viernes, 30 de noviembre de 2007

La cita


Le conoció en el chat, tras venderle sus secretos, destripar su vida en 1.000 líneas y transformarse en una niña rebelde con marido y cinco hijos. Él sólo quería una aventura y le hizo creer a ella que ese sería el objetivo de un encuentro perdido en algún lugar de la gran urbe. Tres horas y media de conversación virtual bastaron para quedar. La curiosidad, reflejo que repitieron ambos para justificar el paso que iban a emprender, vehiculó la cita. La primera en quince años para ella, la séptima del mes para él. “He quedado con las amigas de la universidad”, mintió ella para perpetuar el encuentro. “Voy a hacer otro trabajito”, reconoció él a su hermano, con el que compartía zulo en San Blas.

Palpitaciones, amagos, arrepentimiento, odio, amor, excitación, deseo, curiosidad... la curiosidad. El corazón de ella latía al compás de tanta percepción sensorial condensada en el trayecto hasta el lugar de la cita, un café que bien se podía llamar Gijón. Lamentaba no haber dejado en casa la puntualidad británica, llegó muy pronto. Se alojó en la barra, pidió un Campari con una rodaja de naranja y esperó. En su cuello trémulo, enlazada con provisionalidad coqueta, dormía una bufanda de cachemir azul, el color de la cita. El mismo que el del suéter de su asesino.
photo by marga ferrer

jueves, 29 de noviembre de 2007

Máscaras


Bosco se resignó a vivir una vida con la cara desfigurada y viajó a un futuro imaginario creado por un suicidio de realidad. Aprovechó el invento de cuatro visionarios con dinero para olvidarse de un accidente de tráfico que le dejó en su linda carita secuelas irreparables. Sí, es el protagonista de ‘Abre los ojos’, uno de los escasos filmes dirigidos por Alejandro Amenábar. La máscara empleada para ser otro no le convenció y prefirió arreglársela en otra vida irreal. Su mente resucitó un sueño de esperanza caprichoso y cobarde.

Pero Bosco no es el único presumido. Todos miramos el espejo de nuestra conciencia y encontramos numerosas manifestaciones de nosotros mismos. En función del grado de confianza adquirida de antemano con las personas o con los escenarios en los que nos desenvolvemos, respiramos de una forma u otra. Somos cínicos por naturaleza en un mundo que exige en sus reglas de juego comportamientos tipificados de antemano. Al representarlos, se corre el peligro de caer en la falsedad crónica, en la sinceridad ácida, en la imparcialidad repelente o en la adaptabilidad a los estándares de comportamiento que exige la tradición social.

Renunciar a nuestra cara permanentemente lleva implícito un cartel que grita DANGER. Ser falsos o diferentes para evitar un ‘qué dirán’ es algo que desfigura nuestros rostros hasta hacernos irreconocibles frente a ese espejo delator. Las máscaras, pues, para los que no quieran tener amigos, ni ser familia, ni ser nadie en un sitio público, ni pasar por el mal trago de ser auténticos. ¿Por qué no hacer de hoy el día mundial de la autenticidad?
photo by marga ferrer

miércoles, 28 de noviembre de 2007

Rey negro, rey blanco


Érase una vez un ajedrecista risueño que batió a su rival más frío en plena guerra de adjetivos entre los bloques oriental y occidental. Venció a la encarnación de la filosofía comunista en el tablero. Desde entonces, fue 15 veces consecutivas campeón del mundo, incluso ganó a una inteligencia artificial inventada para derrocarle. Pero la máquina se perfeccionó y el lado humano del ganador le hizo perder un segundo envite. Decidió darle vida al rey negro del juego, poseer su figura y comenzar sus andanzas estratégicas dentro de un tablero de políticas cuadriculadas, escaques símbolo de una tradición sobria y propagandística. Quiso comenzar de forma modesta, tenía que madurar al rival, esperar a que llegara el momento oportuno para arrinconar al rey blanco. Éste contaba con la iniciativa decisoria, con la ventaja de salir primero, con las llagas en su base por haber ocupado el trono muchos años.

Su afán no gustó entre las huestes blancas, poseedoras de reglas de juego jerárquicas y organizadoras de unos comicios electorales que abrían un mínimo resquicio de oportunidad para la renovación de la confianza del rey predominante. Nuestro protagonista emprendió entonces su estrategia, pretendía captar la atención de los peones blancos a partir del diálogo y de la renovación en los esquemas de comportamiento. Demasiado hierática la postura de todas las figuras en el tablero para los nuevos tiempos, pensaba. La paciencia que le había caracterizado en sus desafíos ajedrecísticos se desvaneció ansioso por una fecha electoral cada vez más próxima. Sus huestes se precipitaron, salieron a la calle antes de tiempo y tropezaron con sus ansias de cambio. El ojo del rey blanco organizó una caza de brujas que desembocó con el rey negro en el calabozo más alto de la torre, vigilado por alfiles día y noche.

Sin embargo, la partida aún está en pie. Nuestro campeón se reorganiza desde la frialdad de su celda, a la que no dejan entrar ni siquiera a su rival primigenio, a aquel que venció en sus albores, al jugador reflejo de la filosofía más tradicionalista, a un verdadero comunista. Hoy, el rey blanco es más autoritario y egoísta, quizá su mayor debilidad. El ahora rey negro lo sabe y madura la estrategia para destronarlo. ¿Nos sorprenderá con una apertura española?, ¿contestará su rival como acostumbra, con una defensa siciliana? El tiempo, la paciencia y las urnas dibujarán la escena final, la del jaque mate soñado o la de la condena a jugar siempre en casa con unas reglas caducas. Ya veremos si los rusos serán felices y comerán perdices…

photo by marga ferrer

martes, 27 de noviembre de 2007

Olores


Cualquier tienda de electrónica huele a Andorra, a emoción por disponer de nuevas tecnologías, a cassette y a vinilo; una boutique huele a infancia vespertina, a un tocar en un se ruega no tocar, a dolor de piernas, a paseos urbanos; las castañas, a pueblo, a frío, a familia, a recipiente de barro con agujeros, a trapo quemado; un ciprés, a chapas de ciclistas, a recreo, a liceo francés, a sándwich de jamón york con queso, a inocencia recordada; el salitre, a viaje, a coche embutido, a camiones, a Mojácar doce horas después de Madrid, a chiringuito; un forro de plástico, a vuelta al cole, a miedo, a papá y mamá, a estuche, a rotulador carioca, a vida virgen, a ruta 27, a libros nuevos; una pegatina, a colección de cromos, a Butragueño, Señor y Eloy, a domingo nuevo, a rastro, a bocadillo de calamares; una guirnalda, a papá Noel, a insomnio, a hermanos, a nueces, a velas, a reunión, a vida adulta por encima de la niñez, a partida de cartas, a roscón y a villancicos; un cenicero lleno de colillas al despertar, a resaca, a partida de póker, a amistad, a conversaciones sin rumbo, a fumadores y a no fumadores, a casa provisional, a viva la vida; una caca de vaca, a montaña, a ruta del Cares, a doña Concepción, a naturaleza salvaje, a vacaciones, a peligro y a teleférico.

Ya me había referido a ello, pero es que no hay nada como dejarse llevar por los olores, fuente inagotable de experiencia. Es como coger del brazo la vida más íntima y dejarla lista para ser asaltada por las autopistas de la memoria, salir a la calle preparado para encontrar en el cúmulo de olores que nos abordan motivos de reencuentro con situaciones aparcadas en nuestra intrahistoria. Como ser ciego en el París de Amelie y dejarse arrastrar por un paseo emocional, por la descripción atropellada de realidades localizadas en los 50 metros de calle que recorremos tres veces al día. Como abrir la experiencia al pasado, mirarla desde el presente y pensar en un futuro con una sonrisa dibujada en la comisura de los labios. Cada estación lleva consigo numerosos hitos de nuestra vida. ¿Lo habéis probado?
photo by marga ferrer

lunes, 26 de noviembre de 2007

Soñamos


Dalí inventó un mecanismo doméstico que le despertaba cuando se quedaba dormido profundamente. El pintor pensaba que era la mejor forma de recrear en un lienzo los sueños más hondos desde la perspectiva más cercana, la de la experiencia imborrable y reciente. No he conocido todavía a nadie que se obsesione por sus sueños como el pintor catalán, debe ser porque cada siglo sólo nacen 4 ó 5 genios. Pero si hay algo común a todos los mortales es la experiencia de soñar y el duro camino a emprender para recordar lo soñado. Siempre soñamos pero rara vez recordamos lo experimentado entre sábanas o en nuestra butaca favorita.

La última semana, mis sueños me han hecho coincidir con futbolistas en diferentes actos sociales, regresar al pasado para compartir otro verano con mi abuela en Zamora, volver a asistir a interminables y enlatados actos políticos o ser invitado a una boda rosa sin conocer siquiera a los contrayentes. Bueno, la verdad es que en mi sueño leía en un tarjetón barroco sus nombres pero como no he recurrido al mecanismo daliliano no los recuerdo. Es una lástima pero se nos quedan siempre detalles en el tintero que generan impotencia o desolación.

Cuando nos despertamos y recordamos lo soñado percibimos un éxtasis emocional equiparable al sentimiento de frustración que representa la virtualidad del contenido del sueño. Porque, aunque lo rescatemos, nunca se hace realidad. Ahí es donde empieza nuestra pesadilla. Pero de las pesadillas ya hablaremos otro día.
photo by marga ferrer

sábado, 24 de noviembre de 2007

Imaginación


Leo estos días un libro con el que pretendo rendir homenaje a Umbral, ‘La leyenda del césar visionario’. He apretado el botón de ‘pause’ porque necesitaba escribir sobre algo que nublaba la comprensión de las palabras que leía, algo que inutilizaba el ejercicio de avanzar en las vicisitudes del personaje principal, una persona obligada a vivir las crueldades de la guerra civil española en el bando nacional. Crueldades que, como cualquier lance bélico, hieren de gravedad la vergüenza de la condición humana. Umbral, como otros muchos, tiene eso, que despierta el sentimiento de aquel que aborda su obra con interés, lo que delata su virtuosismo literario. A unos les causa estupefacción o indiferencia y a otros su lado más reaccionario o comprometido.

Pero no se trata de hablar ahora de las ya de por si demostradas virtudes literarias del escritor que nos dejó el pasado verano. No habría hecho falta detener la armonía del momento referido. Quiero apelar a la imaginación, a nuestra imaginación de lectores. Somos pintores de realidades lejanas, representantes de escenas cotidianas, viajeros sin destino que se abastecen de la experiencia personal o de la narrada para dibujar situaciones. Contamos con una producción propia de imágenes dormilonas que despierta al compás del toque de atención que recibe a través de obras como la apuntada. Disponemos de la herencia del imaginario colectivo para representar en milésimas de segundo las realidades que nos trasladan a diferentes países, estaciones o recuerdos. Ostentamos, pues, la riqueza del conocer sin estar, del hablar sin gastar saliva, del oler a podrido en un bosque de rosas. Aún así somos vagos. Yo también prefiero el susurro de unos planos bien producidos y dirigidos en la gran pantalla. ¿No ocurre lo mismo con la televisión y la radio?

Permítanme regresar ahora a la Salamanca de 1936…
photo by marga ferrer

viernes, 23 de noviembre de 2007

Cerveza


Los que me conocen saben de mi afición a la cerveza. Sin entrar a debatir si sus propiedades son beneficiosas o perjudiciales, la cerveza es un producto milenario del que ya disfrutaban nuestros antepasados. De ellos hemos heredado un zumo concentrado muy especial, amargo y fresco que hace las delicias de paladares ávidos de recambios para el H2O. Aunque de mis antepasados, precisamente, no se puede decir que haya heredado la afición. Mi abuela, que en paz descanse, siempre me decía que la cerveza olía a borrachos. Yo le contestaba que ni manchaba, ni olía, ni emborrachaba, sólo agachaba. Palabras que no sirvieron para disuadirla de una percepción tan sólida como el paso de los años.

El otro día rescaté una de esas herencias curiosas de la Historia. Un vendedor me explicó el método utilizado por los ingleses para que la cerveza viajara a Gran Bretaña desde sus colonias sin estropearse. En su regreso de países como la India, comprobaron que la bebida perdía sus virtudes consecuencia de un trayecto oceánico interminable. Aconsejados por la gente autóctona, aprendieron a utilizar un conservante natural, el lúpulo. Lo añadían en grandes cantidades a las cubas donde transportaban el líquido hasta tierras británicas. Al llegar al punto de destino, el sabor resultante era mucho más amargo que en origen, aunque el resto de propiedades las conservaba intactas. Hoy en día, las cervezas inglesas procedentes de la India son, precisamente, las que mantienen un sabor amargo más acentuado que el resto y su característica distintiva es la incorporación extraordinaria de un lúpulo denominado IPA (India Pale Ale).

Aún así, me quedo con las belgas y las alemanas. Chinchín.
photo by marga ferrer

jueves, 22 de noviembre de 2007

El último grosero


Fernando Fernán Gómez se ha mudado al jardín de los groseros donde descansan otros genios como Cela y Umbral. Con todo, los artistas no son buenos o malos en cuanto que simpáticos, sino por las dotes que demuestran frente a las cámaras o delante de un folio en blanco. Y Fernán Gómez selló con exclusividad ambos polos del arte. Desde la proyección pública a la que hemos podido acceder en los últimos tiempos, intuyo que era tan rancio como Cela y Umbral. Cada uno en su categoría demostró ser sobresaliente, sin dar más explicaciones que las obligadas por el guión mediático.

Se va un gran actor, una persona de la cultura española, un hombre polifacético. Quedan pocos antipáticos en este país, aún menos en el panorama cultural. Hablamos de una raza que, con la desaparición del último grosero, queda en peligro de extinción.

miércoles, 21 de noviembre de 2007

Mi payaso


Disfruto mucho cuando pongo sobre la mesa a mi payaso y percibo una reacción favorable en el interlocutor que lo rescata. Todos tenemos un sentido del ridículo más o menos desarrollado, aunque nos cuesta hacerlo público. Lo despertamos casi siempre en nuestro círculo íntimo, con nuestros amigos, con la familia o con la persona que nos soporta a diario. Ser clown –término anglosajón que designa la realidad a la que me refiero- es ser persona en su definición más primigenia.

Las normas de conducta establecidas por consenso social nos determinan un comportamiento que no siempre es fácil de aplicar. Por naturaleza somos imperfectos y aspirar a cumplir al pie de la letra unos preceptos adultos afecta a nuestro lado más rebelde. Como somos crueles, muy crueles, aprovechamos las debilidades de nuestros congéneres para reírnos de ellos en los espacios del regodeo, en los sitios donde sabemos que la persona que sufre –más bien disfruta- del ridículo está acorralada por miradas justicieras que detectan el olor a incongruencia. No quiero ser espeso, mi pretensión es introducir al payaso, a la persona non grata de cualquier protocolo que se precie, al ser más espontáneo y natural que conservamos en nuestra persona más sincera.

En el año 2001 tuve la oportunidad de entrevistar a Eric de Bont, un payaso orgulloso de su condición que impartía un master internacional de clown en Ibiza. Asistir a sus clases fue una aventura digna de ser retratada en el tiempo, una experiencia que vendría muy bien a los que depositan el sentido de sus vidas en la amargura del prejuicio o en la venganza de su propia ignorancia. “Ser clown es disfrutar del fracaso”, decía.

No hay nada mejor que descontextualizar un momento amargo y hacer lo que uno sólo se atreve a escenificar a solas. Si trasladas esa espontaneidad a un escenario y la compartes sólo hay lugar para la carcajada. Alma naturista, encuentro salvaje con un yo amanerado, grito de vida en la ciénaga del qué dirán. Probad a hacer eso que nunca os habéis atrevido, sentid el calor de los mofletes rojos, la vergüenza del prejuicio, el aliento de unas carcajadas de plástico. Bueno, mi payaso se despide de vosotros. Esconderé mi nariz roja en la mesilla de noche porque ahora he de ponerme la careta rancia que esperan de mí al salir a la calle. ¡Uh!

(Dedicado a una profesional que se atrevió a quitarse su máscara tecnológica para compartir las risas de unos alumnos clown ávidos de situaciones límite).
photo by clown

Es el motor


El motor de la sociedad está gripado, como el de mi lavavajillas, que han tenido que cambiarlo porque venía defectuoso de fábrica. Por cierto, aconsejado por alguien cercano, me he visto obligado a poner un lazo rojo en la entrada de mi casa para alejar la mala suerte. Últimamente producto que compro, producto que he de devolver o que me reparan. Ya les advertí en reflexiones anteriores que siempre he tenido fama de ser un poco cenizo, por lo menos en la versión más jocosa de Óscar Delgado.

Pues eso, o somos demasiados los cenizos en la sociedad o el motor que la empuja está gripado desde hace tiempo. No es normal que el pan suba como en tiempos de crisis bélica, que la leche se convierta en producto de lujo o que coger el coche venga precedido de un acto de reflexión propio de cuando alguien compra un electrodoméstico de última generación por el que desembolsa una cantidad representativa en proporción a los ingresos domésticos generados. Porque del euribor ya hablamos hace poco, pero no se ha quedado manco en la cantidad de levadura que ha vertido sobre el ya de por sí esponjado precio de las hipotecas.

Una suma de factores que condicionan que nuestro consumo se haya ralentizado hasta cotas propias de sociedades menos avanzadas. Si presumir de ser una de las 10 potencias mundiales significa quedarse en casa, prefiero entrar en la meta en una posición más discreta. ¿Pedimos la foto finish?
photo by somos

martes, 20 de noviembre de 2007

Un año, 365 días


Un año es el tiempo que transcurre entre el 1 de enero y el 31 de diciembre, aunque también es el período de doce meses a contar desde un día cualquiera. Estas son dos de las definiciones que nos encontramos en el diccionario de la lengua española. Sin embargo, el volumen no contempla la significación que adquiere un año si lo abordamos desde la experiencia. Cada cual ofrecerá un balance personal en función de su aniversario, del evento que marcó el devenir de los meses o de la pasividad del día a día. Un año sabe a poco si lo analizamos dentro de la suma recorrida por nuestro devenir hasta hoy, pero se erige en poso de experiencia si lo desgajamos por sí solo y contemplamos qué nos ha ocurrido en los últimos 365 días.

Da igual la referencia que tomemos, podríamos empezar desde hoy mismo y mirar atrás. En un principio nuestra vista se detendrá en lo que hicimos ayer, la última semana, el último mes hasta comenzar a reparar en los hitos importantes que han condicionado nuestra evolución. Porque, aunque todos los años no reporten satisfacciones, crecemos y maduramos a diario. Dibujamos así la trayectoria de un concepto de vida diferente para cada uno de nosotros. Rememorar los últimos 365 días significa hacer balance. Somos libres, pues, de tomar la referencia que mejor nos sirva para afrontar otro tiempo similar sin tapujos.

Hoy a mí no me apetece. El 20 de noviembre no me evoca nada, otros lo tendrán como su día fetiche. Prefiero referenciar mi vida desde la manipulación de las estadísticas a partir de una jornada mágica en el devenir de mis siguientes 365 días. Siempre nos quedará el comodín de fin de año, los buenos propósitos de año nuevo o la amargura de una resaca cualquiera.
photo by somos

lunes, 19 de noviembre de 2007

Estadísticas


Me siento entre el porcentaje más alto de afectados por la crisis de las estadísticas. Hoy en día todo es susceptible de ser analizado en proporciones, cifras, resultados y tablas que nos encasillan en determinados modos de comportamiento, nos ubican en un espectro en relación con otros congéneres o nos indican que los precios se han mantenido o han crecido en el último año por debajo de la media europea. Cuando una persona se ubica dentro de este galimatías de datos se puede sentir importante, frustrado o ajeno a un ruido para el que no está preparado.

Personalmente prefiero ubicarme en una realidad ajena a los anuarios y a los informes emitidos esporádicamente por cualquier instancia que se precie. Hoy nadie es alguien si no llega con un informe debajo del brazo que delimite su acción en períodos fácilmente deducibles por su interlocutor. Seguro que estas líneas pasarán a engrosar las estadísticas de posts escritos en los blogs de habla hispana en los últimos cinco segundos, o supondrán mi condena virtual por atacar a tan preciado tesoro del siglo XXI. Una era que no deja a nadie al margen de lo acontecido, por más que uno sea de letras.
photo by marga ferrer

Las de siempre


Mantener la tensión dramática de los aficionados. Esa es la difícil misión que asume la UEFA cuando organiza una fase previa de la Eurocopa de fútbol. Edición tras edición lo consigue. Desde que tengo uso de razón, siempre se ha evidenciado que la siguiente iba a ser la competición que echaría de menos a tres o cuatro selecciones de las grandes. Eso siempre sobre el papel porque, una vez más, el próximo torneo, que acogerán Suiza y Austria en 2008, contará con todas las que tenían que estar. España, Italia, Inglaterra, Alemania, Francia, Portugal, Holanda… no faltarán a la cita con el fútbol internacional. Es un guión habitual al que asistimos unos espectadores cansados de fases clasificatorias y de representaciones teatrales de baja intensidad por lo previsible de sus actores.

Si alejamos la vista hasta Sudamérica, allí ocurre exactamente lo mismo. Ahora andan liados con la clasificación para el mundial de 2010 y las quinielas vuelven a situar a Brasil con problemas y a Argentina con dudas. Es algo cíclico, siempre ocurre. En la clasificación para Alemania 2006 y para la de Corea y Japón 2002, Brasil ya se encontró con hipotéticas dificultades para entrar. Luego llega el momento de disputar los campeonatos y siempre están y ganan los mismos. Ello a pesar de que en el transcurso de la competición también se impulsan pronósticos como “este año habrá final sorpresa”, “todo apunta a que las favoritas dejarán de serlo”, “ojo a esta selección que puede llegar a la final”… Frases enlatadas constitutivas de un guión que desmerece la realidad. Los aficionados no son fieles al fútbol por este bombardeo de miedos, propio de un merchandising caduco, lo son por la pasión que les suscita el simple recorrido del balón hasta la red.
photo by marga ferrer

sábado, 17 de noviembre de 2007

No olvides el móvil


Hace unos años Javier Marías escribió sobre la tiranía de los teléfonos móviles en una de sus colaboraciones habituales en el dominical de El País. El autor lamentaba que el portátil no nos dejara ni reflexionar en paz con nosotros mismos en momentos tan íntimos hasta la fecha como ir a comprar el pan o el periódico. Según Marías, antes de que estuviéramos sometidos al móvil aprovechábamos esos ratos de soledad para reflexionar, tomar decisiones en secreto, pensar, razonar o, sin más, escuchar el acontecer que nos rodeaba. Hoy en día, y de forma más grave si cabe que en el momento en que el autor lo analizaba, el teléfono compromete incluso nuestra credibilidad con los más allegados.

Es muy común encontrarse llamadas perdidas en el aparato multimedia y que nazca el sentimiento de culpa por no haber llegado a descolgarlo a tiempo. También se sufre desasosiego cuando uno olvida el móvil en casa por un despiste cuyas consecuencias conducen a aguar una cena de amigos, a retroceder nuestros pasos para recoger la herramienta infernal y llegar tarde a la cita, a no pensar más que en la acumulación de llamadas que debe estar registrando o a agobiar a alguna de las personas con las que te has citado pidiéndole permiso para utilizar el suyo, “es urgente, sabes”. No es un tópico, es el instrumento que acumula más horas de estrés entre la población mundial. Llegará un día, no muy lejano, en que otro de los instantes de placer íntimo, la ducha, se convierta en nuevo reducto para que el insolente móvil invada nuestra existencia.

“Te he llamado, ¿dónde estabas”, “siempre lo tienes apagado”, “no hay forma de localizarte”, “estoy cansado de llamarte”, “¿por qué no me lo has cogido?”… Da igual que estuvieras en una reunión, en clase, en el cine, en la ópera, en el trabajo, jugando al tenis, defecando… Todo el mundo pide explicaciones por no estar permanentemente comunicado. Tendremos que dejar de pensar porque nos llaman…
photo by somos

viernes, 16 de noviembre de 2007

Ni cinco minutos


No sabemos vivir sin luz, ni siquiera hemos dado un margen de cinco minutos a la energía para demostrarnos que podemos hacer frente al cambio climático. El intento de algunas organizaciones sindicales y ecologistas para que ayer por la tarde hubiera un apagón global ha quedado reducido a gestos voluntarios aislados entre una maraña de luces, calderas, motores, condensadores y demás artilugios contaminantes que no descansaron en su lento camino hacia nuestra autodestrucción. El que suscribe no pretende dar ejemplo porque las circunstancias de la vida cotidiana me condujeron a desenlazar un reto deportivo coincidente con la hora propuesta para el apagón. Perdí el partido, pero la sensación de derrota fue doble por no haberme sumado a tan edificante cita con la reducción del consumo de energía.

Aún así, me quedan dudas. No sé si este tipo de iniciativas conseguirá concienciar a los que de verdad tienen la capacidad ulterior de decidir nuestros destinos en el corto plazo: aquellas instituciones, órganos administrativos y gobiernos que dirigen sin brújula el futuro de los que vendrán detrás de nosotros. Una medida como la de ayer debería haber sido promocionada con campañas de difusión que explicaran a los ciudadanos la necesidad de realizar gestos por el ahorro de energía y ser convocados en lugares públicos para demostrar que se podía detener el mundo cinco minutos por la causa. Algo falla.

Cuando en un pequeño municipio se produce un incendio, normalmente todos sus vecinos dejan lo que les atañe para luchar contra las llamas. Organizan cadenas humanas con pequeños eslabones de agua para acabar con la amenaza que se cierne sobre sus hogares. Un rumor envolvente es el que les convoca sin la necesidad de organizar simulacros previos que coordinen sus esfuerzos. Si aumentáramos la escala de concienciación y el grosor de los eslabones quizá podríamos hablar de lucha efectiva contra un cambio climático que devora nuestros destinos.
photo by somos


P.D.: los organizadores del mundial de motociclismo prevén incluir en el calendario de 2008 un gran premio nocturno en el desierto de Qatar. La novedad: inmensas torres de luz que permitan a los pilotos "tener la sensación de que conducen de día" (sic.). ¿Absurdo despilfarro no?

jueves, 15 de noviembre de 2007

Cada uno en su papel


Siempre he preferido la versión original de los famosos que su faceta descontextualizada. Episodios como el protagonizado por Melendi en su primera aventura transoceánica en dirección a México confirman que cada cual debe destacar donde le toca. Cuando un artista encabeza titulares por menesteres alejados de su profesión suele caer en el ridículo más absoluto. El caso de Melendi, revolucionado y fuera e sí en un avión, no es el primero ni será el último. Un breve recorrido mental por diferentes puntos del planeta nos permite rescatar salidas de tono como las de Britney Spears, la afición cleptómana de Winona Ryder, el episodio del rey de España en Chile, los flirteos amorosos del presidente francés, los hábitos sexuales de Hugh Grant, los malos vicios de Kate Moss… o los numerosos y habituales ridículos mostrados por personajes de renombre en programas habilitados para destripar su lado humano.

Todos tenemos un lado humano, la diferencia es que a unos se nos reconoce precisamente por esa vertiente de nuestra personalidad y, a otros, los famosos, por el papel que desempeñan en una vida ficticia en la que ostentan efectivamente esa condición. Y me refiero a la gente VIP de verdad, no a los bodrios y mostrencos que presentan a diario seudoperiodistas en la pequeña pantalla. Gente que debe guardar las formas para que su fama no se desplome. Los futbolistas, mejor que hablen en el terreno de juego; los toreros, que lo hagan en el ruedo; los actores, que actúen siempre para no ver su lado real; los cantantes, que canten para evitar cantadas como la referida por el artista asturiano. Cada cual debe desempeñar el papel que el destino le ha asignado en la vida y procurar no desafinar. La oferta es tan amplia que no cuesta nada defenestrar a la estrella. ¡Marchando una de huevos estrellados!
photo by marga ferrer

Miedo


Miedo, sensación de vértigo, de abandono del tempo de juego, de escalofrío ciático en el alma. Lado íntimo de todos, puesto en común por nadie. Tener miedo nunca ha estado de moda, es propio de gente débil. Nadie reconoce pasar miedo pero todos nos hemos asomado a sus síntomas. Escenas de películas reproducidas en nuestra mente y proyectadas a la realidad de la vida doméstica; fragmentos de programas oscuros revertidos sobre nuestra conciencia; pánico a la soledad; vértigo a las puertas abiertas de unos armarios espías de nuestro frío pesar. Cada cual esconde en su interior relatos que bien podrían erigirse en guiones de un género agotado.

Cuidado, si te das la vuelta puede haber alguien con ganas de hacerte pasar miedo. Mejor no exponerte a la soledad de un instante que te convierta en protagonista de una nueva escena censurada. Del miedo al terror sólo encontramos el paso que existe entre la vida real y la de ficción. Nunca sabremos dónde se ubican nuestras experiencias porque la mente es muy caprichosa; nos hace pensar, escuchar y sentir realidades que no siempre son reales. Cuéntalas…
photo by somos

miércoles, 14 de noviembre de 2007

Cálculos


Somos jeques de la vida pero nuestras calculadoras no pueden mostrarnos la cantidad de ceros que manejan los de verdad. Leí ayer una noticia referida a la compra de un Airbus A380, el avión más majestuoso del planeta, por parte del príncipe saudí Alwaleed bin Talal. Le costó 220 millones de euros. Si ya es difícil calcular lo que podríamos hacer con 220 millones de las antiguas pesetas, la misión se eterniza al imaginar una operación de tal magnitud. Lo mismo ocurre en la vida cotidiana con cantidades más livianas. Hemos perdido la razón al calcular el valor de las cosas, incluida la cesta de la compra. Ejemplos hay muchos pero uno recurrente es el del gazpacho envasado. Vaya tontería, pero no hay más que volver la vista atrás, antes de la implantación del euro, para comprobar que no era producto de masas por su precio poco competitivo. A finales de los 90, el brik de esta receta española costaba cerca de 500 pesetas, precio prohibitivo para la mayoría de cestas que visitaban el supermercado. Hoy, diez años después aproximadamente, su precio se acerca a los 4 euros (cerca de 700 pesetas). Sin embargo, lejos de reducirse las ventas, éstas se han incrementado sobremanera, hasta tal punto que las marcas blancas de las superficies comerciales más representativas se han lanzado a comercializar su propio gazpacho.

Es diferente ver cerca de 700 pesetas que 3’95 euros. El subconsciente reduce el impacto de la coma y los euros y nos hace pensar como si fueran 395 pesetas, aunque conscientemente sepamos que son cerca de 700. Parece un trabalenguas pero es tan fácil como asemejar este proceso comercial al que emplean muchas multinacionales para inducir a su consumo a través de la publicidad subliminal. Somos testigos de piedra de unas cantidades que se nos escapan, ya sea por tratarse de cantidades astrológicas como domésticas. Cuiden sus carteras.

P.D.: Ejercicio virtual. Imaginad que ganáis 220 millones de euros, ¿hasta dónde alcanza vuestra imaginación para dibujar ese dinero?, ¿podéis describir el volumen de tal cantidad?
photo by marga ferrer

martes, 13 de noviembre de 2007

Sangre azul


Ahora los duques de Lugo anuncian una interrupción voluntaria y temporal de su convivencia. Asistimos a una metamorfosis sin precedentes de la sangre azul hacia rasgos naturalmente humanos. La tradición de los linajes reales marca que los estados de ánimo o la condición sentimental de sus miembros no deben interferir en el recto protocolo que proyectan a sus súbditos. No hay que mirar muchos ejemplos para encontrar príncipes gays, princesas obligadas a casarse por unas tierras o infidelidades que nunca traspasaban los muros de palacio salvo para alimentar los rumores entre los villanos. Si existen todavía monarquías en pleno siglo XXI es porque de una forma u otra la realeza ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos sin modificar ni un ápice sus costumbres inmemoriales. Con todo, el peligro que corren sus componentes estriba en hacerse de carne y hueso a los ojos de sus conciudadanos. Es lo que está ocurriendo en los últimos días en España.

¿Desde cuándo un matrimonio real puede disolverse sin producir un escándalo?, ¿no deberían aplicar el protocolo y separarse de facto pero sin eco a la opinión pública?, ¿pervivirá el modelo de realeza tradicional? Es curioso asistir desde la barrera a tales movimientos, más significativos que cualquiera de las bodas, bautizos y comuniones que la monarquía ha celebrado siglo tras siglo como si fueran perfectos. Pues no lo son. Es, al fin y al cabo, una buena noticia, aunque para muchos tradicionalistas supondrá un desengaño igualable al del niño que descubre la mentira de los reyes magos. El rey manda callar fuera de guión a un presidente, su hija encuentra en esa naturalidad el mejor momento para anunciar a bombo y platillo su separación. Nadie podrá acusarla de ser la pionera de una espiral que conduce hacia la naturalización de seres con manías de este mundo.
photo by marga ferrer

¿Mala suerte?


Será casualidad, pero los cinco años que hoy se cumplen de la catástrofe del Prestige, petrolero que vertió más de 60.000 toneladas de crudo en aguas de España y de Portugal, coinciden con la onomástica de los supersticiosos: martes 13. Una jornada nefasta para los pájaros de mal agüero, para los cenizos y para los que achacan sus desgracias a que alguien les ha mirado mal. A todos ellos habría que decirles, para aliviar su pesar, que a lo mejor se equivocan.

El quinto aniversario del naufragio del petrolero en aguas gallegas ha venido precedido de catástrofes similares en otros puntos del planeta. En el Mar Negro, una tormenta de dimensiones inesperadas ha levantado la máxima alerta medioambiental por el vertido de 2.000 toneladas de fuel y 3.000 de azufre en el Estrecho de Kerch. En California, Terminator no ha dormido en los últimos días porque un carguero ha perdido 200.000 litros de fuel en la bahía de San Francisco. Mientras, Valencia acoge una cumbre que busca recambio para el protocolo de Kyoto, ofreciendo como ejemplo de eficacia medioambiental un paisaje enfermo de ladrillo y de cemento.

Hitos que minimizan la importancia supersticiosa del martes 13 y evidencian que la mala suerte no es caprichosa. La mayor parte de las desgracias ocurren por la confluencia de unos factores precedidos de falta de prevención, de previsión y de precaución. Hoy estamos manchados de fuel hasta las orejas, quizá sea un aviso para que confiemos más en nuestra suerte. Recreémonos en ella y pongamos fin a la era del petróleo.
photo by marga ferrer

lunes, 12 de noviembre de 2007

Pronóstico


Creo que tengo un defecto grave al retener los momentos creativos de otros, especialmente si son audiovisuales y si no han sido ideados por gente cercana. Me refiero, sobre todo, a las películas y a sus directores, a los fotógrafos y a otras piezas que guardan relación con esa vertiente del arte. Me quedo más rápido con los nombres de los actores principales que con los de guionistas, productores, realizadores o directores. Es injusto porque de ellos radica el mérito del éxito o del fracaso en un porcentaje muy elevado en relación con los figurantes, cuyas dotes son tenidas en cuenta a veces más por su cara bonita que por su verdadera capacidad interpretativa. Reconozco que conmigo su estrategia comercial triunfa sin filtrar. Puede responder a una falta de atención, a una ausencia de la necesidad de archivo, quizá a que sólo valoro el resultado en su conjunto, sin detenerme a aplaudir o a condenar al responsable.

Sin embargo, no me ocurre lo mismo cuando abordo textos, relatos, libros y demás creaciones literarias. Debe tener alguna explicación racional seguro. Agradecería que alguien supiera emitir un pronóstico certero que palie la injusticia que propino a unos artistas que quedan defenestrados en mi cabeza, hoy esponjada por cierto…
photo by somos

Lunes


“Vaya, pues parece que el frío hace acto de presencia”. Los lunes son días de conversaciones enlatadas. Para la mayoría, la primera jornada laboral tras el descanso dominical sirve para desoxidar las relaciones sociales y para recuperar el pulso de las conversaciones sin origen ni destino. Diálogos spam consecuencia de la educación, de la necesidad de mantener el status quo con el compañero de despacho o, sin más, dirigidos a romper la rutina de unos trabajos mecánicos sin lugar para la realización del individuo como persona.

Lunes, lanzadera de frustaciones, trampolín de emociones, proyección de tradiciones dialécticas. Día de la semana antipático por excelencia pero necesario para la preexistencia de la lógica que el sistema impone en los países desarrollados. El fútbol, el tiempo, los precios y, por estas fechas, los regalos de una Navidad cada vez más prematura se erigen como ítems conversacionales de la artificialidad de las relaciones humanas sin compromiso. Por cierto, parece que va a llover…
photo by somos

domingo, 11 de noviembre de 2007

Respuesta provocadora


“¿Por qué no te callas?”, espetó ayer el rey de España al presidente venezolano Hugo Chávez. Definitivamente, la huelga de guionistas hollywoodienses ha surtido efecto. Los mandatarios internacionales se han lanzado a la arena de la improvisación por si acaso a sus jefes de gabinete se les ocurriera actuar igual que sus homólogos en el arte de crear escenas de ficción. El rey, el primer español en eso de leer discursos enlatados, ha sorprendido a todos por primera vez en su historia con una reacción más propia del ámbito privado en un enclave oficial como la XVII Cumbre Iberoamericana clausurada en Chile.

¿La monarquía evoluciona o envejece? De mayores es ser gruñones y el rey ha mantenido la compostura durante muchos años hasta que su cuerpo le ha pedido marcha. Dice un antiguo refrán que dos no riñen si uno no quiere; y una persona que lleva las riendas de la alta representación estatal no debería caer en provocaciones procedentes de un provocador profesional. Suena tautológico, pero el provocador que provoca y no obtiene respuesta se suele quedar con cara de tonto, más todavía si se desenvuelve en el espacio público. Si, por el contrario, consigue la reacción de tan insigne cromo, el ganador de la cumbre es él. Ni el hambre, ni el agua, ni Zapatero, ni Aznar. Digan Chávez, provocador real.
picture by myself

sábado, 10 de noviembre de 2007

Básico


Básico, el mínimo garantizado. Normalmente se nos pide que nuestro comportamiento se adapte a un estereotipo de conducta. Un estándar cuya referencia ejemplar se vehicula a través de diversos soportes como los medios de comunicación, las películas, los libros o los líderes de opinión. El plano subjetivo tiene entonces la potestad de conformarse o de modelar lo heredado para perfeccionarlo y elevar el listón de lo básico. En ese camino, nos encontramos con obstáculos difíciles de superar.

Cuando la oveja abandona el redil para pensar, el resto aprovecha la superioridad numérica para, desde la cobardía, atacar al miembro descarriado. Si su aventura encuentra un prado de rica hierba al margen del camino habitual es entonces cuando la burla desaparece y la camaradería se reestablece. Las ovejas ya tienen dos sitios donde pastar, eso es lo básico. El que una haya sido valiente y haya tenido que ser humillada a insultos por el resto para encontrar un mejor plato significa algo más.

¿Por qué no probamos? Podríamos ser por un día ovejas que no se creen las mentiras disfrazadas de verdad; o que confían en otra agenda diferente a la que les marcan los medios de comunicación en su pacto con los políticos; o que utilizan ese retrovisor lleno de polvo para mirar atrás y ver cómo viven las ovejas en otros continentes; o que viajan para comprobar qué manjares esconden otros prados.

No me creo que lo básico sea tan básico, ¿vosotros?
photo by marga ferrer

viernes, 9 de noviembre de 2007

Alfredo


Alfredo no tenía amigos, o al menos eso creía. Siempre comía solo, no tenía con quien ir al teatro y sus viajes eran monólogos de impotencia al no saber a quién narrárselos. A su familia le importaba bien poco el destino del que consideraban cruelmente el patito feo de la estirpe de los Robira. Hace años que se desentendieron de él, para ellos era más importante la apariencia que la autenticidad, una bolsa de dinero antes que una merienda familiar. Alfredo caminaba solo por una vida notarial. Quería conversar, debatir sobre las cuestiones cotidianas pero nadie le hacía caso. Nunca tuvo suerte con la gente, era demasiado auténtico y no quería ponerse la careta de la apariencia. Lamentaba que para insertarse en la sociedad tuviera que dejar de ser él, algo que aprendió en su adolescencia cuando la persona que amaba le dictó el comportamiento a seguir como moneda de cambio para continuar con ella. Alfredo fue valiente y prefirió ser libre, seguir su camino desde la máxima lealtad a sí mismo. Algo que le condenó al ostracismo, a la defenestración social en un entorno cada vez más podrido e hipócrita. Alfredo aprovechaba su condena social para formarse, cada día devoraba las letras engarzadas de unos libros ávidos de ser aprovechados por alguien como él. No quería dejar de conocer la inmensidad de un mundo hecho para otros, institucionalizado a golpe de normas retrógradas pero tan bonito como un beso a escondidas. Se fue sin decir adiós porque nadie se giró.

Alfredo era gay en el siglo XX.
photo by marga ferrer

jueves, 8 de noviembre de 2007

Viaje


En la década de los ochenta los Toreros Muertos interpretaron en plan jocoso una canción cuya letra recogía un viaje imaginario emprendido por la orina de su cantante, Pablo Carbonell. Hoy, en pleno debate mundial sobre las consecuencias del cambio climático, el tema ha dejado de ser motivo de sorna. No hay más que acercarse a cualquier punto turístico con costa. Demasiados grifos abiertos a la vez, muchas personas que tiran de la cadena a la par, decenas de miles de bombillas encendidas incluso de día -por si los cacos-, litros de aceite vertido de forma inadecuada por la pila… Normalmente son segundas residencias en las que sus propietarios o inquilinos invierten lo mínimo en dotarlas de los requerimientos básicos para evitar el despilfarro. El resto son hoteles que cierran durante nueve meses para después hacer el agosto, por lo que no es extraño encontrarse, ante esta saturación voraz e improvisada, con numerosos vertidos fecales en aguas marítimas un día sí y otro también. Un viaje de corto recorrido el emprendido por esa agüita amarilla que topa de bruces, ya no con las personas que se bañan en la playa, sino con los pececillos y demás seres que habitan de forma pasiva el fondo del mar.

Pero no sólo llega al mar la orina. La misma desidia descrita por los residentes y hoteles de las zonas turísticas es aplicada por determinadas empresas del círculo más próximo a los municipios costeros en los que se encuadran. Así, vertidos de rica espuma industrial, recipientes acabados, productos tóxicos y otros elementos que nos reservamos, navegan a sus anchas por los arroyuelos y las desembocaduras de la costa. ¿Nos les da asco?, ¿no les da pena?, ¿les gusta la playa?... Cierra.
photo by marga ferrer

miércoles, 7 de noviembre de 2007

Sarkozy


Nicolás Sarkozy es más conocido que Jacques Chirac, por lo menos esa es la sensación que queda tras su primer semestre como presidente de la República Francesa. Si bien es cierto que se ha hecho famoso a golpe de exclusivas ofrecidas por los soportes donde a él nunca le hubiera gustado destacar: en las revistas del corazón y en los confidenciales. Es más un hombre de moda en ese género que en el apartado de las decisiones políticas. Sabemos que tenía problemas con su mujer, que se ha divorciado, que de sus vacaciones en Estados Unidos trascendió una foto manipulada de su torso, que dejó en la estacada a una periodista estadounidense tras formularle una pregunta sobre sus problemas sentimentales… Sarkozy lo sabe y por eso se ha preocupado en los últimos días por lavar su imagen y dejar claro ante su electorado que, ante todo, es una persona que efectivamente trabaja para solucionar las preocupaciones de los franceses e, incluso, las de los españoles.

Ante la ausencia de embajada española en Chad, el presidente francés tomó las riendas de la negociación con su antigua colonia y, ni corto ni perezoso, desembarcó esta semana en España para lucir ante sus ‘conciudadanos’ de capacidad resolutiva. Se trajo consigo a cuatro azafatas de los siete tripulantes españoles retenidos en el país africano acusados de ser cómplices de la ONG francesa Arca de Zoé en el presunto tráfico de niños. O España tiene un peso internacional desconocido hasta ahora o en Francia cuentan con una persona que no sabe a qué recurrir para someterse a un lifting de credibilidad política. Con todo, gracias vecino.

Memoria


Da pánico pensar en todo lo que uno recuerda cuando hace el ejercicio de rememorar circunstancias personales o eventos de renombre. Con sólo tres décadas a mis espaldas la memoria me concede el capricho de regresar a la entrada de España en la Unión Europea, a los JJOO de Barcelona 92 –por no referirme a los de Los Ángeles 84 o Seúl 88-, a victorias electorales sonadas en España como la de Felipe González en 1982 o la de José María Aznar en 1996, al fin del bloque oriental, a la consiguiente caída del muro de Berlín y a la unificación alemana, a las Copas de Europa del Real Madrid en technicolor, a la guerra del Golfo, a la CNN en su versión más mentirosa, a las movilizaciones contra la OTAN y contra las bases norteamericanas, a los chicos de oro del baloncesto español y a los de plata del 84… Hitos, eventos y hechos que se acumulan en el lado del cerebro predestinado a archivar información de forma masiva y que trascienden ese ámbito hasta afectar al lado más consciente de mi existencia para advertirme de que, a la par, el depósito de vida y de experiencia se va llenando.

Es maravilloso recordar, pero angustia rememorar. La segunda de las cuestiones te presenta en bandeja el recorrido exacto transcurrido desde el objeto recordado hasta el presente. Si la memoria entrega a la existencia hechos acontecidos recientemente el sufrimiento es menor. Pero si recuerdas con nitidez acontecimientos de hace 20 años comienza a revolotear una sensación que abarca desde la ostentación del poder de la información hasta la sensación de longevidad que produce acordarse de hechos que representan la edad de mucha gente con uso de razón, con vida propia e independientes, como el que suscribe. Tampoco sería razonable mirar sólo hacia lo que nos depara, ya que nada tiene sentido si no se asocia con la experiencia. Quizá sea, sin más, el peaje a pagar en la frontera entre el joven y el maduro. La memoria, fuente inagotable de sorpresas, fiera que sueña, cuentakilómetros de experiencia.
P.D.: Acabo de acordarme, al mirar la fecha de publicación, que hoy hace 17 años exactos del primer concierto de Depeche Mode al que asistí como espectador. Fue un 7 de noviembre de 1990, en el Palacio de los Deportes de Madrid. Fui con mi hermana. Tenía 13 años. ¿No es fascinante la memoria?
photo by marga ferrer

martes, 6 de noviembre de 2007

‘Futpolítica’


Qué incongruencia futbolística nos hemos encontrado esta semana. El entrenador del Real Madrid y los titulares de la prensa madrileña han contribuido a vincular directamente la pasión futbolera con la territorial. Una circunstancia que se suma a las ya habituales de los directivos de clubes de fútbol que defienden causas que traspasan la frontera de los colores y de la representación deportiva. Sin ir más lejos, recordemos la temporada pasada cuando Laporta colocó en el Camp Nou un mapa de los países catalanes justo el mismo día que su equipo jugaba contra el Valencia, algo que fue aprovechado por determinadas fuerzas políticas para incluirlo en su agenda como elemento arrojadizo en la causa parlamentaria…

Si el fútbol no se interpusiera entre Cataluña y Madrid; si ser merengue o culé no significara ser más o menos español, ser más o menos catalán o ser más o menos europeo; a buen seguro no serían tan insultantes los prejuicios que reinan en ambas partes. No mezclemos deporte con política porque el resultado es perjudicial para la salud de los que se implican de lleno en el conflicto y para la de los que lo sufrimos.
photo by marga ferrer

Cerebros que mueven el mundo


Desde hace unos días, la industria de ficción de Hollywood sufre las consecuencias de una huelga sine die que protagonizan los guionistas de las principales series y programas del prime time estadounidense. Un prime time cuya resaca salpicará meses después las parrillas de programación de las televisiones de todo el planeta, que de momento sonríen al contar con numerosos capítulos en diferido. Nos damos cuenta, pues, que basta una queja para que este mundo dependiente de terceros se desvanezca como un azucarillo. Porque las grandes estrellas de la CBS o de la ABC dejan de serlo cuando alguien no les escribe previamente en un papel si tienen que reír, dónde pueden introducir el chiste del día o por qué no deben hablar de esa cuestión tan polémica que les restaría audiencia. Algo que podemos trasladar a los actores de la pequeña y de la gran pantalla y a otros actores que deciden nuestros destinos: los políticos, monarcas, empresarios y demás seres con capacidad decisoria.

¿Se imaginan qué haría un presidente de cualquier Gobierno sin el texto que le escriben sus responsables de gabinete cada vez que tiene una comparecencia pública? Los cerebros que mueven el mundo tienen el poder de redactar los titulares del mañana. Cuando un líder político convoca una rueda de prensa lo hace con la tranquilidad de saber que alguien rebusca entre los entresijos del lenguaje para quedar lo mejor posible ante los medios de comunicación y ofrecerles el titular más creativo e impactante, siempre y cuando los intereses de su ideario queden resguardados. ¿Qué harían los reyes y príncipes sin las letras unidas de un protocolo rancio pero necesario para el papel de representación estatal que desarrollan?

Los guionistas, en todos los niveles, son esos muñequitos con nombres y apellidos que siempre permanecen en el anonimato pero cuando hablan en alto provocan un vendaval que arranca de cuajo el castillo de naipes de la mentira. Esta vez ha sido la ficción hollywoodiense, pero que nadie se quede de brazos cruzados porque como a alguno se le ocurra solidarizarse con la causa y alzar la voz… adiós ruedas de prensa, comunicados institucionales, conferencias políticas, visitas de cortesía o debates parlamentarios.

viernes, 2 de noviembre de 2007

4,647 = 3,14




No es un número de vuelo, tampoco el de un preso, ni siquiera es una terminación de la lotería de navidad. Se trata del índice de referencia para fijar el tipo de interés de la mayoría de hipotecas que se firman en Europa, el verdadero número pi de nuestros días. La noticia es que por primera vez en dos años ha bajado, lo que significa que cuando toque la revisión de los préstamos hipotecarios los consumidores comprobarán absortos que pagarán un poco menos de intereses a sus amigos los bancos. Si hace dos años pagaban 600 por lo que hoy pagan 900 euros, mañana podrán tomarse ‘gratis’ un buen almuerzo a la salud del Banco Central Europeo y pasado mañana podrán irse a comer a ese restaurante que no pisaban desde hacía 730 días. Baile de números y de lógicas matemáticas adaptadas a la realidad de una sociedad mileurista ahogada por un sistema que impone nacer, crecer, estudiar lo que no gusta, ennoviarse, casarse, comprar casa y morirse del asco con las deudas contraídas. Un maravilloso mundo que ni Alicia hubiera soñado en su País de las Maravillas.

El precio del dinero que no se tiene es motivo de celebración porque cuesta 0,1 menos que hace un mes. Prefiero que me comuniquen con letras de molde que el hambre se ha terminado en África, que a algún miembro de mi familia le ha tocado la lotería (sería generoso conmigo, espero) o que mi artista favorito viene a España a amenizar la atrofia social con un concierto multitudinario. Es que no quiero vivir obsesionado con datos que asfixian al más pintado. Mientras, pelotearé al euribor para que muestre clemencia y siga bajando su índice hasta que podamos coincidir tres amigos en ese restaurante que sirven una carne tan bien hecha.

jueves, 1 de noviembre de 2007

I don’t believe in miracles…


“…and they happen every day. I don’t believe in Jesus, but I praying anyway…” Dave Gahan, el líder de Depeche Mode, ha vuelto con su segunda aventura en solitario. Y lo ha hecho con una propuesta titulada Hourglass, dirigida a desnudarse espiritualmente ante los que, como yo, somos sus seguidores desde hace muchos años. Porque a los que de verdad nos gusta todo lo relacionado con el grupo inglés, agradecemos que sus componentes hagan apuestas en solitario que ayuden a saciar el hambre con la que esperamos la llegada de nuevos discos. El álbum sabe a intimidad. Dave se muestra sensible y sincero, faceta siempre escondida, salvo gestos puntuales, en su singladura depechera. De la escenografía, fotografía y diseño se ha vuelto a encargar su excelencia Anton Corbijn (http://www.corbijn.co.uk/), quien también ha trabajado para U2, Bruce Springsteen, Tom Waits, Rolling Stones, Bon Jovi o José Mercé, entre otros.

En 1986 Gahan se atrevió, dentro de las caras b de Black Celebration, con un tema más propio de la vertiente de su personalidad. Se titulaba ‘But not tonight’ y no fue incluido en uno de los discos más góticos de Depeche Mode porque, sin más, no pegaba ni con su tono ni con su ritmo. Pero el tiempo ha dado paso a una madurez insinuada cuatro años atrás, en su primera apuesta en solitario (Paper Monsters) y confirmada ahora en Hourglass. Es el típico disco que gusta de una ‘primera escuchada’, no es necesario rayarlo para familiarizarse con los temas. Tienen fuerza y se nota. Saw something, Miracles, Endless o 21 days son las nuevas canciones de un Dave Gahan desenganchado de los malos vicios que entona el mea culpa en un álbum redondo. (http://www.davegahan.com/)

David, Premio Planeta


No, no, ya sé que el flamante ganador del Premio Planeta 2007 ha sido Juan José Millás. La historia que pretendo contarles se refiere a la persona artífice del primer contacto como lector que mantuve con el escritor referido. David Barreiro es su nombre, asturiano de nacimiento, madrileño de adopción y periodista, escritor y creador de profesión. Allá por 1995, en una tarde interminable de estudio en un frío colegio mayor de Salamanca, el susodicho me habló de Juan José Millás como una de sus referencias más sonadas. La ignorancia me condujo a reconocerle que desconocía a un autor cuyo nombre me sonaba a baloncestista más que a un reputado columnista. David me invitó a leer las reflexiones de aquel base, escolta o pívot los viernes, en la contraportada de ‘El País’. Y así lo hice hasta nuestros días, en los que, no sé si por la buena estrella conferida al autor o porque de verdad es bueno, ha resultado ser el ganador de tan insigne reconocimiento literario. Desde entonces, se ha convertido en uno de mis autores favoritos junto a otros ‘desconocidos’ como Eduardo Mendoza, Manuel Rivas, Paul Auster, Pérez Reverte, García Márquez, Paco Umbral o Camilo José Cela.
Lo mejor de esta historia cotidiana apunta más lejos. David acaba de ganar el Premio Asturias Joven 2007 en la categoría de narrativa, una excelente noticia para su entorno más cercano y un paso más en su carrera hacia el Planeta. Por eso no es tan descabellado el título de este escrito. De bien nacidos es ser agradecidos, reza el refrán. Pues hay que serlo con una persona cuya trayectoria apunta hacia ese premio sonado. Si no conocen todavía a David Barreiro, me he permitido la osadía de presentárselo a los que lean estas líneas, como él hizo cuando me habló de Millás. Enhorabuena David (pueden encontrarlo en http://www.duermevela.es/ y en http://www.sincolumna.com/).