domingo, 30 de diciembre de 2007

2007


Si pienso en un balance de 2007 recuerdo numerosas muertes de gente señalada del mundo del arte, la cultura y el deporte. Aunque no se trata aquí de desempolvar recuerdos ya superados, sino de repasar quiénes hemos sido y quiénes seremos en 2008. La verdad es que no es una empresa fácil. Tendemos a resumir lo resumido que resumimos los profesionales de los medios de comunicación. Sesgamos nuestras versiones del acontecer condicionados por el prejuicio machacón que consumimos en la tele, en la radio, en la prensa o en internet.

Si fuéramos capaces de estirar el cuello por encima de esa parodia, seríamos como Truman en un show de luces nuevas, de aromas embaucadores, de religiones sin fanatismos, de mentiras verdaderas, de años sin hojas en el calendario, sin la cuenta atrás de una vida programada al antojo de los que deciden por nosotros. 2007 ha sido 2008 disfrazado de sueños. 2007 ha sido el de las subidas de los precios y el de las hipotecas imposibles; el del terrorismo de ETA, el del paro, el de Sarkozy, Gordon Brown, Cristina Kirchner y el de la crisis de identidad en Bélgica; el del sempiterno fútbol, el de Alonso y Hamilton, y el de Garbajosa; el de Israel, Palestina, Afganistán y Pakistán; el de China antes de Pekín 2008; el del jaque mate de Putin; el de Chad, Senegal, Zoé y Noé; el de Chávez y el del rey de España; el de Perú, Tabasco, Bolivia y Tailandia; el de los bancos en Estados Unidos, el de la banca en Europa; el de la radio en internet y el de youtube en los balances de fin de año.

Flashes de actualidad cuya sombra esconde la verdadera realidad, la que atravesamos todos y cada uno de nosotros en silencio, anónimos, sordos. En 2008 podríamos prescindir de ese ruido, abrir los esfínteres del conocimiento y comenzar a dibujar un mundo más verosímil, menos noticiable. Yo lo voy a hacer. Necesito un 2008 adaptado a mí y a mis circunstancias. ¡Feliz año a tod@s!
photo by marga ferrer

sábado, 29 de diciembre de 2007

Historias del metro


Hemos quedado a las 18 horas en la boca de Vinateros, mal lugar para una cita si llegas el primero. Un yonqui, a golpe de jeringuilla, te quita la paga de la semana. El llanto da lugar a la llegada del séquito de amigos. No tengo pasta, me la han robado, me quedo. Voces solidarias se atropellan para poner un bote común que dé respiración artificial al humillado. Todo se olvida porque ahora el reto es entrar gratis, ahorrarse el dinero del billete para bebidas espirituosas. Vamos por la entrada de abajo, no hay taquillera. Efectivamente, la adrenalina salta a la misma velocidad con la que pasan por encima de los tornos.
Ya están en el submundo del metro, en la alcantarilla con olor a electricidad, a mendicidad, a artista efímero y a sótano sin botellas de vino. Hoy está más sucio de lo habitual, debe ser por la huelga de los servicios de limpieza. Uno de la pandilla además de salir, lee. Les dice a sus colegas que ha visto en la edición digital de ‘El País’ un vídeo sobre sabotajes en el metro que aprovechan el paro para agravar sus fétidos efectos mediante vertidos incontrolados de desperdicios. Un comentario que pasa tan desapercibido como los papeles que navegan por unos pasillos transitados con más vehemencia en estas fechas navideñas.

Mientras, en Sevilla prometen que el metro que esperan desde hace 30 años se inaugurará en 2008; en Palma siguen sin disfrutar de la línea electoral; el de Barcelona, es raro, pero funciona; en el de Londres ya se han olvidado del atentado de julio de 2005; en el de París, sigue el eco de los motines de bandas urbanas; el de Nueva York es menos famoso desde que los guionistas de Hollywood están en huelga; el de Tokio da ejemplos de orden a las conservas de Santoña; el de Atenas es el más ortodoxo… En fin, qué haríamos sin metro.
photo by somos

viernes, 28 de diciembre de 2007

Día de bromas


¡Qué inocentes somos cuando queremos! Un día en el calendario como el de hoy nos lo recuerda si alguien previamente se acuerda de gastarnos la tradicional inocentada. No sé si será por el siglo XXI pero de un tiempo a esta parte percibo que hemos dejado de gastárnoslas. Nos estamos volviendo demasiado serios, quizás por la metamorfosis anglófila que sufre nuestro país, fenómeno advertido en este mismo blog hace unos días. A lo mejor, sin más, es producto de un egoísmo social que sólo nos hace pensar, respirar y actuar en función de nuestros intereses. La verdad es que gastar una broma no suele reportar más que la carcajada del éxito o la decepción del descubrimiento cuando el implicado cae en la cuenta.

Aún así, el 28 de diciembre siempre seguirá vivo entre los que somos un poco payasos; una jornada propicia para salir a la calle con el espíritu del muñequito de papel pegado a la espalda. Es puente, también, entre la familiaridad de la Nochebuena y la festividad desparramada de la Nochevieja. Sabe bien porque las bromas no se consumen ni se compran, se hacen con cariño. Quería gastar una inocentada a los lectores, pero he considerado más apropiado poner en valor tan insigne día. Inocentes.
photo by inocent

jueves, 27 de diciembre de 2007

Familia


Apaga la luz, que no se puede quedar encendida, ¿has cerrado la llave del gas?, no sé a dónde vamos a ir con tantas cosas, supongo que esa maleta se quedará en casa, no cabemos todos, alguien terminará yendo en autobús; ¡ay!, para el coche, se me ha olvidado sacar el queso de cabrales de la nevera; ¿cuántos kilómetros quedan?; dejad a vuestra hermana, que se ha mareado; me hago pis; ¿habéis hablado con el abuelo?; ¡tolón, tolón! mira mi nieto qué guapo está, me lo como, dan ganas de achucharle los mofletes hasta exprimirlos...

Qué escenas familiares nacen del reencuentro de quien tiene la suerte de disponer de una voz cercana, de esa complicidad concebida del ambiente cotidiano, del consejo ofrecido cuando se necesita, de la distancia marcada por la crisis del frío, del calor proyectado en una mirada aparcada. La familia es la llama que permanece siempre encendida en el altar de la esperanza, en el sobrecogimiento del que supera las barreras del destino más allá del empuje personal. Familia es razón en tiempos de mentira, vida en momentos de silencio, muerte caliente, sonrisa del destino. Es tiempo de despertar, es tiempo de llorar, es momento de permanecer inmóvil, quieto. Elige.
photo by marga ferrer

miércoles, 26 de diciembre de 2007

Canon


Antes de empezar a soñar, antes de iniciar el camino hacia el sabor amargo de la madurez, todos somos individuos inocentes que recurrimos al regocijo o al odio en el entorno en que nos desenvolvemos. Meras reacciones propias de nuestro reloj vital se erigen en aplauso o en condena simultáneos a nuestra queja o a nuestra demanda. Espinete es para Txema lo que Tokio Hotel para nuestra hermana pequeña, la misma que suscribe pretextos de infanta para acudir en secreto, revestida de adulta, al concierto prohibido, pancarta en mano, maquillada hasta la conciencia, desvestida con una sonrisa estéril, marcada por listas de radio fórmulas derretidas por el compás consumista de las casas discográficas.

El padre, cómplice de Papá Noel y hermano de sangre de los Reyes Magos, acude con el ceño fruncido a mediamarkt antes de que le apliquen el canon por comprar un aparato sobrevalorado de antemano, dedo acusador de costumbres piratas sin rumbo. ¿De qué sirve ser legal en un mundo que condena la alegalidad mediante un impuesto pactado por los actores, políticos o no, del escenario del acontecer cotidiano?
photo by marga ferrer

jueves, 20 de diciembre de 2007

Felicidades


¡Felicidades!, ¿cómo?, ¿no es tu cumpleaños?, no, no, es mañana, hoy es el de Enmanuel, bueno mejor dicho, mañana es el mío y pasado el de Enmanuel. La confusión de todos los años, siempre ocurre cuando coinciden solapados los aniversarios de dos individuos a los que les gusta ser felicitados en su onomástica. Ambos son tardosagitarios, ambos coincidieron en Salamanca en su etapa de formación universitaria, ambos tienen manías similares, aunque los dos son dispares en la forma de presentar su producto vital al resto de mortales.

Hoy es 20 de diciembre, mañana es el cumpleaños de Óscar y pasado el de Enmanuel. A uno le gusta la Navidad, el otro se quedó hace once años con la versión navideña de ‘El día de la Bestia’. Sus amigos no se ponen de acuerdo en levantar el teléfono de forma sincronizada, unos llaman a Óscar el 22 y a Enmanuel el 21; otros prefieren matar dos pájaros de un tiro y descolgar el teléfono en el ecuador de ambas fechas, esto es, a las 00:00 horas entre un día y otro; los menos, sin más, ni siquiera recuerdan en qué fecha viven y optan por ser tradicionalistas con una llamada sentida en la velada de Nochebuena.

En fin, hoy puede ser un gran día (gracias Serrat) y mañana también. Este blog les desea a sus lectores unas felices fiestas. Nos vemos la semana que viene, tengo algo que celebrar. Abrazos.
photo by somos

miércoles, 19 de diciembre de 2007

Solitarios


Un solitario es aquel que no tiene a nadie con quien irse a comer, a merendar, al cine o a tomar una copa. Si ubicamos a nuestro solitario en el último de los escenarios contaremos con numerosos rasgos identificativos de su persona. Si un solitario da el paso de ir a tomar una copa es porque ha aprendido a convivir con la soledad, ha sabido quitarse la vergüenza, ha querido emprender un intento a la desesperada por encontrar a alguien que le ayude a salir de su condición de solitario o, sin más, puede que sea un alcohólico al que no hace falta acompañarse de nadie para tomar su dosis diaria de droga. En todo caso, el solitario postrado en la barra de un bar de copas o plantado junto a la pista de una discoteca en calidad de observador siempre se convierte en un elemento curioso susceptible de ser analizado por la crueldad de los que ocupan el mismo plano en compañía de sus novios, amigos o compañeros de trabajo.

No asimilamos a los solitarios, pensamos que tienen problemas, nos entra una compasión extravagante y una lástima propia del que no querría encontrarse en la misma situación, nos reímos en plan machote con el resto de colegas u obviamos la presencia del solitario porque nos da igual. Pocas veces damos el paso de proponer al solitario que deje de mostrase tan desnudo, nunca le damos la manta del cariño ajeno para que abandone su extraña situación en plaza pública. España es un país de solitarios, tendremos que pensar en abrir negocios especializados, fabricar utensilios dirigidos al público de hogares monoparentales, incluso diseñar objetos que permitan estandarizar su existencia en la sociedad. Ya se hizo algo similar con los zurdos, y ahora brindan por la Navidad mirando a los ojos.
photo by marga ferrer

martes, 18 de diciembre de 2007

Sexo en Madrid


Pablo quería sorprender a su chica, ofrecerla una noche de recogimiento romántico, una velada de moda en un ambiente chic. Aprovechó un momento íntimo que nadie suele compartir para leer en una de esas revistas dirigidas al público femenino la mejor propuesta adaptada al perfil de su intención. Ubicado en el Madrid más cuadricular, en el plano más ortogonal de la noche gata, el restaurante de marras compaginaba a la perfección luces de una estampa warholiana con el papel rasgado de los setenta, butacas de terciopelo industrial, barra de nácar y personal multirracial con campanillas de placer en la pronunciación de su castellano.

Sara quería sorprender a su chico, dedicarle una noche de nostalgia veinteañera en uno de los pocos locales de la ciudad donde aún se puede cenar en la barra sin que te miren mal. Preguntó a uno de los amigos de Pablo por el bar donde servían los mejores bígaros, las mejores bravas y la cerveza mejor tirada. Estacionado en un aparte del Madrid castizo, cientos de servilletas, perfumadas de besos con sabor a marisco de invernadero, dormitaban junto a papeleras con remates cromados a rebosar; ¡’marchandos’! replicaban los oídos de una conversación rota por la inmediatez del buen servicio y regueros de presión aumentaban la sensación de borrachera.

De la escena de Pablo, más propia de un local de confesiones en la serie ‘Sexo en Nueva York’, quedan las velas, el silencio y el fracaso. En cambio, Sara recibió los aplausos de la muchedumbre y se erigió en guionista de un nuevo formato televisivo: ‘Sexo en Madrid’.
photo by somos

lunes, 17 de diciembre de 2007

Spain is the same


Desde hace ya casi una década en España no se puede comprar ningún tipo de bebida alcohólica a partir de las 22 horas, sin excepción que atienda a la regla; es complicado encontrar un restaurante donde comer a eso de las 15:50 horas, las cocinas apagan sus hornillos siempre diez minutos antes del momento oficial, las 16:00 horas, por cuestiones de higiene y de descanso del personal; fumar cada vez está más mal visto; conducir significa ir provisto de numerosos aperos más propios de los maniáticos de antaño; la dieta mediterránea se ha quedado reducida a un grupo de nuevos ricos que lucen de exquisitez en el negocio incipiente de las tiendas gourmet; la comida rápida es elemento vehicular de una sociedad exprés que come mientras pasea…

España piensa que para ser potencia mundial, o al menos para estar entre los diez países más ricos del mundo, tiene que renunciar a sus señas de identidad. Este país es más anglófilo que nunca, cada vez comemos más pronto, cenamos a media tarde y bailamos a ritmo de patrocinios. Ni siquiera en la época en la que el modelo de vida americano penetró con más fuerza a través del séptimo arte habíamos navegado por una crisis de identidad similar. Es insoportable parar en la autopista y sufrir la restauración del autoservicio, del empaquetado estéril, de la sonrisa enlatada ofrecida por una máquina programada en Londres o de un jamón de Guijuelo cortado en Amsterdam. Me quedo con el lado más ecológico que nunca dejó de tener el huerto de mi abuela, la ensalada sin embolsar que lavo en la pila, un bocata de chorizo con piel, una buena tostada con aceite de oliva virgen, un chatito de vino, una naranja sin sabor a viaje amargo, un té a las doce y una caña a las seis.

No tardaremos mucho en seguir las campanadas desde el Big Ben, a través del satélite. Que aproveche.
photo by marga ferrer

jueves, 13 de diciembre de 2007

Juan, el último periodista


“Juan, hoy llevamos reportaje de las primeras compras del mes de diciembre, comprueba qué aire se respira en las grandes superficies. Seguro que, a pesar de ser domingo, la gente abarrota los centros comerciales para adelantar las compras de Navidad, me interesa mucho que salga bien, ¿eh?”. Profecía lanzada por el redactor jefe de cualquier medio de comunicación regional o local. El siguiente acto escenifica la presencia del reportero en el lugar de los hechos sin encontrar ni rastro de masificación, ni un ápice de consumismo desaforado. Es más, el profesional detecta que los comerciantes se quejan de la falta de respuesta, de la inexistencia de clientes, de ausencia de dinero para gastar; está claro, una campaña navideña que no pasará a la historia, ni mucho menos servirá para hacer el agosto. Los precios de los productos básicos se han disparado, las hipotecas están por las nubes, la gente ya no sale a comer fuera, los regalos de Navidad son más secos que en otras ediciones, no hace falta adelantar las compras porque son pocas y más limitadas.

Juan regresa al periódico con numerosas grabaciones en el bolsillo que desmitifican la contundencia de la profecía; ha hablado con el fotógrafo, quien pese a haber intentado sacar una instantánea con gente no ha podido porque no la había, ni por la mañana ni por la tarde. El redactor escribe la realidad que ha abordado con la vocación de informar a los lectores de que no son los únicos que no pueden salir a hacer compras, que este año no se puede. Las instantáneas ya están en el servidor, sonríe porque tiene material suficiente para ilustrar sus aseveraciones sin trampa ni cartón. Mete todo en maqueta y se pasea por la redacción orgulloso del trabajo bien hecho, ha reflejado la nota discordante a los tradicionales reportajes navideños.

Ese día Juan salió el último del periódico, el redactor jefe le tumbó la información. Por mucho que la realidad fuera tozuda, el diario tenía que salir a la calle con la profecía cumplida. Al día siguiente, los lectores leyeron: “Miles de personas abarrotan los centros comerciales de la ciudad. Los consumidores aprovechan el primer domingo de diciembre para adelantar sus compras”. El lector, triste por tener que afrontar unos gastos que le impiden llegar a fin de mes, se pregunta, dando credibilidad a su medio de comunicación, cómo es posible que la gente pueda salir a comprar. Frustración del que confía todavía en la honestidad de unos medios de comunicación subvencionados por gobiernos, auspiciados por centros comerciales y dirigidos por empresarios visionarios.
photo by marga ferrer

miércoles, 12 de diciembre de 2007

Lotería


Me da miedo salir a la calle, ir a comprar el pan, girar la manzana, respirar más fuerte de lo normal, ir al fútbol, comprar pescado, tomar una caña, tropezar, sonreír al desconocido, mirar de reojo, pensar… nadie escapa del acoso de la lotería hasta que no pasan las navidades. Empezar el recorrido rutinario por los quehaceres de la jornada se convierte en una misión de supervivencia, en una guerra de trincheras cuyas armas son papeletas verdes, azules, amarillas, rojas, marrones; listas para ser ofertadas al mejor postor sin piedad, con el afán de crear una necesidad en el comprador que no tenía al salir de casa y la obligación de visitar el cajero para sacar más dinero ante tal diluvio de compromisos azarosos.

El resultado es un amasijo de papel, al menos reciclado, compuesto del reclamo del negocio de marras, de la cantidad que uno apuesta, del donativo para causas justas o privadas y del número de los sueños, esos dígitos mudos, tímidos y ciegos reducidos a un margen pequeño de protagonismo dentro de esa amalgama de realidad. “Yo nunca compro pero vamos a probar, por una vez”. Por cierto, si queréis, conozco a una persona que vende el número que coincide con la fecha de la muerte de su canario, que se llamaba Paquito, tenía plumones anaranjados… Me temo que esa es otra historia.

martes, 11 de diciembre de 2007

Maniáticos


Jack Nicholson ha sido uno de los maniáticos más enrevesados de la historia filmográfica de Hollywood por su papel en ‘Mejor imposible’. Melvin era su nombre y vivía obsesionado por seguir al pie de la letra unas pautas de conducta que él mismo se había impuesto. Una superstición enfermiza que sólo pudo curar cuando, sin planificarlo, se enamoró de la persona que le atendía siempre en el restaurante al que acudía a comer con sus propios cubiertos de plástico. Quien más, quien menos, ha recreado situaciones similares en su vida cotidiana. Todos tenemos un lado absurdo que rellenamos con pensamientos o actuaciones extravagantes que nadie comprendería si explicáramos en espacio público.

Son crujidos de vida procedentes de nuestra infancia, tics de miedos que no afrontamos, reflejos de superstición que prorrogamos para no dar la cara durante unas horas, días o semanas. “Si el ascensor llega con gente suspenderé el examen; si piso las baldosas rojas de la acera me ocurrirá algo; si le ofrezco un trozo de carne y no me lo coge tendremos problemas; si no subo de dos en dos los escalones me saldrá mal la entrevista…”. Los maniáticos lo son para sus cosas e, inevitablemente, las consecuencias de sus decisiones salpican al entorno en el que se desenvuelven con mayor o menor éxito. ¡Cuidado!, si compartís ahora vuestras manías a lo mejor os da mala suerte…
photo by somos

lunes, 10 de diciembre de 2007

Kosovo, año 2000


Somos como hormigas que rehacen su hormiguero cuando un gigante humano se lo pisa. El mes pasado planteé un post referido a la ambigüedad que significa un año, 365 días diferentes para cada cual en función de la referencia espacial o temporal que se elija. Pues bien, la coincidencia me condujo ayer a toparme de bruces con el trabajo gráfico de un profesional que estuvo en Kosovo en 2000, un año después del cese de la guerra. La experiencia narrada por esta persona ha servido para confirmar que los telediarios sólo ofrecen un minuto sesgado de lo que a sus editores les interesa que acontezca ante los ojos de una audiencia predispuesta a consumir sin tapujos.

Un año después de la tragedia vivida en aquel lugar del mundo, la vida lucía un vestido de color verde esperanza. Observé un book fotográfico delatador de la condición humana en su vertiente más asociacionista, un alarde de vecindad en una escala desconocida para mis ojos que, ávidos de información, repasaron minuciosamente los detalles de unas instantáneas jamás reproducidas en los medios de comunicación. Lo que no es tragedia no vende, de hecho creo que este fotógrafo jamás pudo proyectar ese prisma humano en ninguna publicación, ni de prestigio ni modesta. La reconstrucción de un país, insólita realidad. Edificaciones derruidas por los bombardeos, cadenas humanas ornamentales, nuevos hogares construidos en la azotea hueca de un edificio para no desaprovechar el tiempo en levantar nuevas estructuras, templos de solidaridad; abrazos, sollozos, sonrisas y descansos compartidos por un pueblo recién salido del túnel de la desdicha.

Mi perfil periodístico está más enriquecido hoy gracias al buen trabajo gráfico de Roberto N. Cataluña, en cuanto que me ha permitido acceder desde la distancia temporal y geográfica a una nueva forma de entender 365 días transcurridos entre la muerte y la nueva vida. Huele a húmedo, aunque no estuve.
photo by roberto n. cataluña

sábado, 8 de diciembre de 2007

El 20


Madrid, plaza de la Independencia, un sábado cualquiera de diciembre, siete de la tarde. Gabriel espera la llegada del 20 para ir a la Puerta del Sol. Tiene coche, pero opta por el transporte público para evitar los problemas de aparcamiento y el estrés de una circulación con triglicéridos en las principales arterias de la ciudad. Lleva consigo ‘El mundo’, ese libro que ha sido galardonado con el Premio Planeta, lo prefiere a su primo el periódico; Gabriel no comulga con la línea editorial de pedrojota, prefiere leer ficción urbana antes que alimentar el pulso diario que enfrenta a los políticos en un patio de colegio sin monitores que velen por mantener la compostura y la cordura.

Estaba sentado en la parada pero ha cedido su puesto educadamente a una señora emperifollada, travestida de naturaleza muerta por una resistencia enfermiza a mantenerse joven. Sus piernas, escondidas bajo una falda de paño marrón, no están para hacer alardes. Gabriel saca un tic de la chistera y le regala una sonrisa amable por fuera, forzada por dentro. La sociedad nos convierte en animales ficticios de una convivencia reglada. Llega el 20, tampoco ha esperado tanto. Cien personas en su interior, ventanas cerradas, vaho de invierno, codos en la médula espinal, aliento a café con leche, saludos a gritos, ¿me deja bajar?, libro inutilizado, sopapo de masa, carteristas de saldo. Veinte minutos de trayecto, por fin la Puerta del Sol, que no cunda el pánico, con orden saldrán todos. Gabriel respira una bocanada de aire sucio, hace frío y llega cansado a su destino, le duele la gente, quiere volver, no está de ánimo para comprar nada.

Madrid, Puerta del Sol, un sábado cualquiera de diciembre, siete y media de la tarde. Gabriel espera la llegada del 20 para ir a la plaza de la Independencia. Cosas del transporte público, manías del siglo XXI.

viernes, 7 de diciembre de 2007

Vecinos


Los movimientos vecinales siempre han estado a la sombra de la política porque a los políticos les ha gustado tenerlos en cuenta sin el ánimo de hacerles partícipes de sus decisiones. Es como el necesario compromiso hacia una forma de expresión social que deja de ser útil cuando el ruido que proyecta sobrepasa los decibelios del espacio público circunscrito por los gobernantes. Si la queja se erige en incomodidad, en rechazo a una gestión o en efervescencia de cambio entre los representantes más básicos de la sociedad es el momento en que el político deja de hablar con educación a sus votantes, opta por la solución drástica o da un ’sí’ permanente con gestos de autosuficiencia.

Tenemos un ejemplo cercano, ya que esta semana más de 20.000 vecinos de Salamanca salieron a la calle para decirle ‘no’ al alcalde en su pretensión de subir los impuestos por encima del 80 por ciento. La contestación ofrecida por el primer edil fue tajante. En vez de dialogar, escuchar, ofrecer soluciones, convencer a sus conciudadanos, amenazó con retirar la mísera subvención que había dado al movimiento vecinal en los últimos años. 1.500 euros menos para mejorar la vida de los barrios de la ciudad, 1.500 euros más para los festines y excesos de alcaldía. Quizá el siguiente paso sea actuar como lo han hecho sus compañeros de ideario en otros lugares, alejados de la meseta, al borde del Mediterráneo: crear un movimiento vecinal ficticio, paralelo al preexistente, cargarlo de subvenciones y funcionar al compás del partido político en el poder. Protestas cero, vecinos falsos, silencio comprado, democracia caciquil, sonría alcalde, ¡foto!
photo by somos

jueves, 6 de diciembre de 2007

Fotoperiodistas


Mi vida ‘profesiopersonal’ me ha permitido conocer de cerca a los fotógrafos de prensa, una raza difícil de comprender si no se inicia un trabajo de campo exhaustivo. Antropólogo del acontecer, inmortalizo con la instantánea de la palabra lo que otros captan mediante la imagen. De la combinación entre ambas percepciones surge un mensaje fetén o una información amontonada entre miles. De nada sirve un reportaje brillante si se obvia la presencia del testigo fotográfico, aunque sí puede lucir una buena instantánea sin el respaldo de un texto de nivel. Algo que, precisamente, se ha convertido hoy en tendencia mayoritaria.

La profesión del fotógrafo de prensa es pintoresca y sacrificada. Sometidos al antojo de una llamada sin hora, siempre deambulan por la ciudad para dar cobertura a lo que se les pide y a lo que no. La realidad tiene ese toque caprichoso, el mismo que les alerta de un accidente de tren al regresar a casa o de una foto de última hora despertada por el olvido de algún redactor. Hoy por hoy, son los fotógrafos de prensa los que mantienen el pulso directo con la actualidad, los verdaderos reporteros y testigos de una agenda setting que condena a los redactores al reflejo de la cobertura de ruedas de prensa y a otros actos de guardar; espectadores de la actualidad desde una barrera reforzada por el teléfono, internet y los gabinetes de prensa.

El fotógrafo se moja, pasa frío, testifica accidentes mortales, certifica defunciones, gesticula con el diafragma, sonríe desde su empuñadura de hielo, falsifica para dar autenticidad al escrito, escupe lo que el ojo no ve, retransmite lo ocurrido desde la insolente crueldad del acontecer. La profesión periodística, pues, mantiene la verosimilitud de los hechos por la cercanía de unas fotos callejeras que han perdido el contacto con sus compañeras de destino: las palabras, hoy enlatadas por el eco de unas redacciones amaneradas, ‘emailizadas’, vagas, rutinarias.

miércoles, 5 de diciembre de 2007

Diciembre


Sobremesa del primer fin de semana de diciembre. La televisión, encendida para los fantasmas, habla de fondo en un idioma que suena a despilfarro y a verborrea navideña. Luces tenues impregnan la escena, los días son más cortos, las chimeneas se encienden y las calefacciones alimentan la niebla que emborrona el entorno vecinal. Huele a leña, a castañas, a moquillo, a petardos, a sidra, a cava, a dinero malgastado, a avidez, a familia, a casa. Solidaridad reanimada, sensibilidad adornada con guirnaldas de Carrefour, luces de vida incrustadas en el árbol de la concordia; diciembre anuncia la natividad del señor para los creyentes, el consumo acelerado para los que creen en el mercado y la ilusión para las almas inocentes que creen en otros dioses procedentes del norte de Europa o de oriente.

Diciembre también es mi mes. Soy sagitario, un lunático de invierno, un vividor del último tramo del año. Será por eso por lo que me gusta la Constitución, la navidad, la madre que me parió y la estación de los días más cortos. Un mes que hace milagros, donde cualquier problema se eleva a la categoría de pasatiempo, momento de mi vida en que la lucidez se apodera de la toma de decisiones. Lo que me preocupa es que diciembre ya no es tan frío como antes, hace mucho que no siento enrojecer mi nariz, cosas del cambio climático. No me imagino un diciembre sin lotería y con un factor 90 de protección, la verdad. Pero si en un futuro tocara… ‘cap problema’.
photo by somos

martes, 4 de diciembre de 2007

Cosa rara


¡Maricón!, gritó ayer con avilantez un señor cuando pasó a su lado un político de un partido mayoritario. No fue una coletilla procedente de alguien del bando contrario, tampoco una forma de trasladar la preocupación por algún aspecto que no le convenciera del ideario de su partido, fue un insulto despectivo hacia una persona por el simple hecho de ser homosexual, un acto desplegado con premeditación, alevosía y con el agravante del ensañamiento. Ensoñaciones de ignorancia, votantes con derecho a decidir el futuro, ciudadanos sin escrúpulos, madres, abuelos o hermanos de personas libres con una condición sexual determinada.

¡Cosa rara!, le espetó orgullosamente otra persona frente a las cámaras de televisión, con la indignación del que sufre una desgracia, quizá guiada por el qué dirán, por titulares demagogos, por políticos que también se insultan, o por profesionales que se prestan al morbo de la anécdota, a la carnaza, antes que a la presentación reflexiva de los acontecimientos. Es desagradable ver lo ignorantes que somos. Si Manuel Rivas quisiera, podría denunciar el plagio a una de sus novelas, cometido por los actores sociales de nuestro país en pleno siglo XXI, como lenguas de mariposas, enrolladas, en espiral. Una lengua afilada, repleta de prejuicios, de ignorancia, de falta de curiosidad, de España. Qué espectáculo tan rancio.
photo by marga ferrer

lunes, 3 de diciembre de 2007

Porque 'no'


En Venezuela se ha hecho el silencio, pueden dormir tranquilos. Tras unas semanas en las que hemos tenido a Chávez hasta en la sopa, las urnas han hablado con un grito de ‘no’ a la reforma constitucional propuesta por el presidente. El resultado ha sido muy ajustado (50’7%) pero los venezolanos han puesto fin a la pretensión de Chávez de incrementar sus poderes, de prolongar su mandato de 6 a 7 años renovables indefinidamente y de aumentar su poder para nacionalizar o desnacionalizar empresas cuando se le antojara. A cambio, pretendía regalar a los autónomos beneficios fiscales y a los trabajadores por cuenta ajena reducirles su jornada laboral a 6 horas diarias. Parches, al fin y al cabo, para lavar la conciencia de una persona acostumbrada a abusar del poder.

Es de suponer que desde hoy dejaremos de escuchar sainetes propios de un monologuista de cabaret y encontremos discursos más razonables, menos amenazantes y edificantes. Por lo menos en el contenido referido a España y a sus empresas. A Chávez le vino muy bien el “¿por qué no te callas?” de la cumbre iberoamericana de Chile para reforzar su popularidad y remarcar su patriotismo inflexible frente a España, pero la campaña ya ha terminado. Ahora no lo quedará más remedio que revisar su maquinaria propagandística y suavizar su discurso ibérico.

A pesar de todo, Venezuela estrena hoy, tras nueve años en los que Chávez no ha sabido lo que es perder, un nuevo orden expresado por ciudadanos con capacidad decisoria, raíz de las democracias de verdad.

sábado, 1 de diciembre de 2007

Soledad


Ya se han ido, otra vez solo. Tic tac, tic tac, tic tac. Qué bien suena, aunque si se acompañara de… no claro, la soledad nunca está acompañada más que de pensamientos tristes, bonitos o neutros. Solo es el novio de soledad, comparten una vida en común. La cocina, como otras estancias del hogar, lo sabe; no lleva bien esa extraña relación que asola cientos de hogares en el mundo. Acumula cacharros sin fregar desde la última visita, aquella que rindió salvas de aliento a tan inusitado diálogo marcado por el devenir de unos días en singular.

Silencio es primo de soledad, más bien primo segundo. Nunca sabe cuando va a romper un vínculo gestado a base de intermitencias. Depende del sujeto que perciba tan insólita relación, hay algunos que prefieren poner la tele, aunque sea por parir un ruido cómplice, una sintonía de familiaridad a largas dosis de hastío. Nunca sabremos donde empieza y donde termina el silencio, pero se lleva bien con soledad, por eso son familia. Prejuicio, enemigo de soledad. Asalta los pensamientos de los que pretenden analizar el entorno que les rodea en soledad, se aprovecha de la soledad para afilar cuchillos en contra de todo lo visible e invisible, de los que comparten soledades a solas y de los que no saben estar solos. Esfuerzo intonso. Miedo, soledad al límite, su enemigo, pánico, paranoia.

Pobre soledad, será mejor dejarla a solas.
photo by marga ferrer

Una noche perfecta


Vamos a las fiestas de Tévez del Campo, nunca he ido pero dicen que se pone hasta la bola de tías. Tengo que cenar en casa de mis abuelos, pásame a recoger a las doce y vamos para allá. Está muy bueno todo, no comas tan rápido, que te va a dar algo, ¿no pensarás salir verdad?, bueno iré a dar una vuelta pero volveré pronto, llevas toda la semana de juerga, algún día tendrás que sentar la cabeza, que dejaste de estudiar para ser un hombre, no un crápula, y ni si te ocurra cogerle un solo euro a los abuelos, que tú tienes tu paga, aunque se te va acabar, para que sepas lo que cuesta ganarlo. Llaman a la puerta, mira a ver quién es, será Raúl, he quedado con él, dile que pase, no, no, si nos vamos, ¿y no te vas a comer el postre?, tu abuela lo ha cocinado con tanto cariño, no tienes perdón, anda dame un beso, cógete la llave, sólo faltaría que nos despertaras, a saber a qué hora vuelves. Espera David, toma. ¿No te he dicho que no les cojas dinero a tus abuelos? Bueno adiós, volveré pronto.

¡Qué pasa Raúl!, ves como tenía que venir a casa de mis abuelos, siempre pesco pasta, me han dado 50 euros. Dabuti, podemos pillar algo de farlopa, seremos los reyes en Tévez, no se nos resistirá ni una. Venga va, la noche es joven, larga y prometedora, vamos a la chabola, el charli debe tener hoy. ¿Cuánto queréis? Medio gramo, sólo os puedo pasar uno, que va tío, no podemos, no tenemos pasta para pillar tanto, bueno sólo por esta vez pero la próxima no os molestéis ni en venir, ¡qué poco!, si os parece os regalo el medio gramo que me quedo sin vender, que te den. Lejía, bicarbonato, tiza, mierda y un poco de cocaína. Vamos a ponernos un tiro y después... ¡a Tévez! “Por qué la madre de José me está volviendo loco…y no la voy a dejar porque lo siento y siento todo… que culpa tengo yo si esa puerta no la he abierto…”

Dos jóvenes mueren en Tévez del Campo por consumo de cocaína adulterada.
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