domingo, 30 de diciembre de 2007

2007


Si pienso en un balance de 2007 recuerdo numerosas muertes de gente señalada del mundo del arte, la cultura y el deporte. Aunque no se trata aquí de desempolvar recuerdos ya superados, sino de repasar quiénes hemos sido y quiénes seremos en 2008. La verdad es que no es una empresa fácil. Tendemos a resumir lo resumido que resumimos los profesionales de los medios de comunicación. Sesgamos nuestras versiones del acontecer condicionados por el prejuicio machacón que consumimos en la tele, en la radio, en la prensa o en internet.

Si fuéramos capaces de estirar el cuello por encima de esa parodia, seríamos como Truman en un show de luces nuevas, de aromas embaucadores, de religiones sin fanatismos, de mentiras verdaderas, de años sin hojas en el calendario, sin la cuenta atrás de una vida programada al antojo de los que deciden por nosotros. 2007 ha sido 2008 disfrazado de sueños. 2007 ha sido el de las subidas de los precios y el de las hipotecas imposibles; el del terrorismo de ETA, el del paro, el de Sarkozy, Gordon Brown, Cristina Kirchner y el de la crisis de identidad en Bélgica; el del sempiterno fútbol, el de Alonso y Hamilton, y el de Garbajosa; el de Israel, Palestina, Afganistán y Pakistán; el de China antes de Pekín 2008; el del jaque mate de Putin; el de Chad, Senegal, Zoé y Noé; el de Chávez y el del rey de España; el de Perú, Tabasco, Bolivia y Tailandia; el de los bancos en Estados Unidos, el de la banca en Europa; el de la radio en internet y el de youtube en los balances de fin de año.

Flashes de actualidad cuya sombra esconde la verdadera realidad, la que atravesamos todos y cada uno de nosotros en silencio, anónimos, sordos. En 2008 podríamos prescindir de ese ruido, abrir los esfínteres del conocimiento y comenzar a dibujar un mundo más verosímil, menos noticiable. Yo lo voy a hacer. Necesito un 2008 adaptado a mí y a mis circunstancias. ¡Feliz año a tod@s!
photo by marga ferrer

sábado, 29 de diciembre de 2007

Historias del metro


Hemos quedado a las 18 horas en la boca de Vinateros, mal lugar para una cita si llegas el primero. Un yonqui, a golpe de jeringuilla, te quita la paga de la semana. El llanto da lugar a la llegada del séquito de amigos. No tengo pasta, me la han robado, me quedo. Voces solidarias se atropellan para poner un bote común que dé respiración artificial al humillado. Todo se olvida porque ahora el reto es entrar gratis, ahorrarse el dinero del billete para bebidas espirituosas. Vamos por la entrada de abajo, no hay taquillera. Efectivamente, la adrenalina salta a la misma velocidad con la que pasan por encima de los tornos.
Ya están en el submundo del metro, en la alcantarilla con olor a electricidad, a mendicidad, a artista efímero y a sótano sin botellas de vino. Hoy está más sucio de lo habitual, debe ser por la huelga de los servicios de limpieza. Uno de la pandilla además de salir, lee. Les dice a sus colegas que ha visto en la edición digital de ‘El País’ un vídeo sobre sabotajes en el metro que aprovechan el paro para agravar sus fétidos efectos mediante vertidos incontrolados de desperdicios. Un comentario que pasa tan desapercibido como los papeles que navegan por unos pasillos transitados con más vehemencia en estas fechas navideñas.

Mientras, en Sevilla prometen que el metro que esperan desde hace 30 años se inaugurará en 2008; en Palma siguen sin disfrutar de la línea electoral; el de Barcelona, es raro, pero funciona; en el de Londres ya se han olvidado del atentado de julio de 2005; en el de París, sigue el eco de los motines de bandas urbanas; el de Nueva York es menos famoso desde que los guionistas de Hollywood están en huelga; el de Tokio da ejemplos de orden a las conservas de Santoña; el de Atenas es el más ortodoxo… En fin, qué haríamos sin metro.
photo by somos

viernes, 28 de diciembre de 2007

Día de bromas


¡Qué inocentes somos cuando queremos! Un día en el calendario como el de hoy nos lo recuerda si alguien previamente se acuerda de gastarnos la tradicional inocentada. No sé si será por el siglo XXI pero de un tiempo a esta parte percibo que hemos dejado de gastárnoslas. Nos estamos volviendo demasiado serios, quizás por la metamorfosis anglófila que sufre nuestro país, fenómeno advertido en este mismo blog hace unos días. A lo mejor, sin más, es producto de un egoísmo social que sólo nos hace pensar, respirar y actuar en función de nuestros intereses. La verdad es que gastar una broma no suele reportar más que la carcajada del éxito o la decepción del descubrimiento cuando el implicado cae en la cuenta.

Aún así, el 28 de diciembre siempre seguirá vivo entre los que somos un poco payasos; una jornada propicia para salir a la calle con el espíritu del muñequito de papel pegado a la espalda. Es puente, también, entre la familiaridad de la Nochebuena y la festividad desparramada de la Nochevieja. Sabe bien porque las bromas no se consumen ni se compran, se hacen con cariño. Quería gastar una inocentada a los lectores, pero he considerado más apropiado poner en valor tan insigne día. Inocentes.
photo by inocent

jueves, 27 de diciembre de 2007

Familia


Apaga la luz, que no se puede quedar encendida, ¿has cerrado la llave del gas?, no sé a dónde vamos a ir con tantas cosas, supongo que esa maleta se quedará en casa, no cabemos todos, alguien terminará yendo en autobús; ¡ay!, para el coche, se me ha olvidado sacar el queso de cabrales de la nevera; ¿cuántos kilómetros quedan?; dejad a vuestra hermana, que se ha mareado; me hago pis; ¿habéis hablado con el abuelo?; ¡tolón, tolón! mira mi nieto qué guapo está, me lo como, dan ganas de achucharle los mofletes hasta exprimirlos...

Qué escenas familiares nacen del reencuentro de quien tiene la suerte de disponer de una voz cercana, de esa complicidad concebida del ambiente cotidiano, del consejo ofrecido cuando se necesita, de la distancia marcada por la crisis del frío, del calor proyectado en una mirada aparcada. La familia es la llama que permanece siempre encendida en el altar de la esperanza, en el sobrecogimiento del que supera las barreras del destino más allá del empuje personal. Familia es razón en tiempos de mentira, vida en momentos de silencio, muerte caliente, sonrisa del destino. Es tiempo de despertar, es tiempo de llorar, es momento de permanecer inmóvil, quieto. Elige.
photo by marga ferrer

miércoles, 26 de diciembre de 2007

Canon


Antes de empezar a soñar, antes de iniciar el camino hacia el sabor amargo de la madurez, todos somos individuos inocentes que recurrimos al regocijo o al odio en el entorno en que nos desenvolvemos. Meras reacciones propias de nuestro reloj vital se erigen en aplauso o en condena simultáneos a nuestra queja o a nuestra demanda. Espinete es para Txema lo que Tokio Hotel para nuestra hermana pequeña, la misma que suscribe pretextos de infanta para acudir en secreto, revestida de adulta, al concierto prohibido, pancarta en mano, maquillada hasta la conciencia, desvestida con una sonrisa estéril, marcada por listas de radio fórmulas derretidas por el compás consumista de las casas discográficas.

El padre, cómplice de Papá Noel y hermano de sangre de los Reyes Magos, acude con el ceño fruncido a mediamarkt antes de que le apliquen el canon por comprar un aparato sobrevalorado de antemano, dedo acusador de costumbres piratas sin rumbo. ¿De qué sirve ser legal en un mundo que condena la alegalidad mediante un impuesto pactado por los actores, políticos o no, del escenario del acontecer cotidiano?
photo by marga ferrer

jueves, 20 de diciembre de 2007

Felicidades


¡Felicidades!, ¿cómo?, ¿no es tu cumpleaños?, no, no, es mañana, hoy es el de Enmanuel, bueno mejor dicho, mañana es el mío y pasado el de Enmanuel. La confusión de todos los años, siempre ocurre cuando coinciden solapados los aniversarios de dos individuos a los que les gusta ser felicitados en su onomástica. Ambos son tardosagitarios, ambos coincidieron en Salamanca en su etapa de formación universitaria, ambos tienen manías similares, aunque los dos son dispares en la forma de presentar su producto vital al resto de mortales.

Hoy es 20 de diciembre, mañana es el cumpleaños de Óscar y pasado el de Enmanuel. A uno le gusta la Navidad, el otro se quedó hace once años con la versión navideña de ‘El día de la Bestia’. Sus amigos no se ponen de acuerdo en levantar el teléfono de forma sincronizada, unos llaman a Óscar el 22 y a Enmanuel el 21; otros prefieren matar dos pájaros de un tiro y descolgar el teléfono en el ecuador de ambas fechas, esto es, a las 00:00 horas entre un día y otro; los menos, sin más, ni siquiera recuerdan en qué fecha viven y optan por ser tradicionalistas con una llamada sentida en la velada de Nochebuena.

En fin, hoy puede ser un gran día (gracias Serrat) y mañana también. Este blog les desea a sus lectores unas felices fiestas. Nos vemos la semana que viene, tengo algo que celebrar. Abrazos.
photo by somos

miércoles, 19 de diciembre de 2007

Solitarios


Un solitario es aquel que no tiene a nadie con quien irse a comer, a merendar, al cine o a tomar una copa. Si ubicamos a nuestro solitario en el último de los escenarios contaremos con numerosos rasgos identificativos de su persona. Si un solitario da el paso de ir a tomar una copa es porque ha aprendido a convivir con la soledad, ha sabido quitarse la vergüenza, ha querido emprender un intento a la desesperada por encontrar a alguien que le ayude a salir de su condición de solitario o, sin más, puede que sea un alcohólico al que no hace falta acompañarse de nadie para tomar su dosis diaria de droga. En todo caso, el solitario postrado en la barra de un bar de copas o plantado junto a la pista de una discoteca en calidad de observador siempre se convierte en un elemento curioso susceptible de ser analizado por la crueldad de los que ocupan el mismo plano en compañía de sus novios, amigos o compañeros de trabajo.

No asimilamos a los solitarios, pensamos que tienen problemas, nos entra una compasión extravagante y una lástima propia del que no querría encontrarse en la misma situación, nos reímos en plan machote con el resto de colegas u obviamos la presencia del solitario porque nos da igual. Pocas veces damos el paso de proponer al solitario que deje de mostrase tan desnudo, nunca le damos la manta del cariño ajeno para que abandone su extraña situación en plaza pública. España es un país de solitarios, tendremos que pensar en abrir negocios especializados, fabricar utensilios dirigidos al público de hogares monoparentales, incluso diseñar objetos que permitan estandarizar su existencia en la sociedad. Ya se hizo algo similar con los zurdos, y ahora brindan por la Navidad mirando a los ojos.
photo by marga ferrer

martes, 18 de diciembre de 2007

Sexo en Madrid


Pablo quería sorprender a su chica, ofrecerla una noche de recogimiento romántico, una velada de moda en un ambiente chic. Aprovechó un momento íntimo que nadie suele compartir para leer en una de esas revistas dirigidas al público femenino la mejor propuesta adaptada al perfil de su intención. Ubicado en el Madrid más cuadricular, en el plano más ortogonal de la noche gata, el restaurante de marras compaginaba a la perfección luces de una estampa warholiana con el papel rasgado de los setenta, butacas de terciopelo industrial, barra de nácar y personal multirracial con campanillas de placer en la pronunciación de su castellano.

Sara quería sorprender a su chico, dedicarle una noche de nostalgia veinteañera en uno de los pocos locales de la ciudad donde aún se puede cenar en la barra sin que te miren mal. Preguntó a uno de los amigos de Pablo por el bar donde servían los mejores bígaros, las mejores bravas y la cerveza mejor tirada. Estacionado en un aparte del Madrid castizo, cientos de servilletas, perfumadas de besos con sabor a marisco de invernadero, dormitaban junto a papeleras con remates cromados a rebosar; ¡’marchandos’! replicaban los oídos de una conversación rota por la inmediatez del buen servicio y regueros de presión aumentaban la sensación de borrachera.

De la escena de Pablo, más propia de un local de confesiones en la serie ‘Sexo en Nueva York’, quedan las velas, el silencio y el fracaso. En cambio, Sara recibió los aplausos de la muchedumbre y se erigió en guionista de un nuevo formato televisivo: ‘Sexo en Madrid’.
photo by somos

lunes, 17 de diciembre de 2007

Spain is the same


Desde hace ya casi una década en España no se puede comprar ningún tipo de bebida alcohólica a partir de las 22 horas, sin excepción que atienda a la regla; es complicado encontrar un restaurante donde comer a eso de las 15:50 horas, las cocinas apagan sus hornillos siempre diez minutos antes del momento oficial, las 16:00 horas, por cuestiones de higiene y de descanso del personal; fumar cada vez está más mal visto; conducir significa ir provisto de numerosos aperos más propios de los maniáticos de antaño; la dieta mediterránea se ha quedado reducida a un grupo de nuevos ricos que lucen de exquisitez en el negocio incipiente de las tiendas gourmet; la comida rápida es elemento vehicular de una sociedad exprés que come mientras pasea…

España piensa que para ser potencia mundial, o al menos para estar entre los diez países más ricos del mundo, tiene que renunciar a sus señas de identidad. Este país es más anglófilo que nunca, cada vez comemos más pronto, cenamos a media tarde y bailamos a ritmo de patrocinios. Ni siquiera en la época en la que el modelo de vida americano penetró con más fuerza a través del séptimo arte habíamos navegado por una crisis de identidad similar. Es insoportable parar en la autopista y sufrir la restauración del autoservicio, del empaquetado estéril, de la sonrisa enlatada ofrecida por una máquina programada en Londres o de un jamón de Guijuelo cortado en Amsterdam. Me quedo con el lado más ecológico que nunca dejó de tener el huerto de mi abuela, la ensalada sin embolsar que lavo en la pila, un bocata de chorizo con piel, una buena tostada con aceite de oliva virgen, un chatito de vino, una naranja sin sabor a viaje amargo, un té a las doce y una caña a las seis.

No tardaremos mucho en seguir las campanadas desde el Big Ben, a través del satélite. Que aproveche.
photo by marga ferrer

jueves, 13 de diciembre de 2007

Juan, el último periodista


“Juan, hoy llevamos reportaje de las primeras compras del mes de diciembre, comprueba qué aire se respira en las grandes superficies. Seguro que, a pesar de ser domingo, la gente abarrota los centros comerciales para adelantar las compras de Navidad, me interesa mucho que salga bien, ¿eh?”. Profecía lanzada por el redactor jefe de cualquier medio de comunicación regional o local. El siguiente acto escenifica la presencia del reportero en el lugar de los hechos sin encontrar ni rastro de masificación, ni un ápice de consumismo desaforado. Es más, el profesional detecta que los comerciantes se quejan de la falta de respuesta, de la inexistencia de clientes, de ausencia de dinero para gastar; está claro, una campaña navideña que no pasará a la historia, ni mucho menos servirá para hacer el agosto. Los precios de los productos básicos se han disparado, las hipotecas están por las nubes, la gente ya no sale a comer fuera, los regalos de Navidad son más secos que en otras ediciones, no hace falta adelantar las compras porque son pocas y más limitadas.

Juan regresa al periódico con numerosas grabaciones en el bolsillo que desmitifican la contundencia de la profecía; ha hablado con el fotógrafo, quien pese a haber intentado sacar una instantánea con gente no ha podido porque no la había, ni por la mañana ni por la tarde. El redactor escribe la realidad que ha abordado con la vocación de informar a los lectores de que no son los únicos que no pueden salir a hacer compras, que este año no se puede. Las instantáneas ya están en el servidor, sonríe porque tiene material suficiente para ilustrar sus aseveraciones sin trampa ni cartón. Mete todo en maqueta y se pasea por la redacción orgulloso del trabajo bien hecho, ha reflejado la nota discordante a los tradicionales reportajes navideños.

Ese día Juan salió el último del periódico, el redactor jefe le tumbó la información. Por mucho que la realidad fuera tozuda, el diario tenía que salir a la calle con la profecía cumplida. Al día siguiente, los lectores leyeron: “Miles de personas abarrotan los centros comerciales de la ciudad. Los consumidores aprovechan el primer domingo de diciembre para adelantar sus compras”. El lector, triste por tener que afrontar unos gastos que le impiden llegar a fin de mes, se pregunta, dando credibilidad a su medio de comunicación, cómo es posible que la gente pueda salir a comprar. Frustración del que confía todavía en la honestidad de unos medios de comunicación subvencionados por gobiernos, auspiciados por centros comerciales y dirigidos por empresarios visionarios.
photo by marga ferrer

miércoles, 12 de diciembre de 2007

Lotería


Me da miedo salir a la calle, ir a comprar el pan, girar la manzana, respirar más fuerte de lo normal, ir al fútbol, comprar pescado, tomar una caña, tropezar, sonreír al desconocido, mirar de reojo, pensar… nadie escapa del acoso de la lotería hasta que no pasan las navidades. Empezar el recorrido rutinario por los quehaceres de la jornada se convierte en una misión de supervivencia, en una guerra de trincheras cuyas armas son papeletas verdes, azules, amarillas, rojas, marrones; listas para ser ofertadas al mejor postor sin piedad, con el afán de crear una necesidad en el comprador que no tenía al salir de casa y la obligación de visitar el cajero para sacar más dinero ante tal diluvio de compromisos azarosos.

El resultado es un amasijo de papel, al menos reciclado, compuesto del reclamo del negocio de marras, de la cantidad que uno apuesta, del donativo para causas justas o privadas y del número de los sueños, esos dígitos mudos, tímidos y ciegos reducidos a un margen pequeño de protagonismo dentro de esa amalgama de realidad. “Yo nunca compro pero vamos a probar, por una vez”. Por cierto, si queréis, conozco a una persona que vende el número que coincide con la fecha de la muerte de su canario, que se llamaba Paquito, tenía plumones anaranjados… Me temo que esa es otra historia.

martes, 11 de diciembre de 2007

Maniáticos


Jack Nicholson ha sido uno de los maniáticos más enrevesados de la historia filmográfica de Hollywood por su papel en ‘Mejor imposible’. Melvin era su nombre y vivía obsesionado por seguir al pie de la letra unas pautas de conducta que él mismo se había impuesto. Una superstición enfermiza que sólo pudo curar cuando, sin planificarlo, se enamoró de la persona que le atendía siempre en el restaurante al que acudía a comer con sus propios cubiertos de plástico. Quien más, quien menos, ha recreado situaciones similares en su vida cotidiana. Todos tenemos un lado absurdo que rellenamos con pensamientos o actuaciones extravagantes que nadie comprendería si explicáramos en espacio público.

Son crujidos de vida procedentes de nuestra infancia, tics de miedos que no afrontamos, reflejos de superstición que prorrogamos para no dar la cara durante unas horas, días o semanas. “Si el ascensor llega con gente suspenderé el examen; si piso las baldosas rojas de la acera me ocurrirá algo; si le ofrezco un trozo de carne y no me lo coge tendremos problemas; si no subo de dos en dos los escalones me saldrá mal la entrevista…”. Los maniáticos lo son para sus cosas e, inevitablemente, las consecuencias de sus decisiones salpican al entorno en el que se desenvuelven con mayor o menor éxito. ¡Cuidado!, si compartís ahora vuestras manías a lo mejor os da mala suerte…
photo by somos

lunes, 10 de diciembre de 2007

Kosovo, año 2000


Somos como hormigas que rehacen su hormiguero cuando un gigante humano se lo pisa. El mes pasado planteé un post referido a la ambigüedad que significa un año, 365 días diferentes para cada cual en función de la referencia espacial o temporal que se elija. Pues bien, la coincidencia me condujo ayer a toparme de bruces con el trabajo gráfico de un profesional que estuvo en Kosovo en 2000, un año después del cese de la guerra. La experiencia narrada por esta persona ha servido para confirmar que los telediarios sólo ofrecen un minuto sesgado de lo que a sus editores les interesa que acontezca ante los ojos de una audiencia predispuesta a consumir sin tapujos.

Un año después de la tragedia vivida en aquel lugar del mundo, la vida lucía un vestido de color verde esperanza. Observé un book fotográfico delatador de la condición humana en su vertiente más asociacionista, un alarde de vecindad en una escala desconocida para mis ojos que, ávidos de información, repasaron minuciosamente los detalles de unas instantáneas jamás reproducidas en los medios de comunicación. Lo que no es tragedia no vende, de hecho creo que este fotógrafo jamás pudo proyectar ese prisma humano en ninguna publicación, ni de prestigio ni modesta. La reconstrucción de un país, insólita realidad. Edificaciones derruidas por los bombardeos, cadenas humanas ornamentales, nuevos hogares construidos en la azotea hueca de un edificio para no desaprovechar el tiempo en levantar nuevas estructuras, templos de solidaridad; abrazos, sollozos, sonrisas y descansos compartidos por un pueblo recién salido del túnel de la desdicha.

Mi perfil periodístico está más enriquecido hoy gracias al buen trabajo gráfico de Roberto N. Cataluña, en cuanto que me ha permitido acceder desde la distancia temporal y geográfica a una nueva forma de entender 365 días transcurridos entre la muerte y la nueva vida. Huele a húmedo, aunque no estuve.
photo by roberto n. cataluña

sábado, 8 de diciembre de 2007

El 20


Madrid, plaza de la Independencia, un sábado cualquiera de diciembre, siete de la tarde. Gabriel espera la llegada del 20 para ir a la Puerta del Sol. Tiene coche, pero opta por el transporte público para evitar los problemas de aparcamiento y el estrés de una circulación con triglicéridos en las principales arterias de la ciudad. Lleva consigo ‘El mundo’, ese libro que ha sido galardonado con el Premio Planeta, lo prefiere a su primo el periódico; Gabriel no comulga con la línea editorial de pedrojota, prefiere leer ficción urbana antes que alimentar el pulso diario que enfrenta a los políticos en un patio de colegio sin monitores que velen por mantener la compostura y la cordura.

Estaba sentado en la parada pero ha cedido su puesto educadamente a una señora emperifollada, travestida de naturaleza muerta por una resistencia enfermiza a mantenerse joven. Sus piernas, escondidas bajo una falda de paño marrón, no están para hacer alardes. Gabriel saca un tic de la chistera y le regala una sonrisa amable por fuera, forzada por dentro. La sociedad nos convierte en animales ficticios de una convivencia reglada. Llega el 20, tampoco ha esperado tanto. Cien personas en su interior, ventanas cerradas, vaho de invierno, codos en la médula espinal, aliento a café con leche, saludos a gritos, ¿me deja bajar?, libro inutilizado, sopapo de masa, carteristas de saldo. Veinte minutos de trayecto, por fin la Puerta del Sol, que no cunda el pánico, con orden saldrán todos. Gabriel respira una bocanada de aire sucio, hace frío y llega cansado a su destino, le duele la gente, quiere volver, no está de ánimo para comprar nada.

Madrid, Puerta del Sol, un sábado cualquiera de diciembre, siete y media de la tarde. Gabriel espera la llegada del 20 para ir a la plaza de la Independencia. Cosas del transporte público, manías del siglo XXI.

viernes, 7 de diciembre de 2007

Vecinos


Los movimientos vecinales siempre han estado a la sombra de la política porque a los políticos les ha gustado tenerlos en cuenta sin el ánimo de hacerles partícipes de sus decisiones. Es como el necesario compromiso hacia una forma de expresión social que deja de ser útil cuando el ruido que proyecta sobrepasa los decibelios del espacio público circunscrito por los gobernantes. Si la queja se erige en incomodidad, en rechazo a una gestión o en efervescencia de cambio entre los representantes más básicos de la sociedad es el momento en que el político deja de hablar con educación a sus votantes, opta por la solución drástica o da un ’sí’ permanente con gestos de autosuficiencia.

Tenemos un ejemplo cercano, ya que esta semana más de 20.000 vecinos de Salamanca salieron a la calle para decirle ‘no’ al alcalde en su pretensión de subir los impuestos por encima del 80 por ciento. La contestación ofrecida por el primer edil fue tajante. En vez de dialogar, escuchar, ofrecer soluciones, convencer a sus conciudadanos, amenazó con retirar la mísera subvención que había dado al movimiento vecinal en los últimos años. 1.500 euros menos para mejorar la vida de los barrios de la ciudad, 1.500 euros más para los festines y excesos de alcaldía. Quizá el siguiente paso sea actuar como lo han hecho sus compañeros de ideario en otros lugares, alejados de la meseta, al borde del Mediterráneo: crear un movimiento vecinal ficticio, paralelo al preexistente, cargarlo de subvenciones y funcionar al compás del partido político en el poder. Protestas cero, vecinos falsos, silencio comprado, democracia caciquil, sonría alcalde, ¡foto!
photo by somos

jueves, 6 de diciembre de 2007

Fotoperiodistas


Mi vida ‘profesiopersonal’ me ha permitido conocer de cerca a los fotógrafos de prensa, una raza difícil de comprender si no se inicia un trabajo de campo exhaustivo. Antropólogo del acontecer, inmortalizo con la instantánea de la palabra lo que otros captan mediante la imagen. De la combinación entre ambas percepciones surge un mensaje fetén o una información amontonada entre miles. De nada sirve un reportaje brillante si se obvia la presencia del testigo fotográfico, aunque sí puede lucir una buena instantánea sin el respaldo de un texto de nivel. Algo que, precisamente, se ha convertido hoy en tendencia mayoritaria.

La profesión del fotógrafo de prensa es pintoresca y sacrificada. Sometidos al antojo de una llamada sin hora, siempre deambulan por la ciudad para dar cobertura a lo que se les pide y a lo que no. La realidad tiene ese toque caprichoso, el mismo que les alerta de un accidente de tren al regresar a casa o de una foto de última hora despertada por el olvido de algún redactor. Hoy por hoy, son los fotógrafos de prensa los que mantienen el pulso directo con la actualidad, los verdaderos reporteros y testigos de una agenda setting que condena a los redactores al reflejo de la cobertura de ruedas de prensa y a otros actos de guardar; espectadores de la actualidad desde una barrera reforzada por el teléfono, internet y los gabinetes de prensa.

El fotógrafo se moja, pasa frío, testifica accidentes mortales, certifica defunciones, gesticula con el diafragma, sonríe desde su empuñadura de hielo, falsifica para dar autenticidad al escrito, escupe lo que el ojo no ve, retransmite lo ocurrido desde la insolente crueldad del acontecer. La profesión periodística, pues, mantiene la verosimilitud de los hechos por la cercanía de unas fotos callejeras que han perdido el contacto con sus compañeras de destino: las palabras, hoy enlatadas por el eco de unas redacciones amaneradas, ‘emailizadas’, vagas, rutinarias.

miércoles, 5 de diciembre de 2007

Diciembre


Sobremesa del primer fin de semana de diciembre. La televisión, encendida para los fantasmas, habla de fondo en un idioma que suena a despilfarro y a verborrea navideña. Luces tenues impregnan la escena, los días son más cortos, las chimeneas se encienden y las calefacciones alimentan la niebla que emborrona el entorno vecinal. Huele a leña, a castañas, a moquillo, a petardos, a sidra, a cava, a dinero malgastado, a avidez, a familia, a casa. Solidaridad reanimada, sensibilidad adornada con guirnaldas de Carrefour, luces de vida incrustadas en el árbol de la concordia; diciembre anuncia la natividad del señor para los creyentes, el consumo acelerado para los que creen en el mercado y la ilusión para las almas inocentes que creen en otros dioses procedentes del norte de Europa o de oriente.

Diciembre también es mi mes. Soy sagitario, un lunático de invierno, un vividor del último tramo del año. Será por eso por lo que me gusta la Constitución, la navidad, la madre que me parió y la estación de los días más cortos. Un mes que hace milagros, donde cualquier problema se eleva a la categoría de pasatiempo, momento de mi vida en que la lucidez se apodera de la toma de decisiones. Lo que me preocupa es que diciembre ya no es tan frío como antes, hace mucho que no siento enrojecer mi nariz, cosas del cambio climático. No me imagino un diciembre sin lotería y con un factor 90 de protección, la verdad. Pero si en un futuro tocara… ‘cap problema’.
photo by somos

martes, 4 de diciembre de 2007

Cosa rara


¡Maricón!, gritó ayer con avilantez un señor cuando pasó a su lado un político de un partido mayoritario. No fue una coletilla procedente de alguien del bando contrario, tampoco una forma de trasladar la preocupación por algún aspecto que no le convenciera del ideario de su partido, fue un insulto despectivo hacia una persona por el simple hecho de ser homosexual, un acto desplegado con premeditación, alevosía y con el agravante del ensañamiento. Ensoñaciones de ignorancia, votantes con derecho a decidir el futuro, ciudadanos sin escrúpulos, madres, abuelos o hermanos de personas libres con una condición sexual determinada.

¡Cosa rara!, le espetó orgullosamente otra persona frente a las cámaras de televisión, con la indignación del que sufre una desgracia, quizá guiada por el qué dirán, por titulares demagogos, por políticos que también se insultan, o por profesionales que se prestan al morbo de la anécdota, a la carnaza, antes que a la presentación reflexiva de los acontecimientos. Es desagradable ver lo ignorantes que somos. Si Manuel Rivas quisiera, podría denunciar el plagio a una de sus novelas, cometido por los actores sociales de nuestro país en pleno siglo XXI, como lenguas de mariposas, enrolladas, en espiral. Una lengua afilada, repleta de prejuicios, de ignorancia, de falta de curiosidad, de España. Qué espectáculo tan rancio.
photo by marga ferrer

lunes, 3 de diciembre de 2007

Porque 'no'


En Venezuela se ha hecho el silencio, pueden dormir tranquilos. Tras unas semanas en las que hemos tenido a Chávez hasta en la sopa, las urnas han hablado con un grito de ‘no’ a la reforma constitucional propuesta por el presidente. El resultado ha sido muy ajustado (50’7%) pero los venezolanos han puesto fin a la pretensión de Chávez de incrementar sus poderes, de prolongar su mandato de 6 a 7 años renovables indefinidamente y de aumentar su poder para nacionalizar o desnacionalizar empresas cuando se le antojara. A cambio, pretendía regalar a los autónomos beneficios fiscales y a los trabajadores por cuenta ajena reducirles su jornada laboral a 6 horas diarias. Parches, al fin y al cabo, para lavar la conciencia de una persona acostumbrada a abusar del poder.

Es de suponer que desde hoy dejaremos de escuchar sainetes propios de un monologuista de cabaret y encontremos discursos más razonables, menos amenazantes y edificantes. Por lo menos en el contenido referido a España y a sus empresas. A Chávez le vino muy bien el “¿por qué no te callas?” de la cumbre iberoamericana de Chile para reforzar su popularidad y remarcar su patriotismo inflexible frente a España, pero la campaña ya ha terminado. Ahora no lo quedará más remedio que revisar su maquinaria propagandística y suavizar su discurso ibérico.

A pesar de todo, Venezuela estrena hoy, tras nueve años en los que Chávez no ha sabido lo que es perder, un nuevo orden expresado por ciudadanos con capacidad decisoria, raíz de las democracias de verdad.

sábado, 1 de diciembre de 2007

Soledad


Ya se han ido, otra vez solo. Tic tac, tic tac, tic tac. Qué bien suena, aunque si se acompañara de… no claro, la soledad nunca está acompañada más que de pensamientos tristes, bonitos o neutros. Solo es el novio de soledad, comparten una vida en común. La cocina, como otras estancias del hogar, lo sabe; no lleva bien esa extraña relación que asola cientos de hogares en el mundo. Acumula cacharros sin fregar desde la última visita, aquella que rindió salvas de aliento a tan inusitado diálogo marcado por el devenir de unos días en singular.

Silencio es primo de soledad, más bien primo segundo. Nunca sabe cuando va a romper un vínculo gestado a base de intermitencias. Depende del sujeto que perciba tan insólita relación, hay algunos que prefieren poner la tele, aunque sea por parir un ruido cómplice, una sintonía de familiaridad a largas dosis de hastío. Nunca sabremos donde empieza y donde termina el silencio, pero se lleva bien con soledad, por eso son familia. Prejuicio, enemigo de soledad. Asalta los pensamientos de los que pretenden analizar el entorno que les rodea en soledad, se aprovecha de la soledad para afilar cuchillos en contra de todo lo visible e invisible, de los que comparten soledades a solas y de los que no saben estar solos. Esfuerzo intonso. Miedo, soledad al límite, su enemigo, pánico, paranoia.

Pobre soledad, será mejor dejarla a solas.
photo by marga ferrer

Una noche perfecta


Vamos a las fiestas de Tévez del Campo, nunca he ido pero dicen que se pone hasta la bola de tías. Tengo que cenar en casa de mis abuelos, pásame a recoger a las doce y vamos para allá. Está muy bueno todo, no comas tan rápido, que te va a dar algo, ¿no pensarás salir verdad?, bueno iré a dar una vuelta pero volveré pronto, llevas toda la semana de juerga, algún día tendrás que sentar la cabeza, que dejaste de estudiar para ser un hombre, no un crápula, y ni si te ocurra cogerle un solo euro a los abuelos, que tú tienes tu paga, aunque se te va acabar, para que sepas lo que cuesta ganarlo. Llaman a la puerta, mira a ver quién es, será Raúl, he quedado con él, dile que pase, no, no, si nos vamos, ¿y no te vas a comer el postre?, tu abuela lo ha cocinado con tanto cariño, no tienes perdón, anda dame un beso, cógete la llave, sólo faltaría que nos despertaras, a saber a qué hora vuelves. Espera David, toma. ¿No te he dicho que no les cojas dinero a tus abuelos? Bueno adiós, volveré pronto.

¡Qué pasa Raúl!, ves como tenía que venir a casa de mis abuelos, siempre pesco pasta, me han dado 50 euros. Dabuti, podemos pillar algo de farlopa, seremos los reyes en Tévez, no se nos resistirá ni una. Venga va, la noche es joven, larga y prometedora, vamos a la chabola, el charli debe tener hoy. ¿Cuánto queréis? Medio gramo, sólo os puedo pasar uno, que va tío, no podemos, no tenemos pasta para pillar tanto, bueno sólo por esta vez pero la próxima no os molestéis ni en venir, ¡qué poco!, si os parece os regalo el medio gramo que me quedo sin vender, que te den. Lejía, bicarbonato, tiza, mierda y un poco de cocaína. Vamos a ponernos un tiro y después... ¡a Tévez! “Por qué la madre de José me está volviendo loco…y no la voy a dejar porque lo siento y siento todo… que culpa tengo yo si esa puerta no la he abierto…”

Dos jóvenes mueren en Tévez del Campo por consumo de cocaína adulterada.
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viernes, 30 de noviembre de 2007

La cita


Le conoció en el chat, tras venderle sus secretos, destripar su vida en 1.000 líneas y transformarse en una niña rebelde con marido y cinco hijos. Él sólo quería una aventura y le hizo creer a ella que ese sería el objetivo de un encuentro perdido en algún lugar de la gran urbe. Tres horas y media de conversación virtual bastaron para quedar. La curiosidad, reflejo que repitieron ambos para justificar el paso que iban a emprender, vehiculó la cita. La primera en quince años para ella, la séptima del mes para él. “He quedado con las amigas de la universidad”, mintió ella para perpetuar el encuentro. “Voy a hacer otro trabajito”, reconoció él a su hermano, con el que compartía zulo en San Blas.

Palpitaciones, amagos, arrepentimiento, odio, amor, excitación, deseo, curiosidad... la curiosidad. El corazón de ella latía al compás de tanta percepción sensorial condensada en el trayecto hasta el lugar de la cita, un café que bien se podía llamar Gijón. Lamentaba no haber dejado en casa la puntualidad británica, llegó muy pronto. Se alojó en la barra, pidió un Campari con una rodaja de naranja y esperó. En su cuello trémulo, enlazada con provisionalidad coqueta, dormía una bufanda de cachemir azul, el color de la cita. El mismo que el del suéter de su asesino.
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jueves, 29 de noviembre de 2007

Máscaras


Bosco se resignó a vivir una vida con la cara desfigurada y viajó a un futuro imaginario creado por un suicidio de realidad. Aprovechó el invento de cuatro visionarios con dinero para olvidarse de un accidente de tráfico que le dejó en su linda carita secuelas irreparables. Sí, es el protagonista de ‘Abre los ojos’, uno de los escasos filmes dirigidos por Alejandro Amenábar. La máscara empleada para ser otro no le convenció y prefirió arreglársela en otra vida irreal. Su mente resucitó un sueño de esperanza caprichoso y cobarde.

Pero Bosco no es el único presumido. Todos miramos el espejo de nuestra conciencia y encontramos numerosas manifestaciones de nosotros mismos. En función del grado de confianza adquirida de antemano con las personas o con los escenarios en los que nos desenvolvemos, respiramos de una forma u otra. Somos cínicos por naturaleza en un mundo que exige en sus reglas de juego comportamientos tipificados de antemano. Al representarlos, se corre el peligro de caer en la falsedad crónica, en la sinceridad ácida, en la imparcialidad repelente o en la adaptabilidad a los estándares de comportamiento que exige la tradición social.

Renunciar a nuestra cara permanentemente lleva implícito un cartel que grita DANGER. Ser falsos o diferentes para evitar un ‘qué dirán’ es algo que desfigura nuestros rostros hasta hacernos irreconocibles frente a ese espejo delator. Las máscaras, pues, para los que no quieran tener amigos, ni ser familia, ni ser nadie en un sitio público, ni pasar por el mal trago de ser auténticos. ¿Por qué no hacer de hoy el día mundial de la autenticidad?
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miércoles, 28 de noviembre de 2007

Rey negro, rey blanco


Érase una vez un ajedrecista risueño que batió a su rival más frío en plena guerra de adjetivos entre los bloques oriental y occidental. Venció a la encarnación de la filosofía comunista en el tablero. Desde entonces, fue 15 veces consecutivas campeón del mundo, incluso ganó a una inteligencia artificial inventada para derrocarle. Pero la máquina se perfeccionó y el lado humano del ganador le hizo perder un segundo envite. Decidió darle vida al rey negro del juego, poseer su figura y comenzar sus andanzas estratégicas dentro de un tablero de políticas cuadriculadas, escaques símbolo de una tradición sobria y propagandística. Quiso comenzar de forma modesta, tenía que madurar al rival, esperar a que llegara el momento oportuno para arrinconar al rey blanco. Éste contaba con la iniciativa decisoria, con la ventaja de salir primero, con las llagas en su base por haber ocupado el trono muchos años.

Su afán no gustó entre las huestes blancas, poseedoras de reglas de juego jerárquicas y organizadoras de unos comicios electorales que abrían un mínimo resquicio de oportunidad para la renovación de la confianza del rey predominante. Nuestro protagonista emprendió entonces su estrategia, pretendía captar la atención de los peones blancos a partir del diálogo y de la renovación en los esquemas de comportamiento. Demasiado hierática la postura de todas las figuras en el tablero para los nuevos tiempos, pensaba. La paciencia que le había caracterizado en sus desafíos ajedrecísticos se desvaneció ansioso por una fecha electoral cada vez más próxima. Sus huestes se precipitaron, salieron a la calle antes de tiempo y tropezaron con sus ansias de cambio. El ojo del rey blanco organizó una caza de brujas que desembocó con el rey negro en el calabozo más alto de la torre, vigilado por alfiles día y noche.

Sin embargo, la partida aún está en pie. Nuestro campeón se reorganiza desde la frialdad de su celda, a la que no dejan entrar ni siquiera a su rival primigenio, a aquel que venció en sus albores, al jugador reflejo de la filosofía más tradicionalista, a un verdadero comunista. Hoy, el rey blanco es más autoritario y egoísta, quizá su mayor debilidad. El ahora rey negro lo sabe y madura la estrategia para destronarlo. ¿Nos sorprenderá con una apertura española?, ¿contestará su rival como acostumbra, con una defensa siciliana? El tiempo, la paciencia y las urnas dibujarán la escena final, la del jaque mate soñado o la de la condena a jugar siempre en casa con unas reglas caducas. Ya veremos si los rusos serán felices y comerán perdices…

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martes, 27 de noviembre de 2007

Olores


Cualquier tienda de electrónica huele a Andorra, a emoción por disponer de nuevas tecnologías, a cassette y a vinilo; una boutique huele a infancia vespertina, a un tocar en un se ruega no tocar, a dolor de piernas, a paseos urbanos; las castañas, a pueblo, a frío, a familia, a recipiente de barro con agujeros, a trapo quemado; un ciprés, a chapas de ciclistas, a recreo, a liceo francés, a sándwich de jamón york con queso, a inocencia recordada; el salitre, a viaje, a coche embutido, a camiones, a Mojácar doce horas después de Madrid, a chiringuito; un forro de plástico, a vuelta al cole, a miedo, a papá y mamá, a estuche, a rotulador carioca, a vida virgen, a ruta 27, a libros nuevos; una pegatina, a colección de cromos, a Butragueño, Señor y Eloy, a domingo nuevo, a rastro, a bocadillo de calamares; una guirnalda, a papá Noel, a insomnio, a hermanos, a nueces, a velas, a reunión, a vida adulta por encima de la niñez, a partida de cartas, a roscón y a villancicos; un cenicero lleno de colillas al despertar, a resaca, a partida de póker, a amistad, a conversaciones sin rumbo, a fumadores y a no fumadores, a casa provisional, a viva la vida; una caca de vaca, a montaña, a ruta del Cares, a doña Concepción, a naturaleza salvaje, a vacaciones, a peligro y a teleférico.

Ya me había referido a ello, pero es que no hay nada como dejarse llevar por los olores, fuente inagotable de experiencia. Es como coger del brazo la vida más íntima y dejarla lista para ser asaltada por las autopistas de la memoria, salir a la calle preparado para encontrar en el cúmulo de olores que nos abordan motivos de reencuentro con situaciones aparcadas en nuestra intrahistoria. Como ser ciego en el París de Amelie y dejarse arrastrar por un paseo emocional, por la descripción atropellada de realidades localizadas en los 50 metros de calle que recorremos tres veces al día. Como abrir la experiencia al pasado, mirarla desde el presente y pensar en un futuro con una sonrisa dibujada en la comisura de los labios. Cada estación lleva consigo numerosos hitos de nuestra vida. ¿Lo habéis probado?
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lunes, 26 de noviembre de 2007

Soñamos


Dalí inventó un mecanismo doméstico que le despertaba cuando se quedaba dormido profundamente. El pintor pensaba que era la mejor forma de recrear en un lienzo los sueños más hondos desde la perspectiva más cercana, la de la experiencia imborrable y reciente. No he conocido todavía a nadie que se obsesione por sus sueños como el pintor catalán, debe ser porque cada siglo sólo nacen 4 ó 5 genios. Pero si hay algo común a todos los mortales es la experiencia de soñar y el duro camino a emprender para recordar lo soñado. Siempre soñamos pero rara vez recordamos lo experimentado entre sábanas o en nuestra butaca favorita.

La última semana, mis sueños me han hecho coincidir con futbolistas en diferentes actos sociales, regresar al pasado para compartir otro verano con mi abuela en Zamora, volver a asistir a interminables y enlatados actos políticos o ser invitado a una boda rosa sin conocer siquiera a los contrayentes. Bueno, la verdad es que en mi sueño leía en un tarjetón barroco sus nombres pero como no he recurrido al mecanismo daliliano no los recuerdo. Es una lástima pero se nos quedan siempre detalles en el tintero que generan impotencia o desolación.

Cuando nos despertamos y recordamos lo soñado percibimos un éxtasis emocional equiparable al sentimiento de frustración que representa la virtualidad del contenido del sueño. Porque, aunque lo rescatemos, nunca se hace realidad. Ahí es donde empieza nuestra pesadilla. Pero de las pesadillas ya hablaremos otro día.
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sábado, 24 de noviembre de 2007

Imaginación


Leo estos días un libro con el que pretendo rendir homenaje a Umbral, ‘La leyenda del césar visionario’. He apretado el botón de ‘pause’ porque necesitaba escribir sobre algo que nublaba la comprensión de las palabras que leía, algo que inutilizaba el ejercicio de avanzar en las vicisitudes del personaje principal, una persona obligada a vivir las crueldades de la guerra civil española en el bando nacional. Crueldades que, como cualquier lance bélico, hieren de gravedad la vergüenza de la condición humana. Umbral, como otros muchos, tiene eso, que despierta el sentimiento de aquel que aborda su obra con interés, lo que delata su virtuosismo literario. A unos les causa estupefacción o indiferencia y a otros su lado más reaccionario o comprometido.

Pero no se trata de hablar ahora de las ya de por si demostradas virtudes literarias del escritor que nos dejó el pasado verano. No habría hecho falta detener la armonía del momento referido. Quiero apelar a la imaginación, a nuestra imaginación de lectores. Somos pintores de realidades lejanas, representantes de escenas cotidianas, viajeros sin destino que se abastecen de la experiencia personal o de la narrada para dibujar situaciones. Contamos con una producción propia de imágenes dormilonas que despierta al compás del toque de atención que recibe a través de obras como la apuntada. Disponemos de la herencia del imaginario colectivo para representar en milésimas de segundo las realidades que nos trasladan a diferentes países, estaciones o recuerdos. Ostentamos, pues, la riqueza del conocer sin estar, del hablar sin gastar saliva, del oler a podrido en un bosque de rosas. Aún así somos vagos. Yo también prefiero el susurro de unos planos bien producidos y dirigidos en la gran pantalla. ¿No ocurre lo mismo con la televisión y la radio?

Permítanme regresar ahora a la Salamanca de 1936…
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viernes, 23 de noviembre de 2007

Cerveza


Los que me conocen saben de mi afición a la cerveza. Sin entrar a debatir si sus propiedades son beneficiosas o perjudiciales, la cerveza es un producto milenario del que ya disfrutaban nuestros antepasados. De ellos hemos heredado un zumo concentrado muy especial, amargo y fresco que hace las delicias de paladares ávidos de recambios para el H2O. Aunque de mis antepasados, precisamente, no se puede decir que haya heredado la afición. Mi abuela, que en paz descanse, siempre me decía que la cerveza olía a borrachos. Yo le contestaba que ni manchaba, ni olía, ni emborrachaba, sólo agachaba. Palabras que no sirvieron para disuadirla de una percepción tan sólida como el paso de los años.

El otro día rescaté una de esas herencias curiosas de la Historia. Un vendedor me explicó el método utilizado por los ingleses para que la cerveza viajara a Gran Bretaña desde sus colonias sin estropearse. En su regreso de países como la India, comprobaron que la bebida perdía sus virtudes consecuencia de un trayecto oceánico interminable. Aconsejados por la gente autóctona, aprendieron a utilizar un conservante natural, el lúpulo. Lo añadían en grandes cantidades a las cubas donde transportaban el líquido hasta tierras británicas. Al llegar al punto de destino, el sabor resultante era mucho más amargo que en origen, aunque el resto de propiedades las conservaba intactas. Hoy en día, las cervezas inglesas procedentes de la India son, precisamente, las que mantienen un sabor amargo más acentuado que el resto y su característica distintiva es la incorporación extraordinaria de un lúpulo denominado IPA (India Pale Ale).

Aún así, me quedo con las belgas y las alemanas. Chinchín.
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jueves, 22 de noviembre de 2007

El último grosero


Fernando Fernán Gómez se ha mudado al jardín de los groseros donde descansan otros genios como Cela y Umbral. Con todo, los artistas no son buenos o malos en cuanto que simpáticos, sino por las dotes que demuestran frente a las cámaras o delante de un folio en blanco. Y Fernán Gómez selló con exclusividad ambos polos del arte. Desde la proyección pública a la que hemos podido acceder en los últimos tiempos, intuyo que era tan rancio como Cela y Umbral. Cada uno en su categoría demostró ser sobresaliente, sin dar más explicaciones que las obligadas por el guión mediático.

Se va un gran actor, una persona de la cultura española, un hombre polifacético. Quedan pocos antipáticos en este país, aún menos en el panorama cultural. Hablamos de una raza que, con la desaparición del último grosero, queda en peligro de extinción.

miércoles, 21 de noviembre de 2007

Mi payaso


Disfruto mucho cuando pongo sobre la mesa a mi payaso y percibo una reacción favorable en el interlocutor que lo rescata. Todos tenemos un sentido del ridículo más o menos desarrollado, aunque nos cuesta hacerlo público. Lo despertamos casi siempre en nuestro círculo íntimo, con nuestros amigos, con la familia o con la persona que nos soporta a diario. Ser clown –término anglosajón que designa la realidad a la que me refiero- es ser persona en su definición más primigenia.

Las normas de conducta establecidas por consenso social nos determinan un comportamiento que no siempre es fácil de aplicar. Por naturaleza somos imperfectos y aspirar a cumplir al pie de la letra unos preceptos adultos afecta a nuestro lado más rebelde. Como somos crueles, muy crueles, aprovechamos las debilidades de nuestros congéneres para reírnos de ellos en los espacios del regodeo, en los sitios donde sabemos que la persona que sufre –más bien disfruta- del ridículo está acorralada por miradas justicieras que detectan el olor a incongruencia. No quiero ser espeso, mi pretensión es introducir al payaso, a la persona non grata de cualquier protocolo que se precie, al ser más espontáneo y natural que conservamos en nuestra persona más sincera.

En el año 2001 tuve la oportunidad de entrevistar a Eric de Bont, un payaso orgulloso de su condición que impartía un master internacional de clown en Ibiza. Asistir a sus clases fue una aventura digna de ser retratada en el tiempo, una experiencia que vendría muy bien a los que depositan el sentido de sus vidas en la amargura del prejuicio o en la venganza de su propia ignorancia. “Ser clown es disfrutar del fracaso”, decía.

No hay nada mejor que descontextualizar un momento amargo y hacer lo que uno sólo se atreve a escenificar a solas. Si trasladas esa espontaneidad a un escenario y la compartes sólo hay lugar para la carcajada. Alma naturista, encuentro salvaje con un yo amanerado, grito de vida en la ciénaga del qué dirán. Probad a hacer eso que nunca os habéis atrevido, sentid el calor de los mofletes rojos, la vergüenza del prejuicio, el aliento de unas carcajadas de plástico. Bueno, mi payaso se despide de vosotros. Esconderé mi nariz roja en la mesilla de noche porque ahora he de ponerme la careta rancia que esperan de mí al salir a la calle. ¡Uh!

(Dedicado a una profesional que se atrevió a quitarse su máscara tecnológica para compartir las risas de unos alumnos clown ávidos de situaciones límite).
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Es el motor


El motor de la sociedad está gripado, como el de mi lavavajillas, que han tenido que cambiarlo porque venía defectuoso de fábrica. Por cierto, aconsejado por alguien cercano, me he visto obligado a poner un lazo rojo en la entrada de mi casa para alejar la mala suerte. Últimamente producto que compro, producto que he de devolver o que me reparan. Ya les advertí en reflexiones anteriores que siempre he tenido fama de ser un poco cenizo, por lo menos en la versión más jocosa de Óscar Delgado.

Pues eso, o somos demasiados los cenizos en la sociedad o el motor que la empuja está gripado desde hace tiempo. No es normal que el pan suba como en tiempos de crisis bélica, que la leche se convierta en producto de lujo o que coger el coche venga precedido de un acto de reflexión propio de cuando alguien compra un electrodoméstico de última generación por el que desembolsa una cantidad representativa en proporción a los ingresos domésticos generados. Porque del euribor ya hablamos hace poco, pero no se ha quedado manco en la cantidad de levadura que ha vertido sobre el ya de por sí esponjado precio de las hipotecas.

Una suma de factores que condicionan que nuestro consumo se haya ralentizado hasta cotas propias de sociedades menos avanzadas. Si presumir de ser una de las 10 potencias mundiales significa quedarse en casa, prefiero entrar en la meta en una posición más discreta. ¿Pedimos la foto finish?
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martes, 20 de noviembre de 2007

Un año, 365 días


Un año es el tiempo que transcurre entre el 1 de enero y el 31 de diciembre, aunque también es el período de doce meses a contar desde un día cualquiera. Estas son dos de las definiciones que nos encontramos en el diccionario de la lengua española. Sin embargo, el volumen no contempla la significación que adquiere un año si lo abordamos desde la experiencia. Cada cual ofrecerá un balance personal en función de su aniversario, del evento que marcó el devenir de los meses o de la pasividad del día a día. Un año sabe a poco si lo analizamos dentro de la suma recorrida por nuestro devenir hasta hoy, pero se erige en poso de experiencia si lo desgajamos por sí solo y contemplamos qué nos ha ocurrido en los últimos 365 días.

Da igual la referencia que tomemos, podríamos empezar desde hoy mismo y mirar atrás. En un principio nuestra vista se detendrá en lo que hicimos ayer, la última semana, el último mes hasta comenzar a reparar en los hitos importantes que han condicionado nuestra evolución. Porque, aunque todos los años no reporten satisfacciones, crecemos y maduramos a diario. Dibujamos así la trayectoria de un concepto de vida diferente para cada uno de nosotros. Rememorar los últimos 365 días significa hacer balance. Somos libres, pues, de tomar la referencia que mejor nos sirva para afrontar otro tiempo similar sin tapujos.

Hoy a mí no me apetece. El 20 de noviembre no me evoca nada, otros lo tendrán como su día fetiche. Prefiero referenciar mi vida desde la manipulación de las estadísticas a partir de una jornada mágica en el devenir de mis siguientes 365 días. Siempre nos quedará el comodín de fin de año, los buenos propósitos de año nuevo o la amargura de una resaca cualquiera.
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lunes, 19 de noviembre de 2007

Estadísticas


Me siento entre el porcentaje más alto de afectados por la crisis de las estadísticas. Hoy en día todo es susceptible de ser analizado en proporciones, cifras, resultados y tablas que nos encasillan en determinados modos de comportamiento, nos ubican en un espectro en relación con otros congéneres o nos indican que los precios se han mantenido o han crecido en el último año por debajo de la media europea. Cuando una persona se ubica dentro de este galimatías de datos se puede sentir importante, frustrado o ajeno a un ruido para el que no está preparado.

Personalmente prefiero ubicarme en una realidad ajena a los anuarios y a los informes emitidos esporádicamente por cualquier instancia que se precie. Hoy nadie es alguien si no llega con un informe debajo del brazo que delimite su acción en períodos fácilmente deducibles por su interlocutor. Seguro que estas líneas pasarán a engrosar las estadísticas de posts escritos en los blogs de habla hispana en los últimos cinco segundos, o supondrán mi condena virtual por atacar a tan preciado tesoro del siglo XXI. Una era que no deja a nadie al margen de lo acontecido, por más que uno sea de letras.
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Las de siempre


Mantener la tensión dramática de los aficionados. Esa es la difícil misión que asume la UEFA cuando organiza una fase previa de la Eurocopa de fútbol. Edición tras edición lo consigue. Desde que tengo uso de razón, siempre se ha evidenciado que la siguiente iba a ser la competición que echaría de menos a tres o cuatro selecciones de las grandes. Eso siempre sobre el papel porque, una vez más, el próximo torneo, que acogerán Suiza y Austria en 2008, contará con todas las que tenían que estar. España, Italia, Inglaterra, Alemania, Francia, Portugal, Holanda… no faltarán a la cita con el fútbol internacional. Es un guión habitual al que asistimos unos espectadores cansados de fases clasificatorias y de representaciones teatrales de baja intensidad por lo previsible de sus actores.

Si alejamos la vista hasta Sudamérica, allí ocurre exactamente lo mismo. Ahora andan liados con la clasificación para el mundial de 2010 y las quinielas vuelven a situar a Brasil con problemas y a Argentina con dudas. Es algo cíclico, siempre ocurre. En la clasificación para Alemania 2006 y para la de Corea y Japón 2002, Brasil ya se encontró con hipotéticas dificultades para entrar. Luego llega el momento de disputar los campeonatos y siempre están y ganan los mismos. Ello a pesar de que en el transcurso de la competición también se impulsan pronósticos como “este año habrá final sorpresa”, “todo apunta a que las favoritas dejarán de serlo”, “ojo a esta selección que puede llegar a la final”… Frases enlatadas constitutivas de un guión que desmerece la realidad. Los aficionados no son fieles al fútbol por este bombardeo de miedos, propio de un merchandising caduco, lo son por la pasión que les suscita el simple recorrido del balón hasta la red.
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sábado, 17 de noviembre de 2007

No olvides el móvil


Hace unos años Javier Marías escribió sobre la tiranía de los teléfonos móviles en una de sus colaboraciones habituales en el dominical de El País. El autor lamentaba que el portátil no nos dejara ni reflexionar en paz con nosotros mismos en momentos tan íntimos hasta la fecha como ir a comprar el pan o el periódico. Según Marías, antes de que estuviéramos sometidos al móvil aprovechábamos esos ratos de soledad para reflexionar, tomar decisiones en secreto, pensar, razonar o, sin más, escuchar el acontecer que nos rodeaba. Hoy en día, y de forma más grave si cabe que en el momento en que el autor lo analizaba, el teléfono compromete incluso nuestra credibilidad con los más allegados.

Es muy común encontrarse llamadas perdidas en el aparato multimedia y que nazca el sentimiento de culpa por no haber llegado a descolgarlo a tiempo. También se sufre desasosiego cuando uno olvida el móvil en casa por un despiste cuyas consecuencias conducen a aguar una cena de amigos, a retroceder nuestros pasos para recoger la herramienta infernal y llegar tarde a la cita, a no pensar más que en la acumulación de llamadas que debe estar registrando o a agobiar a alguna de las personas con las que te has citado pidiéndole permiso para utilizar el suyo, “es urgente, sabes”. No es un tópico, es el instrumento que acumula más horas de estrés entre la población mundial. Llegará un día, no muy lejano, en que otro de los instantes de placer íntimo, la ducha, se convierta en nuevo reducto para que el insolente móvil invada nuestra existencia.

“Te he llamado, ¿dónde estabas”, “siempre lo tienes apagado”, “no hay forma de localizarte”, “estoy cansado de llamarte”, “¿por qué no me lo has cogido?”… Da igual que estuvieras en una reunión, en clase, en el cine, en la ópera, en el trabajo, jugando al tenis, defecando… Todo el mundo pide explicaciones por no estar permanentemente comunicado. Tendremos que dejar de pensar porque nos llaman…
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viernes, 16 de noviembre de 2007

Ni cinco minutos


No sabemos vivir sin luz, ni siquiera hemos dado un margen de cinco minutos a la energía para demostrarnos que podemos hacer frente al cambio climático. El intento de algunas organizaciones sindicales y ecologistas para que ayer por la tarde hubiera un apagón global ha quedado reducido a gestos voluntarios aislados entre una maraña de luces, calderas, motores, condensadores y demás artilugios contaminantes que no descansaron en su lento camino hacia nuestra autodestrucción. El que suscribe no pretende dar ejemplo porque las circunstancias de la vida cotidiana me condujeron a desenlazar un reto deportivo coincidente con la hora propuesta para el apagón. Perdí el partido, pero la sensación de derrota fue doble por no haberme sumado a tan edificante cita con la reducción del consumo de energía.

Aún así, me quedan dudas. No sé si este tipo de iniciativas conseguirá concienciar a los que de verdad tienen la capacidad ulterior de decidir nuestros destinos en el corto plazo: aquellas instituciones, órganos administrativos y gobiernos que dirigen sin brújula el futuro de los que vendrán detrás de nosotros. Una medida como la de ayer debería haber sido promocionada con campañas de difusión que explicaran a los ciudadanos la necesidad de realizar gestos por el ahorro de energía y ser convocados en lugares públicos para demostrar que se podía detener el mundo cinco minutos por la causa. Algo falla.

Cuando en un pequeño municipio se produce un incendio, normalmente todos sus vecinos dejan lo que les atañe para luchar contra las llamas. Organizan cadenas humanas con pequeños eslabones de agua para acabar con la amenaza que se cierne sobre sus hogares. Un rumor envolvente es el que les convoca sin la necesidad de organizar simulacros previos que coordinen sus esfuerzos. Si aumentáramos la escala de concienciación y el grosor de los eslabones quizá podríamos hablar de lucha efectiva contra un cambio climático que devora nuestros destinos.
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P.D.: los organizadores del mundial de motociclismo prevén incluir en el calendario de 2008 un gran premio nocturno en el desierto de Qatar. La novedad: inmensas torres de luz que permitan a los pilotos "tener la sensación de que conducen de día" (sic.). ¿Absurdo despilfarro no?

jueves, 15 de noviembre de 2007

Cada uno en su papel


Siempre he preferido la versión original de los famosos que su faceta descontextualizada. Episodios como el protagonizado por Melendi en su primera aventura transoceánica en dirección a México confirman que cada cual debe destacar donde le toca. Cuando un artista encabeza titulares por menesteres alejados de su profesión suele caer en el ridículo más absoluto. El caso de Melendi, revolucionado y fuera e sí en un avión, no es el primero ni será el último. Un breve recorrido mental por diferentes puntos del planeta nos permite rescatar salidas de tono como las de Britney Spears, la afición cleptómana de Winona Ryder, el episodio del rey de España en Chile, los flirteos amorosos del presidente francés, los hábitos sexuales de Hugh Grant, los malos vicios de Kate Moss… o los numerosos y habituales ridículos mostrados por personajes de renombre en programas habilitados para destripar su lado humano.

Todos tenemos un lado humano, la diferencia es que a unos se nos reconoce precisamente por esa vertiente de nuestra personalidad y, a otros, los famosos, por el papel que desempeñan en una vida ficticia en la que ostentan efectivamente esa condición. Y me refiero a la gente VIP de verdad, no a los bodrios y mostrencos que presentan a diario seudoperiodistas en la pequeña pantalla. Gente que debe guardar las formas para que su fama no se desplome. Los futbolistas, mejor que hablen en el terreno de juego; los toreros, que lo hagan en el ruedo; los actores, que actúen siempre para no ver su lado real; los cantantes, que canten para evitar cantadas como la referida por el artista asturiano. Cada cual debe desempeñar el papel que el destino le ha asignado en la vida y procurar no desafinar. La oferta es tan amplia que no cuesta nada defenestrar a la estrella. ¡Marchando una de huevos estrellados!
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Miedo


Miedo, sensación de vértigo, de abandono del tempo de juego, de escalofrío ciático en el alma. Lado íntimo de todos, puesto en común por nadie. Tener miedo nunca ha estado de moda, es propio de gente débil. Nadie reconoce pasar miedo pero todos nos hemos asomado a sus síntomas. Escenas de películas reproducidas en nuestra mente y proyectadas a la realidad de la vida doméstica; fragmentos de programas oscuros revertidos sobre nuestra conciencia; pánico a la soledad; vértigo a las puertas abiertas de unos armarios espías de nuestro frío pesar. Cada cual esconde en su interior relatos que bien podrían erigirse en guiones de un género agotado.

Cuidado, si te das la vuelta puede haber alguien con ganas de hacerte pasar miedo. Mejor no exponerte a la soledad de un instante que te convierta en protagonista de una nueva escena censurada. Del miedo al terror sólo encontramos el paso que existe entre la vida real y la de ficción. Nunca sabremos dónde se ubican nuestras experiencias porque la mente es muy caprichosa; nos hace pensar, escuchar y sentir realidades que no siempre son reales. Cuéntalas…
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miércoles, 14 de noviembre de 2007

Cálculos


Somos jeques de la vida pero nuestras calculadoras no pueden mostrarnos la cantidad de ceros que manejan los de verdad. Leí ayer una noticia referida a la compra de un Airbus A380, el avión más majestuoso del planeta, por parte del príncipe saudí Alwaleed bin Talal. Le costó 220 millones de euros. Si ya es difícil calcular lo que podríamos hacer con 220 millones de las antiguas pesetas, la misión se eterniza al imaginar una operación de tal magnitud. Lo mismo ocurre en la vida cotidiana con cantidades más livianas. Hemos perdido la razón al calcular el valor de las cosas, incluida la cesta de la compra. Ejemplos hay muchos pero uno recurrente es el del gazpacho envasado. Vaya tontería, pero no hay más que volver la vista atrás, antes de la implantación del euro, para comprobar que no era producto de masas por su precio poco competitivo. A finales de los 90, el brik de esta receta española costaba cerca de 500 pesetas, precio prohibitivo para la mayoría de cestas que visitaban el supermercado. Hoy, diez años después aproximadamente, su precio se acerca a los 4 euros (cerca de 700 pesetas). Sin embargo, lejos de reducirse las ventas, éstas se han incrementado sobremanera, hasta tal punto que las marcas blancas de las superficies comerciales más representativas se han lanzado a comercializar su propio gazpacho.

Es diferente ver cerca de 700 pesetas que 3’95 euros. El subconsciente reduce el impacto de la coma y los euros y nos hace pensar como si fueran 395 pesetas, aunque conscientemente sepamos que son cerca de 700. Parece un trabalenguas pero es tan fácil como asemejar este proceso comercial al que emplean muchas multinacionales para inducir a su consumo a través de la publicidad subliminal. Somos testigos de piedra de unas cantidades que se nos escapan, ya sea por tratarse de cantidades astrológicas como domésticas. Cuiden sus carteras.

P.D.: Ejercicio virtual. Imaginad que ganáis 220 millones de euros, ¿hasta dónde alcanza vuestra imaginación para dibujar ese dinero?, ¿podéis describir el volumen de tal cantidad?
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martes, 13 de noviembre de 2007

Sangre azul


Ahora los duques de Lugo anuncian una interrupción voluntaria y temporal de su convivencia. Asistimos a una metamorfosis sin precedentes de la sangre azul hacia rasgos naturalmente humanos. La tradición de los linajes reales marca que los estados de ánimo o la condición sentimental de sus miembros no deben interferir en el recto protocolo que proyectan a sus súbditos. No hay que mirar muchos ejemplos para encontrar príncipes gays, princesas obligadas a casarse por unas tierras o infidelidades que nunca traspasaban los muros de palacio salvo para alimentar los rumores entre los villanos. Si existen todavía monarquías en pleno siglo XXI es porque de una forma u otra la realeza ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos sin modificar ni un ápice sus costumbres inmemoriales. Con todo, el peligro que corren sus componentes estriba en hacerse de carne y hueso a los ojos de sus conciudadanos. Es lo que está ocurriendo en los últimos días en España.

¿Desde cuándo un matrimonio real puede disolverse sin producir un escándalo?, ¿no deberían aplicar el protocolo y separarse de facto pero sin eco a la opinión pública?, ¿pervivirá el modelo de realeza tradicional? Es curioso asistir desde la barrera a tales movimientos, más significativos que cualquiera de las bodas, bautizos y comuniones que la monarquía ha celebrado siglo tras siglo como si fueran perfectos. Pues no lo son. Es, al fin y al cabo, una buena noticia, aunque para muchos tradicionalistas supondrá un desengaño igualable al del niño que descubre la mentira de los reyes magos. El rey manda callar fuera de guión a un presidente, su hija encuentra en esa naturalidad el mejor momento para anunciar a bombo y platillo su separación. Nadie podrá acusarla de ser la pionera de una espiral que conduce hacia la naturalización de seres con manías de este mundo.
photo by marga ferrer

¿Mala suerte?


Será casualidad, pero los cinco años que hoy se cumplen de la catástrofe del Prestige, petrolero que vertió más de 60.000 toneladas de crudo en aguas de España y de Portugal, coinciden con la onomástica de los supersticiosos: martes 13. Una jornada nefasta para los pájaros de mal agüero, para los cenizos y para los que achacan sus desgracias a que alguien les ha mirado mal. A todos ellos habría que decirles, para aliviar su pesar, que a lo mejor se equivocan.

El quinto aniversario del naufragio del petrolero en aguas gallegas ha venido precedido de catástrofes similares en otros puntos del planeta. En el Mar Negro, una tormenta de dimensiones inesperadas ha levantado la máxima alerta medioambiental por el vertido de 2.000 toneladas de fuel y 3.000 de azufre en el Estrecho de Kerch. En California, Terminator no ha dormido en los últimos días porque un carguero ha perdido 200.000 litros de fuel en la bahía de San Francisco. Mientras, Valencia acoge una cumbre que busca recambio para el protocolo de Kyoto, ofreciendo como ejemplo de eficacia medioambiental un paisaje enfermo de ladrillo y de cemento.

Hitos que minimizan la importancia supersticiosa del martes 13 y evidencian que la mala suerte no es caprichosa. La mayor parte de las desgracias ocurren por la confluencia de unos factores precedidos de falta de prevención, de previsión y de precaución. Hoy estamos manchados de fuel hasta las orejas, quizá sea un aviso para que confiemos más en nuestra suerte. Recreémonos en ella y pongamos fin a la era del petróleo.
photo by marga ferrer

lunes, 12 de noviembre de 2007

Pronóstico


Creo que tengo un defecto grave al retener los momentos creativos de otros, especialmente si son audiovisuales y si no han sido ideados por gente cercana. Me refiero, sobre todo, a las películas y a sus directores, a los fotógrafos y a otras piezas que guardan relación con esa vertiente del arte. Me quedo más rápido con los nombres de los actores principales que con los de guionistas, productores, realizadores o directores. Es injusto porque de ellos radica el mérito del éxito o del fracaso en un porcentaje muy elevado en relación con los figurantes, cuyas dotes son tenidas en cuenta a veces más por su cara bonita que por su verdadera capacidad interpretativa. Reconozco que conmigo su estrategia comercial triunfa sin filtrar. Puede responder a una falta de atención, a una ausencia de la necesidad de archivo, quizá a que sólo valoro el resultado en su conjunto, sin detenerme a aplaudir o a condenar al responsable.

Sin embargo, no me ocurre lo mismo cuando abordo textos, relatos, libros y demás creaciones literarias. Debe tener alguna explicación racional seguro. Agradecería que alguien supiera emitir un pronóstico certero que palie la injusticia que propino a unos artistas que quedan defenestrados en mi cabeza, hoy esponjada por cierto…
photo by somos

Lunes


“Vaya, pues parece que el frío hace acto de presencia”. Los lunes son días de conversaciones enlatadas. Para la mayoría, la primera jornada laboral tras el descanso dominical sirve para desoxidar las relaciones sociales y para recuperar el pulso de las conversaciones sin origen ni destino. Diálogos spam consecuencia de la educación, de la necesidad de mantener el status quo con el compañero de despacho o, sin más, dirigidos a romper la rutina de unos trabajos mecánicos sin lugar para la realización del individuo como persona.

Lunes, lanzadera de frustaciones, trampolín de emociones, proyección de tradiciones dialécticas. Día de la semana antipático por excelencia pero necesario para la preexistencia de la lógica que el sistema impone en los países desarrollados. El fútbol, el tiempo, los precios y, por estas fechas, los regalos de una Navidad cada vez más prematura se erigen como ítems conversacionales de la artificialidad de las relaciones humanas sin compromiso. Por cierto, parece que va a llover…
photo by somos

domingo, 11 de noviembre de 2007

Respuesta provocadora


“¿Por qué no te callas?”, espetó ayer el rey de España al presidente venezolano Hugo Chávez. Definitivamente, la huelga de guionistas hollywoodienses ha surtido efecto. Los mandatarios internacionales se han lanzado a la arena de la improvisación por si acaso a sus jefes de gabinete se les ocurriera actuar igual que sus homólogos en el arte de crear escenas de ficción. El rey, el primer español en eso de leer discursos enlatados, ha sorprendido a todos por primera vez en su historia con una reacción más propia del ámbito privado en un enclave oficial como la XVII Cumbre Iberoamericana clausurada en Chile.

¿La monarquía evoluciona o envejece? De mayores es ser gruñones y el rey ha mantenido la compostura durante muchos años hasta que su cuerpo le ha pedido marcha. Dice un antiguo refrán que dos no riñen si uno no quiere; y una persona que lleva las riendas de la alta representación estatal no debería caer en provocaciones procedentes de un provocador profesional. Suena tautológico, pero el provocador que provoca y no obtiene respuesta se suele quedar con cara de tonto, más todavía si se desenvuelve en el espacio público. Si, por el contrario, consigue la reacción de tan insigne cromo, el ganador de la cumbre es él. Ni el hambre, ni el agua, ni Zapatero, ni Aznar. Digan Chávez, provocador real.
picture by myself

sábado, 10 de noviembre de 2007

Básico


Básico, el mínimo garantizado. Normalmente se nos pide que nuestro comportamiento se adapte a un estereotipo de conducta. Un estándar cuya referencia ejemplar se vehicula a través de diversos soportes como los medios de comunicación, las películas, los libros o los líderes de opinión. El plano subjetivo tiene entonces la potestad de conformarse o de modelar lo heredado para perfeccionarlo y elevar el listón de lo básico. En ese camino, nos encontramos con obstáculos difíciles de superar.

Cuando la oveja abandona el redil para pensar, el resto aprovecha la superioridad numérica para, desde la cobardía, atacar al miembro descarriado. Si su aventura encuentra un prado de rica hierba al margen del camino habitual es entonces cuando la burla desaparece y la camaradería se reestablece. Las ovejas ya tienen dos sitios donde pastar, eso es lo básico. El que una haya sido valiente y haya tenido que ser humillada a insultos por el resto para encontrar un mejor plato significa algo más.

¿Por qué no probamos? Podríamos ser por un día ovejas que no se creen las mentiras disfrazadas de verdad; o que confían en otra agenda diferente a la que les marcan los medios de comunicación en su pacto con los políticos; o que utilizan ese retrovisor lleno de polvo para mirar atrás y ver cómo viven las ovejas en otros continentes; o que viajan para comprobar qué manjares esconden otros prados.

No me creo que lo básico sea tan básico, ¿vosotros?
photo by marga ferrer

viernes, 9 de noviembre de 2007

Alfredo


Alfredo no tenía amigos, o al menos eso creía. Siempre comía solo, no tenía con quien ir al teatro y sus viajes eran monólogos de impotencia al no saber a quién narrárselos. A su familia le importaba bien poco el destino del que consideraban cruelmente el patito feo de la estirpe de los Robira. Hace años que se desentendieron de él, para ellos era más importante la apariencia que la autenticidad, una bolsa de dinero antes que una merienda familiar. Alfredo caminaba solo por una vida notarial. Quería conversar, debatir sobre las cuestiones cotidianas pero nadie le hacía caso. Nunca tuvo suerte con la gente, era demasiado auténtico y no quería ponerse la careta de la apariencia. Lamentaba que para insertarse en la sociedad tuviera que dejar de ser él, algo que aprendió en su adolescencia cuando la persona que amaba le dictó el comportamiento a seguir como moneda de cambio para continuar con ella. Alfredo fue valiente y prefirió ser libre, seguir su camino desde la máxima lealtad a sí mismo. Algo que le condenó al ostracismo, a la defenestración social en un entorno cada vez más podrido e hipócrita. Alfredo aprovechaba su condena social para formarse, cada día devoraba las letras engarzadas de unos libros ávidos de ser aprovechados por alguien como él. No quería dejar de conocer la inmensidad de un mundo hecho para otros, institucionalizado a golpe de normas retrógradas pero tan bonito como un beso a escondidas. Se fue sin decir adiós porque nadie se giró.

Alfredo era gay en el siglo XX.
photo by marga ferrer

jueves, 8 de noviembre de 2007

Viaje


En la década de los ochenta los Toreros Muertos interpretaron en plan jocoso una canción cuya letra recogía un viaje imaginario emprendido por la orina de su cantante, Pablo Carbonell. Hoy, en pleno debate mundial sobre las consecuencias del cambio climático, el tema ha dejado de ser motivo de sorna. No hay más que acercarse a cualquier punto turístico con costa. Demasiados grifos abiertos a la vez, muchas personas que tiran de la cadena a la par, decenas de miles de bombillas encendidas incluso de día -por si los cacos-, litros de aceite vertido de forma inadecuada por la pila… Normalmente son segundas residencias en las que sus propietarios o inquilinos invierten lo mínimo en dotarlas de los requerimientos básicos para evitar el despilfarro. El resto son hoteles que cierran durante nueve meses para después hacer el agosto, por lo que no es extraño encontrarse, ante esta saturación voraz e improvisada, con numerosos vertidos fecales en aguas marítimas un día sí y otro también. Un viaje de corto recorrido el emprendido por esa agüita amarilla que topa de bruces, ya no con las personas que se bañan en la playa, sino con los pececillos y demás seres que habitan de forma pasiva el fondo del mar.

Pero no sólo llega al mar la orina. La misma desidia descrita por los residentes y hoteles de las zonas turísticas es aplicada por determinadas empresas del círculo más próximo a los municipios costeros en los que se encuadran. Así, vertidos de rica espuma industrial, recipientes acabados, productos tóxicos y otros elementos que nos reservamos, navegan a sus anchas por los arroyuelos y las desembocaduras de la costa. ¿Nos les da asco?, ¿no les da pena?, ¿les gusta la playa?... Cierra.
photo by marga ferrer

miércoles, 7 de noviembre de 2007

Sarkozy


Nicolás Sarkozy es más conocido que Jacques Chirac, por lo menos esa es la sensación que queda tras su primer semestre como presidente de la República Francesa. Si bien es cierto que se ha hecho famoso a golpe de exclusivas ofrecidas por los soportes donde a él nunca le hubiera gustado destacar: en las revistas del corazón y en los confidenciales. Es más un hombre de moda en ese género que en el apartado de las decisiones políticas. Sabemos que tenía problemas con su mujer, que se ha divorciado, que de sus vacaciones en Estados Unidos trascendió una foto manipulada de su torso, que dejó en la estacada a una periodista estadounidense tras formularle una pregunta sobre sus problemas sentimentales… Sarkozy lo sabe y por eso se ha preocupado en los últimos días por lavar su imagen y dejar claro ante su electorado que, ante todo, es una persona que efectivamente trabaja para solucionar las preocupaciones de los franceses e, incluso, las de los españoles.

Ante la ausencia de embajada española en Chad, el presidente francés tomó las riendas de la negociación con su antigua colonia y, ni corto ni perezoso, desembarcó esta semana en España para lucir ante sus ‘conciudadanos’ de capacidad resolutiva. Se trajo consigo a cuatro azafatas de los siete tripulantes españoles retenidos en el país africano acusados de ser cómplices de la ONG francesa Arca de Zoé en el presunto tráfico de niños. O España tiene un peso internacional desconocido hasta ahora o en Francia cuentan con una persona que no sabe a qué recurrir para someterse a un lifting de credibilidad política. Con todo, gracias vecino.

Memoria


Da pánico pensar en todo lo que uno recuerda cuando hace el ejercicio de rememorar circunstancias personales o eventos de renombre. Con sólo tres décadas a mis espaldas la memoria me concede el capricho de regresar a la entrada de España en la Unión Europea, a los JJOO de Barcelona 92 –por no referirme a los de Los Ángeles 84 o Seúl 88-, a victorias electorales sonadas en España como la de Felipe González en 1982 o la de José María Aznar en 1996, al fin del bloque oriental, a la consiguiente caída del muro de Berlín y a la unificación alemana, a las Copas de Europa del Real Madrid en technicolor, a la guerra del Golfo, a la CNN en su versión más mentirosa, a las movilizaciones contra la OTAN y contra las bases norteamericanas, a los chicos de oro del baloncesto español y a los de plata del 84… Hitos, eventos y hechos que se acumulan en el lado del cerebro predestinado a archivar información de forma masiva y que trascienden ese ámbito hasta afectar al lado más consciente de mi existencia para advertirme de que, a la par, el depósito de vida y de experiencia se va llenando.

Es maravilloso recordar, pero angustia rememorar. La segunda de las cuestiones te presenta en bandeja el recorrido exacto transcurrido desde el objeto recordado hasta el presente. Si la memoria entrega a la existencia hechos acontecidos recientemente el sufrimiento es menor. Pero si recuerdas con nitidez acontecimientos de hace 20 años comienza a revolotear una sensación que abarca desde la ostentación del poder de la información hasta la sensación de longevidad que produce acordarse de hechos que representan la edad de mucha gente con uso de razón, con vida propia e independientes, como el que suscribe. Tampoco sería razonable mirar sólo hacia lo que nos depara, ya que nada tiene sentido si no se asocia con la experiencia. Quizá sea, sin más, el peaje a pagar en la frontera entre el joven y el maduro. La memoria, fuente inagotable de sorpresas, fiera que sueña, cuentakilómetros de experiencia.
P.D.: Acabo de acordarme, al mirar la fecha de publicación, que hoy hace 17 años exactos del primer concierto de Depeche Mode al que asistí como espectador. Fue un 7 de noviembre de 1990, en el Palacio de los Deportes de Madrid. Fui con mi hermana. Tenía 13 años. ¿No es fascinante la memoria?
photo by marga ferrer