martes, 28 de agosto de 2007

Lectura obligatoria








Hoy, como cada mañana, al revisar con minuciosidad los contenidos personales que me atañen a través de Internet he encontrado, poco antes de las nueve de la mañana, la triste noticia del fallecimiento de Francisco Umbral. Todo un señor, todo un intelectual, todo un filósofo urbano que nos deja. Hace años sentí un escalofrío similar cuando murió Cela, escritor de carácter agrio pero rebosante de virtudes dialécticas. Tanto el uno como el otro me han acompañado indirectamente en las segundas dos décadas de mi vida. Cela, por ser una de esas lecturas de la enseñanza obligatoria que me marcó y Umbral por ser ese intelectual reflexivo que me hacía pensar en el por qué de los aconteceres desde mi época de universitario hasta días recientes.

Escritor virtuoso y cronista sincero como las verdades que ofrece un niño ante un grupo de adultos desconcertados. Umbral siempre ha dicho las cosas como a él le han parecido, sin tapujos, sin el miedo a la censura. Situado siempre desde un lugar privilegiado, desconocido para el clientelismo actual por el que atraviesa la profesión periodística. Umbral escribía desde la neutralidad de la barrera, con un ojo crítico afilado e inapelable

No me gusta hablar bien de las personas cuando se van, pero con Umbral hay que hacer una excepción. Con Cela, también la hice. Casualmente ambas muertes me cogieron por sorpresa, a primera hora del día, cuando el subconsciente aún duerme y la razón se despereza. Aunque hay cuchillos informativos que penetran en la conciencia más sensible de nuestro tejido humano, cual aguja hipodérmica. Supongo que ya estarán los dos en aquel lugar indeterminado que nos espera después de la muerte, compartiendo una conversación avinagrada en un escenario similar al del Café Gijón terrenal.

Gracias, Umbral, por ser un ejemplo de libertad e independencia a la hora de escribir. Gracias por haberme hecho pensar. Gracias por haber dejado un legado intelectual tan rico. Perdón por no haberte dedicado antes ninguna reflexión. Los seres humanos somos así de hipócritas.


A continuación, incluyo el artículo de opinión que bajo el título 'Viaje de ida y vuelta' publiqué en el diario 'Última Hora Ibiza y Formentera' el 18 de enero de 2002, con motivo del fallecimiento de Camilo José Cela:
Ocho y media de la mañana. El despertador se viste de tetricidad, como otras mañanas en las que algún terrorista desalmado ha colocado un artefacto letal. El susurro en el que se transforman las voces de los locutores para el individuo que aún dormita es diferente cuando sucede una tragedia. Cela ha muerto. Se cumple uno de los peores presagios, pero a la vez tan evidentes como la vida misma, soñado allá por 1988, año en el que descubrí al escritor gallego. Por aquel entonces ya pensé en el escalofrío que sentí ayer al escuchar la noticia.
'Viaje a la Alcarria' me colocó la primera piedra para perpetuar una curiosidad que creció con los años por conocer la idiosincrasia de los pueblos de la geografía española. Un viaje cuyo peaje testimonial pagó Cela. Él se ha ido con la fugacidad de las ondas electromagnéticas que despertaron con tristeza a los que dormían mientras el genio del lenguaje agonizaba. Hace 13 años elegí no mirar al futuro, preferí convencerme de que los grandes escritores eran eternos. Desde ayer nunca será demasiado tarde para regresar a la Alcarria, paisaje mudo de un clásico que nos ha dejado.


martes, 21 de agosto de 2007

Aromas de vida





Hace años escribí una reflexión sobre los olores en el periódico donde trabajaba, en Ibiza. Lo hice en una minisección denominada 'La Ventana' que habitualmente ocupaba el responsable de la sección de Cultura. El descanso vacacional de éste me dejó la oportunidad durante unos días de dar rienda suelta a esos pensamientos que retenemos en nuestra intimidad sin compartir con nadie. Como los que aquí expongo los días que necesito plasmar formas de pensar respecto al acontecer cotidiano.
Poca gente, imbuida quizá por la vergüenza social a desnudarse emocionalmente ante los ojos ajenos, se atreve a compartir esos crujidos de vida aprehendidos en los momentos de mayor percepción del ser humano, en la infancia. Se puede considerar una tontería expresar con nitidez sensaciones primigenias o caer en el error de pensar que será fácil convertirte en un bicho raro por exponer con claridad emociones. En mi caso, favorecido por la lejanía de mi lugar de origen, por el misticismo de un entorno aún desconocido para mis sentidos y por la posibilidad efectiva de compartir reflexiones íntimas con los lectores de un diario, la timidez desapareció y escribí los reflejos de la versión tabú de Óscar Delgado.
Una de aquellas ventanas circunstanciales se refirió a los aromas y la titulé 'El olor de lo hostil'. Siendo ya un adulto caí en la cuenta, sobre todo cuando me vi obligado a dejar el calor del hogar familiar, que los olores eran los mejores mensajeros de la infancia y los puestos de control para enfrentarse a lo desconocido. Al principio, en Ibiza olía a incertidumbre y a libertad. Con el tiempo, los olores se tornaron en familiaridad, en pasión y en un libertad con matices menos salvajes. Estuve casi dos años en la isla. A buen seguro, sus aromas los rescataré en algún momento de mi vida para identificar nuevos estados de ánimo.



domingo, 12 de agosto de 2007

La radio y el mosquito









Ocupo estos días largos de agosto con un trabajo de investigación referido a la radio en internet. La verdad es que en los últimos años nos hemos malacostumbrado a disfrutar de las ventajas que ofrece la red sin detenernos a pensar lo bien que están llevando los medios de comunicación tradicionales esa competencia. Han demostrado tener una capacidad de adaptación sorprendente.


Los expertos y vaticinadores de nuestro futuro se empeñan en demostrar con sesudas teorías que los insectos poblarán la Tierra una vez que el ser humano se haya autodestruido. Los mosquitos serán los mayor beneficiados de las nuevas tecnologías, que desaparecerán entre fuego, hielo y temperaturas extremas para ser reiventadas.


La capacidad de adaptación de los insectos a condiciones de vida adversas les convertirán en los superhéroes del futuro. La radio es la heroína del presente. Ha sobrevivido con fuerza a la revolución tecnológica iniciada a finales del siglo XX con el nacimiento del nuevo medio Internet y ha sabido complementar sus contenidos haciéndolos más agradables a los oídos y ojos de un navegante/oyente cada vez más exigente.


¡Viva la radio!

sábado, 11 de agosto de 2007

Garrapata de pata negra

Leí ayer un artículo curioso en La Vanguardia que hacía referencia a una enfermedad que transmite un antrópodo, la denominada garrapata de pata negra. La picadura del 'bichito' produce unos síntomas tales como dolores de cabeza, mareos o vómitos. Lo peligroso llega cuando no se detecta su presencia a tiempo, ya que puede causar la muerte.
El mismo escrito mencionado se refería a que el presidente de Estados Unidos había sido una de las víctimas de la patología durante una estancia vacacional en Pennsylvania, zona por donde el parásito está más extendido. Afortunadamente para él, su equipo médico detectó los síntomas con la celeridad suficiente como para no alertar o alegrar a la población norteamericana.
Me quedo con nuestro pata negra, que solo provoca la muerte del cerdo bellotero.

viernes, 10 de agosto de 2007

Londres al plato



Londres: una ciudad que me conquistó y a la que todavía no había dedicado las buenas palabras que merece. Posiblemente esta fotografía no reproduzca la visión turística tradicional de la ciudad. Pero el momento en que se captó seguro que sí. Corría el penútlimo día del año 2006 cuando, tras un largo paseo por las calles nobles de la capital inglesa en busca de un restaurante en condiciones, topé con el típico bar italiano donde degustar un escalope de ternera. Allí se produjo un espejismo similar al que reproduce la foto: el momento en que una mujer que discurría por la calle echó un vistazo al interior del restaurante, a la mesa en la que yo me ubicaba. Tan fugaz como el haz de movimiento que refleja la instantánea. Como un escalope de ternera que no pasa desapercibido ante los ojos de una viandante pero sí ante una sociedad que come más bien mal.

La capital del Inglaterra, con todo, es algo más que un comentario referido a la gastronomía. Volveré para observarla más detenidamente.








canícula

Las páginas de sucesos del mes de agosto vienen cargadas de asesinatos, violaciones, atracos y otros delitos con una mayor incidencia que el resto del año. No hace mucho tiempo, visioné una película titulada 'Canícula', la cual relataba el comportamiento de determinados personajes en el seno de una gran urbe durante los meses de verano. El calor, la falta de recursos para viajar, la rutina de un trabajo hiriente o la envidia, despertaba en aquella gente una ira impropia de su comportamiento ordinario que les conducía a delinquir.

Supongo que el tan cacareado cambio climático aumentará en los agostos venideros las consecuencias de la canícula. No estaría mal que los responsables que ahora propugnan medidas contra ese cambio climático se asomaran de vez en cuando a la sociedad con mayor propensión a sufrir las consecuencias de la canícula. A lo mejor conocían un poco más a los 'monigotes' que utilizan como rehenes en sus discusiones parlamentarias. Igual encontraban soluciones más eficaces para el calentamiento global de la tierra y para que no suba el precio de la fruta envasada con 100 plásticos contaminantes...