada cariño con la avilantez del desagradecido, del amargado, del que arguye experiencia para no dar la razón a quien sólo pretende insuflarle palabras de aliento. Castigado por una vida áspera de inicio, no vio el edén que le brindaron los capítulos venideros, de color pastel, de espuma blanca en un rompeolas a prueba de erosión. Otra espuma, la de la rabia, acabó con él y se llevó por delante el castillo de naipes de su vida.

Sin ilusión, sin crédito, sola, recogió la baraja y la guardó en el cajón, junto a las fotos y diapositivas de aquellos años felices en los que el sol dibujaba siluetas infantiles en los tejados de la ciudad nueva.
photo by somos

miércoles, 16 de abril de 2008

Un producto agotado


Salvo que vaya el rey, ‘Tengo una pregunta para usted’, programa importado por TVE de su hermana francesa, tiene las secuelas contadas. La presencia ayer del seleccionador español de fútbol, Luis Aragonés, sufrió un pinchazo esperado. El listón estaba muy alto tras haber desfilado por el mismo plató los políticos más representativos del país en las siete ediciones anteriores, incluidos Mariano Rajoy y José Luis Rodríguez Zapatero, que lo hicieron hace un año. Como bien introdujo Luis Aragonés, no es hombre mediático aquel que se encarga de entrenar a unos jugadores de fútbol. Menos aún el que conduce los destinos de una selección negada con el éxito y escasamente sentida como equipo por una afición más preocupada del color de sus amores, del fichaje estrella desu club para la próxima campaña y de si el Barça hará el pasillo al Real Madrid en el partido que disputen el próximo mes de mayo en el estadio Santiago Bernabéu.

Estaba, pues, condenado a un fracaso confirmado por el juez de la tele, el dichoso share que todo lo evidencia. Yo, como otros muchos, supongo, sintonicé la Primera para ver cómo se desenvolvía una persona acostumbrada a dar la cara en otros escenarios más ruidosos. Morbo más que interés, al fin y al cabo. Un formato excesivamente largo terminó de echar a los pocos, futboleros o no, que se pusieron frente a la pequeña pantalla, hoy de plasma, plana, sin tubo, panorámica y liquidable en 520 cómodos plazos. A ver si esos mismos aparatos registran el esperado éxito de Luis Aragonés donde le toca, en el césped de los campos de fútbol de Austria y de Suiza, en la Eurocopa 2008.
photo by somos

Verjurado


Escribo, tecleo en este blog, sobre un tapiz virtual de tacto rugoso que imita al papel verjurado en el que deposité años atrás litros de tinta de esperanza, de trabajos entregados a destiempo, de reflexiones agarradas a la crin de un caballo desbocado que, con un galope sísmico, propiciaba trazos discontinuos, camuflados de ambición bajo el mismo foco que iluminó al hombre bala del circo. La lona de ese circo hoy está hecha jirones, el equino ha dejado de estar en celo y el papel quedó mojado en unos casos, húmedo en otros, en algún cajón, quizá.

El tacto del papel verjurado es como el de una camisa de lino almidonada, como el de la piel lavada con Lagarto, o el del bonobús de antaño, cuando los políticos ni siquiera se atrevían a emplearlo en sus cuitas electorales. Internet era para unos pocos, las máquinas de escribir acababan de dejar paso libre a Worpad y éste a Microsoft Word. El síndrome del cambio de siglo se presagiaba cinco, cuatro o tres años antes, según la versión apocalíptica de cada lobby implicado en causar alarma social. Sin quererlo, las teclas suplieron a las letras aprendidas con celo en la escuela básica; los rumores dejaron de molestar a la vuelta de la esquina al cambiarla por un cable cada vez más ancho; y las papelerías mermaron sus ventas de escuadras, cartabones, reglas, subrayadores, lápices y estuches Pelikan.

Diez, once, doce o trece años después de aquella transición, me asomo al paso del tiempo desde mi folio en lcd, recién cambiado hace unos meses porque el armatoste anterior, aunque eficaz, servil y silencioso, no cuadraba con el momento histórico del todo en un clic. Veo evolución, claro, pero me atosiga pensar en las esclavitudes de las nuevas tecnologías. Me gustaría doblar el folio, pero no puedo.
photo by somos

martes, 15 de abril de 2008

Sesión de buceo


Bucearon hasta que la piel les avisó de que la temperatura del agua alcanzaba niveles peligrosos para su integridad física. Bueno, más bien, hasta que la torpeza dijo basta. Salieron a la arena tras haber divisado erizos, caballitos de mar, salmonetes y otros peces de dudosa identificación a los ojos de un aficionado. Tan aficionado que, al inicio de la sesión, cuando ella ya se había sumergido hacía unos minutos en el agua le divisó aún en la orilla en actitud patosa, mirando los artilugios que contenían sus manos como si quisiera adivinar el significado de un cuadro surrealista. Entre risas nerviosas, propias de quien no cae en que ha elegido compartir su vida salvaje con un urbanita sin tablas de marinero, le enseñó el simple mecanismo de colocación de las gafas de buceo y el esnórquel. Aún así, y, a pesar de la rapidez simulada con la que asimiló los preceptivos consejos, él estuvo durante casi toda la inmersión más pendiente de que la cinta no le doblara la oreja izquierda hasta hacerla reversible y de que en el intento no penetrara el agua que se acumuló finalmente en el esófago hasta convertirle en una desalinizadora humana. No hizo falta que ningún tiburón les animara a salir, la temperatura aludida fue el mejor pretexto para poner punto y final a una experiencia con sabor a sal. De fondo, chillhouse.
photo by somos

lunes, 14 de abril de 2008

Un post histórico


Porque lo digo yo, ¿para qué esperar a que los cronistas o el tiempo me den la razón? Me limito a seguir la tendencia actual marcada por los comunicadores que, contagiados por la emoción puntual de algún evento, ya sea deportivo, político, económico o cultural, etiquetan la percepción que de los mismos reciben bajo el epígrafe de “pasará a la historia” o “siéntanse privilegiados porque asisten a un momento histórico”. Demasiados momentos históricos solapados en un espacio que, en términos seculares, es bastante reducido como para asumir tanta carga de importancia. Acontecimientos sobredimiensionados desde el instante en que es una televisión y no la de la competencia la que tiene la exclusiva de la retransmisión; es una cabecera y no la de enfrente la que ofrece la visión de una firma de prestigio a golpe de chequera; o es una emisora de radio la que accede en exclusiva a la posibilidad de unas declaraciones tras una onomástica señalada y las catalogan de históricas.

El fin de semana ha habido, según han rezado los medios de comunicación, numerosos momentos históricos. Sin retroceder mucho en la memoria, el nombramiento de una ministra de Defensa, el podio español en el gran premio de Moto GP, el gol marcado por fulanito desde un lugar inverosímil del campo, o este post se erigen en flashes que nuestro nietos recordarán cuando abran sus libros de texto o repasen en google los nombres destacados de sus antepasados. ¿Quiénes somos para establecer qué es historia y qué no es?, ¿por qué para TVE es historia una victoria en un gran premio de motociclismo y no los dos mundiales de Fernando Alonso en automovilismo?, ¿cuestión de ostentar, o no, los derechos de retransmisión?

Mucho me temo que el afán por acaparar el interés de la audiencia se asienta en la magnificencia de unos titulares cuyo sentido histórico pongo en duda. Como, lógicamente, también se lo resto al titular de este post, aunque me niego a cambiarlo hasta que no asistamos a otra forma más humilde de analizar las circunstancias que nos rodean. Frase para la historia…
photo by somos

sábado, 12 de abril de 2008

¿Y por qué no un ministro de igualdad?


El primer Ejecutivo de la historia democrática en España con más ministras que ministros, 9 a 8. La primera vez que la cartera de Defensa es asumida por una mujer. Zapatero ha dado a conocer hoy los nombres de su equipo de Gobierno con la sorpresa de haber apartado a su compañero de proyecto, Jesús Caldera, a quien podría haber premiado, por qué no, con uno de los ministerios de nueva creación, el de Igualdad, asignado a la ministra más joven de la historia, Bibiana Aído, de 31 años.

Si el principal motivo de orgullo del Presidente es el carácter paritario de su nuevo equipo y la presencia de Carme Chacón en Defensa, ¿por qué no haber dado un paso más y haber nombrado un ministro de Igualdad?; ¿no sería un gesto lógico y decidido en defensa de una verdadera igualdad?; ¿por qué son las mujeres las únicas que pueden guiar ese proceso? Se genera, pues, una nueva desigualdad con el pretexto de eliminar otra, y es la referida a que sólo pueda ser una mujer la que enarbole el discurso de los mismos derechos y las mismas oportunidades para hombres y mujeres.

Un hecho que se repite en la mayoría de asambleas legislativas autonómicas del país, donde también son las mujeres las que componen las respectivas comisiones de Igualdad, proyectando la imagen de que los hombres no quieran debatir sobre “las cosas de ellas”. Es una imagen nefasta, que también habría que modificar en aras de una verdadera igualdad. La duda es si no serán ellos los que rechazan asumir llevar la cartera de Igualdad o si la ven como una responsabilidad menor.
photo from www.psoe.es

La lámpara


Su luz ciega unos ojos aún dormidos, recién levantados de su reposo nocturno y salpicados de sueños en blanco y negro. Corona espacial de viajeros sin rumbo, letrina de vivencias cotidianas sin contar, columna sin estilo arquitectónico pero con tacto de niñez. Allí está, sentado a muchos kilómetros de distancia de ninguna parte y de todas las que poseen la llave de unas historias aparcadas en un milímetro gris de experiencia. Frankzburguer, Patmar, la mona Ramona, costillas con patatas, la muerte de la madre de H., lentejas picantes y desayunos de siempre llegan al auxilio de una evocación lumínica sin precedentes.

Sentado queda en una mesa diferente pero con esa luz familiar que todo lo abraza. Le hablan y no escucha; siente cada vez más de cerca el aliento de una sensibilidad desorientada por el derroche de imágenes sin proyectar. ¿Te queda mucho? No, no, ya voy. Pulsa el off, se levanta, sonríe y deja la luz encendida para repetir la experiencia a su regreso (la bombilla, de bajo consumo).
photo by somos

viernes, 11 de abril de 2008

Estoy en semifinales


No es que haya participado en ninguna suerte de torneo, ni siquiera he ganado una partida de ajedrez al Anatoli Karpov del barrio; soy un aficionado al deporte que anoche disfrutó de un partido de fútbol que me condujo a las semifinales que disputan los mejores momentos de balón toqueteados por mis ojos. El Getafe, el ‘Geta’ para los amigos, jugó al estilo que cualquier equipo, club o selección que se precie para sí querría. Perdió y con él la competición en su sentido más estricto, auqnue quedó demostrado que, por una vez, perder no merma el mérito del equipo derrotado al convertirlo en gesta. Caer como lo hicieron, en el último segundo de la prórroga, con 10 y ante un maniatado, pisoteado y asustado Bayern, se quedará en el recuerdo de quienes distinguimos entre una victoria segura de nuestro equipo, la euforia por un título y la sensación de felicidad que, desde ayer, he descubierto y que me ha producido un club ajeno a mis colores, pero no al fútbol en su esencia máxima. He llegado a las semifinales de la UEFA, pero a esas que se guardan en las estanterías de la épica del balón. ¡Aúpa Geta!

P.D.: El penalti fallado por Eloy en los cuartos de final de México 86; el primer Tour de Induráin, el gol de Koeman en Webmbley (1992), el gol de Nayim en la final de la recopa de 1995, la séptima del Madrid del gol de Mijatovic, las genialidades de Zidane y su golazo de la novena frente al Bayer Leverkusen, los cuartos de final del mundial de Corea y Japón 2002, el oro de España en el mundial de baloncesto 2006 y la noche del Getafe contra el Bayern en la UEFA 2008. Los mejores momentos que me ha brindado el deporte.

jueves, 10 de abril de 2008

La antorcha


La verdad, no sé hasta dónde llegará la antorcha en su recorrido hacia la ciudad olímpica, pero sí sé que su trayecto pasará a la historia de los juegos como uno de los más enrevesados. La costumbre milenaria de pasear la llama olímpica por los cinco continentes supone, hoy en día, un muestrario de quejas locales con vocación de convertirse en portadas internacionales. El foco que encienden los medios de comunicación es suficiente para despertar la convocatoria de seudoacontecimientos con el afán de reivindicar alguna causa noble aprendida de la lectura de titulares en formato moldeado, como la defensa de los derechos humanos, convertirse a la causa tibetana o boicotear los juegos.

Si atendemos al significado de la llama que porta la antorcha, la luz que guía el entendimiento, las reacciones que suscita se tornan absurdas por carecer, precisamente, del sentido de la metáfora. Al amparo de esa luz, el modus operandi de aquellos que reclaman no se qué mejoras internacionales ajenas a su circunscripción de intereses podrían barajar la posibilidad de utilizar otras herramientas. Aunque, claro, si los cómplices necesarios de sus causas son los primeros espadas de cada país, el desorden cobra sentido. Sarkozy, Brown, Bush o Merkel han sido los primeros en predicar con el ejemplo, los agitadores de una masa que prepara calderos de agua para salpicar de absurdo el viaje de la llama.

miércoles, 9 de abril de 2008

Don click


Parte de fotografía. A las 10, misa patronal con asistencia del alcalde y su séquito; a las 11:30, manifestación contra la autovía norte; a las 14:00, reunión quinquenal de mujeres solteras mayores de 50 años; a las 16:30, obras en el viaducto de San Pedro; a las 18:00, reunión de empresarios zurdos; y a las 20:00, entrega de los premios internacionales al mejor postor en la playa de los almendros. Click, click, click, click, click, click. Ya están en el servidor, me voy.

Al llegar a casa, posa la bolsa de fotografía en la entrada. No piensa en sacar más fotos, está cansado. Se le escapa un encuadre sin querer, pero lo convierte en golpe de vista hacia otro lado. La luz que ilumina el salón es perfecta para que su mascota salga difuminada con una sensibilidad ISO 1600. Otra vez. Cambia de pensamiento y acaricia a su gato, mejor así. Se prepara la cena y, al salpimentar la ensalada, un ruido procedente de la calle le paraliza los sentidos. Un atropello, una pelea, un navajazo. Corre a por el equipo, lo monta a velocidad de concurso. Click. Vuela al ordenador. Curvas, contraste, máscara de enfoque, un recorte mínimo,… Duerme e inmortaliza sus sueños en papel mate, sin flash, en analógico. Al despertar no recuerda dónde ha puesto el carrete.
photo by somos

martes, 8 de abril de 2008

Periódicos light


Cada vez recibimos menos contenido útil de los medios de comunicación. La agenda setting que plantean es raquítica y se ha escorado en exceso hacia las pretensiones de una agenda política acomodada en la espectacularización de sus gestos. Los informadores, lastrados a su vez por unas líneas editoriales serviles, actúan de meros peones olvidadizos respecto a la función que les correspondería cumplir. En las últimas semanas, hemos asistido a una cumbre franco-inglesa cuya foto finish nos ofreció una previa del partido de Champions League entre el Arsenal y el Liverpool al posar Sarkozy y Brown en su comparecencia ante los medios con el entrenador de los gunners; la cumbre de Hungría de la OTAN ha servido para que veamos a Zapatero sentado leyendo sin leer mientras Bush departía con sus colegas de ideario en un receso; un presidente autonómico del PP viaja a entregar un seudopremio a Sarkozy con el pretexto de tener una foto con el ídolo rosa del conservadurismo en Europa; los inicios de la actividad parlamentaria en España se circunscriben a los dimes, diretes, tramas, favores de última hora, nombres, quinielas y barajas sin cortar hasta que PP, PSOE, socios y no socios de Gobierno acuerden los cromos de la nueva legislatura.

Hitos que han sido noticia de portada sucesivamente en el último mes sin reflexionar en el contenido de unas citas que, sobre el papel, tendrían que haber sido titular por circunstancias bien distintas, con más profundidad de miras, desde el análisis periodístico riguroso más allá de la anécdota del corazón. Un mes en el que nos hemos olvidado ya de la situación en Kosovo, de Obama y de Hillary; de Zimbabue, de las FARC, de Hugo Chávez, del rey, de Irak, de la franja de Gaza, del repunte del Euribor, de los precios de la gasolina, del paro, de la recesión yanqui, de las cuestiones machacadas por los partidos políticos durante la campaña y de las vacas locas. Bueno, de la encefalopatía espongiforme bovina hemos vuelto a tener noticias porque, lamentablemente, ha habido dos fallecidos; si no, lo lógico es que al no aparecer el problema en los medios, éste ni existiera. ¿Se acuerdan de la gripe aviar? Pues eso.

En definitiva, coger un periódico hoy en día sirve para adelgazar. Contenidos light, bajos en compromiso social, carentes de peso informativo, vacíos de reflexión, con líneas editoriales poco indigestas para los amos que las sustentan y sin colesterol.
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lunes, 7 de abril de 2008

Metaopinión


Opinar es fácil, lo difícil es que lo opinado sea fiel a la representación real del elemento sobre el que se opina. Al opinar es usual caer en ejercicios de demagogia cuyo único fin descansa en sobresalir por encima del otro, sin pensar en que los juicios de valor emitidos pueden tener una repercusión en aquel que escucha lo significado con la atención del aprendiz. Si por tener razón se perturba el fin primordial de una opinión, ésta deja de serlo y se convierte en una manipulación. Es preferible reconocer ignorancia respecto a un tema en cuestión que lanzarse a una piscina vacía de contenidos por el mero hecho de no mantenerse callado. El problema es si a alguien le pagan por opinar una vez al día de lo que sea y fuerza argumentos a precio de saldo para mantener viva su continuidad en la cabecera de turno. Opinadores de medio pelo, sin pelo o con él, que se asoman al deporte, a la política, a la cultura, a la economía o a la dietética sin tener el más mínimo escrúpulo. Opiniones vertidas sin documentos que avalen las aseveraciones planteadas de forma despótica; recreaciones de escenarios jamás visitados; puntualizaciones burdas de la realidad; matizaciones de experto en inflar cajas de texto, en quemar segundos de radio o en malgastar minutos de tele.

Opinar es fácil, sí. Saber de todo, también. Saber de nada, ¿es de ignorantes? Opinar es un ejercicio sano, claro, pero es preferible escuchar, retener, contrastar y documentar antes de proferir argumentos a diestro y siniestro sin la brújula de una humildad perdida en el tiempo. Esto es una opinión, por supuesto. Opino, sólo opino; pero opino de una opinión menos opinada que otras opiniones: la metaopinión. Espero que no sea tenida en cuenta o, si se considera, que sea rebatida por argumentos de peso que permitan establecer un diálogo constructivo al respecto de nuestras opiniones.
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Con presión, sin presión


Accedimos al bar, uno de los pocos en la ciudad donde puedes sentarte en la barra sin que te miren mal y en la que no hay acumulación de platos sucios, desechos, raspas de pescado, ketchup de diez días y servilletas arrugadas del todo a sesenta céntimos. Tomamos una cerveza con la presión adecuada, tirada como mandan los cánones del buen gusto. En señal de premio a nuestra petición (dos Grimbergen tostadas que sudaban hilos espumosos de gloria) nos pusieron un plato de frutos secos crujientes; los kikos podías masticarlos sin acelerar tu presencia en el dentista por compartir dureza con el diamante en la escala de Mohs. La conexión maíz tostado-cacahuete comenzó a explotar en los paladares que después mezclarían su sabor con el fermento de cebada. Superficie bien pulimentada donde apoyar la copa, barniz de barco sobre madera maziza y toallitas publicitarias de marcas de cerveza inglesa para decorar una barra iluminada por el haz de luz discreto de lámparas sin franquiciar.


Ella se fue a trabajar y yo me quedé solo. Sustituí su compañía por la de ‘Lo que sé de los vampiros’. No se mancharon las tapas, tampoco se quedó pegado a una superficie perfecta para que un niño gateara sin el peligro de devorar bacterias. De fondo, muy de fondo, Coldplay. Chin chin.
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sábado, 5 de abril de 2008

Filadelfia en casa


Viernes noche. Fiesta en casa. Velas, incienso y cava. Música procedente de un canal temático de la tele. El ritmo fluido de la conversación se ha desvanecido porque la caja tonta, pese a sintonizar ritmos propios de un segundo plano, se hace con la atención inconsciente de los congregados en la sala. Alguien, sin consultar, aprieta el botón del mando que desactiva el tubo catódico y difumina las luces hasta pactar con las sombras de los presentes la intensidad de contrastes. No huele a televisión apagada, reina el hilillo aromático del stick de Nag Champa y el suave aroma que llega de palmatorias fabricadas con platos de sobremesa y posavasos empolvados por el desuso. Un cd de clásicos de la música disco envuelve la estancia hasta ubicarse encima de la conversación principal. El sonido es bueno, el oído de los presentes también.

Alguien propone un juego basado en fragmentar las vías que escuchan, encontrar cuántos ritmos componen la pieza. Siete, cinco, ocho, yo sólo percibo tres. Entretanto, el pensamiento de otro se traslada mansamente desde su última calada al cigarro de la risa hasta el sonido de Filadelfia que escuchaba de niño a través de las paredes del cuarto cuando sus padres montaban guateques setenteros en casa. Quizá haya encontrado el punto de inflexión nocturno entre la realidad, la paranoia y el desnudo sensorial. Da igual, sonríe porque está a gusto. Lo que para él es un murmullo de fondo ya es una discusión acalorada sobre el año del tema que suena. Es del 88; te digo yo que no, que es del 90; qué decís, no tenéis ni idea, esta canción ya la escuché yo en 1985 en el Alfa Romero de mi tío, en estéreo.

Sábado al despertar. Los ecos de la velada se agarran dormidos a unas paredes silenciosas, mudas, fieles a la confidencialidad pactada de antemano con el propietario de la casa. Debe hacer un buen día fuera, pestañas de sol madrugador así lo hacen intuir. Ha dormido poco. Su cabeza siguió en la cama el trabajo iniciado por la música pocas horas antes. Va a desayunar, pero antes pulsa el play sin cambiar el disco de la discordia. El café le sabe a gloria. Nadie le podrá arrebatar la sensibilidad histórica de sus recuerdos musicales.
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viernes, 4 de abril de 2008

Ciclos


El que suscribe acostumbra a medir su evolución vital a partir de hitos sonados como la celebración de los juegos olímpicos, una cita electoral o los mundiales de fútbol. Al ser eventos que se repiten con una periodicidad fija, normalmente cada cuatro años, son útiles para evaluar la progresión personal descrita durante ese tiempo. Me produciría desasosiego echar la vista atrás y encontrarme con una fotografía idéntica o similar a la del período anterior. Da miedo pensar en el vértigo que despertaría el no haber evolucionado en más de 1.200 días, ser el mismo personaje pero más viejo. Al practicar esta medición, trato de localizar circunstancias personales o laborales modificadas por los años. La sensación, tras hacer ese esfuerzo, es bastante agradable y ayuda a desoxidar una memoria que espera ser abierta para rescatar del cajón de los recuerdos aquellas experiencias que marcan nuestro desarrollo vital.

Ciclos que, a modo de empresario de la vida, sirven para hacer balance de las decisiones que tomamos, de las puertas que abrimos en el momento en que nos colocan más de una en el camino y de la versión más fiel de nosotros mismos. En la jerga económica, pues, el ejercicio se basaría en el beneficio neto cuatrianual después de intereses, impuestos y amortizaciones. Un cash flow que, por el momento, porcentualmente, siempre ha estado por encima de cada una de las estaciones tomadas como modelo de referencia.
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jueves, 3 de abril de 2008

El tratamiento


Quedaron todas en el mismo punto y a la misma hora tras haber sincronizado sus relojes una vez arrancadas del hogar. Entraron en la balsa que las acogería como llegaron al mundo; les esperaba un tratamiento a base de barnices oleicos procedentes del olivo centenario español. Ninguna lucía el semblante propio de quien puede pasar a mejor vida, todo lo contrario. Desfilaron sus arrugas, sus voluptuosas e irregulares formas, su moreno de dos días y unos cuantos granos tuberculosos dispuestas en el orden marcado por su llegada. Se sometieron a una larga operación revitalizadora hasta que desaparecieron las marcas de vida definidoras de tan peculiar morfología. Un poco de yema de huevo sirvió de ungüento milagroso, enriquecedor de un cutis seco de origen, nuevo y limoso en su estreno. La campana, encendida para la ocasión, tragó los llantos de su agonía. Ninguna pudo haber imaginado un destino tan cruel.

Aquí tienen, tortilla de patata al punto. Que aproveche.
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miércoles, 2 de abril de 2008

Fotopolítica


Los políticos elegidos en los últimos comicios generales ocuparon ayer sus escaños en el Senado y en el Congreso de los Diputados. Aparcados los discursos crispadores, postergados los enfrentamientos intestinos y celebrados los nombramientos de los componentes de las mesas en ambas cámaras, el tablero quedó listo para empezar una partida que acabará, si unas elecciones anticipadas no lo impiden, dentro de cuatro años.

Como primera lectura, sorprende de nuevo la capacidad de adaptación de los responsables de los partidos del arco parlamentario a la hora de sonreír en una foto cada vez más fidelizadora de una clase que llega a acuerdos inverosímiles de alcanzar sin colocaciones de por medio. No hay seguridad de que todas las fuerzas políticas vayan a ir de la mano en la lucha contra ETA pero, una vez más, ha quedado claro que sí existe entendimiento para pactar los nombramientos institucionales que reportan pingues beneficios a las arcas de los partidos elegidos por el pueblo. Esto es, hablamos y nos entendemos para cerrar cuatro puestos nuevos de asesor (cuatro sueldos a disposición de la organización política de turno) a cambio de favores en la mesa o viceversa; acordamos el nombre de éste o de aquel sin acordarnos ni de las siglas del partido, ni de su ideología, ni de los votantes, ni de que hace un mes nos llamó usureros en política; pactamos un par de sueldos más para tranquilizar a la corriente crítica que nos reclama más cuota de poder en la organización y después posamos todos contentos en una foto de cara a la posteridad.

Si las instantáneas pudieran inmortalizar también el interior de sus protagonistas, a modo de bocadillos de cómic o de nubes de pensamiento de la ficción animada, a buen seguro comprobaríamos la teatralidad infame de unas sonrisas que no responden a la ‘llamada patata’ del profesional que la capta, sino a conspiraciones, aplausos, cuitas y venganzas organizadas desde el mismo instante en que han sido agraciados por la buena o mala noticia de ser nombrados algo y poder anunciar a alguno de sus colaboradores que han obtenido plaza de asesor o de manipulador. Gestos enmarcados en el click de una cámara que cierra simbólicamente los acuerdos más rápidos entre formaciones políticas para cuestiones no precisamente de estado.

Respecto a la formación y a la capacidad de los elegidos siempre quedarán dudas, dado que el mundo de la política se fundamenta más en la meritocracia interna que en la democracia curricular de los aspirantes a decidir nuestro futuro. Lo dicho, legislatura nueva; sonrían y crucen los dedos.

martes, 1 de abril de 2008

Intrusos


La cuenta por favor. Nos han clavado pero estaba todo buenísimo (puaj), hay que dejar una propina generosa, qué dirán de nosotros. Estás loco, nos sajan la cartera por una porquería de cena y pretendes agradecerles el gesto con una prestación añadida. El sitio reclama un billete de cinco euros, no vamos a poner unas monedas, mira qué grabado de Miró (falso), o esas cortinas de raso (falsas), y qué me dices de las bandejas de Sargadelos (falsas), pues la vajilla, nada más y nada menos que de Sévres (falso). No es digno dejar monedas, vamos a dejar una estampa del BCE, seremos tan auténticos clientes como los artilugios referidos. Tan artificiales como el que llama amigo al que no lo es sólo por que está de moda emplear coletillas de afecto, de cercanía, de confidentes.

La luz del recinto se apaga y con ella el deseo de aparentar en una noche auténtica. Es entonces cuando sobráis, mejor no vayáis al parque, ni a casa, ni brindéis con ellos porque no se sientan en terciopelo, ni os asoméis al túnel de la risa porque tiene un detector de carcajadas de plástico. Quedaros recogidos en el aparador de papá, junto a las traiciones, a las mentiras, a los dibujos comprados, al CK malayo y a las pistolas del infierno. Nadie quiere monstruos en la fiesta de la alegría.
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